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Cristo en tu hogar, según Colosenses 3:18-4:1

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.2

Por Esteban Pari Mollo

 

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¡No hay nada más importante que el hogar! La construcción de una casa requiere de un fundamento y una estructura. Usualmente la base no se ve, pero es vital para sostener toda la casa. La estructura de una casa es la parte que se ve y depende principalmente cuan profunda es el fundamento.

De la misma manera, un hogar necesita un fundamento y una estructura. La mayoría de los hogares en la actualidad como la que ocurrió en Colosas, en el tiempo de Pablo. Hubo fundamentos y estructuras totalmente diferentes a la enseñanza bíblica.
Pablo escribió a la iglesia de Colosas en Colosenses 3:18-4:1, respecto al hogar. Ofreció a Cristo como la base y la estructura del hogar, desde una perspectiva relacional que impositiva, basada en el amor que en los errores del pasado. Una perspectiva diferente a lo acostumbrado por la cultura greco-romana.

El pasaje a ser estudiando requiere una interpretación correcta en base a tres claves. Primero, considerar la audiencia del libro de Colosenses, estuvo bajo el contexto greco-romano. Muy diferente a la nuestra y no son compatibles. Por lo cual, no se puede aplicar directamente el principio de la sumisión, sin entender el contexto cultural de ambas culturas. Segundo, interpretar el pasaje en el marco de los principios generales de la Escritura, no solo en el sentido del pasaje mismo, como algo aislado. Tercero, la aplicación de “los principios de la Escritura nos instruyen en justicia, no en las características y valores de las culturas antiguas”.1

El propósito de este artículo es corregir las prácticas culturales. Así como la dominación del varón sobre la mujer. La relación de amor condicionada por uno de los cónyuges. La sobreprotección o el castigo desmedido a los hijos. La entrega de la educación de los hijos a otros entes alternativos. A causa de la ocupación absorbida de los padres y la distorsión o ruptura de la relación trabajo y hogar.

A continuación, se expone los principios bíblicos que Pablo enseñó acerca del hogar a los hermanos de Colosas.

Cristo es el fundamento en el hogar

Hay dos realidades que marcan la diferencia a un hogar habitual: la primera, es la presencia de Dios en el hogar y la segunda, poner a Dios en primer lugar en el hogar.

En el Antiguo Testamento se estableció el Shemá, declarado por Moisés al pueblo de Israel de la siguiente manera:

Escucha Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en tu corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades (Deuteronomio 6:4-9, NVI).

El apóstol Pablo señaló a los creyentes de Colosas, colocar a Cristo primero en el hogar. “Cristo es el todo y en todo” (Colosenses 3:11). Implica poner primero a Dios en el hogar sobre cinco áreas cruciales. (1) En las finanzas, Dios o el dinero. (2) En intereses, para la gloria de Dios o beneficio propio. (3) Dedicar tiempo primero a Dios en oración o los afanes. (4) En las relaciones, mantener la comunión con Dios antes que otras relaciones. Y (5) en las preocupaciones, poner atención a Dios en tu vida que los problemas.
El pasaje de Colosenses y Deuteronomio, brindan aspectos importantes de la presencia de Dios en el hogar y cómo colocarla en primer lugar para soportar todas las pruebas de la vida. Si se ignora este principio, el hogar se destruye o naufraga. No hay manera de tener un hogar estable sin la presencia de Cristo.

Los cinco recursos que los padres pueden proporcionar a los hijos son: doctrinal, personal, bíblica, sistemática y enseñable.2

  • Doctrinal: “Dios es el único Señor” (Dt 6:4). La verdad teológica es colocar a Cristo como el único Señor en el hogar. Tiene su base en el primer mandamiento.
  • Personal: “Ama al Señor tu Dios” (Dt 4:5). La devoción espiritual implica amar al Señor con todo nuestro ser. Llevar la adoración a Dios en forma cotidiana, voluntaria e incondicional el hogar.
  • Bíblica: “Grábate en tu corazón” (Dt 4:6). El conocimiento bíblico es atesorar la Palabra de Dios y permite estar firme en las circunstancias del hogar.
  • Sistemática: “Incúlcaselas continuamente” (Dt 4:7). La instrucción bíblica en el hogar no será de vez en cuando, sino continua y formativa.
  • Didáctica: “Háblales de ellas” (Dt 4:8). Usar momentos enseñables implica usar recursos o maneras de enseñar diversas en el hogar. Puede ser en forma de conversación, cuadros, mensajes, pinturas y otros.

El Shemá instituye que los padres enseñarán a los hijos, a colocar a Dios como el fundamento del hogar. A tomar decisiones sabias, y evitar las necias. A mantener sus compromisos y no acostumbrarse a fallar su palabra. Y a preocuparse genuinamente por los demás, y no en sí mismos.

Es difícil ubicar primero a Cristo en el hogar por las tradiciones culturales y las presiones de la familia. Algunos, prefieren guardar las apariencias hacia a otros que colocar a Cristo al interior del hogar. Otros luchan por mantener el prestigio de la familia o el honor de la cabeza del hogar, situación que no permite que Cristo gobierne el hogar.

Pablo hizo que los creyentes de Colosas demostrasen un cristianismo auténtico por el buen testimonio por la presencia de Cristo en el hogar. “No se puede tener una doctrina correcta sin tener una vida correcta con Cristo en el hogar”3. Solo de esta manera se puede llegar a ser un ejemplo de vida a otras personas que no conocen a Dios.

El propósito principal de la enseñanza de Pablo acerca del hogar a los colosenses, no fue colocar normas para el hogar como deber o requisito en la vida cristiana. Mas bien, fomentar un buen testimonio cristiano en el hogar con impacto en la sociedad, por medio de la relación del creyente con Cristo en el hogar.

 

La dominación de género en el hogar por uno de los cónyuges vs la sumisión en Cristo por el amor mutuo entre cónyuges

“Casadas, estén sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” (Colosenses 3:18, RVR60).

Una mayoría de teólogos interpretan este pasaje sin tomar en cuenta el contexto. A letra muerta enseñan que, la esposa es la que se sujeta al marido en el hogar. No consideran que en el tiempo de Pablo, las mujeres estaban casadas por obligación, no por voluntad propia. En consecuencia, guardaban rencor y rechazaban la autoridad del marido en el hogar.

En la época de Pablo los matrimonios eran a conveniencia, por algún interés personal o familiar. No eran por amor. La mujer judía se casaba con alguien para sobrevivir a causa de la diáspora. La mujer no tenía valor, ni se respetaba los sentimientos de ser amada. No eran satisfechas sus necesidades. Pero, tenían que someterse al esposo, porque no les quedaba otra alternativa. Guardaban resentimiento y amargura hacia la persona que controlaba su vida.

Ninguna cultura es perfecta en las relaciones de pareja, por eso es necesario acudir a las normas divinas para evitar los abusos de poder en el hogar. El dominio del más fuerte en el hogar, generaron desigualdades sociales a lo largo de la historia. Por eso, no se dejaron esperar las reivindicaciones de género en la actualidad.

Si bien, “la sumisión al esposo era necesaria, pero no genuina”4. Por eso, Pablo estableció el principio bíblico de la sumisión, en forma voluntaria en Cristo. La norma divina fue la respuesta frente a las diversas formas del deseo de control y poder en el hogar, sea por el hombre o la mujer.

El concepto bíblico de la sumisión, no es de subordinación. En el huerto de Edén Dios declaró: “Le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). El término ayuda, “nunca se usa en otro lugar para designar subordinación. De hecho, a veces se usa para Dios mismo, que es la ayuda del hombre en tiempos de necesidad (ver Sal 146: 5)”5.  Se entiende que la sumisión es la disposición de ayudar por medio de la comprensión y el servicio a la otra persona. En consecuencia, un cónyuge por el amor de Cristo decide vivir para el bienestar del otro cónyuge.

El ejemplo de la sumisión bíblica fue el amor de Cristo, quién se dio en sacrificio por la humanidad (Juan 3:16). Una sumisión voluntaria por amor. No se trata de una sumisión mutua, “porque la sumisión bíblica es siempre hacia la autoridad que Dios pone sobre nosotros, …en el hogar… Todos los creyentes son iguales ante los ojos de Dios. Pero tiene que haber sumisión para que haya orden en la sociedad.”6

La sumisión bíblica en Efesios 5:22-23 y 1 Pedro 3:1, muestran tres maneras de aplicación. “Primero, una esposa debe someterse a su esposo como la iglesia se somete a Cristo. Segundo, una esposa amorosa respeta, honra y admira a su esposo.”7  Tercero, una esposa se somete a su marido para dar buen testimonio a otros, por el comportamiento que por sus palabras. Entonces, es necesaria la obediencia de la esposa a su esposo en Cristo.

La aplicación de la sumisión bíblica de la esposa es por mostrar “respeto al no discutir fuertemente con su esposo frente a sus hijos ni a otras personas. Al no discutir los errores de su esposo en público. Hacer cosas que le agradan a su esposo, …[y] al respaldar las elecciones y decisiones de su esposo.”8

La sumisión y el amor mutuo son inseparables. Es la respuesta de Dios para las desigualdades en el matrimonio, porque “la sumisión ya no sería la de una persona forzada, por necesidad, o por ceder a un poder más fuerte. Mas bien, sería el resultado natural de un corazón lleno del amor de Cristo”9 en forma voluntaria, no obligada. Por tanto, la sumisión se aplica por el servicio al otro en amor. Así se fortalecen las relaciones matrimoniales cuando actúan por amor y están dispuesto a realizar aún más allá de sus fuerzas. Inclusive entregar su propia vida por el cónyuge.

 

Los arreglos a conveniencia en las relaciones matrimoniales vs el amor de Cristo en la nueva relación con la esposa

“Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas” (Colosenses 3:19, RVR60).

En Colosas, las mujeres eran consideradas como objetos que como persona. Porque en esa época los matrimonios eran por arreglos a conveniencia. Las mujeres se casaban a fin de tener un lugar donde vivir y estar protegida. De la misma manera, los hombres se casaban solamente para tener hijos, quienes podían ayudar en el trabajo agrícola y en algunos casos por la dote de la esposa. No había amor entre ellos, menos la confianza necesaria para fortalecer la relación matrimonial.

El apóstol Pablo frente a esa situación, presentó una nueva forma de relacionarse con la esposa. No era únicamente en base al amor humano, sino en el amor de Cristo. No está fundada en el egoísmo, superioridad, intereses o beneficio, sino dar todo por la otra persona.

El amor del esposo por su esposa en Efesios tiene cinco significados y maneras para ser aplicados:

  • Sacrificial “se entregó a sí mismo” (5:25). Muchas veces ceder es ganar en vez de salir con la suya. Demuestra el amor con hechos que con palabras.
  • Contribuir en la espiritualidad verdadera “que fuese santa y sin mancha” (5:26-27). Ser modelo de santidad en el hogar en hecho y palabra.
  • Cuidar y sustentar “la sustenta y la cuida” (5:28-29). Proteger es cuidar y cuidar es proteger. Son inseparables.
  • Unirse entre sí “se unirá a su mujer” (5:30-31). Unión espiritual, cognitiva, relacional, física y afectiva-emocionalmente.
  • Ser fiel hasta la muerte “ame también a su mujer como así mismo” (5:32-33). La fidelidad se manifiesta en la medida que uno se ama a sí mismo. En cambio, la infidelidad deteriora la autoestima.10

La relación matrimonial establece que la mujer y el hombre fueron creados a imagen de Dios (Génesis 1:27). Por esa razón, los dos cónyuges vienen a ser uno (Génesis 2:24). Es decir, en forma relacional son iguales, pero diferentes en cuanto a la autoridad en el hogar.

La naturaleza de Dios ilustra el modelo relacional del hogar. Dios es uno y son iguales Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin embargo, el Hijo no hace nada por sí mismo, sino lo hace junto con el Padre (Juan 5:19). El Espíritu Santo no hablará por su cuenta propia, sino lo que oyere del Hijo y el Padre (Juan 16:13-15).

Así también, la esposa no hará nada por su cuenta, sino por la relación mutua entre Dios y los cónyuges en las decisiones, roles y otras situaciones. Pues de esta manera, se redime a la mujer para mantener una relación de amor y servicio mutuo. No por quién manda en el hogar, sino por compartir, trabajar y lograr metas juntos. Así como tomar decisiones en la voluntad y comunión con Dios. El cual hace que el hogar, sea firme y estable frente a las adversidades en la familia.

 

La sobreprotección, el abandono y el castigo de los padres a los hijos vs enseñar obediencia con el ejemplo de Cristo

“Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten” (Colosenses 3:20-21, RVR60).

Existen tres maneras de crianzas perjudiciales que, desaniman a los hijos. La sobreprotección, el castigo y el abandono. La sobreprotección anula la valía de los hijos. Los hace totalmente dependientes y no pueden hacer nada por sí mismos. No valoran la vida y muchas veces terminan en malos pasos. En vez de ayudarlos, los perjudican y desalientan a seguir en la vida. No les ayuda a descubrir el propósito de Dios para su vida. Muchas veces se impone los deseos de los padres.

El castigo también es dañino porque genera rencor, amargura y venganza. Provoca rebeldía en los hijos. Según las historias clínicas de las personas con psicopatologías antisociales, refieren que, en su infancia sufrieron continuamente menosprecio y violencia verbal, física, sexual y psicológica. Las consecuencias son múltiples. Desconfían de alguien, inclusive de Dios. Son vulnerables con heridas emocionales y espirituales profundas. Poseen bastante miedo de todo. Estas actitudes, imposibilitan responder al amor del Padre celestial.

Los padres ausentes no se ocupan de sus hijos, las abandonan a su suerte. Con tal de ofrecer dinero, dejan toda la responsabilidad en la madre. Otros en las niñeras.

Algunos les compran aparatos electrónicos para que se distraigan. Así como un televisor con programas en línea, Nintendo, Tablet, teléfonos inteligentes y otros. Los hijos están por largas horas de entrenamiento y se llenan de basura como la pornografía. Algunas consecuencias son la agresividad y la hiperactividad. Los efectos emocionales presentan ansiedades incontroladas exteriorizado por el capricho y el enfado. En otros niños, producen angustia y signos de depresión.

Los tres modelos anteriores inducen a la desobediencia. Solo la presencia de Jesús hace la diferencia en la crianza de los hijos. Jesús fue ejemplo de obediencia al Padre celestial hasta la muerte de cruz. No trasgredió la ley de Dios en ningún momento, aunque fue sometido a tentación. De la misma manera es necesaria la obediencia para criar hijos amados y positivos. Bajo límites que saben quién es la autoridad y que tienen una buena auto imagen.

El otro factor que complementa a la obediencia, es la disciplina. El autor del libro de Hebreos 12:4-11, señalan cinco características de la disciplina. (1) La necesidad de la disciplina es para impedir la destrucción (12:4). (2) Los medios de la disciplina son las acciones (yasar) y las palabras (yakar) del Señor (12:5). (3) El motivo de la disciplina es expresar amor (12:5-9). (4) La meta de la disciplina es enseñar obediencia u sumisión (12:9). (5) El resultado de la disciplina, dolor a corto plazo y recompensa a largo plazo (12:10-11).

Existe una diferencia marcada entre disciplina y castigo. Según Chip Ingram sugiere que el castigo penaliza una ofensa o un error, en cambio la disciplina corrige y enseña madurez. El castigo penaliza los actos pasados y la disciplina corrige para el futuro. El castigo se ejerce con hostilidad y frustración de parte de los padres, el cual provoca temor y culpa. La disciplina muestra interés y amor de parte de los padres, el cual provee seguridad.12  Los castigos emocionales son más peligrosos que los físicos. Así como expresar “ya no te quiero” por lo que rompieron el vaso, la ley del hielo o cosas similares.11

El propósito de la crianza de los hijos, principalmente es enseñar obediencia a Dios. “La obediencia no es automática en los niños, ellos deben aprenderla. Es deber de los padres enseñar a sus hijos a obedecer. Dios espera que los padres les enseñen a los niños lo que es correcto y lo que es malo.”13  Mientras los hijos aprendan a obedecer a Dios, pues podrán obedecer sin dificultad a los padres. También, aprenderán a madurar para vivir en un mundo hostil. Podrán emprender nuevos desafíos y servirán en la iglesia en los propósitos de Dios.

 

El autoritarismo en el hogar vs el servicio fiel y la consideración con la ayuda de Cristo

“Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo Jesús servís. Más el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas. Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también que vosotros tenéis un Amo en el cielo” (Colosenses 3:22-4:1, RVR60).

En Colosas la instrucción de pablo está referida a aquellas personas que servían como maestros en el cuidado de los niños. Algunos como contadores y otros en las áreas de responsabilidad en el hogar. Tenían la condición de esclavo porque en la época greco-romana, estaba instituida la esclavitud. Muchos de ellos, no gozaban de sus derechos como persona. Pues, generaba desánimo y queja por las tareas en exceso.

Pablo señala algunos principios prácticos para los cristianos. (1) Mostrar una conducta piadosa en todo su lugar de trabajo, excepto en aquellas que contradicen a la enseñanza bíblica (Colosenses 3:22). (2) Hacer buen trabajo en su lugar de empleo, en todo tiempo y como para el Señor (3:23). (3) Mantener en su mente que lo más importante es la recompensa celestial que la remuneración temporal (3:24). (4) Tener una actitud correcta en el lugar de trabajo. Se refiere a la integridad, nada de injusticias, engaño y mentiras (3:25).
Pablo advierte a los amos que, tienen “un Amo en el cielo” (Colosenses 4:1). Por eso es necesario que los empleados actúen con integridad, con justicia y rectitud. Si bien, los esclavos en la época greco-romana no tenían obligaciones patronales, pero Pablo les insta a hacer lo correcto a aquellos que trabajan para ellos. Además, les recuerda que seremos juzgados y “no hay acepción de personas” a fin de que los amos, no usen amenazas (Efesios 6:9).14

En consecuencia, estos principios bíblicos para el hogar, están por encima de la cultura. La aplicación consecutiva permitirá que los hogares cristianos, sean más estables que los hogares no cristianos. Las enseñanzas de Cristo hacen que un hogar, sea firme frente a la adversidad. Los problemas en el hogar son normales y solo con la presencia y la dirección de Dios, se mantendrán firme como un roble.
Jesús primero cambia la condición de las personas que su situación del hogar. Algunas personas solo quieren cambiar su situación y no su condición. Esto es posible solamente cuando Cristo está presente en el hogar. No solo de modo confesional, sino de forma pragmática y experiencial. Jesucristo sería una puerta abierta para extender el evangelio entre los no creyentes.

Los hogares cristianos tendrían hijos “respetuosos, obedientes, amorosos, con buena salud emocional, con convicciones profundas [de la fe en cristo] y un sentido de propósito”15 otorgada por el Señor. Así como los empleados cristianos serían preferidos por los empleadores por su buen testimonio en el trabajo. Y los empleadores cristianos tendrían buena referencia y puedan escoger los mejores.

 

1 Ibid., 45.
2 Chip Ingram, Crianza Positiva en un mundo negativo: Cuaderno de trabajo (Suwanee, GA: Living on the Edge, 2012), 23.
3 LeRoy Bartel, Epístolas de la prisión: Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón (Springfield, MO: Global University, 2007), 44.
4 Ibid., 46.
5 Paul K. Jewett, Man as male and female [Hombre como masculino y femenino] (United States of America: William B. Eerdman’s Publishing Company, 1975), 124, citado por David Hunt, “Análisis bíblico-teológico de la identidad sexual” en monografía presentada a la Facultad de Teología (Springfield, MO, 2019), 5.
6 Quentin McGhee, Epístolas carcelarias: Efesios, Colosenses, Filipenses y Filemón (Walnut Shade, MO: Serie Fe y Acción, 2018), 119.
7 Ibid., 121.
8 Ibid.
9 J. Lee Grady, 10 Lies the Church Tells Women, 2000, 177, citado por Bartel, Epístolas de la prisión, 46.
10 McGhee, 122-125.
11 Ingram, 30.
12 Ibid., 35.
13 Ibid., 127.
14 Bartel, 47-48.
15 Ibid., 48.

Esteban Pari


 

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