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A ISUM

5/9/2012Por Eduardo A. Santizo

Por Eduardo A. Santizo

ISUM, que naciste como prodigio de amor,

que creces, y te agigantas en cada corazón,

que fatigas, pulverizas y rompes la tradición;

tienes la magia divina y el esplendor

de trocar en codiciado oro, la sutil quimera.

En tu carisma

de discípulos amantes,

aprendí a honrarte en gran manera

al contemplar el duro diamante

de finos y delicados prismas

que del barro saca tu bendita caldera.

Con sacrificio me enrolaste

y me arrullaste con suave bienvenida;

me envolvió tanto tu hechizo

que me espanta la idea de olvidarte

y queda un trozo de mi alma

en cada despedida.