Por Walter Ray Nutt
Introducción
La primera carta de Juan aborda una pregunta central para la vida cristiana: ¿cómo sabemos si conocemos a Dios? El autor escribe a creyentes que necesitaban seguridad práctica en medio de confusión y conflicto. Por eso afirma: “estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Jn.5:13). En otras palabras, la carta ofrece a sus lectores a vivir con confianza, no con incertidumbre.
Este estudio explica cómo Juan emplea dos voces griegas que se traducen como “conocer” o “saber”: γινώσκω (ginōskō) y οἶδα (oida). Aunque ambas palabras están relacionadas, pueden destacar aspectos diferentes del conocimiento de Dios. La primera, conocer por relación y experiencia (γινώσκω), enfatiza un conocimiento que nace de la relación y la experiencia. La segunda, saber con seguridad (οἶδα), subraya la certeza o un saber firme como lo afirman Carson[i] y Köstenberger[ii]. Estas afirmaciones ayudan a entender la seguridad que Juan desea para sus lectores, fundada en el testimonio apostólico y en la obra de Dios.
Para Juan, conocer a Dios no significa solamente tener la información correcta. También implica vivir en relación con Dios, obedecer sus mandamientos, amar a otras personas y reconocer correctamente quién es Jesús. Por eso, la carta une la fe, la conducta y la seguridad espiritual. La verdad no aparece como una idea abstracta, sino como una realidad que se ve en Jesucristo y se refleja en la vida diaria.
La carta también responde a un problema concreto dentro de la comunidad cristiana. Algunas personas afirmaban conocer a Dios, pero negaban verdades esenciales sobre Jesús y no vivían de acuerdo con el amor y la obediencia que Juan consideraba indispensables (1 Jn.2:4, 22) según Brown[iii] y Van der Merwe[iv]. Por eso, Juan ofrece criterios sencillos para distinguir entre una fe auténtica y una afirmación vacía.
A continuación, se explica esas ideas en un lenguaje fácil de comprensión. Primero, se presenta el significado básico de las dos palabras griegas usadas por Juan. Luego, se muestra cómo el conocimiento de Dios se relaciona con la seguridad, la obediencia, el amor, la verdad acerca de Cristo y la obra del Espíritu Santo.
Dos maneras de hablar sobre conocer y saber:
1. Conocer por relación y experiencia
La palabra γινώσκω puede entenderse como conocer a alguien de manera personal y progresiva. No se trata solo de saber datos o información, sino de entrar en una relación. En 1 Juan, este tipo de conocimiento aparece unido a la obediencia (1 Jn.2:3–5), al amor mutuo (1 Jn.4:7–8) y a la comunión con Dios (1 Jn.4:13). Así que, conocer a Dios significa vivir una relación que transforma la manera de pensar, actuar y tratar a los demás.
2. Saber con seguridad
La palabra οἶδα, por otro lado, suele destacar la idea de saber con firmeza. Juan la usa muchas veces para asegurar a sus lectores que pueden tener confianza en lo que Dios ha hecho y prometido.[v] En lugar de dejar la fe en el terreno de la duda, Juan insiste en que el creyente puede tener una seguridad fundada en el testimonio de Dios.
Por ejemplo, Juan afirma: “sabemos que hemos pasado de muerte a vida” (1 Jn.3:14); “sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado” (1 Jn.5:18); y “sabemos que el Hijo de Dios ha venido” (1 Jn.5:20). Estas expresiones buscan fortalecer a los lectores. Juan no quiere que basen su confianza solo en emociones cambiantes, sino en la obra de Dios, en el mensaje recibido de los apóstoles y en la vida que se manifiesta en quienes pertenecen a Cristo.
Es importante reconocer que no todos los estudiosos trazan una separación estricta entre estas dos palabras. A veces pueden usarse de manera cercana o incluso superpuesta. Sin embargo, la diferencia general entre “conocer por experiencia” y “saber con seguridad” ayuda a leer la carta con más claridad.[vi]
Tenney demuestra el uso de ambas palabras en el evangelio de Juan. La distinción clara en el uso de γινώσκω y οἴδα se nota en pasajes donde ambas palabras son utilizadas juntas. Por ejemplo, en Juan 7:27: “Pero este, sabemos (οἴδαμεν) de dónde es; más cuando venga el Cristo, nadie sabrá (γινῶσκει) de dónde sea”. El primer verbo indica que ellos estaban seguros (οἴδαμεν) del origen de Jesús, pero cuando venga el Mesías nadie estará seguro (γινῶσκει) de su origen.[vii]
Pero, otros pasajes que se relacionan entre creer y conocer son los siguientes: Juan 6:69; 7:17; 8:31–32; 10:14; 10:27; 10:38; y 17:8. Tenney arguye que el consenso de estos pasajes en Juan es que la fe introduce al creyente a una nueva esfera de experiencia en la que empieza a conocer verdad espiritual.[viii]
Dicho de forma sencilla, Juan parece usar estos términos para mostrar dos aspectos de la fe cristiana: conocer a Dios implica una relación viva que crece con el tiempo; y saber lo que Dios ha hecho permite vivir con confianza y seguridad. Estos dos aspectos no se contradicen. Al contrario, se complementan. La fe cristiana, según 1 Juan, es una relación que transforma la vida y, al mismo tiempo, una confianza firme en la revelación de Dios.[ix]
Los temas principales de 1 Juan:
1. Seguridad de la vida eterna
Uno de los propósitos principales de la carta es dar seguridad a los creyentes. Juan quiere que sepan que tienen vida eterna (1 Jn.5:13). Esa seguridad no depende únicamente de los sentimientos personales, sino de la encarnación de Jesús, del testimonio apostólico y del testimonio de Dios mismo (1 Jn.1:1–3; 4:2; 5:9–10; Brown, 1982).
2. Una fe que se ve en la obediencia
Juan enseña que conocer a Dios debe notarse en la conducta. Por eso escribe: “El que dice: ‘Yo le conozco’, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso” (1 Juan 2:4). La obediencia no es presentada como una forma de ganar el amor de Dios, sino como una evidencia de que la relación con Dios es real. Una fe auténtica produce una vida transformada.
3. El amor como señal de conocer a Dios
Para Juan, el amor es una de las señales más claras de que una persona conoce a Dios: “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Jn.4:7–8). Esto significa que el conocimiento de Dios no se queda en la mente; se expresa en la manera en que tratamos a los demás dentro de la comunidad cristiana y fuera de ella.
4. La verdad sobre Jesús
La carta también insiste en que conocer a Dios incluye reconocer correctamente a Jesús. Para Juan, no se puede separar la fe en Dios de la confesión de Jesucristo como el Hijo que vino en carne (1 Jn.4:2). Las enseñanzas que niegan al Hijo muestran un alejamiento del mensaje apostólico (1 Jn.2:22–23). Por eso, el conocimiento verdadero tiene un centro claro: Jesucristo.
5. El papel del Espíritu Santo
Juan también enseña que el Espíritu Santo ayuda a los creyentes a conocer y permanecer en Dios. La carta respalda: “Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado” (1 Jn.3:24). Esto significa que el conocimiento de Dios no depende solo del esfuerzo humano. Es una relación que Dios mismo hace posible por medio de su Espíritu.
6. Una visión completa del conocimiento de Dios
En conjunto, los escritos de Juan muestran que conocer a Dios incluye varias dimensiones: confiar en Jesús, recibir el testimonio del Espíritu, vivir en obediencia, amar a los demás y permanecer en comunión con la comunidad de fe. Esta visión evita dos extremos: reducir la fe a ideas sin vida práctica o convertirla en una experiencia sin verdad clara.
Resumen del argumento
Aunque los términos griegos γινώσκω y οἶδα no siempre se distinguen de manera absoluta, ayudan a ver dos énfasis importantes en 1 Juan. Por un lado, conocer a Dios es vivir una relación que cambia la vida. Por otro lado, saber lo que Dios ha revelado permite vivir con confianza y certeza. La carta une ambos elementos: relación y certeza.
Conclusión
La Primera Carta de Juan presenta una visión sencilla pero profunda del conocimiento de Dios. Conocer a Dios no es solo entender doctrinas ni solo tener una experiencia religiosa. Es vivir en relación con Dios por medio de Jesucristo, recibir la ayuda del Espíritu Santo, amar a los demás y caminar en obediencia. Al mismo tiempo, Juan quiere que los creyentes tengan seguridad: pueden saber que tienen vida eterna porque Dios ha dado testimonio de su Hijo. Por eso, el mensaje de la carta sigue siendo relevante: la fe cristiana une verdad, amor, obediencia y confianza.
Notas bibliográficas
[i] Carson, D. A. (1991). The Gospel according to John. Eerdmans, p.676–677.
[ii] Köstenberger, A. J. (2004). John (Baker Exegetical Commentary on the New Testament). Baker Academic, p.193-194.
[iii] Brown, R. E. (1982). The Epistles of John (Anchor Bible, Vol. 30). Doubleday.
[iv] Van der Merwe, D. G. (2015). 1 John: ‘Effects’ in biblical texts that constitute ‘lived experiences’ in the contemplative reading of those texts. In die Skriflig/In Luce Verbi, 49(2), Article a1930. www.doi.org/10.4102/ids.v49i2.1930
[v] Schnackenburg, R. (1992). The Johannine Epistles: Introduction and commentary. Crossroad.
[vi] Silva, M. (Ed.). (2014). New International Dictionary of New Testament Theology and Exegesis, p.461.
[vii] Tenney, M. C. (1989). John the gospel of belief: An analytical study of the text. W.B. Eerdmans Publishing Co. p.310.
[viii] Íbid, 314.
[ix] Painter, J. (1968). The idea of knowledge in the Johannine gospel and epistles [Doctoral dissertation, Durham University]. Durham E-Theses. www.etheses.durham.ac.uk/id/eprint/7987/
El Dr. Walter Ray Nutt es profesor adjunto de posgrado en la Universidad Global y profesor de Griego Koine en la Universidad Evangélica Boliviana.





