MagazineHeader.startReading

Soliloquio

02/04/2016Por Lidia Lewczuk de Masalyka

  Lidia de Masalyka     ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? ¿Por qué gimes, paloma herida, si cantabas hasta ayer? ¿Qué enemigo entró a casa y me robó el canto y me cerró el cielo y me enlutó el día? ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? ¿Por qué desmayas, prisionera hambrienta, si regalabas pan hasta ayer? ¿Por qué puertas el carcelero entró y me enterró viva y me quitó el aire y me ocultó la luz?   ¡Alma mía! Me respondes: ¿Esperar en Dios? ¿Alabar a Dios mientras pasan las ondas, mientras rugen las olas por encima de mí?   ¡Alma mía! Aun así: ¿Debo esperar en Dios? ¿Alabar a Dios mientras estoy herida, mientras estoy asfixiada y siento ganas de morir? ¡Alma mía! ¿Estás segura que tengo que seguir esperando en Dios? ¿alabando a Dios mientras me siento fracasada, mientras me siento terminada y crea que Él de mí se ha olvidado?   ¡Sí! Espéralo, alábalo, adóralo. Que a pesar de tus dudas, a tu lado está, tu turbación pronto quitará y como en el amanecer la luz del sol disipará tu oscuridad.

Soliloquio | Conozca