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La influencia de la música y danza hebrea en la adoración contemporánea

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2021.1

Por Fernando D. Muñoz


Siempre me gustó la inclusión artística como forma de adoración a Dios. Estoy convencido que El nos ha dado una colorida gama de capacidades y talentos para embellecer y exaltar su nombre.

Desde los orígenes del Antiguo Testamento, encontramos que la música fue utilizada como una de estas formas. Por medio de ella se reconocía el señorío de Dios, como una manera de relacionarse con Él y exaltarlo. Pero en muchas ocasiones la acompañaban movimientos físicos llamados “danza”.

Con el propósito de descubrir y observar la influencia artística hebrea en nuestras iglesias, comenzaremos con una breve revisión histórico – cultural de la música y posteriormente veremos cómo es el acompañamiento con la danza.

Saber con precisión acerca de la música del pueblo de Israel, nos enfrentaría a un serio problema, ya que no existe un conocimiento exhaustivo de cómo era el aspecto técnico y musical de ese tiempo. Según el Doctor Martin Litchfield West, en su libro Babylonian Musical Notation: “los ejemplos históricos más antiguos de notas musicales se encuentran en las tablillas cuneiformes de Babilonia en el 2.000 a.C. (que corresponde aproximadamente al tiempo de Abraham). Estas, junto con las tablillas del 1.250 a.C., revelan una clase de música que se basaba en una escala diatónica con armonía en terceras”.i

Si bien aquí se explica lo que era la música desde antes de la formación del pueblo hebreo, contamos con un dato importante respecto a los orígenes y composición de la música hebrea, a lo cual sumamos otro aporte; el doctor Alfred Sendrey en su libro Music in Ancient Israel declara: “La música era algo completamente común entre los egipcios… y esto es muy probable que haya influenciado en el desarrollo entre los hebreos”.ii

Luego de varios centenares de años, durante el período griego, después de la conquista de Alejandro Magno, nuevas influencias se hicieron sentir en Palestina. Los judíos se familiarizaron con la música griega y con su instrumental, sin embargo, este contacto no se profundizó.

Decretos oficiales obligaban a los judíos a incorporar elementos musicales griegos, pero ellos se resistieron tenazmente. Tal resistencia se hizo aún más intensa después de la destrucción del segundo templo, cuando toda música instrumental, aun la religiosa, fue prohibida como símbolo de duelo nacional.3Por lo tanto, podríamos decir que el desarrollo musical hebreo no fue de manera autóctona, sino una incorporación de conceptos culturales y musicales mixtos de otras naciones.

Bajo el concepto neotestamentario, el núcleo central de los servicios sinagogales se manifestaba a través de ciertos cantos que eran elevados en forma de responso, cuyo nombre es Hallel.4Pero esta música era vocal y no instrumental.

Luego de haber visto un breve panorama de la música hebrea en los tiempos bíblicos debemos preguntarnos: ¿Existe algún tipo de influencia de la música hebrea en nuestras congregaciones? ¿Tenemos dentro de nuestros programas eclesiásticos una influencia marcada de la artística judía?

Podríamos responder que prácticamente en nuestro contexto occidental y latino no poseemos una influencia hebrea casi en absoluto. ¿Por qué decimos casi? Por dos motivos puntuales. Uno es que hace unas décadas atrás se pusieron de moda algunas canciones que utilizaban unas variables en su armonía y melodía características del oriente medio. Parecía que cuando cantábamos algunas de ellas, nos trasladábamos directamente entre el pueblo hebreo en medio de batallas, conquistas o celebraciones.

El otro motivo, podría ser en una mínima parte, el famoso canto antifonal. Este tipo de canto se empleaba con voces de varones y mujeres en coros diferentes, realizando un intercalado juego dinámico de voces con textos o expresiones bíblicas. Lo disfrutamos durante mucho tiempo, pero fue dejado de lado en las últimas dos o tres décadas por la influencia de la música denominada en la actualidad como worship.

En conclusión, las dos razones principales por las que no se dé preponderancia a la música de oriente son: en primero lugar porque no se perpetuaron a través de las generaciones registros musicales específicos, lo cual ocasionó un abismo histórico y musical. En segundo lugar, pero no menos importante, es que nuestro oído musical está completamente desacostumbrado al formato de las escalas musicales de dicha procedencia. Además, es que el desarrollo de tales escalas poseía muchas limitaciones en su proyección sonora a través de los tiempos.

La música no siempre se desarrollaba aisladamente, sino que con frecuencia iba acompañada por la expresión corporal, que es la danza.

En cuanto a la danza, su origen se remonta al Antiguo Testamento. Una de las menciones más icónicas es la del cántico de María en Éxodo 15:20: “Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas”.

Por otro lado, nos encontramos con la famosa historia cuando Saúl tiene celos de David debido a lo que se proclamaba a través de cánticos y danzas de las mujeres de las ciudades, 1 Samuel 18:6-7 nos dice: Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música.Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían:Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles.

Estos textos bíblicos citados (y algunos otros también) muestran que en el Antiguo Testamento una de las maneras más populares para representar el estado anímico-espiritual de la gente perteneciente al pueblo de Dios, era por medio de la danza.

En el caso del Nuevo Testamento, nos encontramos con una diferencia bastante grande respecto al Antiguo. Casi no hay mención acerca de las danzas (lo cual no implica que estuviera prohibida). Existen algunas menciones específicas al respecto:

  • Marcos 6.26 donde relata la historia de la hija de Herodías quien danza para Herodes, y como premio pidió la cabeza de Juan el Bautista.
  • Lucas 7.32, cuando Jesús habla a los fariseos acerca de la inconformidad sobre sus enviados.
  • Lucas 15.25, en la parábola del hijo pródigo.

Finalmente, nos preguntamos ¿Qué sucede en la actualidad? Hace solo un par de décadas, tras la “aprobación” cultural eclesiástica de ciertos ritmos, géneros e instrumentos musicales, también dio lugar, valor y trascendencia a esta otra expresión. La danza eclesiástica actual, no tiene que ver con un acto de improvisación (lo que a uno se le ocurra hacer en cualquier momento), sino todo lo contrario. Cada paso tiene un significado específico. Cada gesto con la cara, cada golpe con los pies, manos o instrumentos como los panderos, son destinados a clarificar y apuntalar el mensaje que se va dando con los instrumentos musicales ejecutados simultáneamente.

El punto es que todavía no se puede contemplar una influencia generalizada dentro de las Asambleas de Dios, incluso, es casi imposible aplicarle un porcentaje global pronunciado, ya que el desarrollo de la danza dentro del ambiente eclesiástico varía por zonas, localidades, ciudades e incluso contextos sociales.

Entonces, si pensamos en el punto inicial acerca de si existe una influencia de la música y danza hebrea en nuestro contexto latinoamericano en las Asambleas de Dios, podríamos decir que es prácticamente escaso.

No obstante quisiera dejar unas consideraciones para tener en cuenta frente al posible avance de ciertas tendencias hebreas en nuestras congregaciones:

En primer lugar, y haciendo hincapié en la parte artística, no debemos creer que todo lo que se puede ver en las expresiones auditivo-físicas se originó en Israel, sino que tanto la música hebrea como las danzas fueron una incorporación proveniente de las naciones de las cuales fueron subyugados. Es decir, no fueron completamente autóctonas.Por último, no debemos caer en el error de pensar que por aplicar terminologías o expresiones hebreas tendremos una conexión más espiritual.

Recordemos que Dios, cada vez que nos quiera hablar, lo hará en nuestro propio idioma, para que comprendamos el mensaje de manera fidedigna: ese es su propósito al comunicarse.

 

NOTAS

iMartin Litchfield West, “Babylonian Musical Notation”, 162–163.

ii Alfred Sendrey, Music in Ancient Israel (New York, Editorial: Philosophical Library, 1969), 78.

33 Leon Schidlowsky, Revista Musical Chilena, 28.

44 Íbid, 29.


 

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