La absoluta suficiencia de Jesucristo
Por Maximiliano Gallardo P.
HACE ALGUNOS MESES un programa de televisión mostraba la experiencia de una latinoamericana que se había mudado a Hong Kong. Allí se había acostumbrado a visitar templos pertenecientes a diferentes religiones y ofrecer algún tipo de ofrenda. Encendía velas ante una imagen de María o algún santo y a la siguiente semana encendía cirios en un templo budista. Justificaba su práctica afirmando que “todas las religiones son iguales”, que “todos los caminos llevan a Dios”. Tal concepto se está masificando hoy en día ante la globalidad de las comunicaciones y el fácil acceso a multiplicidad de formas religiosas a través del mundo. Aunque tal idea es atractiva desde el punto de vista humano, pues evita el compromiso, es una tremenda contradicción en sí misma. La verdad es que ninguna “forma religiosa” conduce a Dios sino sólo aquel camino que él ha revelado en Jesucristo. La práctica de asimilar caminos religiosos alternativos al revelado por el único y sabio Dios es un engaño muy antiguo. Ya por el tiempo de los Jueces los hebreos habían adoptado la costumbre de tener a Jehová como una alternativa más en medio de las falsas deidades paganas. Recordemos como los vecinos del padre de Gedeón reaccionaron pidiendo la muerte de su hijo cuando derribó los altares familiares de Baal y Asera, Jueces 6:25-32. Luego el mismo Gedeón cayó en el absurdo de fomentar una idolatría disfrazada cuando hizo un efod tras del cual todo Israel se prostituyó, Jueces 8:23-27. Muchos siglos después el pueblo aun seguía con el “problema Baal” incrustado en su vida religiosa, especialmente en el Reino del Norte. El profeta Elías les demandó definirse:--¿Hasta cuándo vacilaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; si Baal, id en pos de él.
Y el pueblo no respondió palabra., 1º Reyes 18:21, RVR 95.
Un objeto de idolatría, la serpiente de bronce, permaneció por un tiempo incomprensiblemente largo como elemento de adoración entre los hebreos. Recién en los tiempos del rey Ezequías se logró su destrucción, 2º Reyes 18:4. Por los días de Jesucristo la “tradición de los ancianos” había ocupado el lugar de los principios bíblicos, siendo esta situación criticada por el mismo Señor. Tenemos un ejemplo cuando se le preguntó a Jesús: “¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos, pues no se lavan las manos cuando comen pan”. No tardó el Señor en responder: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Mateo 15:1-6. Así vemos que la tradición fue otra forma de desviarse del camino trazado por Dios. No era tan grosera como la idolatría del Antiguo Testamento, pero igualmente devastadora. Las tradiciones se disfrazan de piedad y apelan a formas humanas de conciencia religiosa, haciendo creer al profesante que verdaderamente sigue a Dios cuando lo que ocurre es lo contrario. Tristemente muchas personas dentro del mundo cultural cristiano pretenden hoy poner a Jesucristo como una alternativa más para llegar a Dios, pero no como el único camino que él afirmó ser. Sus palabras se entienden bien: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí, Juan 14:6. Esto lo tenían muy claro Pedro y Juan al afirmar que en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, Hechos 4:12. Sin embargo, el catolicismo romano sigue empeñado en sustentar con tradiciones la validez de integrar otros intercesores ante Dios, como María, los santos y los ángeles. El apóstol Pablo enfrentó el problema de las tradiciones religiosas en la iglesia de Colosas cuando presentó a Jesucristo como la revelación definitiva y completa de la Deidad. Advirtió a la iglesia:Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, Colosenses 2:8.
Se trata la carta a los Colosenses de una visión formidable de lo que es Jesucristo:- imagen absoluta de Dios, Colosenses 1:15
- creador de todo, Colosenses 1:16 a
- objeto y propósito de la creación, 1:16 b
- preexistente, 1:17
- sustentador de la creación y de la Iglesia, 1:17-18
- quien merece en todo la preeminencia, 1:18
- posee plena deidad, 1:19; 2:9
- ha reconciliado con Dios todas las cosas por medio de su muerte en la cruz, 1:20
- ha reconciliado con Dios a los pecadores que creen , 1:21
- ha presentado a los creyentes ante Dios como santos e irreprensibles, 1:22
- ha hecho que estén los creyentes completos en él, 2:10
- ha triunfado sobre los poderes malignos, 2:10, 15.
- les ha otorgado una vida nueva y perdonado sus pecados, 2:12-13
- los ha librado de toda condenación de la Ley, 2:14.
Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro, Hebreos 4:14-16.
Entendamos bien que toda oración elevada a Dios va a través de la persona de Jesucristo. 3. La absoluta suficiencia de Jesucristo se muestra en su resurrección. En su resurrección el Señor se ha constituido en el modelo de la nueva humanidad que un día reinará con él. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede sujetar a sí mismo todas las cosas, Filipenses 3:20-21. 4. La absoluta suficiencia de Jesucristo se muestra en el hecho de que es el centro de la adoración celestial. No hay ni una remota evidencia que en el cielo se reconozca otro objeto de adoración que no sea Dios Padre y el Cordero Redentor. Lo atestiguan los siguientes pasajes de Apocalipsis:Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos, Apocalipsis 5:13.La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono y al Cordero, Apocalipsis 7:10.
¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado , Apocalipsis 19:6,7.
5. La absoluta suficiencia de Jesucristo se muestra en que prometió él la venida del Espíritu Santo. La tercera persona habita en los creyentes y les sirve como Consolador. Al mismo tiempo la tarea del Espíritu es mostrar a Jesucristo en toda su magnificencia al creyente. 6. La absoluta suficiencia de Jesucristo se muestra en que prometió volver. Aunque hay decenas más de argumentos, finalizaremos con el argumento que Jesucristo fue quien prometió volver. A él esperamos para que restaure todas las cosas, Juan 14:1-3; Hechos 3:20-21. Al confesar la absoluta suficiencia de Jesucristo no deseamos aparecer como porfiados o exclusivistas, pero si dejáramos de aceptar el claro testimonio de las Escrituras negaríamos su eficacia y caeríamos en una profunda contradicción. María, la madre de Jesús, fue sin duda parte del propósito de Dios al dar a luz al Salvador del mundo, pero al otorgarle todas las dignidades que pertenecen sólo a Jesucristo, Señor y Dios, estaríamos convirtiendo a una mortal en una deidad. De esta manera se perdería totalmente de vista el lugar exclusivo que Dios otorga a la persona de su Hijo. Preferimos mil veces seguir el testimonio bíblico antes que criterios humanos que afirman sus doctrinas o ideas en tradiciones que no sólo no tienen asidero de las Escrituras, sino que van en abierta contradicción con lo que las Escrituras afirman. Sigamos a Jesucristo nuestro Señor con seguridad y certeza, ya que la verdad no es relativa sino cierta. Fue Cristo quien dijo: Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres, Juan 8:31-32. RVR 95.