Empezar lectura

Deseamos que todo el mundo conozca a Cristo

5/9/2012Por Alfredo Colom M.

Por Alfredo Colom M.

¡Hermanos del alma mía

en cántico de humildad

oiréis la melodía

que os desea en este día

una feliz Navidad!

Aquí os estoy recordando,

pues en el alma yo os llevo;

quiero que estéis progresando,

y la aurora contemplando

de un venturoso Año Nuevo.

Imploro al creador del cielo,

de esa augusta eternidad,

que descorráis todo el velo

e interpretéis el consuelo

que encierra la Navidad.

Pues ella es como la aurora

de nuestra dispensación,

ya que el infante que llora

es aquel Verbo en quien mora

la vida y la salvación.

Es aquel Verbo divino,

el gran Redentor Jesús,

que desde los cielos vino

a purgar nuestro destino,

muriendo en la cruenta cruz.

Proveyendo, con su muerte,

a quien le da el corazón,

en cambio de un juicio fuerte,

una victoriosa suerte

y una eterna salvación.

Esto trajo en su esplendor

la aurora de Navidad,

pues Dios nos probó su amor,

proveyendo un Redentor

para nuestra humanidad.

Y el Redentor fue aquel niño

que a nacer vino a Belén,

No tuvo un lecho de armiño,

y que se ofrendó en cariño

portador de eterno bien.

Y tras de nacer en forma

tan humilde, el Niño amado,

fue el amor su excelsa norma,

y hasta su cuerpo de forma,

llevando nuestro pecado.

¡Cantemos, pues, al Eterno,

por la inefable victoria

de que en su amor dulce y tierno,

Nos rescató del infierno

y nos dio entrada a la gloria!

No solamente estos días

O en el año venidero,

Sino en las épocas frías

Y en nuestros eternos días

Que van tras el mes de enero.

Traspasan la eternidad,

Esa eternidad sublime

Del Cristo que nos redime,

El Cristo de Navidad.