Empezar lectura

El tiempo; ¿aliado u opresor? Aprovechar el tiempo como estrategia espiritual

10/8/2026Por Adriana Llano

Por Adriana Llano

Hablar del tiempo nos pone frente a la realidad de la finitud, la eternidad; pero también la administración de la propia vida. Todos luchamos en el día a día contra reloj para alcanzar objetivos, disfrutar a la familia o crecer ministerialmente. Cuando llega el fin de la jornada, en ocasiones, parece que el tiempo se escurrió mientras corríamos fatigados.

Como seres humanos debemos reconocer que “el tiempo” nos atraviesa a todos. Cada día que pasa queda atrás indefectiblemente. La vida pasa y nosotros con ella. El tiempo, por su parte, no frena su marcha.

Por eso es tan importante que como hijos de Dios seamos responsables del manejo de cada hora vivida. Dios nos dio la capacidad de vivir de tal forma que hagamos del tiempo un aliado para alcanzar el propósito divino.

El uso del tiempo guarda relación con nuestras costumbres, ritmos y experiencias. Por ejemplo, en la cosmovisión asiática llegar a un lugar “justo a tiempo” es una falta de respeto. Incluso las grandes corporaciones se deshacen de empleados que llegan a tiempo. Solo favorecen a los que llegan “antes”.

A veces escuchamos o decimos: “cuando tenga tiempo”; “va a llegar el tiempo”; “hoy no tuve tiempo”. O tal vez escuchamos decir “quise anticiparme al tiempo”...o “no me dieron tiempo”. Cuando una relación se corta, la gente sostiene que se terminó el tiempo. También, en momentos críticos, suele mencionarse “quisiera un poco más de tiempo” o “si pudiera volver el tiempo atrás; porque no me dí cuenta cómo se pasó tan rápido”.

Ante las jornadas cargadas de actividades la declaración puede sonar algo así: “me falta tiempo”. Cuando somos jóvenes nos decimos a nosotros mismos “todavía tengo mucho tiempo”. Y los ejemplos podrían continuar. La realidad innegable es que el tiempo es un condicionante de la vida que debe ser evaluado.

La vida se compone de temporadas; es decir, que no solo se trata de horas, minutos o segundos. Por eso; en esa sumatoria que se va construyendo, hay tiempos para recordar…y tiempos para olvidar.

En medio de las experiencias, lo que nunca desaparece de la “ecuación” es el tiempo. Es innegable que el uso que hacemos de él, es importante. Como en cada tema esencial, la Biblia tiene mucho para enseñarnos al respecto.

En Eclesiastés (Ecl.3:1-11), encontramos una muy sabia reflexión respecto nuesto tema en desarrollo, el discernimiento aquí es un elemento fundamental. Allí podemos leer en forma de antagonismo que hay momentos para todo; por ejemplo: destruir y edificar; llorar y reír; endechar y bailar; guardar y desechar; romper y coser.

Es muy interesante esta última relación antagónica mencionada aquí. Según el contexto histórico se hace mención al duelo. La costumbre era romper las vestiduras en señal de dolor; pero el Qohélet señala que debe llegar el tiempo de coser. Esto era lo que hacían en señal de restauración; ellos cocían aquello que habían roto. Porque debían ser sabios en comprender el final del duelo…¡qué interesante!. Por medio de este pasaje Dios nos enseña que aún debemos ser capaces de administrar el tiempo de dolor.

Entonces, al observar estas verdades, podemos preguntarnos ¿Qué nos roba el tiempo? ¿Qué se adueña de nuestros días? Un dolor del alma; nuestro celular por medio de las redes sociales; el chisme; una pasión desordenada (no solo un pecado sexual. Podemos apasionarnos por cosas que son buenas pero nos alejan de lo importante). Tal vez nos atrapan las plataformas de entretenimiento; o algún rencor que consume nuestros días.

En ocasiones lo que domina nuestro día, no es una “tentación de tipo mundana”: somos espirituales, somos siervos, somos ministros…y hacemos tanto “para Dios y los otros” que perdemos intimidad con el Señor. Hacemos hasta lo que Dios nunca nos pidió hacer. Sin darnos cuenta, sufre nuestra salud, nuestra familia y nuestra vida espiritual.

Jesús en una de sus confrontaciones le declaró a los fariseos la importancia de comprender los tiempos. En Mateo 16 los confronta con su hipocresía porque distinguen los climas según el aspecto del cielo, pero no comprenden los tiempos espirituales. Si bien esta conversación tiene como elemento fundante las señales de la divinidad de Cristo como Mesías; el principio expresado tiene vigencia también para nosotros.

Entonces, ¿cómo podemos hacer para administrarlo mejor? A lo largo del texto bíblico podemos ver personas que supieron hacer del tiempo una herramienta y no un ídolo o excusa. A partir de sus historias o consejos, podemos aprender verdades muy valiosas para nuestro diario vivir, allí donde Dios nos plantó, tanto a nivel comunitario como ministerial. Veamos:

La necesidad de crecer en Mayordomía

La mayordomía es la capacidad de administrar los recursos de otro. Este es un principio esencial para la vida cristiana. Todo lo que somos, tenemos y hacemos es de Él, por Él y para Él (Col.3:17). La meta de nuestra vida es darle la gloria manifestándolo en el mundo. Y todo esto es posible por la gracia recibida (ese regalo inmerecido). Por eso, ser buenos mayordomos del tiempo de vida que Dios nos permite disfrutar, no solo es un privilegio, también significa una responsabilidad.

Siendo buenos mayordomos podemos establecer prioridades, definir entre lo urgente y lo importante. Podemos ser prospectivos e intencionales porque manejamos nuestra agenda concientes de que todo le pertenece al Señor.

Nehemías, es un reflejo de esta realidad espiritual. Cuando leemos “yo le señalé tiempo” (Neh.2:6). Aquí vemos que Nehemías no improvisó; él fue conciente de lo que Dios ponía delante de sus manos y con gran estrategia administro cada palabra. Nehemías propuso una agenda…

Cuando leemos que tenía las  listas de materiales y pidió las cartas para abastecerse  (Neh.2:7,8), vemos a alguien  organizado. Nehemías puso en marcha una táctica espiritual y consciente. Cuando la oportunidad llegó estaba preparado. 

Podemos  sintetizar que la mayordomía se erige sobre 4 fundamentos básicos:

-Propiedad (Dios es dueño de todo, nosotros lo cuidamos)

-Responsabilidad (tenemos que cuidar con responsabilidad lo que se nos ha concedido)

-Rendir cuentas (daremos cuenta al Señor por el uso de lo que nos concedió)

-Fidelidad en amor (manifestamos amor y fidelidad a Dios que cuida todo aquello que nos dio, sean posesiones, familia, salud, ministerio, dones…tiempo)

Acción

Ser buenos administradores del tiempo concedido por Dios, también demanda ponernos en acción con hechos concretos. Pablo lo enseña de forma muy práctica en su carta a los efesios: “mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15,16).

Primeramente Pablo los insta a “mirar” como andan. Esta palabra en su original griego (blepete-βλέπετε ) habla de una acción contínua, una vigilancia activa, una atención al peligro para no tropezar en un terreno hostil.  Es decir ser reflexivos, estar atentos, prestar atención. Dice que lo hagan con diligencia, es decir con toda responsabilidad. Son acciones que ellos deben poner en marcha.

Luego les dice con firmeza que “aprovechen  bien el tiempo”. Aquí el término griego de aprovechen es exagorazo-ἐξαγοράζω  (exagorázomai) y se vincula con comprar o “redimir”. Se relaciona también con sacar algo valioso del desperdicio. Cuántas veces hablamos de “redimir el tiempo”...

Esta acción de aprovechar se vincula con ser gestores, no esclavos. Somos nosotros los que debemos tomar las riendas del día con la guía del Espíritu. Necesitamos asumir un fuerte  autoliderazgo; esto nos ayudará en el aprovechamiento del tiempo diario de forma responsable.

Mirar y aprovechar nuestros días, también conlleva ordenarnos de tal forma que el disfrute, el ocio y la contemplación sean parte de la agenda…la vida en abundancia se manifiesta de forma integral porque somos sujetos bio-psico-socio-espirituales.

Dependencia

Cada principio expuesto de mayordomía, y toda acción tendiente gestionar de forma eficiente el tiempo; demanda de nosotros una dependencia absoluta de Dios. Necesitamos darle el control, escuchar su guía, buscarlo en oración, pasar tiempo escudriñando su Palabra. En ocasiones estamos tan ocupados (incluso en el ministerio) que no tenemos tiempo para pasar en la presencia del Señor.

Así como vimos anteriormente, los personajes e historias bíblicas nos proponen principios valiosos para madurar en nuestra vida cristiana. El autor del Salmo 90 le pide a Jehová que lo ayude en la administración de su tiempo por medio de la sabiduría espiritual; “enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría” (Sal.90:12).

Aquí, “contar los días” es manah (מָנָה), y significa enumerar, computar, asignar, calcular o ordenar con propósito. No se trata de  cálculo matemático, sino de entender al tiempo como limitado para administrarlo con sabiduría.

Se vincula con tener en cuenta lo que vamos viviendo, observar, considerar, evaluar las propias experiencias. Solo por medio de la enseñanza que llega de parte de Dios, alcanzamos la sabiduría necesaria para afrontar el día a día de forma sana, relevante y espiritual. La sabiduría del cielo, viene sobre nosotros cuando vivimos en plena dependencia al Espíritu de Dios y somos guiados por su Palabra.

A partir de este análisis del tema; teniendo en cuenta el contexto social en el que todos vivimos y nuestra propia historia; podemos realizar algunas preguntas: 

¿Quién administra nuestro tiempo?

Los medios de comunicación con sus recetas para el éxito, sus entretenimientos interminables y sus lineamientos políticos. Tal vez el pasado porque no podemos soltar ciertas historias y consume nuestros días. Otra opción es el futuro; vivimos dandole tiempo a ciertas cosas que se transforman en nuestros dueños.Por último el presente con todo el estrés que ocasiona también puede transformarse en administrador de nuestro tiempo cotidiano. 

¿Qué estamos haciendo con el tiempo que Dios no ha confiado?

Hablamos de mirar y aprovechar. No podemos seguir viviendo en “piloto automático”; debemos frenar la marcha y pensar, analizar en qué invertimos nuestros latidos a diario.

¿Cómo estamos buscamos la guía de Dios en el día a día para dejar de perder tiempo?

Santiago en su carta, sostiene que la vida es un suspiro (Stg.4:14);  dice que somos como la neblina de la mañana, aparecemos por un ratito y luego nos vamos. Por tal motivo nos impreca a buscar crecer en sabiduría espiritual. Pedirle a Dios ese tipo de sabiduría es lo más importante para vivir en Cristo.

Por último, no debemos olvidar que la vida espiritual es una batalla. Si hay alguien que intenta robar nuestro tiempo, es Satanás. Por eso Santiago habla de 2 tipos de sabiduría, una que es terrenal y diabólica; aquella que mira la vida desde una perspectiva pasajera, y se deja influir por los parámetros “de este siglo”. Otra, que se basa en el poder del Espíritu Santo.

Una de las herramientas del enemigo es entretenernos. La cultura del entretenimiento está regida por él. Cuando se nos tiene “entretenidos” perdemos enfoque…perdemos el tiempo.

No perdamos esta batalla; armémonos poniendo en práctica  una buena mayordomía. Accionemos concretamente enfocados en aquello que nos impulsa a consumar destino. Dependamos del único que puede darnos la sabiduría espiritual necesaria para administrar la gracia de la vida.