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	<title>Conozca &#187; Herbert Grenett Ortiz</title>
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	<description>Revista Cristiana</description>
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	<language>es-ES</language>
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		<title>Consejería pastoral compasiva: una respuesta al problema del sufrimiento contemporáneo</title>
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		<pubDate>Mon, 26 May 2025 00:34:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Herbert Grenett Ortiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[2025.2]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Herbert Grenett Ortíz Introducción El sufrimiento humano siempre ha sido un tópico de interés para los investigadores de las distintas ramas del saber, incluso la Teología. Desde el liderazgo de la iglesia contemporánea, se insta a empatizar con el sufrimiento del prójimo, como parte de la obediencia a la Palabra de Dios; sin embargo,</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=6506">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Herbert Grenett Ortíz</p>
<p><strong>Introducción</strong></p>
<p>El sufrimiento humano siempre ha sido un tópico de interés para los investigadores de las distintas ramas del saber, incluso la Teología. Desde el liderazgo de la iglesia contemporánea, se insta a empatizar con el sufrimiento del prójimo, como parte de la obediencia a la Palabra de Dios; sin embargo, muchas veces en vez de esto, se racionaliza, minimiza, niega o evita la experiencia del que sufre, restándole la importancia que posee para la persona, no dimensiona el impacto que puede provocar esta experiencia en la salud espiritual y mental del creyente.</p>
<p>En el mejor de los casos, cuando existe un ministerio de consejería en la iglesia, los esfuerzos en abordar la situación de sufrimiento del aconsejado, de alguna u otra manera, estarán infuidos por algún tipo de perpectiva teológica. En cuanto a la consejería pastoral con perspectiva escatológica, su intervención terapéutica abordará el sufrimiento del aconsejado, resignificando esta experiencia por medio de la comparación entre su situación de dolor actual, y su situación en la eternidad.  Además, se advertirá un fuerte énfasis en el control soberano de Dios, y en los beneficios que tiene para el creyente la experiencia de sufrir.</p>
<p>Por otra parte, la consejería pastoral con perspectiva contextual, si bien su estrategia se basará también en la resignificación del sufrimiento del creyente, hará hincapié más en el protagonismo que puede adquirir el aconsejado frente a su aflicción, “en el tiempo presente”, y sin dejar de confiar en la voluntad soberana de Dios, motivará al desarrollo de habilidades socioemocionales, destrezas relacionales, modificación de pensamientos y sesgos erróneos, potenciación de disciplinas espirituales, manejo de la ansiedad, regulación del estrés, etc., de modo de poner límites al sufrimiento del aconsejado, y de este modo preservar su salud mental y espiritual.</p>
<p><strong>¿Qué intentamos cambiar en la consejería pastoral? ¿dolor o sufrimiento?</strong></p>
<p>Lo primero que resulta relevante consignar en el quehacer de la consejería pastoral, es que en la mayoría de los libros acerca de esta temática, y de una manera general, los autores dan igual sentido semántico a los términos dolor y sufrimiento. En vías de hacer una distinción semántica, pero que tendrá importantes efectos pragmáticos: el dolor se puede conceptualizar como un fenómeno psicológico y espiritual de carácter “inevitable” en la vida de las personas. Todos los seres humanos, aún los creyentes, experimentarán dolor en algún momento de sus vidas. Se trata de una respuesta emocional, natural y espontánea frente a un acontecimiento generalmente externo, que al percibirse implicará una sensación de malestar interno y subjetivo (que puede incluir, angustia, miedo y tristeza) y que puede ser consecuencia de enfrentar una crisis de tipo circunstancial (un accidente, enfermedades, desastres naturales, pérdidas de seres queridos, etc.), o bien una consecuencia de enfrentar una crisis de tipo normativo, que se relacionan con las tareas y desafíos de cada etapa del ciclo vital de la familia (por ejemplo, padres que luchan con los conflictos de la etapa adolescente, o cuando estos mismos hijos se van del hogar, “el nido vacío”). Hay que consignar que todas estas crisis en su conjunto, asociado el dolor que conllevan, siempre se encontrarán en el plan de Dios para las personas (1 Sa. 2:6-7; Dt. 32:39; Is.45:7; Job.2:9-10).</p>
<p>El sufrimiento, por otro lado, es definido por algunos autores como la consecuencia dinámica y cambiante de la interacción en contextos específicos, entre la percepción de amenaza y la percepción de recursos, modulada por su estado de ánimo.<a title="" href="#_edn1">[i]</a> En la definición anterior, se resalta el elemento de interacción entre la percepción de amenaza de la situación que enfrenta la persona y la percepción de las propias capacidades para afrontar su problema. De este contraste o comparación, mediada la experiencia por el estado anímico que tenga la persona en ese momento, surgirá la vivencia de sufrimiento.</p>
<p>Además, el consejero pastoral podrá vislumbrar la vivencia emocional del aconsejado como un proceso que sigue el siguiente orden: primero surgirá una experiencia o “detonante” del  dolor; éste, aunque se perciba como algo incómodo, el consejero deberá advertirlo como algo normal y hasta adaptativo en la vida del creyente; sin embargo, si luego ese dolor se extiende en el tiempo como una experiencia emocional intensa, donde interviene de manera frecuente la interpretación subjetiva que hace la persona de su situación, entonces ese dolor pasará a convertirse en sufrimiento.</p>
<p>En relación a lo anterior, por ejemplo, la experiencia de una madre abandonada que se entera que su hijo adolescente consume drogas, al principio, le va a producir un dolor emocional; sin embargo, si al pasar los días, desde su impotencia no sabe cómo lidiar con la situación, y desde su perspectiva concluye que se trata de “una verdadera tragedia”, o “mi hijo ya no ama”, o “siento que Dios me ha abandonado”, esa forma de interpretación personal profundizará la experiencia de dolor, transformándola ahora en una experiencia de sufrimiento, incluso con la posibilidad de que en el tiempo surja en ella algún cuadro de salud mental, como un estrés crónico, un trastorno de ansiedad, una depresión mayor, comer emocional – adictivo, ira impulsiva, etc. Como bien argumenta Polischuk, es importante considerar las percepciones y atribuciones de la persona que sufre, ya que, en realidad, no son las cosas en sí las que turban al ser, sino el significado que la persona les adjudica.<a title="" href="#_edn2">[ii]</a></p>
<p>Entonces, aún cuando aceptamos que Dios permite el dolor en la vida de sus hijos de acuerdo a su propósito para ellos, no obstante, la propia percepción de amenaza y la construcción de significado acerca de las crisis va a afectar de forma inevitable el curso de los acontecimientos. En consecuencia, y advirtidos de lo anterior en el contexto de la consejería pastoral, puede afirmarse que la perspectiva acerca del dolor/sufrimiento que tenga el consejero, el enfoque de fe y afrontamiento del aconsejado sobre su propia situación, la responsabilidad que asuma durante el proceso de consejería, y la comprensión que tenga acerca del rol que juega Dios en medio de su dificultad, marcarán sin duda la diferencia en la experiencia de cambio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Consejería con perspectiva escatológica y consejería con perspectiva contextual</strong></p>
<p>En el camino de comprender esta dualidad de perspectivas en la consejería pastoral, se desea resaltar un componente del asesoramiento, que independiente de cuál sea la perspectiva, se va a evidenciar en todo proceso de asesoramiento, y que tiene que ver con la temática del sentido en medio de las pruebas. El teólogo Jim Panaggio plantea que cuando al final podemos aceptar que Dios ha incluido en su plan para la historia el sufrimiento, y que vamos a sufrir de alguna manera porque vivimos en un mundo caído, debemos preguntarnos: ¿Cuál es el propósito del sufrimiento? O sea, ¿Qué es lo que Dios está haciendo a través de mi sufrimiento? Esa pregunta tendría varias respuestas. Mejor dicho, hay varios propósitos para el sufrimiento y cada caso podría significar un propósito distinto.<a title="" href="#_edn3">[iii]</a>  De acuerdo a Panaggio, los siguientes serían los propósitos que tiene el sufrimiento en la vida del creyente:<a title="" href="#_edn4">[iv]</a></p>
<p>Hay sufrimiento que es para pulir y perfeccionar nuestra fe (Stg.1:2-4; Ro.5:3-5).</p>
<p>Hay sufrimiento que es para probar nuestra fe y para ver si es genuina (1 Pe.1:6-7).</p>
<p>Hay sufrimiento que es para disciplinarnos (Heb.12:3-11).</p>
<p>Hay sufrimiento que es persecución (1 Pe.5:8; Ef.6:12).</p>
<p>Todo sufrimiento tiene como último fin que la gloria y grandeza de Dios sean conocidas (Ef.1:6).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puede reconocerse, de acuerdo con este autor, que el sufrimiento del cristiano a priori va a tener un propósito y adquirir además sentido desde la comprensión de que es, en general, para fines de crecimiento, santidad y madurez espiritual a través de la fe. Y todo ello se dirige a darle la gloria a Dios.</p>
<p>Al tomar en consideración la perspectiva de Panaggio acerca de que el sufrimiento tiene propósitos, puede afirmarse que efectivamente esto sería así. De hecho, varios pensadores, filósofos, teólogos y expertos de otras ramas del saber, a lo largo de la historia han argüido que encontrar significado a las desgracias de la vida puede ayudar mucho al sufriente para que pueda afrontar de mejor manera su vivencia de profundo malestar interno. Como bien argumentó el médico sobreviviente del exterminio nazi, Víctor Frankl, el sufrimiento es siempre sobrellevado mejor por las víctimas en la medida en que éstas pueden encontrar algún margen de sentido a su dolor.<a title="" href="#_edn5">[v]</a> De esta misma forma, la Biblia va a orientar a la consejería cristiana para que el creyente en medio de su sufrimiento pueda aprender a sostenerse en las promesas de Dios, y aun pueda confiar que su difícil situación está incluida en un plan divino, el cual, en la medida que se descubra, otorgará aún más significado a su experiencia sufriente.</p>
<p>De acuerdo con lo anterior, la consejería basada por ejemplo en Romanos 5:1-5 (que implica una perspectiva escatológica del sufrimiento) va a resignificar la situación del sufriente, primero animándolo a que pueda desarrollar una actitud de gozo “<em>en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios</em>” (5:2b). Debe reconocer la verdad de que la meta final del cristiano es la vida eterna, donde le espera un futuro glorioso junto al Señor. Su situación de sufrimiento se trata solo de algo pasajero, temporal, que lo prepara para la eternidad. Segundo, y de forma simultánea, podrá encontrar sentido a las crisis de la vida si halla una oportunidad para crecer en madurez, donde se pueden cultivar y desarrollar frutos como la paciencia, un carácter valeroso y confiable, todo lo cual le va a fortalecer en medio de la aflicción, y consolida aún más la actitud de esperanza en la gloria venidera (5:3-4).</p>
<p>Si consideramos ahora el pasaje de 2 Corintios 1:3-4, que se va a categorizar como una consejería de perspectiva contextual (centrada en el tiempo presente), ayudará también a redefinir el sufrimiento como una oportunidad que Dios otorga a los creyentes, en este caso, como “<em>Él nos consuela en todas nuestras aflicciones</em>”, se espera que este aprendizaje de sufrimiento nos impulse “<em>para que también podamos consolar a los que están en aflicción</em>” (1:4).</p>
<p>Sin embargo, y sin dejar de lado el aspecto anterior de que ambas perspectivas (escatológica y contextual) ayudan al sufriente a encontrar un nuevo significado en medio de las pruebas, hay que señalar que los autores de la teología del sufrimiento (entre ellos Panaggio) no siempre dejan en claro ni identifican en la enseñanza bíblica los elementos que pudieran dar cuenta acerca de los límites del sufrimiento en la vida del creyente, vale decir, que exista una descripción de cuánto sufrimiento, en qué cantidad, intensidad y tiempo de duración debiera tener esta experiencia para que pueda cumplirse el propósito de Dios en la vida del cristiano, y en consecuencia, se solucione el problema que lo hace sufrir. En general, se da a entender que estos elementos quedan solo al criterio de Dios, y que el creyente “<em>solo debe aceptar los designios del Señor</em>”, o que bien, “<em>Él se glorificará en el tiempo justo en la vida de sus hijos</em>”.</p>
<p>En relación con lo anterior, si se considera el contexto contemporáneo de los problemas de salud mental que aquejan al mundo, y también a la iglesia cristiana, resulta preponderante advertir que un consejero bíblico con perspectiva escatológica y con tendencia a reesignificar el sufrimiento, podría incurrir en el error de no poner atajo de forma perentoria al sufrir del aconsejado. Hoy en día, por ejemplo, la ansiedad no tratada en su manifestación inicial, efectiva e integral, al intensificarse en el tiempo podría dar lugar a un trastorno de ansiedad generalizada, diagnóstico que incluye aparte de la ansiedad en sí mísma, una serie de otros síntomas bastante molestos, como son la preocupación excesiva e incontrolable, inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular, trastornos del sueño como el insomnio, y donde estos síntomas además producen un malestar clínico significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes de funcionamiento de la persona.<a title="" href="#_edn6">[vi]</a></p>
<p>De manera similar, las crisis de angustia o ataques de pánico no bien tratados pueden desencadenar una agorafobia (trastorno que se caracteriza por un miedo o ansiedad persistente ante situaciones en las que puede ser difícil escapar o no haya ayuda disponible);<a title="" href="#_edn7">[vii]</a> una persona que haya experimentado un trauma, si no se aborda con prontitud podría desarrollar en los meses posteriores un trastorno por estrés postraumático; el comer emocional impulsivo desembocar en bulimia; la timidez y evitación constante de situaciones interpersonales, en un trastorno de ansiedad social; un duelo normal, en un duelo complicado o prolongado, un episodio depresivo en un trastorno depresivo mayor, y éste, en un intento de suicidio, o peor, en un suicidio consumado.</p>
<p>Además, se puede advertir en algunas ocasiones que los teólogos del sufrimiento aparte de “naturalizar” el sufrimiento, hacen el énfasis particular acerca de las bondades que tiene el sufrir en la vida del creyente, y en ningún caso advierte los peligros potenciales de que un creyente permanezca demasiado tiempo en una situación de aflicción. Como bien destacó Panaggio del texto bíblico, existen varios beneficios prácticos que surgen en la experiencia de sufrimiento (Stg.1:2-4; Ro.5:3-5; 1 Pe.1:6-7; Heb.12:3-11; 1 Pe.5:8). Pero esto no significa que el sufrimiento “sea bueno”. Nuestro dolor y/o sufrimiento sin duda que Dios lo puede usar para fines de crecimiento en nuestra vida y también para su gloria. Pero en este sentido, será más apropiado decir que el sufrimiento en las manos de Dios “puede ser útil” para el objetivo de provocar cambios importantes en la vida de sus hijos, en el carácter, por ejemplo haciéndonos menos autosuficientes y más dependientes de Él. En otras palabras, Dios se sirve del sufrimiento con el fin de llevar a cabo sus propósitos eternos en la vida de su pueblo.</p>
<p>El problema que se suscita es, que desde una inadecuada teología del sufrimiento, y al sostenerse la idea de que éste es bueno, se puede caer en el error, inclusive, de llegar a deificar el dolor o sufrimiento en la vida de las personas, y además, instar a darle la gloria Dios. Como bien argumenta Douglas Moo, hemos de gozarnos en medio del sufrimiento, pero no en él.  Arguye además este téologo: Sin embargo algunos cristianos llegan casi a estos extremos en su aplicación de versículos como Romanos 5:3; es como si hubiéramos de alabar a Dios por el cáncer, la pérdida de un empleo o la muerte de un ser amado. Nunca hemos de alabar a Dios por las cosas malas, ni gozarnos en ellas. Dios aborrece estas cosas. No forman parte de su creación original, y algún día las erradicará. Pablo nos llama a gozarnos en medio de las aflicciones, e incluso a alegrarnos por ellas y con expectativas de lo que Dios conseguirá por medio de ellas. Pero nunca nos pide que estemos contentos por la propia aflicción.<a title="" href="#_edn8">[viii]</a></p>
<p>Es en este momento donde se debe hacer la distinción – y énfasis práctico – de que habrá un primer modelo de consejería pastoral, que se centrará más en una visión escatológica del sufrimiento, donde se utilizan textos como Romanos 5:1-5 y otros similares, donde si bien no se excluirán del todo los consejos bíblicos para promover algún cambio en la situación del aconsejado, se esforzará más por explicar e intervenir el contexto sufriente del aconsejado, por medio de argumentaciones respecto a las bondades que tiene sufrir, al control soberano de Dios, y acerca de la mejor situación que le espera en la eternidad.</p>
<p>En relación con lo anterior, si bien Dios es soberano y tiene el control de todo lo que sucede en la vida de sus hijos, ya que “…<em>hace que todas las cosas resulten de acuerdo con su plan</em>” (Ef.1:11), y que es verdad que a ellos les espera un futuro glorioso donde “<em>Él secará todas sus lágrimas, y ya no habrá muerte, ni sufrimiento, ni llanto, ni dolor</em>” (Ap.21:14, PDT), no obstante, desde un segundo modelo de hacer consejería pastoral, de carácter contextual, la labor se enfocará más en resolver los problemas en el “aquí y ahora”.  Keener, desde una perspectiva acerca del contexto histórico – cultural  de Segunda de Corintios, alude que Dios daría su consuelo final a su pueblo con la venida del Mesías (Is.40:1; 49:13), pero también los consolaba en sus adversidades en el presente (Sal.94:19). Y añade: “el principio de que el sufrimiento le enseña a uno cómo tratar a otros se arraiga en el Antiguo Testamento (Éx.23:9)”.<a title="" href="#_edn9">[ix]</a></p>
<p>En 2 Corintios (2 Co.1:3-8) Pablo les dice a los corintios que no quiere que ignoren lo que le sucedió a él y aún atravesaba. Había sufrido mucho en Asia Menor, sufrimiento externo. Ahora sufría en su corazón, sufrimiento interno. Sentía la sentencia de muerte, e incluso perdía la esperanza de vivir (2 Co.1:8-9).<a title="" href="#_edn10">[x]</a> Así como le sucedió a Pablo y los corintios, la consejería cristiana deberá hacer el esfuerzo de no ignorar el sufrimiento del aconsejado, y responder de manera urgente y proactiva a sus necesidades, con una escucha a fondo el problema, y con una actitud de empatía cuando nos cuente los hechos relacionados con su sufrimiento.</p>
<p>En el proceso de practicar la consejería pastoral de carácter contextual, se tendrá siempre la expectativa de que Dios por medio de su Espíritu Santo, guiará las intervenciones terapéuticas con el aconsejado que sufre, pero con la consciencia de intervenir desde un enfoque mucho más compasivo, intencional y efectivo a la hora de ofrecer ayuda al asesorado, de tal modo que, primero, lo ayude a ver que su situación puede “sintonizar” a la perfección con la voluntad soberana de Dios, y segundo, facilite que él sea un protagonista activo en ese proceso de cambio, inclusive, “coparticipando” en la construcción del plan de Dios para su vida.</p>
<p>En relación con la premisa anterior, debe quedar en claro que un enfoque contextual de consejería construido en base al valor de la compasión, comprenderá muy bien que habrán situaciones donde el quehacer pastoral se mostrará impotente, sin poder dar una respuesta inmediata y certera al dolor/sufrimiento del creyente; por ejemplo, solucionar la experiencia de una angustiada madre, que esta vez llama de madrugada al consejero para contarle que su hijo adolescente que consume drogas ha decidido abandonar el hogar y vivir su propia vida. En situaciones como éstas, es muy probable que la intervención se orientará para que la madre pueda aceptar esta prueba y el dolor que le provoca, aprender a esperar y confiar en el Señor.</p>
<p>Sin embargo, si esta madre entra en un proceso de consejería, y el énfasis de la enseñanza sigue puesto sólo en lo escatológico, vale decir, indicarle a la madre que el problema con su hijo adicto “no se compara con la gloria venidera que en ella ha de manifestarse” (Ro. 8:18), considerando además que después de seis meses de conflicto se encuentra colapsada, con altos niveles de estrés, con ánimo deprimido, con insomnio severo y el colon inflamado que le ha producido serios problemas gastrointestinales, tal vez esta madre se sentirá poco comprendida, confundida y hasta frustrada por el consejo pastoral.  Así como la fe de esta madre debe ser puesta en una perspectiva de lo eterno, también esta fe debe ser canalizada en una solución práctica en el tiempo presente.</p>
<p>En otras palabras, si bien por un lado, se debe ayudar al aconsejado a encontrar propósito en la eternidad, y además posibles beneficios en su proceso de sufrimiento, donde a través de la prueba de su fe crece en el fruto del Espíritu y en madurez espiritual (Stgo. 1:2-4; Ro. 5:3-4), por otro lado, se debe también ayudarlo a encontrar propósito y beneficios en el proceso del “cómo” se resuelve ese mismo sufrimiento. Este nuevo aprendizaje cognitivo, emocional y espiritual puede marcar la diferencia, incluso, en el tiempo en que un creyente se mantenga en una particular situación de aflicción.</p>
<p>En consecuencia, la consejería pastoral contextual y compasiva buscará en su objetivo central, no solo que el aconsejado comprenda cognoscitivamente el propósito de las pruebas, sino que además, existe la posibilidad real que su sufrimiento se pueda atenuar, restringir, modificar, y en el mejor de los casos, que se le pueda poner fin.</p>
<p>Lo anterior puede resultar chocante hasta para los consejeros experimentados, porque a veces se pueden sentir impotentes al pensar que ya no saben cómo ayudar al consejado a lidiar con su dolor o sufrimiento. A propósito, el argumento de Pablo “<em>que de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación</em>” (v.5), debiera ser la aliciente para comprender que en la consejería cristiana compasiva resulta imposible separar la experiencia de sufrimiento de la experiencia de alivio del mismo, por medio de la consolación que ofrece Cristo, y que se espera que ahora el consejero “ya consolado”, la pueda ofrecer al aconsejado que sufre. En esto radica en gran parte la ética del ministerio de la consolación (2 Co.1:3-5).</p>
<p><strong>Conclusión</strong></p>
<p>El acercamiento al desarrollo de lo que pudiera ser una actualizada teología bíblica del sufrimiento, implicará un esfuerzo para hacer que ambas perspectivas, tanto escatológica como contextual, se puedan integrar y complementar durante el trabajo de la consejería pastoral, ya que ambas perspectivas están sustentadas en principios y verdades eternas de la Palabra de Dios.</p>
<p>La consejería escatológica se practicará con la intención de alentar, motivar y dar esperanza al aconsejado, que en medio de su crisis, necesita saber que su dolor/sufrimiento se encuentra dentro de un marco temporal, y que es verdad que en la eternidad cesará por completo su malestar, no existirá ya ningún diagnóstico de problemas de salud mental.</p>
<p>Por otra parte, si bien el sufrimiento no se resolverá por completo en esta vida, y que en el proceso cumplirá la función esencial de formar el carácter cristiano, sin embargo, tanto en el mundo y dentro de la iglesia, nos encontraremos todavía con la trágica realidad de que el sufrimiento personal desmedido, intenso y extendido en el tiempo, sobretodo en el contexto de cuadros de salud mental complejos (ansiedad, estrés, trauma, depresión) llevará cada año a miles de creyentes en el mundo a desarrollar graves trastornos de salud mental, restándoles calidad de vida, y en un sentido espiritual, robándoles el gozo de ser discípulos del Señor.</p>
<p>La realidad anterior amerita que de manera ética y urgente los consejeros pastorales puedan indagar en nuevas perspectivas y estrategias para abordar el dolor y/o sufrimiento de la iglesia contemporánea. Debido a esta razón es que se ha escrito este trabajo con un énfasis en la perspectiva de cambio contextual, desde donde deriva el accionar de la consejería pastoral compasiva, la cual orientará sus esfuerzos a establecer límites al sufrimiento de los creyentes, mejorar así su calidad de vida personal, relacional y hasta ministerial, si fuera el caso.</p>
<p>Como indica Panaggio, Cristo se identifica en primera instancia con nuestros sufrimientos porque Él es el Dios susceptible de experimentar dolor.<a title="" href="#_edn11">[xi]</a> Dar a conocer esta verdad en una primera instancia de la consejería será muy importante para el aconsejado que sufre, porque sentirá que Dios comprende y empatiza a fondo con su situación.</p>
<p>Sin embargo, el asunto no puede llegar hasta ahí. Posteriormente se le debe señalar de forma clara y directa que Cristo, por medio de su muerte y resurrección, se volvió el mediador dispuesto por el Padre para acabar con el sufrimiento de las personas, y que si bien Él permite en su voluntad las diferentes pruebas en la vida de sus hijos, y junto con ello, ha prometido dar una solución a esas particulares situaciones de sufrimiento.</p>
<p>En consecuencia, el encuentro del consejero pastoral con el aconsejado sufriente, debe ser uno que lo acerque más al mensaje de vida propuesto por el Cristo viviente, que da vida a su iglesia y promueva a través de su Palabra y de su Espíritu una reformulación, pero también cese del dolor en la vida de los creyentes que sufren.</p>
<div><br clear="all" /></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p>Bibliografía</p>
<p>[i] Bayés, Ramón. <em>Sobre la felicidad y el sufrimiento</em>. <em>Quaderns de Psicologia 11</em>(1-2), 11-16 ( 2009) <a href="https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.508">https://doi.org/10.5565/rev/qpsicologia.508</a></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> Polischuk, Pablo. <em>El consejo integral metacognitivo dialógico. Principios bíblicos &#8211; teológicos y psicológicos integrados a la praxis (</em>Buenos Aires: Ediciones Facultad de Teología Integral de Buenos Aires, 2021), 164.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a> Panaggio, Jim. <em>El pastor y las ovejas sufrientes. Una teología del sufrimiento</em> (2020) 15.  <a href="https://entrenamientopastoral.com/articulos/">https://entrenamientopastoral.com/articulos/</a></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref4">[iv]</a> Panaggio, 15-24.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref5">[v]</a> Frankl, Víctor. <em>El hombre en busca de sentido</em> (Barcelona: Herder, 2004), 78.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref6">[vi]</a> Asociación Americana de Psiquiatría. <em>DSM-5-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. </em>Ed. Panamericana 2022.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref7">[vii]</a> Ibid.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ednref8">[viii]</a> Moo, Douglas. <em>Comentarios bíblicos con aplicación NVI, Romanos: Del texto bíblico a una aplicación contemporánea (</em>Miami, FL: Editorial Vida, 2021), 170.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref9">[ix]</a> Keener, Craig. <em>Comentario del contexto cultural de la Biblia, Nuevo Testamento</em> (El Paso, Texas: Ed. Mundo Hispano, 2003), 491.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref10">[x]</a> Kellemen, Bob y Viars, Steven. <em>Consejería bíblica Cristo-céntrica. Cambiando vidas con la verdad</em> <em>inmutable</em> (Sebring, FL: EBI Editorial Bautista Independiente, 2022), 294.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref11">[xi]</a> Panaggio, <em>Una teología del sufrimiento</em>, 14.</p>
</div>
</div>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Herbert Grenett Ortiz</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
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		<title>Facilitando el desarrollo de habilidades de regulación emocional en las nuevas generaciones (desde el modelo transformativo pentecostal)</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Jun 2024 16:19:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Herbert Grenett Ortiz</dc:creator>
				<category><![CDATA[2024.2]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Herbert Grenett Ortiz &#160; Se observa desde la praxis pastoral que, en las iglesias cristianas, incluyendo Las Asambleas de Dios, existe una cantidad no menor de creyentes que muchas veces presentan problemas para regular sus sentimientos y emociones. Algunos cuando se sienten cansados y estresados, actúan sin control de su ira, descargándola de forma</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=6013">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Herbert Grenett Ortiz</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se observa desde la praxis pastoral que, en las iglesias cristianas, incluyendo Las Asambleas de Dios, existe una cantidad no menor de creyentes que muchas veces presentan problemas para regular sus sentimientos y emociones. Algunos cuando se sienten cansados y estresados, actúan sin control de su ira, descargándola de forma inadecuada hacia los demás; otros, sumidos en una tristeza profunda, tienden al negativismo, se deprimen, cayendo en la inactivación conductual; otros, embargados por su ansiedad y timidez, prefieren evitar las relaciones interpersonales, y terminan aislándose de su grupo de apoyo social. Cabe reflexionar, si el discipulado de las nuevas generaciones estaría incluyendo, de manera intencionada, el desarrollo de habilidades socioemocionales, en particular, de regulación emocional, con el objetivo de superar este tipo de dificultades, ayudando así a desarrollo de una buena salud, en los planos mental y espiritual.</p>
<p>La regulación emocional se puede definir como la capacidad de tolerar y manejar fuertes emociones negativas, como ansiedad, enojo y tristeza, y también de experimentar plenamente un amplio rango de sentimientos positivos, incluidos la esperanza, alegría, contentamiento y paz.<a title="" href="#_edn1">[i]</a></p>
<p>También se ha definido como “el proceso mediante el cual los individuos influyen en las emociones (positivas y negativas) que ellos mismos y otras personas experimentan, cuando las experimentan, cómo las experimentan, y cómo las expresan.<a title="" href="#_edn2">[ii]</a></p>
<p>Por otro lado, una definición concisa de la desregulación emocional es que sería la dificultad o inhabilidad para regular la expresión emocional y permitir el adecuado procesamiento emocional”.<a title="" href="#_edn3">[iii]</a> La desregulación se puede manifestar como una excesiva intensificación de las emociones (las cuales se experimentan como abrumadoras e intrusivas), o como una inhibición excesiva de ellas (como adormecimiento emocional).<a title="" href="#_edn4">[iv]</a></p>
<p>Advirtiendo el contexto socioemocional de las nuevas generaciones, tanto preadolescentes como adolescentes, en sus respectivas etapas, experimentan una serie de cambios biológicos, cognitivos, emocionales, relacionales y espirituales. Por lo disruptivo de estos cambios, se hace necesario que puedan aprender a regular emociones intensas, que no siempre comprenden ni saben cómo gestionar. Así, pueden advertirse adolescentes cristianos que sufren con una autoestima baja, y que luchan muchas veces con profundos sentimientos de tristeza y depresión; otros que manifiestan una abierta impulsividad y ataques de ira, y otros que colapsan con altos niveles de ansiedad, sintiendo desagradables síntomas físicos en forma de ataques de pánico, y a la larga, desarrollando timidez y ansiedad en sus relaciones sociales.</p>
<p>Mucha de esta desregulación emocional surge desde las frustraciones que experimentan en situaciones de conflicto familiar, donde los padres en vez de canalizar de forma constructiva ese desborde emocional, enfrentan a sus hijos “sobre reaccionando” emocionalmente; en otras ocasiones lo hacen no creyendo lo que ocurre en el ser de ellos, cayendo en la minimización, negación e invalidación de lo que están sintiendo (lo cual provoca una aun más alta intensidad emocional); o bien, desde un patrón de crianza de orientación coercitiva, obligando al control emocional o mejor dicho, “sobre control emocional” (lo cual también provoca desregulación emocional).</p>
<p>Este aprendizaje de cómo reaccionar frente a las emociones de sus hijos, se adquirió́ en un contexto cultural, pero también de la propia tradición eclesiástica. En este sentido, puede advertirse que por décadas la educación de las emociones se ha disociado del discipulado cristiano, donde no se le ha dado la relevancia que tiene en el impacto de la salud mental en las nuevas generaciones de líderes cristianos.</p>
<p>Esto anterior, guarda relación con que las emociones en el mundo cristiano, históricamente, se las ha definido como cosas “menos importantes” que el componente de la razón humana (eco del ideal de la modernidad), donde cosas como la ansiedad, ira, tristeza o vergüenza, deben reprimirse o sacarse del corazón, por considerarse “menos espirituales”, y hasta “carnales”. La educación teológica formal, por su lado, y a través de los años, ha contribuido en esta misma línea, otorgando un énfasis exaltado al rol que cumple el razonamiento formal en el estudio de la Palabra, en desmedro de otros aspectos que igualmente contribuyen a la buena integración de las enseñanazas bíblicas, como son la emocionalidad, la imaginación, la creatividad, etc.</p>
<p>Por otra parte, la búsqueda de identidad, además, se lleva adelante en un proceso de experimentación que suele resultar muy conflictivo, sobre todo en la adolescencia. El Dr. Lucas Leys argumenta que muchos de los “problemones” que surgen en esta etapa se dan cuando, al no tener una identidad definida, las nuevas generaciones se buscan a sí mismas en el ejercicio de roles antagónicos, o en una constante necesidad de lograr aprobación por parte de los demás&#8230; mientras experimenten este tipo de dilemas, es lógico que expresen disgusto y disconformidad con sí mismos y con el resto del mundo, y debido a eso utilicen distintos mecanismos de adaptación, tales como: agresión, compensación, identificación, racionalización, egocentrismo, evasión, etc.<a title="" href="#_edn5">[v]</a></p>
<p>El Dr. Leys finaliza la argumentación anterior planteando que, debido a estos procesos que se dan en la adolescencia, se hace evidente que las nuevas generaciones necesitan personas mayores involucradas en modelar las conductas y las aspiraciones ideales.<a title="" href="#_edn6">[vi]</a></p>
<p>En relación con esto último, sobre la temática del mentoreo puede decirse que se ha escrito bastante, y se trata de un proceso relevante cuando, desde el contexto de una relación cercana entre mentor y mentoreado, se apunta a enseñar y modelar aprendizajes para la vida del futuro líder, sobre todo en el área del crecimiento espiritual. Si se incluye además dentro de este aprendizaje la regulación de las emociones, el mentor como una especie de terapeuta, enseñará al discípulo a reconocer sus pensamientos, emociones, reacciones y comportamientos, que pueden estar comunicando un malestar interno.</p>
<p>Sin embargo, cuando la desregulación emocional se manifiesta abiertamente en la vida de los adolescentes, puede que surjan algunas deficiencias a la hora de un entrenamiento efectivo a nivel socioemocional. Esto, sobretodo, porque si se considera el “modelado” de habilidades de regulación emocional efectivas, habría que evaluar primeramente si el mentor es una persona emocionalmente madura. No sólo que tenga una larga experiencia en la obra del Señor, y que comparta sus conocimientos, sino que él/ella sea justamente una persona que ha aprendido, por ejemplo, a tolerar bien la ansiedad o gestionar bien su estrés; o que ha sabido cómo iniciar su tristeza y que la ha usado para reintegrar sus pérdidas vitales; o que ha usado el enojo con fines constructivos sin perder el control; o que ha canalizado bien la culpa para, por ejemplo, pedir perdón a otros y reestablecer relaciones dañadas. Esto será vital a la hora de evaluar las posibilidades de que el discípulo aprenda de su mentor imitando cosas que contribuyan a su desarrollo socioemocional sano.</p>
<p>Desde la perspectiva del aprendizaje observacional o vicario (que consiste en el aprendizaje observando a modelos, y que se encuentra en el método de mentoreo de Pablo, 1 Co. 4:16; 1 Co. 11:1; Fil. 3:17), el aprendiz para poder adquirir un nuevo comportamiento debe necesariamente “observar” al modelo cuando este emite una conducta (por ejemplo, “dar una blanda respuesta” en un contexto donde está imperando el enojo). Luego, el aprendiz debe atreverse a practicar lo que observó, y finalmente, recibir algún feedback de otra persona o de él mismo. Según lo anterior, habría que hacer entonces un énfasis importante: si el mentor no evidencia en la presencia del aprendiz el fruto del Espíritu – en el ejemplo, la cualidad de la templanza &#8211; y a la inversa, se descontrola con su ira, lo que hará definitivamente será modelar en su discípulo el descontrol emocional.</p>
<p>Lo anterior resulta preponderante y pragmático a la vez, ya que, a la hora de ayudar a las nuevas generaciones a desarrollar habilidades socioemocionales para una buena salud mental, el rango de “modelos de regulación emocional” se puede ampliar considerablemente, donde el mentor a cargo de ese joven no necesariamente debe tener el monopolio en esta área del discipulado, sino que se puede apoyar en “otros mentores” que ayuden en el objetivo. Así, un mentor de salud mental podría ser también otro líder del equipo pastoral juvenil, un diácono, un maestro/a, un consejero, un terapeuta cristiano., etc.</p>
<p>Un segundo aspecto que resulta vital para comprender el proceso del crecimiento integral de las nuevas generaciones, tiene que ver con que el protagonista de ese proceso, mucho más que el discipulador, será definitivamente el discípulo. El primero cumplirá la función de estimular, motivar, empujar el desarrollo de nuevas habilidades, pero el responsable principal, será el segundo, ya que el discípulo deberá comprometerse y empoderarse para el desarrollo de estas nuevas destrezas socioemocionales.</p>
<p>En conexión con lo anterior, desde el paradigma pentecostal histórico, se ha enseñado que es el Espíritu Santo el que “llena al creyente”, y en ese sentido, la persona con una actitud de “tipo contemplativa”, debe aprender a esperar que el fruto del Espíritu crezca en él. Por supuesto se da por sentado que, a la hora de un cambio integral, el Espíritu Santo es la persona central, que con su accionar, ayudará al creyente con el descontrol de sus emociones e impulsos. Como bien exponen Duffield y Van Cleave, es el Espíritu Santo</p>
<p>quien nos capacita para humillar, hacer morir a la carne y vivir victoriosamente en el Espíritu. Hacemos morir las obras de la carne al reconocer al viejo hombre crucificado con Cristo (Ro.6:11), y al elegir el andar bajo la guía y el poder del Espíritu Santo.<a title="" href="#_edn7">[vii]</a></p>
<p>Sin embargo, la última parte del comentario, resulta relevante para la aspiración de alcanzar una efectiva regulación emocional: “Elegir el andar bajo la guía y el poder del Espíritu”. Esto es una opción y se debe trabajar en ello. En este sentido, Horton plantea algo muy relevante para el desarrollo de la salud mental de los más jóvenes, y en general para el contexto de la consejería pastoral, esto es, que la cooperación con el Espíritu es necesaria para el desarrollo del fruto completo del Espíritu. Dice Horton: “Algunos suponen que precisamente por el hecho de que tenemos vida en el Espíritu o porque somos bautizados en el Espíritu, que es seguro que tendremos el fruto &#8230; si se desea el fruto hay que cultivarlo. Dios hace algo de eso (Jn.15:1), pero nosotros tenemos nuestra parte”.<a title="" href="#_edn8">[viii]</a> En consecuencia, buscar a Dios, permanecer en Cristo y su palabra, hacer su voluntad obedeciéndole, etc., son decisiones que los creyentes deben tomar para que el Espíritu Santo produzca el fruto en ellos, pero saber qué hacer con este fruto en situaciones de alta tensión emocional, también implicaría una decisión no menos relevante.</p>
<p><strong>El desarrollo de habilidades de regulación emocional desde el modelo transformativo pentecostal.</strong><strong></strong></p>
<p>Hay que señalar que las emociones cumplen con un propósito o función en nuestras vidas, aunque sean negativas, nos proporcionan información de lo que está pasando en nuestro interior. Además, nos ayudarían a adaptarnos a las demandas de nuestro ambiente de diferentes maneras. Por ejemplo, sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno, impulsándonos hacia ciertas personas, acciones, metas, y alejándonos de otras.</p>
<p>Por ejemplo, la alegría ayuda a lograr afiliación; el enojo a la autoprotección y para establecer límites; la tristeza para pedir ayuda y para la reintegración personal; la culpa para el arrepentimiento y reparar el daño hecho, etc. En el caso de la vergüenza, algunas teorías sugieren que sentir esta emoción cuando nuestro comportamiento es considerado inapropiado, puede actuar como una señal para corregir nuestro comportamiento y evitar el rechazo y desaprobación de los demás. Esto sería beneficioso para promover lazos sociales positivos &#8230; sin embargo, cuando la vergüenza se vuelve excesiva o paralizante, afectando negativamente la autoestima y la salud mental, se puede convertir en un problema.<a title="" href="#_edn9">[ix]</a> En el caso de las nuevas generaciones, cuando la vergüenza se vuelve excesiva en la vida de un creyente joven, puede además ir configurando en el tiempo un carácter tímido, ansioso e inseguro.</p>
<p>En este punto, conectaremos la tarea del joven de lograr regular sus emociones (por ejemplo, la vergüenza) acudiendo al modelo transformativo pentecostal. El primer paso del modelo se inicia con <strong>la interpretación de la Escritura para hallar principios y verdades eternas</strong>. En este cometido, se puede advertir que el fruto del Espíritu (Gá.5) constituye una rica fuente de insumos para lidiar con los problemas de la desregulación emocional. En relación con ello, hallamos esta exhortación de Pablo a su discípulo</p>
<p>Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de <em>dominio propio</em>” (2 Ti.1:7). Pablo está recordando a Timoteo lo que Dios otorga en Su gracia al creyente para el ministerio eficaz. Lo introduce mediante una negación clara: Dios no nos ha dado espíritu de cobardía. La palabra δειλία, cobardía, tiene la misma razón de timidez y terror.<a title="" href="#_edn10">[x]</a></p>
<p>Cuando se analiza el carácter y personalidad de Timoteo, si bien fue un estudiante obediente y entusiasta de la Palabra (2 Ti.3:15), un amado y fiel colaborador (1 Co.4:17; Rom. 16:21), preocupado del bienestar de los demás (Fil.2:20), y confiable (2 Ti.4:9, 21); sin embargo, en relación con los argumentos anteriores, Pablo si o si se está dirigiendo a Timoteo con un énfasis particular, enfocando ciertas deficiencias en su discípulo (2 Ti.1:6). Como argumenta Gordon Fee: “le insta con un lenguaje muy fuerte a que avive el fuego del don que Dios le otorgó hace mucho tiempo atrás en el momento de su llamamiento, por medio de la imposición de las manos.<a title="" href="#_edn11">[xi]</a> La imagen de Timoteo que surge de estos dos versículos (6 y 7), y a lo largo de toda la Epístola, coincide con lo que aflora en otros lugares (1 Ti.4:12; 5:23; 1 Co.16:10-11), a saber, que Timoteo es un colega de Pablo más joven y menos enérgico.<a title="" href="#_edn12">[xii]</a></p>
<p>Además, Timoteo estaba un tanto limitado por las continuas debilidades físicas (1 Ti.5:23). El carácter tímido que le era propio, hacía difícil para él enfrentar las situaciones conflictivas en la iglesia (1 Co.16:10). Hacer frente a la oposición de los que se desviaban de la doctrina, especialmente entre los efesios, con opositores decididos y firmes, lo haría más difícil (1 Ti.1:3, 7, 9, 20; 4:6, 7; 6:3, 10; 2 Ti.2:14–19, 23). Además de todo esto, las persecuciones contra los cristianos estaban manifestándose.<a title="" href="#_edn13">[xiii]</a> Pablo lo exhorta diciendo que entre los recursos que distribuye el Espíritu Santo para llevar adelante la obra de Dios (vs.7) se encuentra el dominio propio. Aquí́, el sustantivo σωφρονισμός, tiene que ver con una mente sana, capaz de controlar las acciones. Produce entereza de ánimo, disciplina personal y autocontrol.<a title="" href="#_edn14">[xiv]</a></p>
<p>En cuanto al segundo paso del modelo transformativo pentecostal, <strong>contextualizar los principios bíblicos en la realidad sociocultural</strong>, surgen algunas preguntas: ¿es posible hacer del dominio propio (y el fruto del Espíritu en general) una práctica habitual en el contexto contemporáneo de la iglesia?, ¿pueden los creyentes de este tiempo llegar a comprender, verificar y aplicar las verdades eternas de la palabra de Dios para lograr una mejor salud mental?</p>
<p>De manera convincente y entusiasta debiéramos responder que sí. No obstante, estas metas se vuelven desafiantes cuando desarrollar y aplicar el fruto del Espíritu se da en un contexto de la historia donde las estadísticas llegan a ser devastadoras: los miembros de las iglesias se divorcian de sus cónyuges con la misma frecuencia que lo hacen sus vecinos inconversos; los miembros de las iglesias maltratan a sus esposas con la misma asiduidad que lo hacen los no creyentes &#8230; y que de los evangélicos con un “alto grado de compromiso” un número cada vez mayor de jóvenes cree que el sexo prematrimonial es aceptable antes de casarse.<a title="" href="#_edn15">[xv]</a> Además, vivimos en un contexto de la historia donde existen las tasas más altas de problemas de salud mental entre los adolescentes. Según datos de la OMS, en el mundo, uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años padece algún trastorno mental.<a title="" href="#_edn16">[xvi]</a></p>
<p>Por esto, debido al actual contexto sociocultural, las emociones mal gestionadas y alejadas de su función primordial, pueden llegar a socavar la salud mental del joven, sobretodo, si vive en constantes frustraciones, donde él/ella siente que ha hecho mal las cosas y que ha fracasado, imperando en su mente una forma de autoevaluación negativa que le dice que no sólo se ha fallado a sí mismo, sino también a los demás, incluyendo a su familia y a Dios. Por otro lado, el temor a la exposición y a sentirse avergonzados, no sólo les va a limitar en su vida personal, sino además en participar en situaciones sociales, coartando la posibilidad, por ejemplo, de servir junto a otros en el ámbito ministerial. Y si asumen el desafío, al tiempo después renunciarán a sus cargos, quedando aún más convencidos de que no sirven para la obra del Señor. Todo esto que ocurre en la vida del adolescente contemporáneo, exige la urgencia de ayudarlos a trabajar en aquello que les genera profundo malestar y sufrimiento.</p>
<p>Respecto a la articulación de una <strong>teología de las emociones </strong>– que correspondería al tercer paso del modelo &#8211; se advertirá en la Biblia que ellas se encuentran dentro del diseño de Dios para las personas, y que el fruto del Espíritu no viene a reemplazarlas, sino a enriquecerlas, santificándolas, y ayudando al joven creyente a regular más efectivamente su mundo emocional.</p>
<p>En esta misma línea, se debiera enseñar a las nuevas generaciones, por ejemplo, que la ira en sí misma no es pecado, sino lo que hacemos dominados por la ira es lo que determina si pecamos (Ef. 4:26). Y también enseñar (y mejor modelar) habilidades socioemocionales que ayuden a solucionar rápidamente el conflicto interpersonal, de modo de llegar a un estado de reequilibrio emocional de paz, y de reconciliación con el prójimo (Ef.4:26-27).</p>
<p>Los adolescentes deben comprender que la gracia de Dios les capacita y provee los recursos espirituales para hacer frente a sus pasiones desordenadas (Tit. 2:11-12; 2 Ti.2:22), como pueden ser los impulsos sexuales descontrolados, la ira desregulada, y la timidez y vergüenza exacerbadas. Y que en la medida que crezca en este aprendizaje, logrará mayor madurez espiritual, lo que abrirá el camino para atreverse a ocupar los dones y habilidades que el Espíritu le ha regalado para responder a su llamado ministerial (2 Ti.1:6-7).</p>
<p>En cuanto al cuarto paso del modelo transformativo, que en este caso es <strong>la aplicación práctica del aprendizaje bíblico del fruto del Espíritu a la regulación emocional, </strong>ello implicará intencionar aún más el desarrollo de nuevas habilidades, para que se haga una realidad en la vida del joven. El apóstol Pablo en su trabajo de mentoreo, motiva a los creyentes de Éfeso y Colosas, a que de manera decidida puedan desarrollar habilidades socioemocionales y espirituales, con el objetivo de cambiar actitudes y hábitos antiguos, trabajando también en su problema de regulación emocional (Ef.4:17-32; Col.3:1-17)). Siguiendo el mismo criterio, y refiriéndose al consejo práctico de Pablo a Timoteo respecto de sus ansiedades y temores (2 Ti.1:7), Horton alude que “el creyente no se desembaraza de esos temores que impiden testificar para el Señor o hacer su voluntad con solo sentarse al sol y absorber la lluvia. El creyente tiene que decidirse y luego hacer lo que sabe que debería hacer. En otras palabras, tiene que cooperar con el Espíritu en la disciplina de sí mismo, si es que ha de crecer el fruto del dominio propio.<a title="" href="#_edn17">[xvii]</a></p>
<p>A continuación, se exponen (la lista no está agotada) algunos lineamientos para mentorear o hacer consejería pastoral con un joven que necesita regular su timidez y vergüenza, haciendo uso del dominio propio bíblico:</p>
<ul>
<li>Identificar y cambiar los pensamientos distorsionados que le generan ansiedad. El joven debe aprender primeramente a tomar consciencia y reconocer sus pensamientos distorsionados que se refieren a los otros (“los demás son mejores que yo en esto…”, “seguro me rechazarán por..”) y los que se refieren a sí mismo (“soy un cobarde”, “no podré lograrlo”). Luego deberá contrastarlos con la Palabra de Dios, para derribar los falsos argumentos, y sujetar su mente a la obediencia de Cristo (2 Co.10:4-5). Ahora su nueva creencia será: “lo que hago es para el Señor, y no para que me evalúen las personas” (Col. 3:23); “Soy más que vencedor por medio de Dios que me amó” (Ro.8:37).</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Exposición a las situaciones sociales evocadoras de ansiedad. El joven tímido que sufre de ansiedad social, por ejemplo, aumentará su autoeficacia personal y confiará en sus capacidades sólo en la medida que se atreva a enfrentar sus temores, exponiéndose por fe a las situaciones gatilladoras de ansiedad (Jue.6:11-16; Je.1:4-12; Dt.31:6-8).</li>
<li>Aprender a desarrollar nuevas habilidades socioemocionales. Aquí se incluyen el manejo de la comunicación asertiva, expresión y buen uso de la comunicación no verbal, aprender a identificar y aceptar sus emociones (“esto que estoy sintiendo es tristeza”); aprender a regular rápidamente emociones intensas “actuando de forma opuesta al impulso” (Mt.5:44); aprender técnicas de relajación (por ej. respirar hondo) cuando se va a enfrentar una situación social que le genera ansiedad, etc.</li>
</ul>
<p>El último paso del modelo transformativo pentecostal &#8211; <strong>ministrar de forma pragmática para responder a la necesidad integral de las personas desde una perspectiva eterna </strong>– podría en este caso, proponer una estrategia pragmática que apunte hacia un trabajo organizado y sistemático que incluya la consejería pastoral de los más jóvenes y/o programas de mentoreo que complementen al discipulado tradicional, y que en su objetivo más importante busquen motivar a los adolescentes para el desarrollo de nuevas habilidades socioemocionales, propendiendo así al desarrollo de una salud integral optima (Lc.2:52). Todos los pasos anteriores del modelo son necesarios si deseamos que los futuros pastores, maestros, plantadores, misioneros, y otros, sean personas sanas, no solamente en cuanto al conocimiento y defensa de nuestra doctrina pentecostal, sino además en su vida personal y familiar.</p>
<div><br clear="all" /></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p>Bibliografía</p>
<p>[i] Ron Hawkins &amp; Tim Clinton. <em>El nuevo consejero cristiano: Un enfoque bíblico y transformador </em>(Miami, FL: Editorial Patmos, 2018), 115.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> Gross &amp; Thompson, Handbook of emotion regulation, en: Michel Reyes &amp; Edgar Tena, <em>Regulación emocional en la práctica clínica: Una guía para terapeutas </em>(Ciudad de México: Editorial El manual moderno, 2016), 36.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a> Reyes y Tena, <em>Regulación emocional en la práctica clínica</em>, 39.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref4">[iv]</a> Leahy, R. L. Tirch D. &amp; Napolitano, Emotion Regulation in Psychotherapy: a Practitioners Guide, en Reyes y Tena, 39.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref5">[v]</a> Lucas Leys. <em>Liderazgo generacional </em>(Dallas, Texas: Editorial e625, 2017).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref6">[vi]</a> Íbid<em>.</em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref7">[vii]</a> Guy P. Duffield &amp; Nathaniel M. Van Cleave. <em>Fundamentos de teología pentecostal </em>(Bogotá: Editorial Buena semilla, 2006), 182.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref8">[viii]</a> Stanley Horton. <em>El Espíritu Santo revelado en la Biblia </em>(Miami, FL: Editorial Vida, 1998), 169.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref9">[ix]</a> <a href="https://psiconecta.org/blog/que-hacemos-cuando-tenemos-vergüenza">https://psiconecta.org/blog/que-hacemos-cuando-tenemos-vergüenza</a></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref10">[x]</a> Samuel Pérez Millos. <em>Comentario exegético al texto griego del N.T. 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón </em>(Barcelona: Editorial CLIE, 2016), 301.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref11">[xi]</a> Gordon Fee. <em>Comentario de las Epístolas a 1 y 2 de Timoteo y Tito. </em>(Barcelona: Editorial CLIE, 2008), 263.</p>
</div>
<div>
<p>[xii] Íbid,<em> </em>264.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref13">[xiii]</a> Samuel P. Millos<em>. </em><em>Comentario exegético al texto griego del N.T. 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, </em>300.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref14">[xiv]</a> Íbid, 302.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref15">[xv]</a> Peter Scazzero. <em>Espiritualidad emocionalmente sana </em>(Nashville, Tennessee: Editorial Vida, 2020), 27.</p>
</div>
<div>
<p>[xvi] <a href="https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health">https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health</a></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref17">[xvii]</a> Stanley Horton<em>, </em>169.</p>
</div>
</div>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Herbert Grenett Ortiz</span>
				<p></p>
				<br/>
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		<title>La vida del Espíritu en el libro Los Hechos como modelo de resiliencia para la iglesia de hoy</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Feb 2023 20:15:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Herbert Grenett Ortiz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Herbert Grenett Ortiz Pastor y Psicólogo clínico &#160; &#160; El presente artículo intenta explicar cómo la vida del Espíritu manifestada en la iglesia primitiva, sirvió a los cristianos como factor protector de su salud mental y de fortalecimiento en circunstancias difíciles y extremas que vivieron. La idea es establecer algún puente de conexión, logrando</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=5409">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Herbert Grenett Ortiz</p>
<p>Pastor y Psicólogo clínico</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El presente artículo intenta explicar cómo la vida del Espíritu manifestada en la iglesia primitiva, sirvió a los cristianos como factor protector de su salud mental y de fortalecimiento en circunstancias difíciles y extremas que vivieron. La idea es establecer algún puente de conexión, logrando contextualizar y dimensionar cómo la experiencia en el Espíritu en el tiempo de Los Hechos, podría servir como modelo de resiliencia espiritual y mental para los creyentes de la iglesia de hoy.</p>
<p><strong>Concepto de resiliencia</strong></p>
<p>El vocablo resiliencia tiene su origen en el idioma latín, en el término <em>resilio</em>, que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar &#8230; en español y francés <em>resiliencia</em> se emplea en el campo de la ingeniería civil únicamente para describir la capacidad de un material de recobrar su forma original después de someterse a una presión deformadora. La definición en el idioma inglés del concepto <em>resilience</em>, es la tendencia a volver a un estado original o el tener poder de recuperación (1).</p>
<p>Luego el término fue adaptado a las ciencias sociales para caracterizar aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos (2). Por lo tanto, resiliar es recuperarse, ir hacia delante luego de una enfermedad, trauma o estrés. Es vencer estas pruebas y crisis de la vida, resistiéndolas y superándolas, para seguir viviendo lo mejor posible (3).</p>
<p>Otros autores han ampliado y profundizado la definición, integrando otros elementos o variables que intervienen en su desarrollo. En tal sentido, resiliencia sería también la capacidad de una persona o de un grupo para crecer en presencia de muy grandes dificultades &#8230; no es fija sino que varía a lo largo de toda una vida; nunca es absoluta; se construye en interacciones con el entorno &#8230; siempre se encuentra en proceso y, más allá de la simple resistencia, construye o reconstruye la vida (4).</p>
<p>La última definición resulta muy importante, puesto que se centra en un enfoque con énfasis en procesos, no tanto a nivel de lo que logra por sí mismo un individuo, sino en cuánto a un contexto social y de relaciones. Esto se vincula directamente con los procesos de vida de quienes son cristianos, donde en lo cotidiano, se forma parte de la necesaria interdependencia del cuerpo de Cristo, que es el contexto donde se espera se desarrolle la resiliencia espiritual y mental, permitiendo así afrontar las adversidades propias de la existencia humana y cristiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La vida del Espíritu y las crisis en el Evangelio</strong></p>
<p>Se ha llegado a plantear que la praxis pentecostal incluye también un <em>ethos </em>pentecostal. <em>Ethos </em>es una palabra griega que significa “costumbre y conducta” y, a partir de ahí, “conducta, carácter y personalidad” (5). En el libro de Los Hechos, sin duda, se puede apreciar un<em> ethos</em> pentecostal en particular, y que en su constitución va a implicar un carácter, identidad y modo de comportarse de los creyentes en el seno de una comunidad.</p>
<p>Además, puede advertirse en esta iglesia que el <em>ethos</em> pentecostal se encuentra asociado, tanto en su génesis como en su desarrollo, con la llenura del Espíritu Santo, y que muchas de sus expresiones en la vida de los creyentes, son consecuencias directas de esa llenura. Horton, por ejemplo, cita a algunos autores que identifican entre estas características, “la plenitud del gozo”, “el gran amor”, “el compartir” y la “alabanza continua de Dios”, mientras que otros, hablan de cualidades de la personalidad cristiana como “marcas” o evidencias de “estar lleno del Espíritu”, como son el “testimonio desbordante”, el “quebrantamiento y humildad”, “un espíritu dócil” y la “consagración” (6).</p>
<p>Por otra parte, la llenura que caracteriza la vida del Espíritu en Los Hechos, se va a hacer notoria, además, como una capacitación o empoderamiento espiritual que Dios mismo otorga en ciertas situaciones a sus hijos, y donde, debido al contexto, se requería de una investidura de poder especial para hacer frente a crisis y circunstancias difíciles.</p>
<p>En relación con lo anterior, Wood argumenta que si se lee cuidadosamente el libro de los Hechos, se descubrirá que una y otra vez en la experiencia de los discípulos, en los momentos difíciles de la vida de ellos, el texto dice que “fueron llenos del Espíritu”. Vale decir, que la condición de estar lleno del Espíritu es lo que sucedió después de Pentecostés.</p>
<p>No es la experiencia que vivieron los discípulos en Hechos 2; es la plenitud que recibieron después de esta experiencia. El Espíritu continuó llenando a los discípulos en momentos en que enfrentaban desafíos nuevos y desconocidos, cuando se necesitó un nuevo nivel de poder en su personalidad, que nunca antes habían visto (7). Un claro ejemplo de esto se advierte en Hechos 4, donde por primera vez la iglesia estaba enfrentando persecución.</p>
<p>Quienes habían sido llenos del Espíritu en Hechos 2, son nuevamente llenos del Espíritu en Hechos 4. (8). Durante el proceso de avance del evangelio, esta “vida en el Espíritu”, se va convirtiendo en un suceso que se vuelve transversal en la vida de los creyentes. Según Hechos 9:31, “&#8230; las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo”. El contexto muestra que el Espíritu llevó a cabo esta multiplicación mediante la unción de la Palabra, y mediante la concesión de avivamiento, poder, santificación, ánimo y valentía a los creyentes (9).</p>
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<p><strong>Espiritualidad y resiliencia</strong></p>
<p>La relación espiritualidad &#8211; resiliencia se viene estudiando ya hace varios años en el ámbito de las ciencias sociales. En este contexto, ya existe evidencia suficiente respecto del resultado que surge cuando las personas se apoyan en la religión y en la espiritualidad, y logran utilizarla como un recurso para comprender y afrontar momentos difíciles (10).</p>
<p>Las personas que viven su religión de manera positiva, generando vínculos de confianza con Dios, tienden a sobreponerse a diversos estresores con mayor facilidad que aquellas que experimentan una lucha interna constante con Dios o con su comunidad religiosa (11).</p>
<p>Considerando lo anterior, pero redefinido bajo el lente de una hermenéutica pentecostal, se comprende que esta “resiliencia espiritual” que actúa en los creyentes, no obedece sólo al desarrollo de ciertas virtudes o capacidades personales, o al cambio de algunas estructuras cognitivas y forma de pensar, sino que se construye de forma dinámica, en una experiencia subjetiva con Dios Padre, Dios hijo, y sobre todo en dependencia con Dios Espíritu Santo. La intervención de este último, vendría a conformar integralmente el “ethos pentecostal”, donde todo el ser de la persona termina siendo transformado, y le empodera para afrontar las diferentes vicisitudes que surgirán en sus circunstancias de vida. El afrontamiento obstinado de la realidad: Característica esencial de la resiliencia y su relación con la llenura del Espíritu Santo.</p>
<p>De las investigaciones en el campo de la resiliencia, puede afirmarse que las personas resilientes reúnen varias características esenciales. Tal vez una de las más importantes, es el afrontamiento obstinado de la realidad (12). Con cierta frecuencia, se ha llegado a pensar que la resiliencia es el resultado de tener una naturaleza optimista. Eso es cierto siempre y cuando el optimismo no llegue a distorsionar el sentido de la realidad. En situaciones extraordinariamente adversas, ver el mundo a través de “lentes rosas” puede resultar desastroso. Al contrario, las personas resilientes tienen una visión muy serena y realista de las partes de la realidad que son importantes para la supervivencia (13).</p>
<p>En relación con lo anterior, la primera condición, entonces, que demuestra ser necesaria y suficiente para identificar un proceso de resiliencia, es la identificación del evento problema o del trauma &#8230; lo cual significa que en un momento u otro del proceso, el sujeto debe ser capaz de reconocer que ha vivido un acontecimiento traumático o que se ha enfrentado a un contexto traumatizante y que él ha sido su víctima (14). Luego se irá desarrollando lo que respalda la literatura, vale decir, que la persona con consciencia de su situación, y tras superar el horror de lo vivenciado, ha mostrado tener fuerza para resistir la tentación de dejarse caer en el abismo que representa para él lo vivido &#8230; (15).</p>
<p>A modo de comprender mejor el efecto de la resiliencia del Espíritu, y del afrontamiento de la realidad por medio de éste, se observarán dos casos en el libro de Los Hechos:</p>
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<p><strong>1). Enfrentados a las amenazas (Hch.4:1-12).</strong></p>
<p>El contexto es el arresto y abuso físico y emocional de Pedro y Juan porque enseñaban al pueblo y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. Al día siguiente son amedrentados por el tribunal, el mismo que había condenado a Cristo, manteniendo todo el tiempo un intenso hostigamiento hacia ellos, haciéndoles respirar amenazas de una probable muerte, similar a la de su maestro.</p>
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<p><strong>2). Enfrentado al martirio (Hch.7:51-60).</strong></p>
<p>El escenario muestra al diácono Esteban, quién después de responder a las acusaciones presentadas contra él, confronta a los fariseos como un verdadero profeta de Dios. Esta reprensión generó en sus oyentes un sentimiento de venganza e ira descontrolados, violentándolo físicamente, con consecuencias trágicas.</p>
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<p><strong>El afrontamiento resiliente de Pedro.</strong></p>
<p>En Hechos 4 puede advertirse que, pese a experimentar un contexto de prisión y maltrato de parte de los líderes judíos, Pedro es capaz de afrontar con criterio de realidad la situación a que lo estaban exponiendo. Primero, él tiene consciencia clara de que aquel, era el tribunal que antes había condenado a su maestro, y ellos se lo hacen notar. Como observa agudamente Horton, la expresión “con qué potestad” usada por lo líderes se hace en forma derogatoria, lo que implicaba que estaban tratando de amedrentar a Pedro y a Juan, quizás con el propósito de que recordaran la forma en que habían huido despavoridos cuando Jesús había sido arrestado (16).</p>
<p>Segundo, no sólo los obligan a recordar cuando abandonan a Jesús, sino que además implicaba, y en el caso particular de Pedro, recordar un evento emocionalmente difícil, donde terminó sucumbiendo a la angustia y temor de ser encarcelado, negando finalmente a su Señor (Mt.26:69-75).</p>
<p>¿Cómo enfrentó Pedro este nuevo contexto de amenazas? ¿Cómo enfrentó esta situación de presión y conflicto mental? El texto dice: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo:” (v.8). Es mediante esta “renovación de la plenitud” que puede desarrollar un afrontamiento coherente de la realidad, y lo hace realizando una defensa férrea ante al Sanedrín. Sólo por medio de esta nueva infusión de aliento y empoderamiento espiritual, es capaz de ponerse de pie y entregar una respuesta que proclamó la verdad y glorificó a Jesús (4:8; 10-12).</p>
<p>A través de este nuevo henchimiento de poder, se da la segunda condición para que se desarrolle un proceso resiliente, cual es, que ha logrado superar la sensación de terror vivida antes, no dejándose vencer y continuando con el plan de Dios. En definitiva, ni la prisión, ni el maltrato físico, ni el abuso emocional, ni los recuerdos tortuosos del pasado pudieron hacer callar la voz del Espíritu en la vida de Pedro.</p>
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<p><strong>El afrontamiento resiliente de Esteban</strong></p>
<p>El afrontamiento obstinado de la realidad también se visibiliza en la persona de Esteban. En su caso, tuvo la oportunidad de realizar una pertinente apologética. No obstante, cuando reprende a sus interlocutores, estos responden enfureciéndose en sus corazones, “haciendo crujir los dientes contra él” (v.54), lo cual demostró una expresión de ira violenta que sólo dejaba en evidencia el deseo de resistir al Espíritu Santo.</p>
<p>Es en este momento, donde en su frágil humanidad, se deja sentir toda la presión espiritual y emocional. Entonces Esteban toma consciencia que lo que estaba por venir iba a ser muy difícil de enfrentar. ¿Cómo afronta finalmente esta situación? Dice el texto: “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre</p>
<p>que está a la diestra de Dios” (v.55-56). En el contexto de una situación al límite, Esteban es fortalecido con una nueva infusión del Espíritu, que lo capacita para enfrentar la violencia extrema a la que iba a ser sometido. Advirtiendo la primera condición necesaria para identificar un proceso resiliente, Esteban es capaz de identificar y reconocer que ha comenzado a vivir un evento traumático, donde él ha de convertirse en una víctima de sus agresores.<a href="http://conozca.org/wp-content/uploads/2023/02/Esteban-su-muerte2.jpg"><img class="alignright size-large wp-image-5415" title="Esteban - su muerte" src="http://conozca.org/wp-content/uploads/2023/02/Esteban-su-muerte2-1024x537.jpg" alt="" width="608" height="318" /></a></p>
<p>Resulta importante atender que el Espíritu dirige a Esteban a poner los ojos en el cielo para presenciar la gloria de Dios y a su hijo Jesucristo. Tal como se revisó antes, los enfoques más actualizados sobre la resiliencia no sólo consideran las capacidades personales como factores relevantes, sino el contexto relacional desde donde se construye la resiliencia. En el caso del diácono mártir, ésto sólo se hace posible cuando el Espíritu lo lleva a entrar, una vez más, en una experiencia relacional con la divinidad. En su experiencia vincular con Cristo, como arguye un autor, Jesús estaba (literalmente) en pie, como dando aliento a su siervo en la tierra y dispuesto a recibirlo en su gloria (17).</p>
<p>Además el texto dice: “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu” (v.59). Consciente de su situación, no niega el suceso, sino que lo integra a su experiencia y lo afronta valientemente elevando una plegaria a su Señor. Su perspectiva de la situación no es de carácter temporal, sino eterna, ya que pone su confianza en el hecho de que Jesús mismo lo recibe en su presencia.</p>
<p>Finalmente, el afrontamiento resiliente de la realidad se refleja cuando “&#8230; puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (v.60). Esteban imita el ejemplo de Cristo, y al igual que este último había pedido al Padre que perdonara a sus verdugos (Lucas 23:34), lo mismo termina haciendo él. Su obstinación de afrontar la realidad se despliega como un actuar coherente con los valores del reino de Dios, en este caso, el amor, el perdón y la reconciliación. En esta escena, la vida del Espíritu se evidencia en un accionar que no había tenido precedente alguno, y que a pesar de que se le ocasiona la muerte, el renuevo de esta plenitud capacita a Esteban para afrontar su martirio, y así reunirse con su amado Señor.</p>
<p>Hacia un breve modelo de resiliencia espiritual para la iglesia de hoy</p>
<p><strong>1). La resiliencia espiritual se desarrolla cuando los creyentes sirven en el Evangelio</strong></p>
<p>Se debe consignar que en ambos casos, el nuevo derramamiento de poder de parte del Espíritu, ocurre en circunstancias de servicio a Cristo, y en específico, en contextos de persecución y crisis. Según esas circunstancias, se requería urgente de un nuevo nivel de poder para hacer frente a la adversidad.</p>
<p>Según lo anterior, por ende, un primer objetivo a lograr si la iglesia desea crecer en resiliencia, es que el creyente permanezca en continuo y activo servicio al Señor, participando proactivamente en la expansión de las buenas noticias de redención. Esto viene a desmitificar y corregir la idea de que “una nueva llenura del Espíritu Santo” llegará a la persona por el sólo hecho de desearlo, o para “tener una experiencia espiritual” como a veces se percibe al interior de la iglesia. Según los textos analizados, Dios produce resiliencia en su pueblo no para deleite o gratificación personal, sino específicamente para enfrentar las dificultades propias de la tarea de evangelización.</p>
<p><strong>2). La resiliencia espiritual se desarrolla en un contexto de relaciones cercanas y significativas.</strong></p>
<p>En los dos casos expuestos, la resiliencia del Espíritu se despliega en un contexto relacional íntimo y con significado. Primero, y respecto a una construcción vincular de tipo vertical, se advierte que tanto Pedro como Esteban ya habían participado de una relación de dependencia de Jesucristo, y asimismo de una dirección del Espíritu Santo. Pero es en la situación de crisis de cada uno, donde se evidencia de forma actualizada esa relación</p>
<p>cercana con la divinidad, ya que es en su clamor interno, en su condición de auxilio urgente (Pedro maltratado y amenazado, Esteban violentado) que Cristo manifiesta su presencia enviando una nueva plenitud de su Espíritu. Ello se despliega como un potencial, como un empoderamiento único para que sus siervos pudieran resistir, y no sucumbir ante la diversidad de estresores que estaban impactándolos.</p>
<p>Según este criterio, una nueva llenura del Espíritu será difícil en creyentes que no claman a Dios, y que no han establecido una relación íntima con Él; al contrario, aquellos que permanecen en constante súplica para que Dios los libre de las crisis, desde el ámbito de una relación significativa con Jesús, probablemente obtendrán el beneficio de un nuevo empoderamiento espiritual.</p>
<p>Segundo, se puede advertir también que la resiliencia espiritual se genera a partir de una construcción vincular de tipo horizontal. El caso de Pedro, resulta muy ilustrativo que siempre se mantuvo al lado y en una relación de compañerismo con Juan. Y aunque no lo dice el texto, ellos deben haber estado orando el uno por el otro mientras se encontraban presos, previo a ser expuestos ante el Sanedrín.</p>
<p>No obstante, el hecho crucial que habla de las relaciones constructoras de resiliencia, se da cuando Pedro regresa junto a Juan con su comunidad de fe. Dice el texto “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho” (4:23). Es en ese momento que la iglesia eleva una oración solidaria, y entre otras cosas, piden a Dios que fortalezca los corazones de sus siervos en este tiempo de crisis, y les otorgue valor para continuar con la obra: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús” (v.29). El resultado de esta comunión, de esta actitud de cuidado tierno, de este compañerismo en tiempo crítico, fue que una vez más, Pedro, Juan y todos los discípulos recibieran fortalecimiento y capacitación espiritual: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios (v.30).</p>
<p>Tal como lo hizo esta comunidad de fe, se ha planteado en el presente que los pastores, lideres y en general miembros de una iglesia local, pueden desempeñar de forma efectiva y competente el rol de tutores resilientes, y que dentro de un contexto de apoyo socioemocional y espiritual, pueden ser facilitadores para los creyentes que se encuentren atravesando una crisis. Así, estas relaciones resilientes de la iglesia, se convierten en el caldo de cultivo para que se dé una nueva plenitud del Espíritu.</p>
<p><strong>3). La resiliencia espiritual se desarrolla cuando existe un afrontamiento obstinado de la realidad.</strong></p>
<p>Asimismo, en los dos casos analizados, se puede percibir que el Espíritu Santo les ayudó avencarar la realidad, y mantener la actitud adecuada para afrontar las crisis. Sin embargo, si bien el Espíritu dirigió sus vidas en esos momentos difíciles, también fluyó la dimensión volitiva o de la voluntad personal de cada uno de ellos. O sea, tanto Pedro como Esteban tomaron la decisión de dar testimonio acerca de Cristo. No es que el renuevo del Espíritu los hubiera manejado como una especie de marionetas sin voluntad. Ellos, como fieles y maduros discípulos de Jesús, sabían bien qué es lo que tenían que hacer en esos momentos cruciales: testificar sí o sí. Lo que el nuevo derramamiento del Espíritu hizo fue fortalecer, infundir ánimo, dar valor, dar gracia y sabiduría, dar una nueva dirección y enfoque, para poder predicar frente a sus respectivas audiencias.</p>
<p>Este punto resulta relevante, ya que la resiliencia que es dependiente del Espíritu Santo, va a guardar relación con la actitud y las decisiones que tomen los creyentes frente a sus circunstancias, donde en vez de evadir la realidad se opte por afrontarla, aunque a veces resulte difícil aceptar lo que está aconteciendo en ese momento. De alguna manera, Dios espera de sus hijos una actitud diligente frente a las diversas pruebas que les tocan vivir, pero también el anhelo personal y profundo de una renovación que permita un afrontamiento efectivo.</p>
<p>En resumen, en este artículo se han revisado algunos conceptos sobre resiliencia, aplicados luego a la vida de algunos personajes de Los Hechos que vivieron experiencias de crisis complejas, pero que en dependencia de Dios y de la llenura del Espíritu Santo, pudieron sortear esas pruebas y avanzar hacia el propósito que Dios para su iglesia. Lo anterior, mirado desde una hermenéutica pentecostal, vale decir, con un intencionado énfasis teológico, facilitaría la comprensión de prácticas que ayudarían efectivamente a desarrollar resiliencia espiritual en los creyentes de la iglesia actual. Esto vendría a impactar como un importante factor de promoción, no sólo de la madurez espiritual, sino también de la salud mental y emocional de las personas.</p>
<p>Finalmente, se considera factible evaluar lo que podría ser un modelo a replicar en las iglesias pentecostales de hoy, con el objetivo de desarrollar creyentes maduros y resilientes, y comunidades que resistan los embates y desafíos de la fe contemporánea.</p>
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<p>Bibliografía</p>
<p>(1). María A. Kotliarenco y otros. Estado de arte en resiliencia (Washington D.C: Organización Panamericana de la Salud, 1997), 5.</p>
<p>(2). Kotliarenco, 5.</p>
<p>(3). Michel Manciaux, La resiliencia: resistir y rehacerse (Barcelona: Editorial Gedisa, 2010), 50.</p>
<p>(4). José M. Madariaga, Nuevas miradas sobre la resiliencia. Ampliando ámbitos y prácticas (Barcelona: Editorial Gedisa, 2014), 64.</p>
<p>(5). Bernardo Campos. El principio Pentecostalidad: La unidad del Espíritu, fundamento de la paz (Salem, Oregon: Publicaciones Kerigma, 2016), 121.</p>
<p>(6). Stanley Horton. ed. Teología sistemática. Una perspectiva pentecostal (Miami, Florida: Editorial Vida, 1995), 463.</p>
<p>(7). George Wood, La vida en el Espíritu (Springfield, Missouri: Gospel Publishing House, 2017), 45</p>
<p>(8). Wood, 63.</p>
<p>(9). Stanley Horton. El Espíritu Santo revelado en la Biblia (Miami, FL: Editorial Vida, 1998), 117.</p>
<p>(10). Juan Irurzun &amp; Cecilia Yaccarani. Resiliencia, espiritualidad y propósito de vida. Revista de investigación en psicología social, vol. 4, n°2, 2018, pp. 58-66.</p>
<p>(11). J. Irurzun y otros, Resiliencia y espiritualidad: Aportes para su estudio desde una perspectiva</p>
<p>psicológica. Revista científica de la fundación mente clara, vol.2, 2017, ISSN 2469-0783 https://datahub.io/dataset/2017-2-2-e32.</p>
<p>(12). Diane Coutu, “Como funciona la resiliencia”, en Resiliencia: Serie inteligencia emocional de Harvard Business Review (Boston, Massachusetts: Harvard Business Review Press, 2012), 16.</p>
<p>(13). Coutu, 18.</p>
<p>(14). Madariaga, Nuevas miradas sobre la resiliencia, 89.</p>
<p>(15). Ibid.</p>
<p>(16). Stanley Horton. El libro de Los Hechos (Miami, FL: Editorial Vida, 1990), 61.</p>
<p>(17). Samuel P. Millos. Comentario exegético al texto griego del Nuevo testamento. Hechos (Barcelona: Editorial CLIE, 2013), 581.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Herbert Grenett Ortiz</span>
				<p></p>
				<br/>
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