El que camina en integridad anda confiado
"El que camina en integridad anda confiado. . .
La integridad de los rectos los encaminará." Prov. 10:9a; 11:3a.
Más de 900 personas perecieron ahogadas cuando el ferry en que viajaban entre Estonia y Suecia naufragó en una terrible tormenta. Unos robots submarinos, armados con cámaras fotográficas, luego transmitieron imágenes del buque hundido. Revelaron que los sellos alrededor de las grandes compuertas habían fallado. El agua se filtró, los vehículos se ladearon y el ferry se hundió. Los noticieros anunciaron que la razón del desastre era que los sellos en el barco habían perdido su integridad.
Cuando un barco es impermeable, cuando está bien sellado y no se filtra ni una gota de agua, se dice que tiene integridad. Cuando nosotros somos genuinos, sin perforaciones secretas en nuestra moralidad, ni escapes en nuestra honestidad, podemos decir que tenemos integridad. Fue durante la tormenta que se puso a prueba la integridad del buque. En las pruebas de nuestra vida, esos puntos débiles pueden aparecer y nos hunden, nos destruyen. El Rey David le pidió al Señor que escudriñara su corazón, para ver si había maldad en él y que más bien lo guiara hacia la vida eterna (Sal.139:23, 24). Le estaba pidiendo a Dios un chequeo de integridad. Necesitamos hacer lo mismo.
No es fácil cuando el Señor nos hace ver las perforaciones o filtraciones de nuestra integridad fallida. Corregir y reparar quizás nos lleve tiempo, esfuerzo y determinación, pero cuando llegue la próxima prueba de la vida, seremos íntegros, fuertes y hábiles para evitar una tragedia moral o un fracaso espiritual.
