Editorial 1996.1: Plantas de invernadero
23/1/2015•Por Edgardo Muñoz
Por Edgardo Muñoz
CAMINO AL NORESTE de la Argentina una localidad se caracteriza por una abundante producción de plantas. Arboles frutales, flores, plantas decorativas y otras especies constituyen la principal fuente de ingresos de los habitantes.
Una enorme cantidad de "casas transparentes" bordean la ruta. Sus pareces de polietileno abrigan huéspedes del reino vegetal. Cuando un visitante llega al interior de estos invernaderos, percibe el calor que los rayos solares transmiten más la humedad del constante riego. Los tabiques impermeables impiden toda fuga de temperatura como así también la intrusión de los vientos y heladas. ¡Esas sí que son las condiciones ideales para que una planta crezca! ¡TODO UN EDEN!
Curiosamente lo que allá crece se vende, desarraiga y transporta. La sorpresa de algunos compradores se manifiesta cuando el arbusto, que tan sano se veía, se marchita en su nuevo ambiente. ¿Poco riego? ¿Luz insuficiente? ¿Demasiado viento? ¡Nada de eso! Es que aquella planta se le prometió un clima extremadamente bueno, casi utópico. El trasplante en la realidad resultó fatal.
Cada congregación si se descuida puede transformarse en un invernadero. La comunión, las promesas bíblicas, los milagros y otras experiencias generan un ambiente por demás agradable. Esto crea un terreno propicio para aislarse tanto de la realidad que los creyentes llegan a tener una imagen distorcionada de su vida sobre esta tierra.
La confesión positiva y la teología de la prosperidad son una manera de envolver a la iglesia en polietileno hasta que la "súper-fe" se estrelle ante la verdad. Por supuesto que para ese entonces muchos consumidores de estas doctrinas se habrán marchitado junto a sus ilusiones.
La Biblia nos enseña, afortunadamente, que Dios hace llover sobre buenos y malos. Manda salir el sol sobre justos e injustos. Tenemos referencias de que la abundancia de algunos podía paliar en cierta medida a la escasez de otros ya que la pobreza formaba parte de la realidad.
Pablo aprendió a adaptarse frente a las diferentes situaciones económicas en vez de rogar por condiciones propicias. La riqueza o pobreza no son virtudes ni defectos de la vida cristiana sino circunstancias que ocupan un lugar secundario en la atención del fiel creyente. Un sinnúmero de textos apoyan la evidencia que algunos pretenden ignorar.
Los pregoneros de paraísos prematuros insisten en ridiculizar a los que permanecen firmes ante los vientos de doctrinas. ¿Cuáles son las características de esta tendencia?
- 1. La administración de la iglesia del Señor, como institución, recibe un trato cada vez más empresarial.
- 2. La teología de la prosperidad proyecta como normativo el concepto de riqueza.
- 3. Se distorsionan promesas bíblicas o bien se sacan de su contexto y propósito.
