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La Comma Joanina: primera de Juan 5:7

4/8/2026Por Gabriela Giovine

Por Gabriela

Es domingo a la mañana y te estás preparando para salir para el culto. De repente alguien golpea la puerta, te asomas y dos personas vestidas de forma típica, con apuntes en sus manos están esperando que abras. Sería casi obvio aclarar que lo último que quieres hacer un domingo en la mañana es hablar con ellos. Y es que cada uno de nosotros alguna vez en la vida se ha topado con esta escena: Testigos de Jehová, dispuestos a discutir doctrina hasta el cansancio. La conversación comienza amablemente con mensajes disuasivos de nuestra parte.  “Estoy apurado”,  “en otro momento”, “soy cristiano y leo la Biblia”. De parte de ellos, mensajes insistentes “¡Qué bueno! ¡Nosotros también leemos la Biblia!”

Finalmente ganan la primera batalla y sedemos a la discusión. Entonces comienza el debate doctrinal. Ellos avanzan hacia puntos que saben nos van a llevar a conflicto en la charla y uno de esos, sin lugar a dudas, es el tema de la Trinidad. El Espíritu Santo no es Dios, Jesús tampoco. El espíritu Santo es como una fuerza creativa, algo que mana de Dios. Jesús es enviados es su mesías. Es un profeta, alguien maravilloso, un semi dios. Alguien encarnado, ¡sí!, el logos, pero no divino. Nosotros esgrimimos nuestras mejores armas y comenzamos a buscar en nuestra mente los versículos que tiran por tierra estas ridículas argumentaciones. ¡Dios es trino! ¡No hay mucho más que decir!

Entonces encontramos la respuesta y mencionamos el versículo mágico: “Tres son los que dan testimonios en el cielo, el Padre, el Hijo y el Espíritu y ellos tres son uno” (1 Jn.5:7). No me sorprendería en absoluto, si hoy me dijeras que te enteraste sorprendido por recibir de la boca de un testigo de Jehová la terrible noticia de que ese versículo no está en los originales. Para entender lo que pasa con este pasaje, necesitamos hablar de crítica textual.

La crítica textual es la ciencia que se dedica al estudio de manuscritos antiguos. Es difícil definirla de manera sencilla debido a que involucra muchos aspectos. Sin embargo, ante el riesgo de la ausenecia de sentido, definiremos su objeto y su objetivo, y restringiremos su campo estrictamente al área de la exégesis bíblica. Si continuamos con lo antedicho entonces, la critica textual se dedica la comparación de manuscritos bíblicos, generalmente pre modernos en el idioma original (objeto), con el objetivo de acercarse lo más posible al texto escrito por los hagiografos.

Damos por sentado el concepto de inerrancia de las Estructuras. Sin embargo, no debemos pasar por alto otras verdades paralelas. En primer lugar, la inspiración no se extiende a los copistas, las copias y mucho menos a las traducciones. El resultado concreto de estas verdades tiene un nombre: variantes, que consisten justamente en la diferencia entre el contenido de una copia y otra.

El pasaje de Primera de Juan 5:7, es justamente el caso de una variante, y por ser ésta de gran trascendencia y difusión, se le ha dado un nombre particular: Comma Joanina. Este nombre proviene del vocablo griego komma, qué quiere decir frase breve o expresión. También podría traducirse como inserción. Así que el lenguaje coloquial podríamos decir que a este versículo se le dio por nombre “La Inserción a Juan” o “La Insersión en Juan”

Hasta aquí creo que es sencillo de entender, pero por sencillo no menos trascendente. Lo que nos preocupa acerca de este versículo deberíamos dividirlo en tres preguntas. La primera, cómo sabemos que esto es una inserción. La segunda, cómo llegó la Comma Joanina al texto bíblico. Y la tercera, por qué la mayoría de nuestras versiones bíblicas la incluyen.

Empecemos por el principio, entonces. Sabemos que la Comma Joanina no forma parte del del texto original, porque en los manuscritos más antiguos no aparece. Los estudiosos de las Escrituras poseen al momento cerca de una decena de miles de manuscritos antiguos y medievales que en general se ubican entre el siglo III y el siglo XV de la era cristiana. Por fuera de este rango de fechas encontramos raras excepciones y al hablar de excepciones no me refiero a la posterioridad sino más bien a manuscritos anteriores.

Poseemos una pequeñísima cantidad de escritos provenientes de principios del Siglo II y, al menos, desde mi conocimiento, nada del Siglo I. Esto nos hace sentir seguros de qué no poseemos ningún autógrafo, es decir, ningún texto bíblico escrito de puño y letra por su propio autor. En este complejo escenario documental, la crítica textual ha tenido la oportunidad de fechar con precisión la primera aparición de la Comma Joanina en un manuscrito y ni siquiera es un manuscrito bíblico.

Por lo tanto, tendremos que dejar de llamarla, al menos por el momento, Primera de Juan 5:7. También dejaremos de llamarla Comma Joanina, y le daremos el nuevo nombre de “glosa”. Ahora sí, diremos que la glosa aparece por primera vez en el Códice Würzburg, fechado precisamente en el año 380. Su autor, Prisciliano de Avila, luego de mencionar lo que en nuestra Biblia actual es primera de Juan 5:8 (“Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre”), Prisciliano añade “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.”  Al parecer, esta aclaración gustó tanto que poseedores de manuscritos y copistas posteriores, comenzaron a incorporarla como una nota marginal y no fue hasta el siglo IX que esta frase se incorporó de manera oficial al cuerpo del Nuevo Testamento pura y exclusivamente en Biblias latinas.

Nos vemos obligados aquí a mencionar al Papa Gregorio I ya que sus acciones fueron determinantes en el proceso de transmisión de las Escrituras puesto que oficializó la Vulgata Latina, dando de baja todas las versiones en otras lenguas, inclusive las versiones en el idioma original. Así pues, al considerar que sólo las las versiones en latín eran las que se reproducían, la Comma Joanina se incorporó al texto bíblico de manera definitiva.

En este escenario llegamos al siglo XVI. Nadie poseía Biblia en su propio idioma, nadie poseía textos bíblicos en griego, sólo los judíos poseían Antiguo Testamento en hebreo. Entonces un visionario llamado Erasmo de Rotterdam, toma la decisión de compilar los textos griegos con los que contaba para obtener un Nuevo Testamento en la lengua en que escribieron los apóstoles. Así surge lo que se conocerá como el Textus Receptus.

Claro está que Erasmo no contaba con la inmensa cantidad de textos que poseemos hoy. Sólo pudo acceder a seis documentos tardíos todos del siglo XII en adelante.[i] El primer fruto de su obra vio la luz en 1516 y el mismo Erasmo hizo 4 ediciones más en 1519, 1522, 1527 y 1535. En cada una de ellas Erasmo hizo revisiones y correcciones incorporando nuevos manuscritos cada vez. ¿Y la Comma Joanina? ¡No estaba en los manuscritos! Así que las dos primeras ediciones del Textus Receptus no la incluyeron.

El problema fue que la obra de Erasmo “contradecía” la fiabilidad de la versión oficial, la Vulgata Latina y la cúpula de la Iglesia, para este entonces Católico Romana con todas las letras, ejerció presión para que la Comma Joanina fuese incorporada ante lo cual él se comprometió a incorporarla si le mostraban al menos un manuscrito que la contuviera. El manuscrito que se le presentó fue el Codex Montfortianus. Hoy se sabe a ciencia cierta que el mismo fue fabricado a propósito en 1520 (un año después de la segunda edición) con el único fin de obligar al erudito a incorporar la conflictiva porción al texto en griego de forma definitiva. El documento fue copiado de un manuscrito anterior que no poseía la Comma. Un monje franciscano de Oxford realizó el fraude, al traducir del latín al griego la porción inexistente en el resto de los manuscritos. Erasmo quedó atrapado y la Comma Joanina oficialmente incorporada al texto del Nuevo Testamento.

Sólo una de las preguntas planteadas al principio nos queda por responder. ¿Por qué la Reina Valera contiene el versículo que nos ocupa? Pues porque Casiodoro de Reina uso la cuarta (1527) y la quinta (1535) edición para traducir La Biblia del Oso. Ambas eran versiones contenedoras de la Comma. Caso similar es el de la más famosa versión en lengua sajona. La Biblia King James fue traducida al inglés a partir de la edición de Stephanus (1550) y la edición de Teodoro de Beza (1598), ambas elaboradas a partir del TextusnReceptus.

Supongo que a estas alturas se me permitirá hacer una pregunta extra. Es mas, es probable que tú mismo te la estás haciendo. ¿Qué hacemos nosotros hoy con toda esta información? Pues bien, lo primero que viene a mi mente es ¡no cites este pasaje con un testigo de Jehová! ¡Ellos están esperando que lo hagas! Segundo, no necitamos de la Comma Joanina para sostener la doctrina de la Trinidad. Existen suficientes pasajes explícitos e implícitos para demostrar que el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu es Dios y los Tres son Uno. Además, a la hora de hacer uso del texto bíblico en espacios académicos de erudición, podemos apelar a los textos críticos que hoy poseemos. El texto de Nestlé – Aland, por ejemplo, nos permite no solamente ver las variantes sino también rastrear los manuscritos de dónde provienen con su fecha de escritura y su contenido.

Por último, descansar en el Señor, sabiendo que estas cosas no han escapado a su control y que, por ende, nada del contenido de las Biblias que hoy poseemos contradice el mensaje del resto de las Escituras. Tenemos paz en nuestros corazones, ¡Dios es trino con Comma Joanina o sin ella!



Notas Bibliográficas

 

[i] Manuscritos usados por Erasmo para la Primera Edición del Textus Receptus:

• Minúscula 1 (Codex Basilensis, siglo XII): Contenía todo el Nuevo Testamento excepto el Apocalipsis 

• Minúscula 2 (Codex Basilensis, siglo XV): Contenía únicamente los cuatro Evangelios.

• Minúscula 4 (Codex Reuchlini, siglo XV): Contenía el libro de Apocalipsis.

• Minúscula 7 (Codex Basilensis, siglo XV): Contenía las Epístolas Paulinas

• Minúscula 1ap (Codex Basilensis, siglo XII): Contenía los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas Católicas

• Minúscula 817 (Codex Basilensis, siglo XV): Contenía los cuatro Evangelios acompañados de comentarios teológicos (catenae).