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El cincel de DIos

12/11/2015Por Edgar Gómez
Por Edgar Gómez Y.    

Las pruebas del creyente poseen un propósito definido.

  ¡Maravilloso! ¿Quién iba a imaginarlo? Hace poco tiempo era una masa tosca y amorfa de dura piedra que pasaba desapercibida. Hoy atrae la mirada de todos. ¡Qué hermosura! Es una obra de arte. -Maestro- dice alguien. -Lo felicito. ¿Cómo logró esculpir tanta belleza en esta roca? El artista lleva su mano a la bata que viste y extrae una herramienta corta y filosa. Luego dice: -Esto me ayudó a quebrantar la roca. La herí cuanto pude. Arranqué su capa externa con golpes y más golpes hasta que todo lo inservible desapareció y quedó lo que hoy ven tus ojos. -¿Cuánto tiempo lleva hacer una obra de arte?- pregunta otro. Medita un instante el escultor. -Todo depende de la dureza de la roca y el filo del cincel.

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 Pensemos cuánto le cuesta al Escultor eterno modelar la vida de los hombres. Él no se conforma con salvarlos. Quiere hacerlos perfectos. Su Espíritu Santo los escudriña en su ser interno. Descubre sus imperfecciones. Lo toma en sus manos eternas y los palpa. Se da cuenta de sus durezas y escoge el cincel adecuado para esculpir en ellos la imagen de Jesucristo. ¡Por cuántas pruebas pasamos en la vida! Hambre, desnudez, persecuciones, enfermedades, desprecio, espada. Pero ninguna es producto de la casualidad. Todo encaja perfectamente dentro del plan de Dios. Ellas constituyen el cincel divino. Las pruebas del creyente poseen un propósito definido. Alguna faceta de nuestra vida necesita ser quebrantada y formada. Si el cincel nos hace gemir y llorar de dolor, recordemos que Dios nos ama y sus ojos están sobre nosotros. Encomendemos nuestra causa a él y confiemos que a los que amamos a Dios todas las cosas nos ayudan a bien. La voluntad de Dios es nuestra santificación. Desea que crezcamos hasta la estatura de la plenitud de Cristo. Mientras más cooperemos con él y seamos sumisos, menos cincelazos recibiremos. Sometámonos bajo la poderosa mano de Dios y cuando sea el tiempo, él nos exaltará. Recordemos que el Señor no nos dará una prueba que sea superior a nuestras fuerzas. Confiemos plenamente en él y digamos como el rey David: “Cumple, oh Dios en mí tu propósito eterno.”  

El isumista Edgar Gómez Yance está casado con doña Coromoto Ruiz y pastorea la iglesia de Getsemaní en Atarigua, Portuguesa en el país de Venezuela. Es también profesor del Instituto Bíblico Central de Barquisimeto.