La imagen del Padre - en la casa de mi padre, M. David Grams
28/7/2021•Por MonaRé Grams de Shields
Por su hija MonaRé Grams de Shields
Estoy sentada al lado de mi papi en su casita en Miami. Tiene noventa y cuatro años y está en su sillón especial con el vibrador y calor en su espalda. '
Veo esa espalda que ha aguantado millares de kilómetros en aviones por toda América Latina, que ha cargado maletas y cajas de libros para Isumistas de todo el continente. Esa espalda que ha sido golpeada en caminos llenos de baches en el altiplano boliviano. Que ha cargado camionadas de víveres para el Instituto Bíblico y materiales para construcción de iglesias en todo el altiplano. Esa espalda merece ser frotada con ungüento igual que la espalda herida de Nuestro Señor.
Veo sus rodillas delgadas entre su pantalón, esas rodillas que se doblaron tantas veces por mi y mis hermanos. Esas rodillas que en el Centro Evangelistico en LaPaz, Bolivia se doblaban en un altar lleno de lágrimas para las almas que habían venido al Señor. Tengo recuerdos de encontrarlo en su oficina cuando era niña, sobre sus rodillas temprano en la mañana. Era un hombre disciplinado, con hábitos sanos que pasó a sus muchos hijos espirituales.
Veo sus manos dobladas, delgadas ahora, llenas de venas azules, sobresalientes. Pero recuerdo las tantas veces esas manos con una tiza escribiendo sobre la pizarra haciendo un dibujo de dos cabezas enseñando sobre comunicaciones. Esas manos que fueron puestas sobre cabezas arrepentidas o sobre gente enferma. Vi milagros por esas manos.
Pero también eran manos trabajadoras, nunca quietas, abriendo la Biblia para leer la Palabra en la mañana antes que salimos corriendo a la escuela, preparando materiales con el mimeografó, preparando su sermón haciendo música con el tac a taca tac componiendo en su máquina de escribir. Siempre ocupadas, siempre productivas. Nos mostraba como sus dedos eran deformes por haber ordeñado las vacas de joven en la casa de su padre antes de salir a la escuela. Aprendió de niño a trabajar y nos enseñó a usar nuestras manos trabajando para bien.
Veo esos pies que ahora se arrastran por la edad, que van cuidadosa y lentamente. Pero esos pies han caminado disciplinadamente cada mañana en capitales desde México hasta Buenos Aires, en buses, en taxis, gastando la suela del zapato, nunca como un dignitario sino siempre con “su gente”. Le encantaba caminar la ciudades y conocer las idiosincrasias y cultura de cada pueblo y nación. Tenía su “oficina” en algún hotel del centro de la capital e iba a tomarse un cafecito cortado y observar la gente, hacer sus mandados en los bancos y embajadas para seguir llevando la Palabra de nación en nación.
M. David Grams, junto a su esposa Clemencia, ora por sus nietos y bisnietos en lo que sería su última gran reunión familiar.[/caption]
¿Que legado nos ha dejado este hombre? Su cuerpo está menguando pero su influencia sigue creciendo.No solo ha tenido influencia en sus tres hijos, que todos sirven al Señor en lugares de liderazgo, y en sus nietos que son ministros en grandes congregaciones y en lugares remotos. Verlo poner sus manos sobre la cabeza de cada uno de sus 16 biznietos y bendecirlos y orar por su futuro es un tesoro que nunca olvidaré.
Pienso en lo que dijo Jesús antes de dejar esta tierra en Juan 14… “En la casa de mi PADRE muchas moradas hay … voy pues a preparar lugar para vosotros. Y sabéis a donde voy y sabéis el camino,”
Si, mi padre, M. David Grams, irá antes de nosotros pero sabemos a dónde va y SI, SABEMOS el CAMINO. El ha vivido en tantos lugares, ha tenido muchas moradas aquí en la tierra pero la morada celestial es la que ha anhelado y nos ha enseñado bien. A disfrutar todas las moradas y las oportunidades que Dios nos ofrece aquí y a anhelar la morada donde viviremos y trabajaremos junto con EL por toda la eternidad.
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La autora, MonaRé Grams de Shields, junta a su padre, David Grams.[/caption]
