Por Jaime Mazurek
Es de conocimiento general que el pentecostalismo moderno comenzó en el año 1901 en un instituto bíblico en Topeka, Kansas, Estados Unidos, al producirse un avivamiento acompañado por numerosas instancias de bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas. El director de este instituto fue el pastor Charles Parham, conocido hoy como el “padre del pentecostalismo”. También es de dominio público que la rápida expansión mundial del pentecostalismo fue impulsada por el avivamiento de Calle Azusa, de 1906 a 1913, en Los Ángeles, California, bajo el liderazgo del pastor afroamericano William Seymour.[1]
Pero lo que muchos pentecostales no saben es que estos avivamientos no fueron simples manifestaciones de fe pentecostal, surgidos de la nada. La verdad es que durante las décadas previas al 1900, se gestaron diversas condiciones y acciones de Dios que allanarían el camino y echarían las bases del futuro movimiento pentecostal. En este escrito examinaremos varias de estas realidades, con un enfoque sobre todo en el movimiento de santidad de la Iglesia Metodista del siglo XIX. Este artículo no es exhaustivo. Por limitación de espacio se hizo una selección de personas y eventos importantes de los movimientos teológicos que abrieron paso al pentecostalismo, sin embargo, hay muchos más de los que aquí se mencionan, y que no debemos olvidar.
Diversas Corrientes
El movimiento Pentecostal moderno nació en el contexto del encuentro de varias corrientes de pensamiento teológico que se establecieron y crecieron durante los siglos XVIII y XIX. Entre estos énfasis se destacan: el restauracionismo, el premilenialismo, la sanidad divina, y la santidad.
Restauracionismo
La historiadora pentecostal Edith Blumhofer da la siguiente definición del restauracionismo cristiano, “el impulso a restaurar el orden original o primitivo de las cosas que son reveladas en las Escrituras, libres de las añadiduras de la tradición y la historia eclesiástica”.[2] El restauracionismo añora “volver a las sendas antiguas”. Ya antes del año 1900 hubo varias instancias de líderes evangélicos que se esforzaron para “restaurar” el antiguo orden de cosas de una u otra manera. Estos miraban a cómo eran las iglesias durante el tiempo de Nuevo Testamento, y cómo eran en su día, y se daban cuenta que había muchas diferencias.
El segundo “Gran Despertar” de fe evangélica en Estados Unidos (1790-1840) buscaba dos cosas: la unificación de todos los grupos evangélicos en un solo cuerpo y una reforma en las iglesias para que estas volviesen a ser como las de primer siglo. Tomás Campbell (1763-1854), un pastor de la Iglesia Presbiteriana de Escocia, emigró a los Estados Unidos en 1807. Sus estudios bíblicos y afán por el restauracionismo le llevaron a practicar bautismo por inmersión, lo que provocó su salida de las filas presbiterianas. Junto a su hijo Alexander (1788-1866) fundó la colectividad llamada “Iglesias de Cristo” e “Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo”. Para los Campbell los credos solo dividían a los cristianos. La fe debía basarse única y exclusivamente en la Biblia, la revelación que tenían los creyentes del primer siglo.
En 1875, en el pueblito de Keswick, Inglaterra, se estableció la “Convención Keswick”, un encuentro anual de cristianos que buscaban una relación más íntima con el Señor por medio de la oración y el estudio bíblico. Su anhelo era llegar a ser semejantes a la Iglesia primitiva. Llegaron cuatrocientas personas en esa primera ocasión. El fervor creció y para el año 1897, más de mil doscientos pastores participaban. Los encuentros Keswick continúan hasta hoy.
En 1886 se formó un grupo en el estado de Carolina del Norte, Estados Unidos, llamado Unión Cristiana con el objetivo de “restaurar el cristianismo primitivo y lograr la unificación de todas las denominaciones cristianas”[3]. En las afueras de Chicago, ese mismo año, el evangelista australiano John Alexander Dowie fundó una nueva ciudad llamada “Sión” que supuestamente sería un lugar donde la gente podría vivir en un ambiente plenamente cristiana al estilo primitivo.
Premilenialismo
Las últimas décadas del siglo XIX, un siglo marcado por muchas guerras, vieron un auge en interés por la escatología entre las iglesias cristianas. No faltaron líderes que abusaron ese interés, se crearan sectas falsas en torno a su persona, como Charles Russell y los Testigos de Jehová, o Ellen de White y la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Pero a pesar de esos abusos, las falsas profecías y doctrinas que produjeron, hubo personas que se dedicaron a estudiar bien las Escrituras y poner en relieve la segunda venida de Cristo.
John Nelson Darby, un sacerdote anglicano inglés, jugó un papel muy importante, al fundar la iglesia Plymouth Brethren (iglesia conocida hoy como “Los Hermanos Libres”). Darby destacaba en sus enseñanzas la inminencia del arrebatamiento de la Iglesia, y la Segunda Venida de Cristo como premilenario, cosa que las iglesias históricas abandonaron al abrazar el posmilenialismo. Su sistema de presentar la escatología, denominada “dispensacionalismo”, a pesar de contener algunos errores, como un fuerte cesacionismo y la distinción absoluta y rígida entre Israel y la Iglesia, cobró bastante fuerza y ha sido bastante influyente en la escatología pentecostal de hoy.[4]
Darby no fue el único que enfatizaba la inminencia del arrebatamiento. Reuben Archer Torrey, graduado de la Universidad de Yale y colaborador el evangelista D. L. Moody también enseñaba y predicaba sobre la “bendita esperanza” del pronto, premilenario, retorno de Cristo a la tierra.
Sanidad divina
El énfasis en sanidad divina no se originó en el avivamiento de Calle Azusa. Desde el tiempo de la Reforma, han existido líderes protestantes que han enseñado que Dios sigue sanando milagrosamente a quienes le buscan en fe. George Fox (1624-1691), fundador de los Cuáqueros, ejercía un destacado ministerio de oración por los enfermos. Dejó un registro escrito en el cual describió ciento cincuenta milagros de sanidad que presenció. Numerosos grupos y sectas en Norteamérica y Europa reclamaron experimentar milagros de sanidad divina.
Otro líder notable que enfatizó la sanidad fue el escocés, Eduardo Irving (1792-1834). Fue un académico notable. Ingresó a la Universidad de Edimburgo a los trece años de edad y se tituló como Magister a los diecisiete. Trabajó como profesor de matemáticas por algunos años, pero a los veintiséis se dedicó por entero al ministerio pastoral en la Iglesia de Escocia. Estudió las Escrituras ferverosamente y se convenció que vivían en los tiempos finales. Por ende, Dios restauraría los dones espirituales a la Iglesia que se habrían dejado atrás. El ministerio de Irving fue destacado por milagros de sanidad divina, bautismos en el Espíritu Santo con el hablar en lenguas, palabras de profecía y otras manifestaciones espirituales. Lamentablemente, llegó al extremo de profetizar la fecha de la segunda venida de Cristo, entre los años 1.864 y 1.868. Al no cumplirse sus profecías el movimiento de Irving perdió fuerza y ya no existe, salvo por un grupo de seguidores en Alemania.
El tema de la sanidad divina tomó mucha fuerza durante el siglo XIX, no solo en Inglaterra y Estados Unidos. Líderes en este tipo de ministerio incluyeron a Johann Christoph Blumhardt y Otto Stockmayer de Alemania, Dorothea Trudel y Samuel Zeller de Suiza, Elizabeth Baxter de Inglaterra, A. B. Simpson de Canadá, y Charles Cullis, A. J. Gordon, Sara Mix, y William Boardman, de Estados Unidos, entre otros. En muchos casos, estos ministros abrían “casas de sanidad”, espacios dedicados exclusivamente para el cuidado de y la oración para gente enferma.
El movimiento de santidad wesleyano
La principal fuerza motriz detrás del movimiento pentecostal moderno fue, sin lugar a dudas, el movimiento de santidad wesleyano. A continuación, menciono algunos de los personajes y eventos más importantes de esta fuerza del cristianismo, precursor del pentecostalismo moderno.
Juan y Carlos Wesley
El movimiento metodista fue fundado por los hermanos ingleses, Juan y Carlos Wesley (1703-1791 y 1707-1788 respectivamente). Comenzaron con un grupo de estudio bíblico y oración en la Universidad de Oxford. Sus compañeros de estudio se burlaban, llamándoles el “Club de los santos” y “metodistas” por su metódica disciplina de ayuno y oración. Aunque su intención original era permanecer en la Iglesia Anglicana, eventualmente se distanciaron, formando su propia Iglesia Metodista. Se convencieron de los errores del calvinismo y abrazaron el arminianismo. John Wesley decía que el calvinismo “¡representa a Dios como más cruel, falso e injusto que hace que el diablo!”.[5]
Otro tema que le preocupaba mucho a Wesley era la santidad. Afirmaba que la obra de Dios en el creyente consistía en general de dos cosas: 1) conversión – justificación, y 2) perfección – santificación. La primera obra perdonaba los pecados pasados y presentes, y la “segunda bendición” (como lo describía) trataba con la naturaleza pecaminosa, lo que resultaría en un estilo de vida de pureza y amor hacia Dios. Wesley no enseñaba que el creyente podría llegar a un estado de perfección absoluta pero sí llegar a vivir una vida de victoria sobre el pecado, por medio de una devoción absoluta, auto-examen rigoroso y disciplina espiritual constantes, y el evitar los placeres mundanales.[6]
John Fletcher (1729-1785)
John Fletcher, un ministro anglicano, amigo y colaborador de los Wesley fue el primer teólogo de distinción vinculado al movimiento. Creía en la “segunda bendición”, a la que llamaba “bautismo en el Espíritu Santo”.[7] El primer predicador metodista enviado a Norteamérica fue el Capitán Thomas Webb. En su primer sermón dado en el nuevo mundo, dijo: “ustedes necesitan ser santificados. Pero no lo son. Son cristianos solamente en parte. Aún no han recibido el Espíritu Santo. Yo lo sé. Puedo sentir sus espíritus como pescados colgados alrededor mío”.[8]
Francis Asbury (1745-1816)
El metodismo se estableció con firmeza en Norteamérica, bajo la dirección del evangelista incansable, Francis Asbury. Centrado en la colonia de Virginia, el metodismo celebraba campamentos y retiros donde los creyentes buscaban la santificación con lágrimas, gritos y gemidos.
Al lograr su independencia de Gran Bretaña, la nueva nación de Estados Unidos experimentó una oleada de avivamientos metodistas por todo el país, cosa que afirmó su separación de la Iglesia Anglicana. Evangelistas recorrían grandes distancias a caballo para establecer nuevos puntos de predicación. Donde iban, predicaban el mensaje de la salvación y la “segunda bendición”.
Avivamiento de Cane Ridge (1801)
En 1801 se produjo un gran avivamiento en el poblado de Cane Ridge en el estado de Kentucky. De más de un año duración, bajo liderazgo de ministros metodistas y presbiterianos, el campamento llegó a reunir a más de veinticinco mil personas en sus cultos. Los creyentes temblaban, caían, reían, y algunos pasaban horas en un estado de trance, en la búsqueda de la obra del Espíritu Santo. Manifestaciones en la presencia de Dios como estas se repitieron en varios lugares de Estados Unidos durante el siglo XIX. El líder del avivamiento, el pastor Barton Stone luego se unió a Alexander Campbell y al movimiento restauracionista.
Charles G. Finney (1792-1875)
El líder que fortaleció el movimiento de santidad, con sus dones de evangelismo y enseñanza fue el pastor Charle G. Finney. Comenzó su vida cristiana en la iglesia Presbiteriana, la cual dejó por no aceptar sus posturas calvinistas. Experimentó una conversión impactante y poco tiempo después “el bautismo en el Espíritu Santo” (como él lo describió), con “brotes inefables” de alabanza.
En 1835 Finney fue invitado para formar un seminario teológico en la recién fundada Oberlin College, universidad que él eventualmente sirvió como Presidente. Oberlin fue la primera universidad norteamericana que admitió a mujeres y personas de raza negra como estudiantes. Bajo la dirección de Finney, la universidad colaboró mucho con los esfuerzos de liberación de esclavos y la abolición de la esclavitud.
Phoebe Palmer (1807-1874)
En el año 1837, en la ciudad de Nueva York, el doctor de medicina Walter Palmer y su esposa Phoebe comenzaron a liderar “reuniones de los días martes, para la promoción de la santidad” en su casa. Con el pasar del tiempo, semanalmente, cada día martes, centenares de personas, incluso pastores y obispos metodistas, acudían a esas reuniones para buscar “el bautismo de fuego”, “bautismo de santidad” o “bautismos en el Espíritu Santo”, como se le decía. Evidentemente, las reuniones con hasta 500 personas en asistencia tuvieron que cambiar de lugar.
La Sra. Palmer pasó el resto de su vida exhortando a creyentes a buscar la “segunda bendición” o “entera santificación”, un encuentro con el Espíritu Santo que erradicaba la tendencia al pecado y la reemplazaba con un estilo de vida de santidad. Sus libros, El camino de la santidad, La fe y sus efectos, La promesa del Padre, y Una devoción a Dios entera gozaron de una gran difusión por Estados Unidos y otras naciones del mundo.
A. B. Simpson (1843-1919) y la Alianza Cristiana y Misionera
Albert Benjamin Simpson nació y estudió para el ministerio en Canadá. Al finalizar la Guerra Civil en los Estados Unidos, aceptó la invitación para pastorear la iglesia Presbiteriana en Louisville, Kentucky, una ciudad muy impactada por la guerra. Luchó por la reconciliación entre enemigos y fomentó campañas de oración por la ciudad. En 1881 vio como Dios sanó milagrosamente a un joven en estado de coma y moribundo. A partir de entonces Simpson se dedicó a la predicación sobre sanidad divina. En 1883 plantó la iglesia Gospel Tabernacle en la ciudad de Nueva York, la cual implementó una variedad de ministerios de asistencia a los pobres. Desde ahí lanzó dos organizaciones, la Alianza para la Vida Cristiana y la Alianza Misionera Evangélica. En 1887 integró a ambas organizaciones y forma la Alianza Cristiana y Misionera.
Hasta su muerte, Simpson destacaba que hay una segunda bendición, luego de la conversión – la santificación (él lo llamaba el bautismo en el Espíritu Santo), y la sanidad divina, como provista en la obra expiatoria de Cristo en la cruz.
La Asociación Nacional de la Santidad (1867-1894)
Los Estados Unidos de América pasaron por la peor época de su historia durante el período 1861-1865, la Guerra Civil. Se logró la eliminación de la esclavitud y se mantuvo la integridad de la federación de estados, pero a un costo 620.000 vidas, y muchos estragos sociales, económicos, psíquicos y espirituales. La guerra produjo una generación más secular y violenta. De ahí surgieron famosos pistoleros, hoy representados en televisión y cine, como Jesse James y Billy the Kid. La verdad es que no eran héroes de epopeyas románticas, sino jóvenes asesinos sicópatas, muy dañados por todo lo vivido en la guerra.
En las iglesias se pudo notar el cambio en las personas. Los veteranos de la guerra tenían una ética y moralidad pobres. No se interesaban en buscar la presencia de Dios. No se interesaban en los campamentos evangelísticos. Esta necesidad se sentía mayormente entre las iglesias de sur de la nación. En 1866, los obispos de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur hicieron un llamado a volver a los principios wesleyanos de santidad. Las iglesias del norte del país sentían lo mismo, y en julio de 1867 celebraron el primer “Campamento nacional para la promoción de la santidad” en Vineland, Nueva Jersey. El teólogo pentecostal canadiense, Vinson Synan comenta:
Con la apertura del campamento en Vineland, Nueva Jersey, el día 17 de julio de 1867, comenzó la cruzada para la santidad moderna. Este puede ser correctamente considerado como el comienzo del movimiento por la santidad moderno en los Estados Unidos. Los que asistieron sintieron unánimemente que esta reunión estaba destinada para “ejercer influencia sobre toda la cristiandad”, así también para “iniciar una nueva era en el metodismo”. Pero estos hombres poco sabían que esta reunión eventualmente daría como resultado la formación de más de cien denominaciones alrededor del mundo y que indirectamente daría luz a la “Tercera Fuerza” de la cristiandad: el movimiento pentecostal.[9]
El énfasis en la santidad creció, lo que originó la formación a la Asociación Nacional de la Santidad, una colectividad de iglesias (Metodistas, Bautistas, Presbiterianos) y otros ministerios dedicados a la realización de campamentos y retiros espirituales. El fundador del Ejército de Salvación, William Booth declaró que la santidad era su doctrina distintiva. Los Cuáqueros también llegaron a afirmar que eran “una iglesia de santidad”. Oradores como Charles G. Finney, A. B. Simpson y Phoebe Palmer atraían a multitudes.
Extremismos y división
Tal como suele pasar muchas veces, el movimiento de santidad metodista-wesleyana eventualmente sufrió el conflicto de polos extremadamente opuestos que debilitaron algo el centro.
Por un lado, hubo quienes concebían a la santidad como una larga lista de mandamientos “no harás”. Evidentemente apostar y consumir alcohol y tabaco eran tenidos por pecado, pero también se prohibieron cosas como: asistir a cualquier evento de música o teatro popular, comer cerdo o mariscos, beber café, usar maquillaje, usar joyas, que un hombre usara corbata, que una mujer vistiera pantalones, y muchas cosas más.
Tampoco faltaron quienes elaboraron doctrinas extra-bíblicas respecto al Espíritu Santo y su obra. Quizás la instancia más llamativa fue la “Iglesia Santidad Bautizada por Fuego”. Fundada en 1898 por Benjamín Irwin, esta enseñaba que no solo había bautismo en el Espíritu Santo, sino “bautismo por fuego, bautismo por dinamita, bautismo por lidita” y otros elementos combustibles y explosivos. Nombró en total a seis bautismos posibles. Declaraba que preferiría anudar una culebra alrededor de su cuello que una corbata. Un año más tarde, Irwin confesó haber cometido “pecado abominable” y abandonó el liderazgo de la pequeña denominación.
La reacción a esta clase de cosas, y al movimiento de santidad en general no se hizo esperar. Pastores y teólogos tanto metodistas como de otras denominaciones comenzaron a levantar la voz, diciendo que se enseñaba una “salvación por obras” y no por gracia. En 1884, el profesor Wilbur F. Tillet, de la Universidad de Vanderbilt acusó a los maestros de la santidad de ser “semi-pelagianos” y que su objetivo era “enseñar a los metodistas que pueden alcanzar la salvación por su propia voluntad”.[10]
El conflicto se agudizó y luego de mucha discusión y polémica, en la Conferencia General de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur de 1894, se aprobó una resolución de condena contra el movimiento de santidad. La mayoría de los pastores y miembros metodistas favorables a la doctrina de la “segunda bendición” prefirieron no abandonar su amada Iglesia Metodista (la denominación evangélica más grande de los Estados Unidos en aquel tiempo), pero otros, convencidos que los hermanos metodistas se habían hecho mundanos y abandonado al Espíritu Santo, salieron para fundar otros grupos.
La Iglesia Metodista, habiéndose distanciado de las enseñanzas wesleyanas sobre la santidad, abrazaron la causa del “evangelio social”. Rechazaron el capitalismo y a lo que llamaban “cristianismo capitalista” buscaron reemplazarlo por un “cristianismo socialista”,[11] tras las enseñanzas de Walter Rauschenbusch, ministro Bautista y profesor en el Seminario Teológico de Rochester, y Washington Gladden, un pastor congregacionalista. Gladden escribió:
La finalidad del cristianismo consiste de dos cosas: un hombre perfecto en una sociedad perfecta. Estos propósitos nunca están separados. No se pueden separar. Ningún hombre solo puede ser salvado y redimido.[12]
La Iglesia Metodista ha permanecido desde entonces comprometida con el “evangelio social”. En 1908 adoptó el “Credo Social de las Iglesias”. Esta separación entre metodistas de creencia supernaturalista y los del evangelio social se produjo a la vez, cuando las teorías de Darwin y la alta crítica bíblica se difundían ampliamente. Hoy la United Methodist Church en Estados Unidos ha eliminado toda restricción contra personas gay y lesbianas para tener membresía, servir como ministros, realizar matrimonios gay y lesbianas, etcétera, en nombre de la “justicia social”.
Nuevas denominaciones
Después de la conferencia general de 1894 y la resolución contraria al movimiento de santidad, en los Estados Unidos se formaron numerosas iglesias y denominaciones nuevas.
En 1895, en Los Ángeles, California, los pastores Phineas Bresee y J. P. Widney fundaron la “Iglesia del Nazareno”, la que eventualmente llegó a establecer la denominación que existe hasta hoy bajo ese mismo nombre, y que enseña la doctrina de “entera santificación”.
Nacieron muchas organizaciones pequeñas con distintos nombres, tales como: “Las Iglesias Pentecostales de América”, “Iglesia Evangélica del Pueblo”, “Iglesia de Santidad Independiente”, “La Iglesia Neotestamentaria de Cristo”, y “La Iglesia del Dios Viviente para la Evangelización del Mundo, la Restauración de Israel y el Nuevo Orden de Cosas al Final del Siglo”, entre otros, todos formados antes del cambio de siglo.[13] La mayoría de estas eventualmente se unieron a otros grupos pentecostales que se fueron formando durante los próximos años tempranos del siglo XX.
Charles Parham (1873-1929)
Así volvemos al punto de inicio de este escrito, la figura de Charles Parham, el “padre del pentecostalismo”. Parham nació en Muscatine, Iowa, Estados Unidos, pero creció en Cheney, Kansas. Fue afligido por diversas enfermedades en su niñez y sufrió la muerte de su madre a los doce años de edad. Su madre había sido una cristiana muy fervorosa y después de su muerte, Charles hizo caso a sus palabras y entregó su vida a Cristo.
A los diecisiete años comenzó a prepararse para el ministerio en Southwest Kansas College. Al cabo de tres años, en 1893 asumió el pastorado de una pequeña iglesia metodista. Abrazó con fuerza la doctrina del movimiento de santidad y en 1895, como tantos otros, dejó la Iglesia Metodista para ministrar de manera independiente.
Se casó con Sarah Thistlethwaite y en 1898 la pareja fundó la Casa de Sanidad Betel en Topeka, Kansas. Comenzó a publicar una revista bi-mensual sobre temas de la santidad titulada La Fe Apostólica. Visitó a varios otros ministerios de santidad en el país, incluso el dirigido por Frank Sandford en Shiloh, Maine. Sandford enfatizaba que pronto vendría una “lluvia tardía”, un gran derramamiento del Espíritu Santo, y que luego vendría la Segunda Venida de Cristo. Brevemente visitó al ministerio “Iglesia Santidad Bautizada por Fuego” de Irwin, pero no le gustaron sus extremismos.
Parham también se interesó mucho al oír informes de personas que habían hablado en lenguas en distintos lugares, incluso en el campo misionero. Se convenció que el hablar en lenguas sería la señal del bautismo en el Espíritu Santo y de equipamiento para la obra misionera.[14]
Volvió a Topeka en septiembre de 1900, arrendó una vieja mansión y abrió las puertas del Instituto Bíblico Betel, con un grupo inicial de treinta y cuatro alumnos. Enseñó las doctrinas de la santidad y encargó a sus alumnos estudiar el libro de Hechos para descubrir todo lo que hay ahí sobre el bautismo en el Espíritu Santo y su evidencia.
Luego de una vigilia de año nuevo, el día 01 de enero de 1901 una alumna, Agnes Ozman fue bautizada en el Espíritu Santo y habló en lenguas. En los días posteriores el mismo Parham y la mayoría de los alumnos tuvieron la misma experiencia. La noticia se difundió y el ministerio de Parham se hizo notorio. Un segundo avivamiento notable se produjo bajo su ministerio en Galena, Kansas en 1903, y desde ahí a otras ciudades cercanas.
William Seymour (1870-1922)
En 1905 Parham fundó otro instituto bíblico y escuela de formación de misioneros, esta vez en Houston, Texas. Entre los estudiantes había un evangelista del movimiento de santidad afro-americano, William Seymour, un hijo de ex-esclavos.
Seymour había vivido desde 1895 en Indianapolis, Indiana, donde era miembro de una iglesia Metodista Episcopal de membresía negra. En 1902 se trasladó a Cincinatti, Ohio, donde entró en contacto con el movimiento “Reformación de la Iglesia de Dios”, la cual esperaba un gran derramamiento del Espíritu Santo como preludio a la Segunda Venida de Cristo.
En 1905, Seymour se trasladó a Houston, Texas, en busca de sus parientes. Ahí se unió a la Iglesia de Santidad pastoreada por Lucy Farrow. En octubre del mismo año, la pastora Farrow fue bautizada en el Espíritu Santo, hablando en otras lenguas bajo el ministerio de Parham. Seymour decidió matricularse en el instituto de Parham. Era un tiempo cuando en el estado de Texas existían aun muchas limitaciones legales para que la gente de raza negra estudiara. Parham resolvió el problema de la prohibición legal contra la admisión de afroamericanos en las clases, haciendo que Seymour corriera su silla al pasillo, en frente de la puerta de la sala, aun abierta, permitiéndole así escuchar y estudiar sin tener complicaciones con la ley.
En 1906, Seymour fue invitado para pastorear una obra nueva en Los Ángeles, California. Parham no quería que se fuera, sino que se quedara colaborando con él. Ante la insistencia de Seymour, Parham accedió, comprándole los pasajes de tren para su viaje. Poco tiempo después de llegar a Los Ángeles, Seymour también fue bautizado en el Espíritu Santo y abrió la Misión de Fe Apostólica en la Calle Azusa, y el resto es historia.
Conclusión
Así podemos apreciar como el movimiento pentecostal moderno no surgió de la nada, sino que fue la culminación de un proceso de maduración de diferentes perspectivas y experiencias vividas durante tiempos de grandes cambios. Que tremendo es ver cómo Dios obra a través del tiempo para formar y preparar a su pueblo para la Venida del Señor y el establecimiento pleno de su Reino.
Bibliografía
[1] Para más información sobre la expansión del pentecostalismo moderno temprano, véase, Jaime Mazurek, “Los avivamientos del temprano siglo xx”. En Conozca – Los avivamientos pentecostales del temprano siglo xx. Conozca, edición 2022-3.
[2] Edith Blumhofer, Restoring the Faith: The Assemblies of God, Pentecostalism, and American Culture. University of Illinois, 1993. p.12.
[3] Blumhofer, 14.
[4] Stanley Burgess y Gary B. McGee. Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements. “Dispensationalism”. Zondervan, 1988.
[5] Los sermones de Juan Wesley, Sermon 128. En Internet. https://wesley.nnu.edu/john-wesley/the-sermons-of-john-wesley-1872-edition/sermon-128-free-grace/?hl=en-US.
[6] Synan, Vinson. The Holiness-Pentecostal Tradition: Charismatic Movements in the Twentieth Century (Function). Kindle Edition.
[7] Idem.
[8] Idem.
[9] Idem.
[10] Idem.
[11] Idem.
[12] Idem.
[13] Idem.
[14] Stanley Burgess y Gary B. McGee. Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements. “Charles Parham”. Zondervan, 1988.





