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	<title>Conozca &#187; Federico H. Melgar M. </title>
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		<title>Escuelas evangélicas &#8211; ¿prosperidad o decadencia?</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Sep 2012 22:09:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico H. Melgar M. </dc:creator>
				<category><![CDATA[1991.4]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Federico H. Melgar M.              Desde que los reformadores del siglo XVI lucharon afanosamente por retomar los prístinos principios del cristianismo bíblico, se evidenció la tendencia de la parte antagónica de marginar a los niños protestantes de las escuelas de aquel tiempo. El término protestante tuvo su origen precisamente cuando, en una actitud</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=936">Mas…</a></p>]]></description>
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<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD">Por Federico H. Melgar M. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"><span style="mso-tab-count: 1;">           </span>Desde que los reformadores del siglo XVI lucharon afanosamente por retomar los prístinos principios del cristianismo bíblico, se evidenció la tendencia de la parte antagónica de marginar a los niños protestantes de las escuelas de aquel tiempo. El término protestante tuvo su origen precisamente cuando, en una actitud valiente, uno de los adalides, Lutero, invocó los derechos de su sector religioso, en el sentido de abrogar tal sentimiento segregacionista que afectaba notablemente a los estudiantes cuyas familias habían sido receptivas al ardiente mensaje reformador.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"> <span style="mso-tab-count: 1;">          </span>Contextualizando la situación incidental de aquella época convulsa, traemos a cuento que en el despertar evangélico de la iglesia en muchos lugares de América Latina, se hizo notorio el repudio casi sistemático a los hijos de los evangélicos en la escuela pública. Se calificaba como delito estar identificados con la postura evangélica novedosa en estas latitudes. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"> Aunque quizá no se llegó a extremos insospechados, los hijos de creyentes eran el blanco de las burlas en las aulas. El ridículo a que los sometían sus condiscípulos y hasta los mismos profesores rayaba en los límites de lo intolerable por momentos. En muchos países la enseñanza pública es laica. No tiene compromiso alguno, y en ciertos casos, la iglesia se encuentra tan divorciada del estado que resultaba inconsecuente cualquier tipo de asedio en el campo religioso. Era evidente que los líderes de la iglesia dominante veían con estupor la socavación de sus intereses por la influencia de la &#8220;nueva religión&#8221;. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"> La crisis llegó a desvanecerse aparentemente con la aparición de las escuelas evangélicas, auspiciadas por iglesias de visión, y en muchos casos, por algunas corporaciones de los Estados Unidos. La justificación en el plano objetivo, además de proporcionar un ambiente sano al estudiante, consistía en asegurar que tal esfuerzo venía a constituirse en una ampliación de ministerio de la Escuela Dominical y el culto familiar. Fortaleciendo desde tres ángulos la vida espiritual del niño, habría cierta garantía de vidas exitosas en el plan de Dios. Algunos pioneros del amanecer desafiante de tal movimiento academista espiritual hacían alusión a un adagio popular en América Central &#8220;A dos puyas no hay toro valiente&#8221;. Lo parafrasean y en lugar de decir dos, expresabas &#8220;tres&#8221;. Obviamente se referían a los tres puntos de ataque: Escuela Dominical, culto familiar y escuela cristiana. </span></p>
<p><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD">              En los objetivos del incipiente programa, se destacaban premisas como la siguiente:Consideremos a los niños como una creación especial de Dios, entes con capacidad formativa y con disposición natural de aprender, libres de prejuicios que alteren su normal desenvolvimiento. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"> Todo eso produjo el impacto deseado y el gozo subsecuente en los beneficiarios. Los niños al par de las ciencias recibirían enseñanza de la Palabra de Dios, exaltarían al señorío de Cristo, pagarían cánones realmente simbólicos en comparación con la ayuda y se librarían airosamente del tormento antievangélico. No cabe duda de que era una verdadera bendición. No obstante. con el paso del tiempo, se detectan algunas fallas que estropean por momentos el sendero feliz que debieron recorrer aquellos planes.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD">Por una parte, los conductores de la enseñanza, con sus requerimientos perfeccionistas, idealizaban el nivel óptimo de santidad a los niños, cuyo conductural variaba sensiblemente con la vida espiritual de los padres y las normas rígidas de la congregación. Cuando se trataba de hijos de pastores u oficiales de la iglesia, la problemática se acentuaba, sacudiendo la neurosis de los “maestros”. Los padres, airados a veces, expresaban su descontento ante la actitud poco noble de los docentes, que carentes de ética profesional, no concebían como normales aquellas variantes psicológicas. Se producía una especie de brecha entre dos elementos insustituibles del quehacer educativo: maestro y padre de familia. Sin sentirlo, los dirigentes educativos fueron arrastrados por la misma corriente equivocada de los moldes tradicionales evangélicos: no ver al niño como tal. No considerarlo inmerso en la Psicología Evolutiva. Los educandos poseen rasgos de conducta que van en consonancia con cada etapa de la vida, pero solamente se veían como niños adultos casi coronados por aureolas de misticismo que nunca se materializan.<br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD">En el aspecto social, el fantasma de la desconfianza asomó su oscura sombra de incertidumbre en la administración económica. Esta última no en todos los casos ha sido lo suficientemente inmaculada para pregonar una utópica transparencia. Quedaba unido todo esto a la idiosincrasia tercermundista que expone &#8220;sus derechos&#8221; en un espíritu súper crítico. Un panorama de esta índole es desalentador y daña sensiblemente la formación de auténticos valores morales en el sujeto de la educación: el niño. Éste recibe en su absorbente personalidad toda influencia malsana de sus mayores, ensombreciendo así los objetivos del aprendizaje. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD">La parte educativa, que originalmente sirvió de consigna al proclamar en forma entusiasta el rescate de los valores de la enseñanza, no ha llegado aún al ideal soñado. Hay que añadir que en una forma casi generalizada las cátedras se sirven defectuosamente. Profesores mal preparados académicamente, en lugar de dar clases, lo que dan es lástima. Improvisan verborreas incoherentes que frustran el tierno intelecto del alumno. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD">La colaboración del hogar no ha sido bastante consecuente. Muchas veces los padres miran de soslayo su responsabilidad directa la educación de sus hijos. En arranques esporádicos de identificad con el estudiante en sus problemas, arremeten furibundos ante la autoridad del profesor, al constatar tristemente los pésimos resultados en la evaluación. Muchas confrontaciones se habrían evitado, si en el momento oportuno y con la cortesía que el caso merecía, la gracia de Dios hubiera santificado la comunicación entre la escuela y el padre de familia. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: .5in;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD">Las observaciones no llevan la intención de hacer señalamientos mordaces que redunden en forma negativa. El trabajo puede mejorarse. La inspiración inicial fue positiva, de compromiso. El desafío era innegable. El niño sería protegido de toda una serie de ataques que propenden a deteriorar su formación. Una consciente revisión de los Programas de Estudio, incluyendo la Educación Cristiana sería sumamente provechoso. Sería beneficiosa una depuración y profesionalización del &#8220;padre de familia&#8221;, con el tacto y la unción del Espíritu de Dios. Los padres necesitan ser reeducados para abandonar las trincheras de sobreprotección a sus hijos y de censura mal orientada hacia la escuela. Finalmente, a los orientadores máximos de las instituciones, la exhortación de que se reencuentre con las verdades fundamentales del liderazgo auténtico: respaldo de Dios, buen testimonio e interés genuino por la vida de los pequeñitos. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"> </span></p>
<p class="MsoBodyText"><span lang="ES-TRAD"><br />
</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span style="font-size: 12.0pt; mso-bidi-font-size: 10.0pt;" lang="ES-TRAD"> </span></p>
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<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Federico H. Melgar M. </span>
				<p>El isumista Federico H. Melgar Magaña es pastor del Centro de Estudios Bíblicos de las Asambleas de Dios en Ahuachapán, El Salvador. También sirve de director del colegio cristiano "Profesor Justo González Carrasco". Es casado con Silvia Carolina de Melgar y la pareja tiene tres hijos: Erik, Rebeca y Karla.</p>
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