Los dones ministeriales de Romanos 12
17/11/2023•Por Gabriel Góngora
Por Gabriel Góngora Gómez
Introducción
A la epístola del apóstol Pablo dirigida a los Romanos se le ha llamado “La Catedral de la Doctrina Cristiana”, debido a la enorme riqueza doctrinal que contiene en cuanto al tema de la salvación del hombre. Por supuesto que en todas sus cartas, Pablo desarrolla los fundamentos de la teología cristiana que hasta el día de hoy son vigentes para la iglesia. Pero Romanos destaca por la manera intensa y extensa en la exposición de esta doctrina. Los capítulos 12 al 16 de esta epístola corresponden a la sección práctica en el desarrollo de la magistral exposición del apóstol Pablo.
El argumento teológico se centra en el problema en cuanto a cómo un hombre pecador puede llegar a estar en una correcta relación con Dios. Pablo tiene mucho más que decir sobre el tema porque cuando un hombre es hecho justo delante de su Hacedor, necesita saber qué estilo de vida debe de manifestar en sus relaciones con los demás. El nuevo creyente necesita saber qué se espera de él y cómo debe vivir su nueva vida en medio de todas las circunstancias que confronta. Esta última sección de la epístola (caps. 12-16) provee esta información necesaria para instrucción del creyente. En años recientes los estudiosos de las Escrituras emplean dos conceptos tomados de la gramática para señalar y distinguir las dos secciones principales de la epístola, es decir, la sección doctrinal y la sección práctica. En la sección doctrinal se usa a menudo el “Modo Indicativo” del verbo y con ello se describe lo que Dios ha hecho por medio del evangelio para beneficio del hombre. Trata de la provisión divina para la salvación del hombre. En la sección práctica se usa más el “Modo Imperativo” del verbo, expresado mediante mandatos y prohibiciones, dando a entender lo que se espera que haga el cristiano como un resultado del perdón que ha recibido de parte de Dios por la muerte de Cristo (Ver en Filipenses 2:12,13).
Contexto
Desde el principio del capítulo 12, Pablo establece una conexión entre lo que ya ha enseñado en los primeros once capítulos y los capítulos finales de la sección práctica. El emplea la conjunción “así que” ( o “pues”, en otras Versiones) para señalar esta conexión. La base y motivación para la buena conducta de los creyentes romanos descansa en “las misericordias de Dios”, es decir, en esa característica de Dios que lo mueve para evitar el juicio sobre el pecado del hombre y que, al contrario, derrama su gracia salvadora por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por consiguiente, Pablo invita a los creyentes romanos a “presentar sus miembros en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” como una muestra del cambio de estilo de vida que debían tener como nuevos hijos de Dios. Como resultado de este “sacrificio vivo” delante de Dios, que implica una vida de santidad y dedicación a él, el creyente podrá discernir y comprobar que la voluntad de Dios es buena (agathon), agradable (euareston) y perfecta (teleion)
En los versículos 3-8 del capítulo doce, Pablo aborda el tema acerca de la variedad de dones ministeriales que hay en la iglesia como cuerpo de Cristo. Usa la metáfora del cuerpo humano para ilustrar la importancia de la unidad de la iglesia como cuerpo de Cristo. Él declara: “Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” (vv. 4,5). En estos dos versículos, el apóstol Pablo quiere enseñarles a sus lectores, tres principios importantes para una buena relación entre ellos. Primero les habla sobre la unidad del cuerpo al decir “somos un cuerpo en Cristo”. Esta gran verdad era de mucho valor para Pablo y la enseña en otras cartas que él escribió a las iglesias (Efesios 4:4). Con la expresión “en un cuerpo tenemos muchos miembros” enfatiza la diversidad de los miembros en el cuerpo de Cristo con sus diferentes actividades para beneficio de los demás.
Por último, al decir que somos “miembros los unos de los otros” usando el pronombre recíproco griego “allelon” enfatiza la mutualidad o interdependencia que tenemos como miembros del cuerpo de Cristo. Nadie es independiente o autosuficiente, al contrario, la reciprocidad es necesaria para un buen funcionamiento tanto interno como externo (1 Cor. 12:15-21).
Verdades
Una lectura cuidadosa de Romanos 12:1-8, revela algunas verdades significativas que Pablo dice acerca de los dones ministeriales de los cuales hace mención en los versículos 6-8.
- Todo creyente de manera particular o individual tiene al menos un don. En el versículo tres Pablo instruye a los hermanos diciendo que nadie debía tener un concepto de sí más elevado de lo que debería tener, sino que debía pensar de sí mismo con moderación según la medida de fe que “Dios repartió a cada uno”. Esta verdad Pablo también la enseña en 1 Corintios 12:7 y Efesios 4:7. Pedro la confirma en su primera carta al escribirle a la iglesia universal (4:10). Él escribe: “Cada uno según el don que haya recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” Este principio, por supuesto, no se limita a los dones ministeriales sino a todos los demás que se encuentran en las otras listas de dones ( 1 Cor. 12:1-11).
- La variedad de los dones otorgados por Dios, son para suplir las necesidades de la iglesia. Las necesidades de la iglesia que milita sobre la tierra son muchas, por eso Dios ha hecho provisión de “diferentes dones” (v. 6a). Los creyentes son los canales por los cuales la gracia y el poder de Dios fluyen. Si la iglesia requiere de instrucción para el crecimiento espiritual, está el don de enseñanza. Si necesita aliento o corrección, está el don de exhortación y si para hacer el bien, sea cual fuere la necesidad, cuenta con el don de misericordia. Todos estos dones son para beneficio y edificación del cuerpo de Cristo.
- Todos los dones son por gracia divina. Después de indicar que los dones son diversos, Pablo inmediatamente declara que, los dones recibidos para ejercer un ministerio son, “según la gracia que nos es dada” (v. 6b) independientemente de cualquier otro factor externo. Las Escrituras son muy claras al respecto y cada vez que se aborda el tema de los dones, ponen un énfasis especial con el fin de evitar cualquier tipo de orgullo espiritual en los creyentes (1 Cor. 12:7; Ef. 4:7; 1 Pedro 4:10). Somos salvos por gracia. Los ministerios recibidos son también por gracia. Pablo mismo testifica a las iglesias de Galacia que su llamado a predicar entre los gentiles fue por la pura gracia de Dios y no por ser un rabí o un fariseo de fariseos (Gál. 1:15).
- Los dones deben ejercitase “conforme a la medida de la fe” (v. 6c). Aunque Pablo usa esta expresión refiriéndose al don de profecía, sin embargo, también se puede aplicar, por extensión, a todos los demás dones mencionados en esta lista y en otros pasajes afines. Los reformadores usaron esta declaración de Pablo para establecer el principio de “la analogía de la fe”, es decir, que cada parte de las escrituras debe interpretarse de acuerdo a toda la escritura. Se basan en la transliteración de la palabra griega analogía y enfatizando el artículo definido antes de la palabra “fe”. Sin embargo, aunque el principio es hermenéuticamente válido, no corresponde con el contexto debido a que el tema en este pasaje es acerca de los dones ministeriales. Es más satisfactorio entender la palabra “fe” en el sentido normal de la fe subjetiva de cada creyente, según se establece en el versículo tres. La Nueva Versión Internacional traduce la expresión “en proporción a su fe.” Los profetas no deberían ser motivados por sus emociones sino en total dependencia al Espíritu Santo de Dios.
- El ejercicio de los dones es el reflejo de una vida dedicada a Dios. Al principio del capítulo 12 Pablo ya ha declarado que, debido a las múltiples misericordias de Dios, los creyentes romanos debían presentar sus “cuerpos en sacrificio vivo”, como una ofrenda encendida a Jehová. El énfasis en el término “presentéis” tiene que ver con una vida consagrada al servicio de Dios. Lo que era ofrecido a Dios en la ofrenda de holocausto no podía reclamarse pues ascendía a él y todo le pertenecía.
