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	<title>Conozca &#187; Aurora Hernández</title>
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	<description>Revista Cristiana</description>
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		<title>El Hallel egipcio: cánticos de salvación y liberación en la tradición bíblica</title>
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		<pubDate>Thu, 01 May 2025 13:59:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aurora Hernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[2025.1]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Aurora Fabiola Hernández García El Hallel, un conjunto de Salmos que abarca del 113 al 118, constituye una serie de cánticos de alabanza y gratitud que han sido fundamentales en la liturgia judía, especialmente durante las fiestas de los Tabernáculos y la Pascua. Estos Salmos, que ordenan intensamente al pueblo de Israel a alabar</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=6474">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center">Por Aurora Fabiola Hernández García</p>
<p>El Hallel, un conjunto de Salmos que abarca del 113 al 118, constituye una serie de cánticos de alabanza y gratitud que han sido fundamentales en la liturgia judía, especialmente durante las fiestas de los Tabernáculos y la Pascua. Estos Salmos, que ordenan intensamente al pueblo de Israel a alabar el nombre de Jehová, reflejan la memoria colectiva de la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y las maravillas del poder divino en el éxodo.</p>
<p>Además, el Hallel posee un significado especial en la tradición cristiana debido a que Jesús y sus discípulos lo cantaron durante la última Pascua antes de la crucifixión y  simboliza la culminación de la salvación prometida. Este artículo explora el contexto histórico y teológico del Hallel egipcio, y su relevancia tanto en la adoración judía como en la fe cristiana.</p>
<p>El Hallel forma parte del Libro V de los Salmos, que comprende del 107 al 150 y está compuesto principalmente por salmos de adoración para el culto congregacional. Dentro de este libro, el Hallel egipcio destaca por su referencia explícita a la liberación de Israel de Egipto y a los prodigios del éxodo. A diferencia del Gran Hallel (Sal.146-150), este grupo está conformado por Salmos más breves y específicos (Sal.113-118) que se cantaban en momentos litúrgicos clave, como la Pascua y las fiestas de los Tabernáculos.</p>
<p>El Salmo 113 inicia con un llamado imperativo y enfático a la alabanza: <em>“¡Aleluya! Alabad, siervos de Jehová, Alabad el nombre de Jehová</em>” (Sal.113:1). Este mandato, expresado en modo piel según la gramática hebrea, enfatiza la intensidad con la que el salmista exhorta a los fieles a alabar a Dios. Según Pablo Hoff, en los hogares judíos se cantaban los Salmos 113 y 114 antes de la comida pascual, y los salmos 115 al 118 después de ella.<a title="" href="#_edn1">[i]</a> Actualmente, el pueblo judío continúa entonando estos salmos durante sus festividades y en la celebración del Shabat.</p>
<p>El Salmo 113 comienza con tres aleluyas que ordenan la alabanza al nombre personal de Dios, Yahweh, con quien buscaba establecer una relación única con su pueblo. Aunque Israel evitó pronunciar este nombre, sustituyéndolo por Adonay y luego Jehová, la Septuaginta lo traduce como “<em>El Señor</em>”. Este único Dios excelso y personal se sienta en las alturas, pero al mismo tiempo se humilla para levantar a los necesitados.</p>
<p>El Salmo 114 relata los milagros del Éxodo y se cantaba durante la Pascua antes de la comida del cordero para conmemorar la liberación del pueblo de Israel y el poder de Dios sobre la naturaleza en el cruce del mar Rojo. Y su pueblo eleva la voz para agradecer por su liberación, porque no hay otro como Él en prodigios y maravillas. Aun la creación se rinde a su Creador para cumplir sus propósitos.</p>
<p>En el Salmo 115, la gloria se atribuye exclusivamente a Jehová, nombre personal de Dios, quien supera a los ídolos, exhorta al pueblo a confiar en Él y a temerle (vocablo hebreo del sustantivo <em>yaré</em>), siendo “<em>los que teméis a Jehová</em>” (Sal.115:11) un pueblo temeroso de Dios confía plenamente en Él.</p>
<p>El Salmo 116 expresa un amor personal basado en una experiencia de redención:<a title="" href="#_edn2">[ii]</a> “<em>Amo a Jehová</em>” (Sal.116:1), el verbo está en un tiempo <em>qal</em> perfecto, una acción realizada en el pasado que tiene efectos en el presente. Es un amor que surge de haber sido escuchado y salvado por Dios, y que se traduce en servicio y alabanza. Ese amor permanece y crece con el paso del tiempo, es un amor que no olvida de donde fue rescatado ni por quién. Jehová fue el único que con su inigualable poder pudo salvar la vida y no hay manera de pagar sus misericordias.</p>
<p>El Salmo 117, el más breve, ordena intensamente alabar a Dios, quien es digno de toda alabanza y sólo Él lo merece.</p>
<p>El Salmo 118 cierra el Hallel egipcio con júbilo y gratitud, probablemente entonado de forma antifonal, alterna entre solista y coro. El solista cantaba la primera línea de cada versículo y el coro respondía con la segunda; o quizá un coro cantaba la primera línea y la respuesta era entonada por otro.<a title="" href="#_edn3">[iii]</a> Así como lo describe el escritor sagrado: “<em>Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehova</em>” (Esd.3:11). Este Salmo proclama que Dios es bueno, fortaleza, cántico y salvación. Fue el último cántico que Jesús y sus discípulos entonaron antes de salir hacia el monte de los Olivos: “<em>Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los olivos”</em> (Mt.26:30).</p>
<p>Jesús antes de orar: “Padre mío, si es posible pase de mi esta copa…” (Mt.26:39), entonó el Salmo 118<em> “En mi angustia invoqué a Jehová… Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre</em>” (Sal.118:5-6). En pocas horas iba a vivir en carne propia tales palabras: “<em>Me empujaste con violencia para que me cayese, pero me ayudó Jehová… No moriré, sino que viviré, y contaré las obras de Jehová</em>” (Sal.118:13,17), al expresar la confianza en Jehová en medio de la angustia y reconocer que la salvación y la misericordia son de Dios. La celebración de la última Pascua de Jesús simbolizó la liberación definitiva del pecado y la muerte, cumplir la profecía y establecer un día de gozo y reconocimiento de la fidelidad de Jehová.</p>
<p>En Él, Jesús encuentra cumplimiento en la metáfora de “<em>la piedra que desecharon los edificadores</em>” (Sal.118:22), lo dijo claramente en Lucas 20:27 y Mateo 21:42, que se convierte en la piedra angular, como también lo afirma Pedro a la iglesia dispersa: “<em>Para vosotros los que creéis él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo, y: piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados</em>” (1 Pe.2:7-8). En las horas previas a su crucifixión, en plena celebración de la Pascua, la fiesta de la liberación, Jesús canta con sus discípulos<em>: </em>“<em>Éste es el día que hizo Jehová; Nos gozaremos y alegraremos en él</em>” (Sal.118:24).</p>
<p>El Hallel egipcio trasciende su función original como serie de cantos congregacionales, pues el Mesías mismo entonó sus versos, proclamando así la llegada de la salvación prometida. Este conjunto de cánticos de salvación refleja la relación única entre Dios y su pueblo, fundamentada tanto en la liberación histórica de Egipto como en la experiencia personal de redención.</p>
<p>La primera Pascua celebrada en Egipto fue un día de victoria, gozo y reconocimiento de la fidelidad de Jehová por la liberación de la esclavitud. De manera análoga, la última Pascua que Jesús celebró en la tierra simbolizó el cumplimiento pleno de la profecía, al inmolarse el Cordero para otorgar liberación definitiva del pecado y de la muerte eterna. Así, la profecía se cumplió plenamente y la salvación se convirtió en una realidad para quienes la recibieran, siendo también un día para reconocer la fidelidad de Jehová.</p>
<p>Hoy, el pueblo redimido es llamado a continuar con la proclamación de las verdades contenidas en el Hallel, reconocer que Dios atodavía obra maravillas y ofrece salvación. Cuando un pecador se arrepiente, el cántico cobra vida: “<em>Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él</em>” (Sal.118:24). Así, el Hallel egipcio permanece como un legado vivo de alabanza y confianza en la fidelidad de Jehová al recordarnos que cada día es una oportunidad para experimentar liberación y gozo en el Señor.</p>
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<hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p>Bibliografía</p>
<p>[i] Hoff, Pablo, <em>Libros poéticos</em> (Miami, Florida: Vida, 1998), 166.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> Spurgeon, Charles, Samuel Vila, <em>El tesoro de David, Tomo 2 </em>(Barcelona, España: CLIE, 2015), 531.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a> Purkiser, W.T. M.A., PH.D. <em>Comentario Bíblico Beacon</em>, Tomo III (Lexena, Kansas: CNP, 1967), 289.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<div id="divVerBio">
				<span class="spnAutor">Aurora Hernández</span>
				<p></p>
				<br/>
			</div>]]></content:encoded>
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		<title>Jesús y su trato a la mujer</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jul 2020 21:53:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aurora Hernández</dc:creator>
				<category><![CDATA[2019.1]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Aurora Hernández &#160; &#160; Reza el Talmud: “El mundo no puede soportar sin hombres y mujeres, ya que ambos son necesarios para la perpetuación de la humanidad, pero afortunado es aquel cuyos hijos son hombres y ay de él cuyos hijos son mujeres”. (Bava Batra 16b). Cuando Jesús estuvo en la tierra, judíos, griegos</p><p class="more-link"><a href="https://conozca.org/?p=4625">Mas…</a></p>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Por Aurora Hernández</span></span></p>
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<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Reza el Talmud: “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>El mundo no puede soportar sin hombres y mujeres, ya que ambos son necesarios para la perpetuación de la humanidad, pero afortunado es aquel cuyos hijos son hombres y ay de él cuyos hijos son mujeres</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">”. (Bava Batra 16b). </span></span></p>
<p><a name="_Hlk30172155"></a> <span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Cuando Jesús estuvo en la tierra, judíos, griegos y romanos menospreciaban a la mujer tanto social, religiosa y académicamente. El Hijo de Dios quebró con su ejemplo los esquemas de estas culturas que eran las que prevalecían en su entorno, la manera en la que Jesús trató a las mujeres no sólo desafió la estructura de su tiempo, también transformó radicalmente la vida de aquellas que le encontraron. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Los cuatros evangelios registran el encuentro de Jesús con mujeres de diferentes características. Algunas tuvieron el atrevimiento de acercarse al Maestro violentando los estereotipos de la época. Otras experimentaron su intervención de manera inesperada, no obstante, todas encontraron en Jesús auxilio en medio de la adversidad. Aunado a esto, él les brindó un trato radicalmente diferente al que habían recibido en su vida y ese encuentro fue el inicio de una nueva vida. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">El apóstol Juan, en su particular registro de la vida de Cristo, detalla algunos sucesos específicos que muestran el trato de Jesús a la mujer. El capítulo cuatro narra el encuentro de Jesús con la mujer de Samaria. En el capítulo ocho está registrado el suceso de la mujer adúltera. Los capítulos once y doce describen el trato de Jesús a las hermanas de Lázaro, Martha y María de Betania. En el capítulo diecinueve, ya pendiente de la cruz, el Maestro refiere a María, su madre y en el capítulo veinte es María la de Magdala quien se encuentra con el Maestro justo después de la resurrección.</span></span></p>
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<p><strong><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>La Samaritana y la mujer adúltera, empatía que trae salvación</em></span></span></strong></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Hubo tres características de la mujer junto al Pozo de Jacob que la hacían altamente rechazada para un maestro de la época: era mujer, samaritana y de moral cuestionable. Los varones judíos y en especial los que enseñaban la ley no hablaban con mujeres y menos con este tipo de mujeres; nunca, bajo ninguna circunstancia. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Por esta razón los discípulos “se maravillaron” al verlo (Juan 4:27). Este verbo denota un asombro desmedido. El hecho que Jesús pidiera de beber a la mujer era inconcebible. Ella fue la primera en extrañarse. El abierto repudio racial no daba lugar a esta petición. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Ella señala que Jesús no tenía con qué sacar el agua, menos con que beber de ella. Compartir el cántaro no era una opción; era demasiado atrevimiento de este maestro judío. La empatía de Jesús rompió todas las barreras y permitió que la salvación llegara al corazón de la Samaritana y que ella fuera el medio para alcanzar la ciudad de Sicar (Juan 4:28- 42). </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">El suceso del Templo impactó a todas las esferas políticas y religiosas del lugar. La mujer que fue encontrada en el lecho del adulterio estaba condenada a morir. La ley lo exigía. No obstante el gobierno romano habían abolido la pena de muerte de las cortes judías, y sólo se permitía condenar a quienes violentaban el Templo. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Si Jesús accedía a la muerte de la mujer, estaría desobedeciendo al Imperio. Si por el contrario rechazaba abiertamente la ejecución, sería tomado como traidor a la ley de Moisés. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">La mujer fue exhibida de manera innecesaria y usada como una coartada para hacer caer al Maestro. La estrategia de Jesús y sus palabras confrontaron aún a los líderes que le acosaban al grado de hacerlos desistir y abandonar la escena. De nuevo, Jesús se encuentra a solas con una mujer indigna. “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>¿Ninguno te condenó</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">?” le preguntó. “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>Ni yo te condeno, vete y no peques más</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">” fueron las palabras de empatía y salvación para la mujer (Juan 8:10-11).</span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Nadie se atrevió a cuestionar directamente su trato a estas mujeres, pero el dejó claro su proceder ante sus discípulos: “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">” (Juan 4:34) Su labor de redención incluía abiertamente a las mujeres, su perdón alcanzaba lo que la sociedad consideraba imperdonable, su amor llegó a las más indignas.</span></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>Martha y María de Betania, Consuelo y restitución que provocan gratitud y servicio</em></span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Lucas y Juan describen la relación entre Jesús y la familia de Betania, los amaba profundamente. La relación excedía a la hospitalidad tradicional. Eran familia y la confianza superaba los esquemas sociales. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">María tomaba un lugar a los pies del Maestro como lo haría cualquier discípulo o aprendiz, con la diferencia que a las mujeres no se les permitía aprender fuera del contexto del hogar. Jesús la admitió entre sus oyentes y aplaudió su actitud receptiva. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Martha, por su parte, habló directamente a Jesús para declarar su inconformidad ante la actitud de su hermana. Ambas demostraron con estas acciones que Jesús les había dado el lugar de familia en su vida. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">La enfermedad y muerte de Lázaro, el hermano mayor de estas mujeres fue el escenario para el milagro que dejó claro el dominio de Jesús sobre la muerte y también demostró su afecto sincero a dos mujeres que enfrentaban la pérdida del único varón que las sustentaba y protegía. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Juan describe claramente el apego y amor de Jesús a la familia de Betania : “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>al verla llorando se estremeció en espíritu y se conmovió</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">” (11:33) “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>Jesús lloró</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">” (11: 35), “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>Mirad como le amaba</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">” (11:36) “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>Jesús profundamente conmovido otra vez</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">” (11: 38). Le dolía la partida de su amigo tanto como el sufrimiento de ellas. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Después de la resurrección de Lázaro el capítulo doce registra el controversial servicio de amor de María a Jesús antes de su muerte, una mujer que descubría públicamente su cabeza era mal vista, Jesús sin embargo declaró el hecho como un acto profético de servicio, entrega y adoración absoluta. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>María, honra a tu padre y a tu madre</em></span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">En general los derechos de las madres eran respetados por las leyes judías y romanas, no obstante, los fariseos permitían que se tomara de los destinado a los padres para darlo como ofrenda o sustento a los intereses religiosos. Jesús era el hijo primogénito y María para este tiempo probablemente era viuda. Ahí, pendiente de la cruz, emite su última voluntad. Dado que era común que los discípulos llegaran a ser considerados como hijos y que estos llamaran padre a sus maestros no fue extraño escuchar que le encomendara a Juan el cuidado y protección de su madre. María cumplió con valor su lugar en las profecías y en el plan de redención, y Jesús la trató con respeto y honra aún en el momento de aflicción. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>María Magdalena, la encomienda a una fiel discípula.</em></span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">La palabra discípulo “</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>mathetes</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">”, siempre aparece en masculino en el Nuevo Testamento. Sin embargo, la actitud de las mujeres hacia Jesús demostraba que él les había permitido acercarse y recibir su enseñanza. Juan describe el encuentro de Jesús con María Magdalena fuera del sepulcro el día de la resurrección. La palabra “¡</span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;"><em>Raboni</em></span></span><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">!” se traduce ¡Mi Maestro! (Juan 20:16). Es una expresión que denota pertenencia y compromiso. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Jesús le da instrucciones claras. Le encomienda el poderoso mensaje de la resurrección, así como la misiva de esperanza para sus discípulos. Tal encargo requería responsabilidad y fe. María estaba capacitada para hacerlo y Jesús sabía que lo haría sin temor y con plena obediencia. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">María como otras mujeres cuyos nombres no se registran en la Escritura pertenecieron a la matrícula de aprendices del Señor. No sólo patrocinaban el ministerio del Maestro con sus bienes, sino que se comprometieron con su enseñanza y se convirtieron en propagadoras del Evangelio. </span></span></p>
<p><span style="font-family: Times New Roman, serif;"><span style="font-size: medium;">Los sucesos que Juan registra fueron controversiales para la época, y son ejemplo claro de los verdaderos valores del Reino de Dios. Personalizan los principios que debían regir a la iglesia naciente a la cual escribe y demuestran el concepto y propósito de Dios hacia las mujeres. Hoy también la mujer puede encontrar en Jesús perdón, aceptación, restitución, honra y la encomienda del ministerio.</span></span></p>
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				<span class="spnAutor">Aurora Hernández</span>
				<p></p>
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			</div>]]></content:encoded>
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