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	<title>Conozca &#187; Jorge Lopez</title>
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		<title>&#8220;¿Son todos maestros?&#8221;: una propuesta de la Facultad de Teología</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jun 2014 01:35:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Lopez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por Jorge López E. Cuando la teología está orientada al vasto campo del quehacer ministerial, generalmente tiende a desembocar, de modo directo o indirecto, en una acción pedagógica. El discurso teológico encuentra expresión a través de hombres y mujeres comprometidos con la enseñanza, quienes se encargan de hacerlo entendible o comprensible para una oportuna aplicación</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=2219">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center">Por Jorge López E.</p>
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<p>Cuando la teología está orientada al vasto campo del quehacer ministerial, generalmente tiende a desembocar, de modo directo o indirecto, en una acción pedagógica. El discurso teológico encuentra expresión a través de hombres y mujeres comprometidos con la enseñanza, quienes se encargan de hacerlo entendible o comprensible para una oportuna aplicación en la vida y ministerio de quienes, generalmente, se forman para un eficaz desempeño ministerial. Dentro de la diversidad de ocupaciones de servicio cristiano, encontramos entre otros: administradores, escritores, evangelistas, misioneros, plantadores de iglesias, pastores y maestros. Dentro de esta lista incompleta, también existen personas enfocadas en desempeñarse como formadoras de nuevas generaciones de obreros o ministros calificados. Dicho en otras palabras, aparte del ministerio pastoral, del cual se espera aptitudes especiales para enseñar, en las Asambleas de Dios contamos con ministros involucrados en la enseñanza dentro de institutos bíblicos y seminarios, cuyo llamado entendemos, es específico para enseñar a hombres y mujeres fieles, que a la vez sean idóneos para enseñar a otros. ( 2 Tm. 2:2).</p>
<p>En mi opinión, el sólo hecho de tener vocación al ministerio de pastor no resulta ser suficiente para un ministerio de enseñanza superior. Enseñar en una congregación a la que ya se está acostumbrado a hacerlo por años, y en donde el proceso educativo no sigue toda una sistematización pedagógica, no es lo mismo que enseñar en  instituciones teológicas como los institutos bíblicos y seminarios (IBSEBAD). En estos últimos se busca cumplir con un rigor académico, tanto del alumno como del maestro, frente a una educación teológica y ministerial de la más alta calidad posible. Es  por esto mismo que la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios de América Latina, ha implementado un nuevo programa de maestría en educación teológica superior (METS). Su finalidad principal sigue siendo la misma de su currículo general: “capacitar siervos líderes pentecostales, íntegros y comprometidos con la misión de Dios por medio de una formación bíblica-teológica pertinente a nivel de posgrado.”</p>
<p>La inquietud por la creación de otra maestría con especialidad en educación teológica, surge de la necesidad existente de elevar la calidad educativa de aquellos ministros con aspiración a involucrarse en el ministerio de formación de obreros, o que ya están desarrollando este ministerio. De hecho, se ha observado que un buen número de egresados de institutos bíblicos, del ISUM y de la Facultad, dedican gran parte de su ministerio a la enseñanza. Es mi parecer que así como hay personas a quienes Dios llama para profundizarse en los estudios de las diversas áreas de la teología y del ministerio,  así también el mismo Señor dirige a otros a que, sin perder de vista lo esencial de su formación teológica, procuren apropiarse de sólidos conocimientos pedagógicos a efecto de que el mensaje de la Escritura, pueda llegar con la debida claridad a aquellos que se forman para servir al Señor. No se trata, por supuesto, de sustituir los principales “contenidos-ejes”, por así decirlo, de la educación teológica, que a mi juicio siguen siendo: <em>Dios, Escritura e Iglesia</em>, a cambio de una temática pedagógica, sino más bien la propuesta se orienta a que el contenido de la educación o formación teológica, se realice con la más alta calidad educativa posible y dentro del contexto particular de los participantes.</p>
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<p><a href="http://conozca.org/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0183.jpg"><img class="alignright  wp-image-2223" title="DSC_0183" src="http://conozca.org/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0183.jpg" alt="" width="676" height="450" /></a></p>
<p>Ante la realidad de hombres y mujeres comprometidos con la formación teológica y ministerial de cientos de obreros por toda la región latinoamericana, el programa de maestría en educación teológica (METS) de la Facultad, resulta ser una propuesta ministerial encaminada a preparar y elevar el nivel de la calidad ministerial de “el que enseña” (Rm. 12:7). Puede decirse también que dicho programa de estudios, es un esfuerzo ministerial educativo que responde a una necesidad muy sentida, desde el nivel de los institutos bíblicos hasta el posgrado de formación ministerial, de capacitar con herramientas pedagógicas a un mayor número de “obreros maestros.” Con esto no se quiere insinuar que el desempeño docente en dichas instituciones carezca de la calidad académica propia de su nivel, sino más bien, se trata de ofrecer un programa que tienda a mejorar lo existente. El programa en educación teológica propuesto por la Facultad, toma en cuenta el aspecto crítico de los contenidos como cualquier institución de educación superior, y procura además, la actualización docente al propiciar la construcción de conocimientos sobre los principales enfoques pedagógicos propios de la región latinoamericana, y por último, se valora debidamente la importancia de la investigación sobre la problemática de la educación o formación teológica en el contexto de las Asambleas de Dios.</p>
<p>Respecto al contenido de la educación teológica de la Facultad, ésta no desestima ni pierde de vista que su principal contenido a enseñar sigue siendo una teología pentecostal, contextualizada para la iglesia y para el mundo hispano, y sobre todo, derivada de la misma Escritura. No obstante, se considera que la formación pedagógica ha de ser parte de la formación integral de profesores de institutos bíblicos y de seminarios, que aspiren a comprender y a orientarse mejor en todo el proceso educativo, en el contexto de la educación teológica. De modo especial, se espera que los maestros interesados atiendan con más claridad la dinámica de los principales elementos del hecho educativo sistematizado como son: el estudiante en su contexto particular, el manejo crítico de contenidos de aprendizaje o asignaturas, y el protagonismo del docente como mediador entre los contenidos y el estudiante; y todo esto en la perspectiva de una actualización en la ciencias pedagógicas. Entonces, por la misma naturaleza del estudiante de los institutos bíblicos y seminarios, resulta que para el educador teológico de este nivel, ya no le bastan los conocimientos de una pedagogía propiamente del niño y del adolescente. Pesa sobre el maestro de hoy la necesidad de apropiarse de sólidos conocimientos educativos que sean propios de una pedagogía del adulto (andragogía);  ya que el tipo de estudiantes que tiene en el aula, son adultos, y muchas veces adultos muy experimentados en el ministerio y educados en otras diversas disciplinas académicas, aparte de las teológicas.</p>
<p>Por otro lado, con una maestría en educación teológica superior, como la propuesta por la Facultad, se reduce aún más el abismo existente entre el discurso técnico o científico de la teología y el discurso pedagógico. Es mi convicción que la formación pedagógica propuesta, permite atender con mayor eficiencia la siguiente recomendación de algunos de nuestros líderes educativos del ISUM y de la Facultad: hacer más amigable para el estudiante algunas asignaturas (si no todas), que por su misma naturaleza técnica, a veces resulta un tanto difícil asimilarlas como nuevos aprendizajes. Esto no significa que el discurso pedagógico no sea técnico o científico, sino más bien hemos de admitir que el educador teológico ha de tener la habilidad de brindar en un lenguaje comprensible, cualquier “misterio académico” de la teología, encerrado en los libros de texto o en la “jerga profesional o académica” del maestro. Querer presumir o impresionar ante los estudiantes con un lenguaje sofisticado pero desconocido para los mismos, ya no resulta propio de alguien que ha tomado muy en serio, de que uno de los aspectos más importantes en el ministerio de la enseñanza, ha de ser el logro de aprendizajes significativos, útiles para el ministerio, y que a la vez sirvan de fundamento para otros nuevos conocimientos en el futuro. Por otro lado, es cuestión de tiempo y de esfuerzo por parte del estudiante, el formar continuamente un “bagaje teológico” de terminología técnica y necesaria, que viene a ser un producto de sus estudios y de sus nuevos conocimientos en una determinada asignatura.</p>
<p>Otra razón por la cual me permito recomendar la nueva propuesta educativa de la Facultad, aparte de la implementación pedagógica en áreas como la didáctica, evaluación, administración educativa, entre otras, es que brinda respuestas al problema de la “fobia” por la formación ministerial a nivel superior; un problema que aún persiste en algunos países latinoamericanos. Aún se alimenta en algunos ministros una especie de “miedo santo” (por no decir egoísmo) de que muchos obreros busquen una  educación teológica que vaya más allá de lo básico de un instituto bíblico, y que algunas veces ni siquiera llega a un programa completo de instituto. Existen argumentos diversos al respecto, pero los más comunes sostienen que el mucho estudio “apaga el fervor espiritual.” Sin embargo, la educación teológica sanamente orientada no entra en pugna con la devoción del estudiante, más bien ambas han de complementarse para hacer verdadero eco de nuestro apreciado slogan del ISUM: “Conocimiento y fervor,” que tanto ha llamado la atención de muchos. El maestro y el estudiante que descuidan su relación devocional con su Señor, quien los ha llamado a un determinado ministerio, ellos mismos son los responsables de su negligencia espiritual, y no el entrenamiento academico que han recibido de los institutos o seminarios bíblicos.</p>
<p>Algunos temores también se fundamentan equivocadamente en que el “mucho estudio teológico” produce desvíos doctrinales y hace perder la visión por el servicio abnegado en el ministerio. Pudiera ser que esta afirmación fuera válida si los estudios teológicos se realizan, principalmente, en instituciones educativas sin ninguna orientación al ministerio y dentro de un marco muy pobre de confesión de fe evangélica. La Facultad, por el contrario, orienta su vocación de formación ministerial sobre la base de una filosofía educativa claramente definida, y expresada en buena parte en su declaración de misión:  la Facultad, “existe para capacitar siervos líderes pentecostales, íntegros y comprometidos con la misión de Dios por medio de una formación bíblica-teológica pertinente a nivel de posgrado“. Así, sus egresados bien pueden perfilarse como hombres y mujeres, “enteramente preparados para toda buena obra.” Precisamente de esto se ocupa un programa de maestría en educación teológica; es decir, responder con una filosofía educativa netamente cristiana, que oriente el ministerio educativo de institutos y seminarios bíblicos hacia una sana práctica ministerial y hacia una correcta reflexión teológica, que a la vez, enriquezca dicha práctica ministerial.</p>
<p>Actualmente estamos en espera de que en los siguientes módulos de la Facultad, cada vez sean más los estudiantes interesados en enrolarse  en una formación pedagógica, a la par de su formación teológica, con la mira de elevar su calidad educativa en su ministerio de enseñanza. Por otro lado, el programa de maestría en teología práctica continúa ofreciéndose como una opción más en la capacitación ministerial para pastores, administradores, misioneros, etc., que ya están activos como estudiantes en dicho programa hasta finalizarlo, y continuar luego con el nuevo programa de educación, si así lo desean. Otros estudiantes tienen la libertad de preferir una maestría, que no necesariamente incluya una carga académica pedagógica, debido a que aspiran a una formación ministerial que no está directamente relacionada con la educación teológica. Me parece que esta justificación es muy válida para dejar de lado una maestría en educación teológica, pues también se ha de abundar en otros dones “para la edificación de la Iglesia” (1 Co. 14:12), pues al fin de cuentas, y de acuerdo al texto que sustenta el título del presente artículo, no todos son maestros. (1 Co. 12:29).</p>
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<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Jorge Lopez</span>
				<p>Jorge López E., es pastor en la ciudad de Guatemala. Está casado con Lorena Castañeda y es padre de tres hijas y un hijo (17, 15, 12, y 9, respectivamente). Es profesor universitario y profesor de griego del ISUM; miembro directivo y profesor en la Facultad de Teología. Realiza estudios doctorales (Ph. D), con especialidad en eclesiología.</p>
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		<title>La Facultad de Teología: ¿teología importada o contextualizada?</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Aug 2013 22:27:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Lopez</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Estoy muy seguro que una de las experiencias de aprendizaje más significativas en mi formación teológica y ministerial fue la adquirida en la Facultad de Teología de Las Asambleas de Dios. A mi juicio, creo que fue una auténtica educación teológica a nivel de maestría, que con gran entusiasmo iniciara como estudiante a comienzos</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=1877">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Estoy muy seguro que una de las experiencias de aprendizaje más significativas en mi formación teológica y ministerial fue la adquirida en la Facultad de Teología de Las Asambleas de Dios. A mi juicio, creo que fue una auténtica educación teológica a nivel de maestría, que con gran entusiasmo iniciara como estudiante a comienzos de la década de los ‘90, en la provincia de Moravia de la bella Costa Rica.</p>
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<p>Considero que la importancia de dicha formación ministerial a ese nivel académico de posgrado, no radica únicamente en el hecho de ampliar mis horizontes como educador por América Latina, ministerio educativo que por supuesto valoro y estimo en gran medida. Sin embargo, considero que lo más importante como egresado de una institución educativa como la Facultad, fue el haber sido afectado y formado como un agente de cambio dentro y fuera del ámbito eclesiástico, en una época tan crucial en donde se observa por aquí y por allá, por así decirlo, fuertes oleadas de confusión teológica y doctrinal. Además, como ministro  evangélico, también valoro mucho el haber afianzado aún más mi experiencia como pentecostal sobre la base de una más amplia y sólida exégesis bíblica.  Hoy más que nunca, no me avergüenzo de ser un creyente pentecostal, educado teológica y ministerialmente dentro de mi propia denominación eclesiástica.  Sumándolo todo, he sido afectado positivamente en mi carácter como líder, pastor y educador pentecostal.</p>
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<p>Como ministro claramente definido en mi confesión de fe asambleísta, pero a la vez muy abierto, como muchos otros, a incursionar por los diversos pasillos teológicos posibles, a veces me ha tocado escuchar o leer en nuestro medio latinoamericano, frases o expresiones como, “hemos heredado una teología fraguada en el extranjero y ajena a nuestra realidad”, “somos receptores de una teología envasada en Europa y Estados Unidos”, o algo parecido. Las personas que así se expresan, y que  por lo general lo hacen desde algunas aulas de estudios superiores liberacionistas, tienen la intención de hacer ver con desdén los esfuerzos educativos realizados en instituciones de formación ministerial como las nuestras, y que siguen toda una línea de confesión teológica evangélica, y más aún, de una confesión pentecostal.</p>
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<p>Por otro lado, sin embargo, también conviene hacer justicia a dichas expresiones críticas, cuando éstas provienen de fuentes o de personas bien intencionadas, y más bien lo que pretenden es advertir lo inconveniente que resulta estructurar programas de estudios de formación teológica y ministerial, que no se ajustan en sus fines educativos al contexto o realidad de los participantes, y de la iglesia dónde éstos se desempeñan en alguna tarea ministerial. Pues en nuestra época y realidad latinoamericana, resultaría improcedente seguir a pie juntillas lo dicho por un determinado teólogo y maestro notable, o correr a ciegas tras lo sostenido por alguna corriente teológica famosa, sin readecuar o contextualizar cualquier contenido teológico a las necesidades y realidad vivida en nuestro medio latinoamericano.</p>
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<p>Por lo anterior, en nuestro medio latino ha resultado ser tan necesario y urgente un programa de formación de líderes y ministros altamente calificados, como el ofrecido por la Facultad de Teología. La Facultad es en realidad un seminario teológico con la modalidad de una educación a distancia y con un buen número de horas-clases presenciales, que brinda a sus estudiantes una sólida formación ministerial, cuyo currículo se ha diseñado pensando en América Latina y para desarrollarlo en América Latina o entre latinoamericanos. Tanto la junta directiva como el equipo de profesores, está conformado en gran parte por latinoamericanos, y para quienes no lo  son, éstos han sido o son ministros misioneros activos que han estado inmersos y claramente identificados con la cruda realidad de nuestros pueblos latinos. Es decir, se trata de un personal idóneo que no desconoce la situación de miseria, de pobreza, de inseguridad y de los múltiples contrastes socioeconómicos propios de la región.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, el afirmar que los estudios ministeriales ofrecidos por la Facultad de Teología, y orientados por una filosofía educativa hacia un quehacer teológico y ministerial latinoamericano, no significa un menosprecio de nuestra “herencia teológica”, mucho menos de nuestra fe evangélica, que ciertamente nos llegó a inicios del siglo pasado por fervorosos misioneros extranjeros provenientes de otros países, principalmente de los Estados Unidos de América. Es que resulta imposible ser constructores de una teología y de una determinada manera de realizar un ministerio cristiano sin la influencia de otras formas y maneras de hacer teología y de realizar el ministerio de la Palabra. Esto es así en cualquier rama del saber cultural del ser humano. Creo que no existe a la fecha ningún académico honesto y versado en historia universal, que niegue que nuestra cultura occidental fue influenciada culturalmente por tres ejes sobresalientes en el devenir histórico de la humanidad: el mundo hebreo, el mundo griego antiguo y clásico, y en un menor aporte, el mundo del lejano oriente. Sin embargo, no por la influencia obtenida en el pasado por dichos mundos culturales, dejaríamos de afirmar justamente, que poseemos una cultura y maneras de pensar que son muy propias del mundo o hemisferio occidental.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>José Míguez Bonino, un notable teólogo latinoamericano, ha sido consciente de la influencia recibida de los denominados “protestantes liberales” en el pasado en su contexto confesional, y que de alguna manera perfilaron en América Latina lo que él ha denominado “el rostro liberal del protestantismo latinoamericano”. En su excelente libro “Rostros del protestantismo latinoamericano” (ed. 1995, pp. 11 y 32),  Bonino indica que no hay razón para “repudiar” dicha “herencia liberal”, pero sí aclara que tal “herencia” debe re-interpretarse y hacerla vivir “en nuestro tiempo”. A sí mismo, a pesar de dicha influencia recibida en su línea teológica, un tanto marcada por la teología de la liberación, él como otros escritores, han hablado de una teología latinoamericana, en el sentido de que dicha teología ha sido pensada en América Latina por teólogos latinoamericanos. Puede verse entonces, que el ser influenciados de “por aquí o de por allá”, por así decirlo, en cualquier área del saber, no niega que toda verdad es una, que toda disciplina científica es una, sea ésta matemática, filosofía, química o la teología misma, cuando ésta es considerada como una disciplina científica.</p>
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<p>Debe reconocerse entonces, que lo que importa en el quehacer educativo de cualquier área de formación, no son los contenidos mismos, o la información misma, sino lo que puede construirse cognitivamente o hacerse a partir de lo recibido, y aún más, lo que puede aplicarse del conocimiento adquirido en la práctica de un determinado ministerio, en nuestro caso, y en la construcción de una teología propia del contexto latinoamericano. Preocupa entonces lograr establecer un punto de partida o plataforma de  determinados conocimientos previos, como apoyo para un despegue que conduzca hacia el logro de nuevos conocimientos y nuevas aplicaciones en un determinado contexto y ministerio. Precisamente, esa es una de las grandes metas de la Facultad de Teología como formadora de obreros, líderes y teólogos calificados para un ministerio de excelencia en América Latina; que los egresados de la Facultad sean hombres y mujeres capaces de construir una teología propia de América Latina y una manera particular de realizar un ministerio fructífero e influyente, y si fuera posible, dentro y fuera de la región latina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tampoco resulta raro escuchar a otros críticos de la formación teológica para el ministerio el argumento de que una teología confesional y de corte denominacional deja de ser académica por eso mismo. Cada institución educativa o seminario teológico, tiene todo el derecho y la obligación curricular de fijar una postura confesional. Aún en las universidades donde ya se cuenta con una facultad de teología, necesariamente tendrá que existir una filosofía educativa para la educación teológica que, directa o indirectamente apuntaría hacia una confesión de fe que por la naturaleza de una universidad, no debe ser una confesión propia de una denominación o iglesia en particular, dado el tipo de estudiante inter confesional que se forma allí. Pero ese no es el caso nuestro. Creo que la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios, estaría muy de acuerdo con lo dicho por A. E. Núñez en su obra “Teología de la liberación: una perspectiva evangélica”, &#8211;  “El teólogo académico debe ser también un teólogo eclesiástico, identificado plenamente con el pueblo de Dios” (ed. 1988, p. 260). Es mi percepción que en el equipo directivo y docente de la Facultad de Teología, todos tenemos como una de nuestras principales preocupaciones, el hecho de brindar una sólida formación teológica para el ministerio de corte pentecostal y asambleísta, sin que por esto se descuide el esfuerzo por mantener en alto, el rigor académico propio del nivel de estudio que se brinda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces resulta preocupante para los profesores tener que devolver algún trabajo monográfico o tesis por el hecho mismo de no cumplir con las exigencias académicas de la Facultad. No obstante, habrá que hacerlo, sin importar que tan leal y dedicado sea el estudiante como líder en el seno de las Asambleas de Dios o de su denominación en el país respectivo. Es tarea pues, de la Facultad, brindar una formación para el ministerio y a la vez una teología que cada día se precie más de ser académica, aún siendo de corte confesional eclesiástico. El controvertido y famoso teólogo neo-ortodoxo del siglo pasado, Karl Barth, en su “Esbozo de dogmática”, (ed. 2000, p. 16), explica que resulta imposible hacer teología al margen del contexto o seno de la iglesia, afirmando  que:</p>
<p style="padding-left: 60px;">Quien quisiera dedicarse a la dogmática (teología) y se situara conscientemente fuera de la Iglesia, debería contar con el hecho de que el objeto de la dogmática le resultará extraño, y no podría sorprenderse si, tras los primeros pasos, se perdiera o causara estragos.</p>
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<p>Es decir, la fe evangélica y la confesión teológica no deben ser sinónimo de una teología importada del extranjero o ajena a nuestro contexto. Precisamente, esa es mi percepción como egresado y como educador de la Facultad de Teología, que después de sus ya veinticinco años de existencia, ha resultado ser de gran bendición para los ministros e iglesias, que han optado por una mejor preparación para el ministerio, al cual el Señor nos ha llamado a cumplirlo fiel y eficazmente.</p>
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<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Jorge Lopez</span>
				<p>Jorge López E., es pastor en la ciudad de Guatemala. Está casado con Lorena Castañeda y es padre de tres hijas y un hijo (17, 15, 12, y 9, respectivamente). Es profesor universitario y profesor de griego del ISUM; miembro directivo y profesor en la Facultad de Teología. Realiza estudios doctorales (Ph. D), con especialidad en eclesiología.</p>
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