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	<title>Conozca &#187; Susana Encalada Cáceres</title>
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	<description>Revista Cristiana</description>
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		<title>La mujer como líder en la iglesia</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jul 2024 14:24:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Susana Encalada Cáceres</dc:creator>
				<category><![CDATA[2024.3]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Susana Encalada La historia de la cristiandad en las comunidades eclesiales ha manifestado el papel preponderante que ocupa la mujer en el desempeño de muchas labores del reino de Dios, incluso a nivel de liderazgo. Los ministerios femeniles, sin menoscabar los desempeñados por los grandes siervos de Dios, han resultado grandemente eficaces no solo</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=6087">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center">Por Susana Encalada</p>
<p>La historia de la cristiandad en las comunidades eclesiales ha manifestado el papel preponderante que ocupa la mujer en el desempeño de muchas labores del reino de Dios, incluso a nivel de liderazgo. Los ministerios femeniles, sin menoscabar los desempeñados por los grandes siervos de Dios, han resultado grandemente eficaces no solo en el establecimiento de la obra del Señor y en su avance, sino además en su crecimiento.</p>
<p>Al Señor le ha placido usar mujeres apasionadas y valientes que toman posiciones de liderazgo, conduciendo a las empresas divinas al éxito y al cumplimiento de los propósitos de Dios para su reino.</p>
<p>El llamado al liderazgo femenino no es de autoría personal y a capricho de una mujer que quiso por cuenta propia, ponerse el atuendo del servicio en esta posición, sino un llamado real, singular, único y especial como ocurre cuando el Creador designa al que desee, no es voluntad humana, sino un decreto del cielo.</p>
<p>En cierta ocasión criticaban el liderazgo de una mujer, aduciendo que no era bíblico, entonces tal mujer pronunció las siguientes palabras: es necesario preguntarle a Dios el por qué llama a una mujer que nunca buscó posición alguna, pero que fue llamada por Aquel que gobierna.</p>
<p>Si algo desarrolla una mujer ante el desafío de un liderazgo por su misma naturaleza es tener ese liderazgo en alta estima, con niveles de compromiso serios y estándares altos, observando detalles y con el deseo de desempeñarlo irreprensiblemente con la ayuda de Dios.</p>
<p>Una mujer no se enamora del cargo, sino que valora, atesora y aprecia la posición de servicio que se le asigna y se compromete a llevarlo a cabo a un gran nivel de responsabilidad, no persigue más allá de agradar al Señor que la llama como militante en su obra, mira el desempeño de esta comisión como una oportunidad para glorificar al Señor, sin perseguir otros intereses que pudieran adulterar la entrega al servicio santo a su Señor.</p>
<p>No hay ser en el universo que tenga tantos compromisos como una mujer; su nivel relacional la hace estar ligada a muchos frentes: madre, esposa, administradora del hogar y a parte servidora del reino. La mujer en casa es el mástil del barco alrededor de lo cual ocurre todo, por lo tanto, tiene muchos roles que cubrir, lo que la lleva a ser una mujer que planea, que organiza, que administra recursos; es capaz de organizarse y sacar tiempo para todo; es una maestra para redimir el tiempo y rescatarlo del desperdicio. Una sierva de Dios es capaz, sin reparo de ordenar sus prioridades, colocar al Señor en el pináculo de la pirámide en los intereses que giran alrededor de ella.</p>
<p>Tanto la Palabra como el registro de la historia de la iglesia están cargados de ejemplos de mujeres que fueron designadas por Dios a cumplir posiciones de liderazgo, misión desempeñada con honra y resultados favorables, otorgando éstas buenas cuentas en el desarrollo de tal responsabilidad.</p>
<p><strong>Precursora y líder eclesial: </strong><em>Lidia</em></p>
<p>Hablar de líderes eclesiales es hablar de Lidia, aquella vendedora de púrpura, mujer de Tiatira, empresaria, la cual comenzó adorando a Dios junto al río, una prosélita, (pagana, convertida al judaísmo), pero que ordenó sus prioridades y se enamoró de Dios. ¿Quién daría algo por esta mujer pagana que se movía en los frívolos círculos de la crema y nata romana la cual vendía sus productos?, pero el Señor tenía planes excelsos para ella.</p>
<p>El ambiente y entorno en los que esta mujer se movía no serían suficientes para eclipsar el plan de Dios para su vida. Lidia fue una mujer muy sabia y enfocada, sabía a donde apuntar y dirigir lo más importante de su vida, al Señor. Estaba en el lugar exacto cuando Pablo predicaba el evangelio (en el derrotero de su primer viaje misionero en Filipos) a un grupo de mujeres reunidas junto al río para orar (Hch.16:13-18). El Señor atravesó el corazón de Lidia al escuchar el mensaje de salvación. Acto seguido, ofreció su casa como sitio de hospedaje para los enviados del cielo, pero luego ese lugar se convirtió el centro de reunión de la incipiente iglesia filipense.</p>
<p>La mujer de la historia asumió un papel preponderante en el liderazgo de esta pequeña congregación, la que se reunía en su casa (Hch.16:14-15, 40), a la cual permeó su carácter generoso y su pasión por Cristo (la iglesia de Filipos es loada por su generosidad), lo que aprendió seguramente de su precursora.</p>
<p>Es impactante la manera en la que Dios puede levantar a una mujer del anonimato y convertirla en una gran líder de influencia no solo para la iglesia de su tiempo, sino como un paradigma para las generaciones venideras. El proceso de transformación que el Dios procuró en Lidia es una muestra que una gran líder no se forja de la noche a la mañana, sino que es gradual de acuerdo al tiempo y los propósitos divinos.</p>
<p>Lidia no es la única mencionada en su carácter de líder de iglesia local, la Escritura menciona el nombre de otras mujeres que desempeñaron con alto honor una encomienda similar:  Ninfa y a la iglesia en su casa (Col.4:15), Chloé, quien posiblemente fuera anfitriona de una casa – iglesia (1 Co.1:11), de la misma forma Pablo saluda a otras mujeres que posiblemente caigan en este rango de responsabilidad (Ro.16).</p>
<p><strong>Liderazgo espiritual en casa: </strong><em>Eunice y Loida</em></p>
<p>En el momento de que se habla de grandes líderes eclesiales es propio mencionar a aquellas mujeres que se movieron alrededor de sus vidas y dieron enfoque en medio del entorno que les tocó vivir. Se hace referencia a aquellas mujeres que tomaron las riendas del liderazgo de su casa en cuanto a la educación y formación espiritual de sus hijos, obra por la cual son también aclamadas ya que su dedicación, esfuerzo y sabiduría conducidas bajo la dirección del Espíritu dieron fruto en la formación de grandes hombres de Dios.</p>
<p>Eunice y Loida, madre y abuela Timoteo respectivamente, hicieron una obra maestra en ese gran varón de Dios. En la historia de esta familia no se aprecia la figura del padre, pero ellas entendieron su responsabilidad de tomar el liderazgo en la educación sacra de su muchacho.</p>
<p>La Escritura no es exhaustiva en hablar de la manera en la que este par de siervas obraron, únicamente se menciona la fe de ambas y a pesar de esto, la cuestión puede englobar una serie de acciones enfocadas, dedicadas, esmeradas, a través de las cuales Timoteo aprendió a amar a Dios, temerle y estar dispuesto a atender al llamado de manera positiva y convertirse en un baluarte en el liderazgo eclesiástico de su época. Fue tan notable el carácter de Timoteo que Pablo lo llama colaborador a pesar de su corta edad. Sin duda, el trabajo efectuado por sus progenitoras estaba impregnado en su mente y corazón, y ahora daría fruto de bendición.</p>
<p>Por la magnitud de la encomienda que Pablo le confiere a Timoteo en el liderazgo de Éfeso (1 Ti.1:3). En cuanto a la corrección de las falsas enseñanzas es notable que el apóstol haya visto en ese muchacho cualidades excepcionales idóneas para tal misión: gran preparación teológica, capacidad apologética, una gran fe en su doctrina, pero también valentía; cualidades impregnadas por Dios en su corazón, a través de todos los años su formación bajo el liderazgo de su madre y abuela.</p>
<p><em>Susanna Wesley</em></p>
<p>Juan Wesley es también una clara muestra y motivo para alabar el trabajo de una madre enfocada en su familia que de igual manera tomó el papel de padre y madre en la encomienda de dar forma al carácter de sus hijos, de acuerdo con la voluntad divina. Susanna Wesley, una gran sierva del Señor, es la llamada “madre del Metodismo”; aunque su hijo Juan desarrolló posteriormente este sistema religioso del cual es el autor, es innegable que la forma de trabajo que fincó las bases de su movimiento fue la educación que heredó de su madre y la manera como ella actuaba. Es notorio que el estilo de vida de Susanna se impregnó en el corazón de Juan Wesley y su obrar fue motivo de inspiración para dar forma al modelo de trabajo eclesial que este gran exponente de la Palabra desarrolló.</p>
<p>Como estas dos mujeres, hay muchas más que impactaron el corazón de sus hijos en su función como las líderes de su hogar en cuanto a la enseñanza espiritual de su familia. Común denominador: entrega, dedicación, enfoque, pero sobre todo una gran fe, conocimiento de la Escritura, coronado con una vida de ejemplo irreprensible.</p>
<p><strong>Apóstoles: </strong><em>Junia</em></p>
<p>El ejemplo de Junia es excepcional, ya que es mencionada por el apóstol Pablo como una de las mujeres apóstol de la iglesia del primer siglo (Ro.16:7). Esta mujer junto con su esposo Andrónico ejercían este ministerio, muy probablemente en Roma. La Escritura menciona también que ella y su esposo fueron encarcelados junto con Pablo por la causa de Jesucristo.</p>
<p>Este matrimonio ejerció un papel muy importante como proclamadores del evangelio de Cristo; su cartera de trabajo era amplia ya que sembraban obras nuevas, pero también las supervisaban. El hecho de que Junia haya sido encarcelada junto con su esposo se deduce que tuvieran un ministerio de alcance trascendente que llamó la atención de los detractores de la fe y los consideraron como peligrosos para Roma.</p>
<p>El liderazgo apostólico de Junia <em>era muy estimado entre los apóstoles</em>, se reconocía su labor en el Reino de Dios, a tal grado que los mismos apóstoles reconocían y admiraban su desempeño; la iglesia romana de igual manera los reconocía y honraba.</p>
<p>Al reflexionar sobre el excelente apostolado de ella, Juan Crisóstomo —líder eclesiástico del siglo IV— dijo lo siguiente sobre Junia: «Y ciertamente es cosa grande ser apóstoles. Pero estar a la par con los tales es un gran tributo. Ellos se destacaban por sus obras y sus logros. ¡Oh, cuán grande es la sabiduría de esta mujer para que se le tuviera por digna del título de apóstol!.<a title="" href="#_edn1">[i]</a></p>
<p>Realmente pudo haber sido formidable observar en acción a esta mujer valiente, plantadora de iglesias, con un gran liderazgo en sus venas, abriendo brecha para el evangelio de Cristo, hablando con denuedo sin temor a represalias, sino enfocada en su encomienda.</p>
<p><strong>Maestras – mentoras: </strong><em>Priscila</em></p>
<p>El papel desempeñado en la faceta de la mentoría también es notable en los liderazgos de mujeres piadosas de la iglesia. Ser mentor no es cualquier cosa, es necesaria la conjunción de muchos factores en una sola persona para que sea idónea para la labor del mentoreo.</p>
<p>Muchos factores incluyen el equipamiento de un mentor ya que su papel fundamental es de guiar, de conducir, ver cualidades de su pupilo y explotarlas al máximo, con miras en procurar que su discípulo sea equipado para llevar a cabo la encomienda o función asignada.</p>
<p>Una de las más grandes mentoras mencionadas en la Escritura es Priscila, un heraldo del evangelio; una mujer que junto con su esposo se enfocaron en el estudio de la Palabra y en su enseñanza (Hch.18:24-26). El desarrollo de una vida dirigida en la sabiduría. No era necesario que fueran gente opulente, ya que en realidad eran gente sencilla que se ganaba el pan confeccionando tiendas al igual que Pablo (Hch.18:3). Pablo se refiere a ellos como sus colaboradores en la iglesia (Ro.16:3-4).</p>
<p>Apolos, el varón elocuente y apasionado por la exposición de la Palabra, un joven con muchas ganas de ejercer su llamado, pero al cual le faltaba formación, un vaso hermoso, pero que tenía que pulirse para que cumpliera su cometido a la perfección. Es aquí donde se presenta Priscila, junto con su esposo Aquila. Por el contexto y la forma de nombrarlos, y sin afán demeritar la función del esposo, Priscila es la que llevaba a cabo la labor principal en el liderazgo de la tarea del mentoreo en la vida de Apolos.</p>
<p>Las enseñanzas de esta mujer en este varón cumplieron sus propósitos. Priscila estuvo dispuesta a invertir tiempo, esfuerzo y dedicación en preparar a este ferviente predicador y hacerlo idóneo para la obra de Dios. Este matrimonio ofrendó a la obra todo su arsenal, invirtiéndolo en la vida de su discípulo con el afán de equiparlo. El trabajo dio buen resultado ya que Apolos llegó a ser uno de los más grandes predicadores de su tiempo, a tal grado que se le cataloga como uno de los posibles hagiógrafos de la carta a los Hebreos “no fue Pablo. Aunque se han sugerido numerosos candidatos para la autoría, por ejemplo: Bernabé, Apolos, o Silvano.<a title="" href="#_edn2">[ii]</a></p>
<p><em>Donna Carol Bustos</em></p>
<p>En la vida contemporánea muchos han tenido grandes mentoras. En nuestra época cabe mencionar al papel de liderazgo de la hermana Donna Bustos, misionera americana, pero como ella menciona, “mexicana por la gracia de Dios”. Nadie mejor que ella, escogida como un instrumento divino enfocado en la preparación de eruditos latinos, siendo éste el principal objetivo de su encomienda. Su ejemplo, motivación, impuso, enseñanzas, procuración que da a sus mentores ha dado fruto en un gran número de varones y mujeres líderes de influencia que han tenido la bendición de toparse con esta gran sierva de Dios con un liderazgo educativo a nivel internacional, pero con el corazón de una humilde sierva.</p>
<p><strong>Diaconisa: </strong><em>Febe</em></p>
<p>El único lugar en la Biblia donde se menciona a Febe es en Romanos 16:1-2. Pablo hace referencia a ella como diaconisa de la iglesia de Cencrea. La descripción del apóstol en su recomendación hacia esta mujer enfatiza la grandeza de su oficio y carácter, él mismo da testimonio de ella y da a conocer sus credenciales como una diaconisa, gr. διάκονον<a title="" href="#_edn3">[iii]</a> (<em>diakonon</em>), se recalca la virtud de esta comisión llevada a cabo por aquellas personas que estaban involucradas en alguna actividad sagrada, es decir que desempeñaban un servicio de liderazgo en la iglesia, nombrado de manera oficial.</p>
<p>Una cualidad de aquellos designados como diáconos era que deberían ser personas llenas del Espíritu Santo y de sabiduría (Hch.6), es en el nivel de estos atributos que esta mujer servía, cualidades que le permitieron llevar a cabo una labor de tal excelencia para el Señor que el mismo apóstol a los gentiles la recomienda como una digna servidora del evangelio de Jesucristo.</p>
<p>En la descripción del carácter de Febe como líder, desempeña el oficio conferido por la iglesia, es posible descubrir una mujer diligente con grandes responsabilidades a cuestas, dando además buenas cuentas en cada una de ellas; ser una líder dirigida por el Espíritu Santo tiene buenos resultados en beneficio de la obra.</p>
<p>Esta mujer grandiosa, además, demuestra un carácter íntegro y honesto, a la cual Pablo recomienda sin reparos, haciéndose a sí mismo fiador de ella, alguien que debería ser recibida por la iglesia de Cencrea sin reparo a alguno; el gran varón del Señor como lo era el apóstol daba fe de su persona.</p>
<p>Una característica más de esta insigne mujer ensalza una de las principales virtudes que deben coronar a los líderes cristianos; la misericordia y la generosidad. Romanos 16:2, menciona que ella había ayudado a muchos, incluso a Pablo. Apreciar esta faceta en Febe es algo realmente impactante y digno de imitar, quien en su sencillez y posición de servicio no se sirvió nunca de la gente, sino que les sirvió desde su trinchera.</p>
<p>La vida y carácter de esta mujer retrata perfectamente el cuadro de una verdadera líder sierva, cualidad que imita la actitud que toma como ejemplo el carácter de Cristo y es la que él mismo desea desarrollar en cada uno de sus servidores.</p>
<p>El significado del nombre de Febe es “brillante”<a title="" href="#_edn4">[iv]</a>, no cabe duda de que esta gran mujer y líder de su tiempo, hace honor a tal significado.</p>
<p><strong>Profetas: </strong><em>Las cuatro hijas de Felipe</em></p>
<p>Por último, se acudirá a hablar un poco del liderazgo profético encomendado por Dios a mujeres notables de la historia, como lo fueron las cuatro hijas de Felipe (Hch.21:9).</p>
<p>Estas mujeres llenas del Espíritu Santo, recibido seguramente en Pentecostés, se convirtieron en portavoces del Dios Altísimo, las cuales anunciaban la palabra divina de manera continua.</p>
<p>Las cuatro hijas de Felipe apenas se mencionan en el Nuevo Testamento, pero se hace alusión a ellas varias veces en otros escritos de la iglesia primitiva. Eusebio, historiador de la iglesia describe a estas mujeres como “poderosas luminarias y las clasificó entre la primera etapa en la sucesión apostólica. Consideradas además como punto de referencia para el ministerio profético en la iglesia primitiva”.<a title="" href="#_edn5">[v]</a></p>
<p>Para concluir, la historia eclesiástica muestra la inclusión de mujeres que ocuparon y desarrollaron las encomiendas de liderazgo asignadas por el Señor. El trabajo desempeñado no significa que Dios no encontró a varones para otorgar dichas tareas, sino que él ya tenía contemplado a estas piadosas mujeres para hacerlas sus colaboradoras quienes, en todos los casos, cumplieron la encomienda con alto sentido de responsabilidad, amor al Altísimo y a su obra, los resultados se ven reflejados en la historia, son claros e innegables.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p>Bibliografía</p>
<p>[i] Scot McKnight, <a href="https://www.amazon.com/gp/product/B006H4PFZ8/ref=as_li_tl?ie=UTF8&amp;tag=faithward-20&amp;camp=1789&amp;creative=9325&amp;linkCode=as2&amp;creativeASIN=B006H4PFZ8&amp;linkId=cfaf996d48e6ebe056df5ae14ea10abc"><em>Junia is Not Alone: Breaking Our Silence About Women in the Bible and the Church Today</em></a> (Englewood, Colorado: Patheos Press, 2011), 272.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> James W. Thompson, <em>Hebreos, epístola a</em>, <em>Diccionario bíblico Eerdmans</em> (Miami: Editorial Patmos, 2016), 799.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a> Barbara Aland,  <em>The Greek New Testament with Apparatus (s/L: </em>Deutsche Bibelgesellschaft, 2000), 396.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref4">[iv]</a> James Dixon, Merril, <em>Diconario bíblico Mundo Hispano</em> (El Paso Texas: Mundo Hispano, 2003), 295.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref5">[v]</a> Eusebio, <em>Eusebio, Historia de la iglesia<em> (Grand Rapids: Editorial Portavoz, 1999), 117.</em></em></p>
</div>
</div>
<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Susana Encalada Cáceres</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
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		<title>La Palabra y la Apostasía en Hebreos</title>
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		<pubDate>Sat, 04 May 2024 01:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Susana Encalada Cáceres</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Susana G. Encalada Cáceres . La epístola a los Hebreos tiene sin duda un aroma impregnado e intenso de Cristología. El libro de “las cosas mejores”, como alguien le llamó,[i] muestra en todas sus facetas, y sin lugar a duda, la superioridad de Cristo, principalmente sobre todo aquello que pudiera significar el bastión de la</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=5952">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Susana G. Encalada Cáceres<em></em></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><span style="color: #ffffff;">.</span></p>
<p style="text-align: left;" align="center">La epístola a los Hebreos tiene sin duda un aroma impregnado e intenso de Cristología. El libro de “las cosas mejores”, como alguien le llamó,<a title="" href="#_edn1">[i]</a> muestra en todas sus facetas, y sin lugar a duda, la superioridad de Cristo, principalmente sobre todo aquello que pudiera significar el bastión de la fe basada en la Ley y los rudimentos, cuestiones que palidecen y se consideran hasta indeseables en el sentido de la intención de empecinarse en depositar la fe en ellas.</p>
<p>Puesto que Cristo había venido, y la fe ahora anunciada, era mucho mejor, porque se trataba de una fe labrada por el Hijo de Dios, quien perfeccionando su misión por su obediencia y temor reverente trajo salvación al mundo por medio de la purificación de los pecados de la humanidad, a través de su vaciamiento voluntario en la humillación más intensa que podría haber sufrido el Dios Eterno, Creador y Sustentador del mundo al tomar forma de semejanza de hombre y hacerse siervo del Padre en pro de la redención da la humanidad, a través de su entrega en la cruz.</p>
<p>Cual Cordero perfecto y sin mancha inmolado en holocausto, cuya sangre preciosa derramada y aceptada por el Padre, le lleva a sentir y declarar que el precio de su sacrificio surtió efecto, y cubrió totalmente el pago de la deuda, es en este sentido que Jesús exclama en la cruz: “tetelestai”, <em>consumado es</em>.</p>
<p>La entrega de Jesús en la cruz del Calvario establece un nuevo pacto, basado en la justificación, en la que el ser humano accede a la gracia de Dios por fe, al creer que es únicamente a través de Jesús que puede ser perdonado, redimido y reconciliado con Dios con acceso libre al reposo eterno. Nada podía competir con esta salvación tan grande, nadie la podría opacar, ni nada la podría suplantar: llegó para establecerse como el único acceso para ser salvo.</p>
<p>Los destinatarios de la carta a los Hebreos corrían el riesgo de deslizarse y perder esa salvación tan grande de la que ya gozaban, al ser atraídos por la seducción de lo que antaño para ellos significaba relación con Dios: la observancia antigua. Sin duda alguna, su fe tambaleaba, producto de su descuido espiritual; su fervor primario se esfumaba y ahora necesitaban volver a lo físico, a lo tangible, a las observancias, en las cuales pretendían poner de nuevo su confianza, ya que estaban impregnadas de la participación del obrar humano, lo que para ellos simbolizaba seguridad, ya que la mera sangre de Jesús por sí sola, dejó de ser, para ellos, garantía.</p>
<p>Sin duda alguna, para estos creyentes, en su mente y corazón surgió el germen de la desconfianza en las promesas divinas, totalmente contrastante a lo que ellos ya habían aprendido a través de la predicación de la Palabra, la cual, había sido recibida como real y vívida en ellos, pero que, sin embargo, la realidad demostraba que ahora sus efectos, ante los ojos de los creyentes hebreos se disipaba.</p>
<p>Cristo, la Palabra Encarnada, la revelación especial, superior a la periódica y fragmentada revelación veterotestamentaria (Heb.1:1), la cual, fue inspirada por el Espíritu a hombres santos de Dios, que los destinatarios de la carta de Hebreos estaban en peligro de rechazar, al cumplimiento de la llegada del “Logos” de manera única, total y sublime. Palabra viviente, Jesús, quien desde su advenimiento al mundo empezó a proclamar precisamente el mensaje, la esencia misma de su ser: las buenas nuevas de salvación, las cuales anunció y dio testimonio de ellas con su vida aquí en la tierra de manera superior, real, y completada en el clímax de su entrega en la cruz del Calvario.</p>
<p>Era radical clavar los ojos en la Palabra, enfocarse, para no distraerse y caer presa del engaño de aquello que era atrayente. Era fácil caer en la seducción de volver a la costumbre gustosa para el linaje judío de observar rudimentos conocidos, pero que ya no tenía fuerza, obsoletos ya, de tal manera que aquellos que sucumbieran ante tal fuerza atrayente tenían la misma condición equiparable a la de mujer que Lot que miró hacia atrás, pereciendo en su desvarío, el cual fue motivado por la necedad de persistir en su desobediencia y rebeldía ante las indicaciones del cielo, la mujer, cargada de obstinación en conservar aquello que se tenía que dejar y correr por su vida, pereció por su pecado.</p>
<p>Poner en riesgo la vida por los tesoros terrenales es demasiado arriesgado y verdaderamente trágico, lo que manifiesta una sola cosa: amor por lo efímero más que a Dios, situación que pone al ser humano en una actitud temeraria, basada en la carencia total del temor al Altísimo, manifestando un irreverente desafío, conducta totalmente reprobada que tiene solamente una muy grave consecuencia: la muerte.</p>
<p>La desobediencia nunca traerá bendición y ella sola acarrea juicio, cuya llegada no es tardada; el camino fácil se recorre de la misma manera, pero también de la misma forma las consecuencias llegan velozmente, sin gran esfuerzo del que se empecina en una conducta de rebeldía ante el Creador.</p>
<p>Para los hebreos, dejar a Cristo con tal de volver a depositar su fe en las obras era una actitud desafiante, en la que ellos mismos se ponían la soga al cuello y labraban su perdición.  Dejar la fe en Cristo es menospreciar la gracia, constituye despreciar el sacrificio del Rey del universo y su obra redentora, acto al que se le pueda dar nombre: dar la espalda a Dios al conducir trágicamente la voluntad hacia la apostasía. Poner esperanza y enamorarse de lo ya inválido (la Ley y sus tradiciones) y no en la fe en Jesús traería condenación. Los hebreos corrían hacia el precipicio sin duda alguna.</p>
<p>Las palabras de exhortación vehemente del autor de la carta a los Hebreos muestran un matiz de intensidad, de preocupación, constituyen un llamado de alerta a estar enfocados en el blanco, y no dejarse distraer por la apariencia del engaño (Heb.2:1). Es innegable que el escritor pretende rescatar con sus aseveraciones dirigidas por el Espíritu, de algo que los destinatarios de la carta estaban a punto de cometer: la apostasía. El hagiógrafo les incita a prestar atención a la Palabra encarnada a Cristo. Una iglesia, otrora ferviente, fundada en la fe del Hijo de Dios, ahora había caído en tibieza espiritual, dejándose llevar de manera consecuente por el vaivén de una vida sin rumbo fijo al olvidar las promesas divinas, las cuales dejaban pasar por sus indolentes narices.</p>
<p>Cambiar a Cristo por lo antiguo y poner en ello la confianza significaba un retroceso y una afrenta al que murió en la cruz; quienes osaran conducirse por tal camino, NO ENTRARÍAN EN EL REPOSO DEL SEÑOR (Heb.3:18), se quedarían mirando hacia atrás, como lo hizo la mujer de Lot.</p>
<p>La observancia y la obediencia a la Palabra (el Verbo encarnado) para los receptores originales era crucial para evitar el retroceso (apostasía), y caer de nuevo presos en prácticas inútiles que los llevarían a perder <em>una salvación tan grande</em> (Heb.2:3) de la cual eran acreedores en el Autor y Consumador de la fe, para los cristianos actuales, quienes somos partícipes juntamente con ellos del mismo génesis salvífico. De manera similar, es necesario que con diligencia atendieran a las indicaciones de la Palabra para no ser conducidos por el camino de desobediencia que constituye de una manera contextualizada, el apartarse de Cristo, negando así su fe primigenia.</p>
<p>Es en este sentido, luego de emitir el mensaje en los primeros tres capítulos de la epístola, el hagiógrafo de la carta a los Hebreos hace énfasis en la importancia de la obra de la Palabra en el ser humano, para salvación y santificación. Es necesario volver a la Palabra y estar en ella siempre para no caer en semejantes pecados de desobediencia (Heb.4:11) que conduzcan al extraviado creyente a menospreciar la gracia de la salvación y envueltos en pecados al darle la espalda a Dios (apostasía). Hebreos 4:12 “Nuevamente se apela a la Palabra (la Palabra escrita), la que fue oída en el desierto en tiempos de Moisés por los desobedientes, la cual constituye la revelación divina, que es también proclamada ahora en la Escritura”.<a title="" href="#_edn2">[ii]</a></p>
<p>Los efectos de la Palabra en el ser humano son grandiosos, sobrenaturales, vitales y reales para quienes desean permanecer en ella. <em>“La palabra confronta y revela las intenciones del corazón</em>” (Je.17:9). La Palabra tiene propósitos, hacer camino para acercarnos a Cristo, pero también pone a flote el pecado y las intenciones del corazón. Observar la Palabra es necesario para vivir una vida de victoria total en Cristo en ambas facetas, teniendo ambas como base común la obediencia y son el remedio en contra la apostasía.</p>
<p>El énfasis de la epístola a los Hebreos es dirigir su enfoque a la observancia de la Palabra, cuyos efectos son vitales para salvación:</p>
<p>1. La vitalidad de la Palabra. La Palabra es viva porque su autor es el Espíritu Santo quien imparte vida y la hace actual de generación en generación, <em>“vive y permanece para siempre”</em> (1 Pe.2:23). El texto escrito, al igual que los huesos secos sin vida, al soplo del Espíritu son vivificados (Ez.37:1-11), así también como el primer hombre, Adán, al recibir el aliento divino (Ge.2:7). La Palabra es vital en el sentido que a través de la salvación es la única que puede producir vida en el creyente. Su efecto es innegable, ya que además que lo vivifica, da un sentido eterno a su existencia y no solamente es temporal. La vida (gr. <em>Zoé</em>, <em>vida espiritual</em>) es adquirida por el hombre a través de Cristo, pero es a través de ella que es vivificado día con día. La <em>zoé</em> permanece en el ser humano mientras permanezca asido a la Palabra (Fil.2:16).</p>
<p>La Palabra, a su vez, es como un grano de mostaza sembrada en el corazón del creyente en la salvación, pero que también producirá santificación formando el fruto del Espíritu en su ser: “La Palabra fue implantada en el creyente en el acto de la regeneración, pero esa semilla divina debe germinar y enraizarse en el creyente de tal manera que forme parte de la misma vida de cada cristiano”.<a title="" href="#_edn3">[iii]</a></p>
<p>2. La eficacia de la Palabra. En el original “eficaz” es gr. <em>energes,</em> “que sugiere la energía poderosa que tiene y la hace activamente operativa”,<a title="" href="#_edn4">[iv]</a> en este sentido, la Palabra, no únicamente es eficaz, sino que es eficiente porque produce buenos resultados. Un método de estudio de alguna materia puede ser <em>eficaz</em>, pero se vuelve <em>eficiente</em> cuando al ponerse en práctica muestra su utilidad.</p>
<p>La Palabra es poderosa en sí misma para obrar, y cumplir su cometido, cumple su propósito y actúa específicamente de acuerdo para lo que Dios la envía, pero también provee de valor energético necesario para que el reino de Cristo en la tierra tenga la capacidad para hacer las cosas conforme a ella misma sin salirse de la voluntad y propósitos divinos. La Palabra es el energético que permite que las actividades del Reino puedan llevarse a cabo con buenos resultados. Es también que, a través de la Palabra, Dios produce en el hombre el <em>querer y el hacer </em>(Fil.2:13).</p>
<p>La ignorancia de la Palabra producirá cristianos débiles, sin energía, que no desean trabajar, o que obrarán mal en el intento, tornando su esfuerzo en ineficiente. La iglesia necesita conocer la Palabra pura, sin añadiduras, no es un cóctel (mezcla de cosas), sino que es la leche espiritual no adulterada.</p>
<p>3. Es <em>cortante</em>. Al describir este aspecto de la Palabra se toma como ejemplo una espada de dos filos, recalcando aún que su filo es más poderoso que ésta. Una espada de dos filos es aquella que no falla, que corta sí o sí, por uno u otro lado. “Esta espada se cataloga literalmente en griego como de dos bocas, de manera que actúa en dos direcciones”.<a title="" href="#_edn5">[v]</a>  Isaías 49:2, dice de las palabras de Dios “puso en mi boca como espada aguda”. Por su parte, Pablo habla de la Escritura como “la espada del Espíritu que es la palabra de Dios” (Ef.6;17).</p>
<p>Jesús en su <em>parousía</em> o manifestación (Ap.1:16), es representado como alguien que viene para juzgar con la espada de dos filos que salía de su boca. Es posible afirmar en este sentido que el significado más preciso a lo que se refiere a esta característica de la Palabra, es su capacidad para juzgar.</p>
<p>En juicio de Dios es severo, justo y tremendo. Dios tiene el poder final e inapelable sobre sus criaturas; aquellos que rehúsan escuchar su Palabra enfrentarán juicio y muerte, en tanto que aquellos que la obedecen entrarán en el reposo de Dios y tendrán vida eterna.<a title="" href="#_edn6">[vi]</a></p>
<p>La Palabra de Dios no puede catalogarse como algo común, sino como un libro con autoridad divina, aquellos que se opongan a ella y osen desobedecerla, tendrán consecuencias, no así aquellos cuyos dichos son su deleite y se complacen en observarla, estos cosecharán vida eterna.</p>
<p>4. Penetra hasta lo más profundo. La Palabra escudriña todos los rincones del ser, no hay parte interna en el ser humano que se escape de ser examinada; corta, y corta, abriéndose camino desde lo más superficial que es la piel, hasta el tuétano de los huesos. Llega a los recovecos más escondidos del ser humano, “nada queda sin ser tocado por la Escritura, ya que se dirige a cada aspecto de la vida del hombre”.<a title="" href="#_edn7">[vii]</a> El hecho de abrir y penetrar hasta lo más profundo, dividiendo el alma y el espíritu, es permitir que la luz pase a esos lugares que pudieran estar en tinieblas. Hay esperanza cuando el obrar de la Palabra llega a lo más profundo del ser.</p>
<p>5. Discierne. La Palabra, en este sentido, saca todo a la luz, incluso aquello de lo que la persona no se ha percatado tener en el corazón (en su inconsciencia). En el Salmo 139:23- 24, David ruega a Dios ser examinado por él en un deseo anhelante de pasar por su escudriño y en sinceridad reconocer lo indebido, para alcanzar el oportuno socorro ante el trono de gracia.</p>
<p>Todos serán finalmente juzgados de acuerdo con las intenciones que mueven las acciones, tanto malas, pero también aquellas aparentemente buenas, la Palabra es la única que puede revelar la verdadera naturaleza de las acciones y pasarlas por su ojo crítico, es decir, pesarlas. La capacidad de juzgar lo desconocido solo la tiene la Palabra cuando nos llama a ser confrontados al meditar en ella.</p>
<p>En Hebreos 4:13 la Palabra cumple su propósito, al sacar todo a la luz, convirtiéndose así en el instrumento divino que manifiesta todo lo que él ya conoce de antemano, “todos estamos abiertos ante la mirada de Dios, lo que significa en griego <em>con el cuello descubierto”</em>.<a title="" href="#_edn8">[viii]</a><em> </em>Sin temor a equivocarse, esto constituye una gran ventaja para el ser humano, quien en su humanidad está imposibilitado para ver en muchas ocasiones su verdadera condición (el corazón es engañoso), pero que al ponerse descubierto a través del ojo escudriñador de la Escritura, es posible entonces  proceder a un cambio de conducta, ya que no hay nada que pueda ocultarse ante Dios y todos darán cuenta a fin de cuentas ante Dios quien conoce todo, y al que jamás se podrá engañar.</p>
<p>Dios otorga la Palabra al hombre porque ella conduce y guía hacia una vida cristiana saludable. Es la misma Palabra quien juzgará a aquellos que no se hayan enfocado y prestada atención a sus estatutos y, por lo tanto, desobedecido sus preceptos. En definitiva, la atención a la Palabra es crucial para no deslizarse y caer en un estado de desobediencia, de desafío ante Dios, y finalmente apostatar.</p>
<p>Para los receptores originales, apostatar significaba dejar la fe en Jesús y abrazar de nuevo el judaísmo, eso era una gran afrenta, ya que hacía inválida la obra de Cristo para sus vidas y su salvación eterna. A manera de contextualización para el cristiano de hoy, el apego a la Palabra es crucial para no caer en una vida de tibieza espiritual que lo lleve a apartarse del autor de su salvación, y al final, darle la espalda al que dio su vida por él, lo que constituye igualmente una actitud apóstata.</p>
<p>Solo en la Palabra el hombre encuentra apego a Dios y obtener la fortaleza para seguir adelante en la observancia de conducta obediente, ya que eso es precisamente lo que producen los dichos inspirados por Dios al leerlos, además, nacen frutos hermosos como una actitud humilde, un amor al Señor, una reflexión en cuanto a la vida lo cual lleva a acudir al Trono de Gracia y obtener en el Altísimo el oportuno socorro.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref1">[i]</a> Carlos Fushan, <em>Las cosas mejores</em> (Barcelona, Sociedad Bíblica Iberoamericana, 2012).</p>
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<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> Samuel Pérez Millos, <em>Comentario exegético al texto del Nuevo Testamento, Hebreos</em> (Barcelona, España: Clíe, 2009), 237.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a> Ibid.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref4">[iv]</a> Carlos A. Morris, <a href="https://ref.ly/logosres/cbcnheb?ref=Bible.Heb4.11-13&amp;off=1896&amp;ctx=a+en+el+original+es+~energes+que+sugiere+"><em>Comentario bı́blico del continente nuevo: Hebreos</em></a> (Miami, FL: Editorial Unilit, 1999), 43.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref5">[v]</a> Pérez Millos, 239.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref6">[vi]</a> Simón J. Kistemaker, <em>Comentario al Nuevo Testamento, Hebreos</em> (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 1999), 143.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref7">[vii]</a> Kistemaker, 144.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref8">[viii]</a> Millos, 243.</p>
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				<span class="spnAutor">Susana Encalada Cáceres</span>
				<p></p>
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		<title>La fe de Abraham, semilla del evangelio</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Aug 2022 16:09:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Susana Encalada Cáceres</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Susana Encalada Cáceres &#160; &#160; &#160; El Hilo Rojo de la salvación se teje sin duda a todo lo largo de la narración bíblica vetero y novotestamentaria. Acontecimientos narrados en la historia de la humanidad y captados de manera escritural por medio de la inspiración divina dan muestra de esta verdad. No cabe duda</p><p class="more-link"><a href="http://conozca.org/?p=5309">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por Susana Encalada Cáceres</p>
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<p>El Hilo Rojo de la salvación se teje sin duda a todo lo largo de la narración bíblica vetero y novotestamentaria. Acontecimientos narrados en la historia de la humanidad y captados de manera escritural por medio de la inspiración divina dan muestra de esta verdad. No cabe duda de que la salvación siempre ha sido y será por gracia, desde el edicto divino a manera de promesa de redención por medio del llamado <em>protoevangelio</em> (Génesis 3:15), en el cual el Todopoderoso declara abierta una nueva oportunidad para la humanidad irredenta por causa del pecado.</p>
<p>La misericordia de Dios se hace manifiesta y su deseo de salvar al hombre se ha establecido por medio de todos los modos posibles dentro del marco de la fe. La fe es la que hace posible poder ser acreedor a obtener la gracia divina, y en este sentido el actuar del máximo exponente de la fe es un claro ejemplo, tomado  a su vez, como modelo paradigmático para determinar la base de la salvación. En este sentido se habla de Abraham, cuya fe rompe barreras de todo tipo, aun ante una realidad adversa y aparentemente imposible, humanamente hablando.</p>
<p>Abraham creyó contra esperanza, cuando tenía todo en contra; la confianza en la promesa divina se hizo patente en su corazón. Elogiable es su actitud de creerle a Dios sin dudar. Y precisamente esto es la fe y tal como lo dicta Hebreos 11:1, “<em>es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve</em>”, y es, de esta manera, cómo los héroes de la fe descritos en este mismo pasaje lograron su propósito en Dios, aun cuando no vieron con sus ojos cumplida la promesa ni haber recibido aparentemente la recompensa de su fe.</p>
<p>Aún el Dulce Cantor de Israel, y a pesar de estar sujeto al sistema del levirato, testifica de la “gracia” en sus dichos inspirados por el Consolador, como los plasmados en el Salmo 32:1-6, en los que a su vez afirma de una manera profética su convicción de salvación, más allá de la las obras de la ley. David se sentía reo del pecado, pero  también experimentó el perdón del Señor, “ conocía por experiencia que bienaventurados eran aquellos cuyas iniquidades son perdonadas”<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. El perdón no vendría por medio de las obras, que a través de los sacrificios ofrecidos solo cubrían el pecado, sino por medio de la misericordia de Dios imputada al hombre que lo hacía realmente libre de la paga por la trasgresión. “si David hubiera sido juzgado únicamente solamente con las obras, la justicia de Dios lo debió condenar”.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>El Hijo Rojo sigue avanzando en su curso desde Abraham hasta la llegada de Jesucristo, el cumplimiento de la revelación total de Dios, a través de la inauguración de un nuevo pacto, un pacto basado en estipulaciones diferentes al antiguo, no fundamentado en el vetero, sino en algo anterior a su aparición: la fe.  Es en este sentido que Romanos 4, (a Romanos se le describe como <em>la Catedral de la Teología</em>), fundamenta las bases para establecer doctrina con respecto a la salvación por la fe. El pueblo judío, en un mal entendimiento de paternidad, afirman ser los únicos hijos de Abraham, el gran patriarca, pero esta aseveración está basada únicamente por la línea de descendencia carnal, genética. Más allá de esto Abraham se constituye el padre de todos los creyentes, pero en un sentido supremo, de ser hijo de Abraham por vía de la fe.</p>
<p>Es importante aclarar que nunca Abraham fue justificado por sus obras, a pesar de ser “el amigo de Dios”, sino por su fe, por creerle a Dios y a pesar de todo. Aunado a esto y en apoyo al argumento, el acto de fe de este varón fue previo a la institución del sistema de la Ley, esa, sí, exclusiva para el pueblo hebreo, y basado primordialmente en el esfuerzo humano y en la necesidad de un intermediarismo sacerdotal para obtener la cercanía y el favor de Dios.</p>
<p>Es crucial hacer hincapié que Abraham era libre de todo este prejuicio al confiar en las promesas divinas y como dice la Palabra, <em>el creer le fue contado por justicia</em> (Romanos 4:3). Dios imputó justicia a Abraham únicamente por su acto de fe. Entonces, surge una pregunta: ¿Qué es más fácil o más difícil?, ¿ser salvo por obras o por fe? La respuesta depende de la expectativa: anhelar el favor de Dios por un esfuerzo propio y humano o dar lugar a la misericordia de Señor y ser justificado por él, creyendo que es capaz de hacerlo.</p>
<p>Sin duda el evangelio, <em>las Buenas Nuevas de Salvación</em>, venían a trastornar el cause del mundo y el pensamiento semita acuartelado en el sistema de salvación antiguo a través de la onerosa observancia de la Ley. Adoptar la nueva fe en Cristo Jesús era una idea radical y revolucionaria, era cortar de tajo, era dejar y no volver atrás, era poner la mirada en el autor de la salvación en Cristo Jesús.</p>
<p>Sin lugar a dudas era difícil creer en una justicia imputada al hombre solo por la gracia del Señor, pues Jesús había venido a saldar la deuda, pagando el precio, ofreciéndose una vez y por todas como sacrificio único y perfecto, fungiendo al mismo tiempo como Sumo sacerdote y sacrificio, pero lo más maravilloso de todo, es que era real y de fácil acceso; lo único que se requería era abrir el corazón y creer, pero era necesario un ingrediente muy pequeño pero grande a la vez cuando se pone en acción: la fe.</p>
<p>Solo por la fe, Abraham recibió la promesa y fue recompensado, además de ser declarado justo. El sistema cambió, el pacto cambió pero la constante que se vuelve la semilla en cualquier momento de la historia para obtener el favor divino y ser acreedor de sus promesas de salvación es solo por medio de la fe en Cristo, quien puede declarar justo hasta el más vil pecador.</p>
<p>La gloria nunca será para el hombre quien siempre intenta salvarse por sí mismo y solo por obedecer sin creer.  El evangelio de Cristo expone como máxima, una obediencia no por obtener un beneficio, sino como resultante del obrar del Espíritu en el creyente, quien lo lleva a la santificación, una vez que ha sido declarado <em>justo</em>, <em>santo</em>, apartado para el Señor; sólo después de aceptar con un corazón que cree en fe que Hijo de Dios hecho carne dio su vida para salvarlo y concebir ese sacrificio como suficiente para tal efecto.</p>
<p>En la inauguración del evangelio de Cristo, la gloria se la llevaba únicamente Dios, porque no hay nada que pudiera congratular al hombre con él, sino es a través de la sangre de su hijo Jesús, de la misma manera Abraham, para nada podía gloriarse de sus obras, ya que fue declarado justo solo por su fe, y eso independiente de su buen obrar. En ambos sentidos nadie puede sentirse merecedor de nada, sino únicamente atribuir la gloria a Dios por su misericordia, quien, a través de un simple, pero a la vez grandioso acto de fe, hace acepto hasta el más vil pecador.</p>
<p>La mirada de Juan el Bautista, visión siempre profética, encara a los judíos cuando les expresa a todo pulmón: <em>y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras</em>. (Mateo 3:9), dando a entender que Dios, el Todopoderoso, podría levantar un pueblo heredero del patriarca mediante un material que está lejos de su progenie, dando a entender así, una seria insinuación de que habrían de ser benditas las naciones por aquél varón cuya fe traspasó a la nación hebrea y al tiempo mismo.</p>
<p>Un rabino convertido, de la línea de Gamaliel, doctor de la Ley, resumiendo en una frase poderosa, enclavó la sentencia que hoy define a los herederos de la salvación por fe que emula al patriarca Abraham: <em>Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham</em> (Galatas 3:7). Es así, que podemos hoy sentarnos en la mesa de la salvación, no siendo nosotros más que viles gentiles, ignorantes de tales bellas promesas pues la fe abrió un portón tan hermoso como eterno, y así, el Maestro de Maestros concluyó: <em>Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes </em>(Mateo 8:11-12).</p>
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<hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p>            [1] David Guzid, “Romanos 4, Abraham y David demostraron justicia aparte de las obras”, consultado 27 de julio del 2022, https://www.blueletterbible.org.</p>
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<p>            [2]  Guzid, “Romanos”.</p>
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				<span class="spnAutor">Susana Encalada Cáceres</span>
				<p></p>
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