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La expresión de santidad de la iglesia actual

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2025.3

Por Judith Janet Pérez Domínguez

Para manifestar la santidad de Dios al mundo, se necesita ser creíble. Santidad es la experiencia por la cual se nos imparte lo mejor de Dios y nos dispone para hacer lo mejor por Él. La Biblia nos señala que es necesario para cumplir con nuestro llamado, pero también es el requisito divino para llegar a la eternidad.

La cultura de este siglo ha modificado muchos aspectos de nuestra vida; y la era digital ha sido el medio para lograrlo. Un replanteamiento de la vida y de los nuevos significados culturales son el resultado de los contenidos vertidos a través de las redes sociales. Estos contenidos vienen con una sobre carga de filosofías humanistas, ideológicas, sociales y políticas que nada tiene que ver con los principios de Dios. Pero el peligro más latente al que se enfrentan algunas comunidades cristianas en el mundo es la prohibición de todo tipo de expresión religiosa. Ante una “gobernanza global” como le llama el politólogo Agustín Laje busca la manera de que quienes creen en Dios dejen de creer o en su caso lo hagan desde lo secreto, en lo oculto (Laje, 2024). Por ende, todo acto, palabra, o idea que exprese fe y santidad se toma para burla, odio, rechazo o aún para muerte.

Obstáculos que impiden expresar la santidad

La falta de discernimiento, la ignorancia, las presiones sociales y el miedo al rechazo son solo algunas razones que impiden expresar la santidad. Sin embrago, la Biblia va mucho más en profundidad. La santidad consiste en una semejanza a Cristo; implica obtener su sentir, que sea formado en nosotros, ser transformados por medio de Él. Dentro del corazón santo hay un deseo y afinidad con todo lo que Cristo es y la disposición a la voluntad de Dios, aún en medio de la cultura actual. Por lo tanto, el verdadero enemigo no está en el ambiente, el verdadero problema está en el corazón pecaminoso del ser humano (Taylor, 1974). La primer expresión de santidad está en el interior del hombre, en su carácter, su alma, su espíritu, mente y corazón.

En el evangelio de San Juan (Jn.17:15-18), Jesús expresa una oración final, con verdades profundas acerca de su voluntad para con los discípulos. En esta oración de intercesión reuga a Dios por algunas peticiones:

1. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (vs.15). La petición de Jesús al Padre no es que sean removidos de este mundo, sino que estuviesen protegidos de los peligros de Satanás y sus artimañas. No pedía que fueran quitados, sino afirmados a través del cuidado y protección divina. Rodolfo H. Blank declara: “La comunidad cristiana tiene que permanecer en el mundo precisamente porque ha sido llamada para llevar a cabo una misión en él” (Blank, 1999, p. 497). Probablemente muchos desean ser quitados de esta cultura del mundo, pero el deseo de Jesús es que permanezcamos para cumplir con nuestra misión. Si existe algún lugar donde se deba expresar nuestra fe y santidad es en este mundo, no en otro.

2. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo(vs. 16). Jesús, hace una declaración profunda, sobre la pertenencia que es vista como una paradoja difícil de entender, pero efectiva. Salvador Carrillo dice: “Esta paradoja provoca y provocará siempre el odio del mundo contra Jesús y los suyos” (Alday, 1982, p. 365). Es decir, estamos, pero no pertenecemos al mundo y por tal razón seremos odiados. No participamos de las tendencias de este mundo; Ideologías, políticas, culturales. Saber que no somos residentes de este mundo evitará un amoldamiento y conformismo espiritual, un estilo de vida para el cual no fuimos llamados.

3. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (v.17): repasemos a continuación las siguientes palabras:

Santificar: es separar algo para Dios, siempre en un contexto de misión. Guillermo Hendriksen manifiesta: “Santificar significa apartar del mundo por medio de una efectiva santificación de la vida, de modo que, de mente y corazón, de pensamiento, palabras, y obras, uno comience a vivir cada vez más y más de acuerdo con la ley de Dios” (Hendriksen, 1981, p. 633). Es decir, que esta santificación solo ocurre si toda la personalidad desea ser gobernada por Jesús.

Verdad: Juan escribe que en Jesús está la verdad y que él es la verdad. Esta verdad se encarna en Cristo, y solo en él. Por ende, Cristo es la revelación redentora de Dios y es puesto como la norma máxima de vida. Si es el referente y ejemplo de vida consagrada es necesario que se acuda a la verdad y vivamos como Él lo hizo cuando estuvo en la tierra.

Palabra: la Palabra del Padre es Cristo, su hijo (Jn.1:1). La Palabra que es espíritu y vida (Jn.6:63) y sirve para engendrar la fe, para mantenerla, esclarecerla y profundizarla. Comunicar “la palabra” debe constituir el ideal de cada creyente (Ro.10:14, Heb.2,2-4)

4. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo (vs.18).Quien envió a Cristo al mundo fue Dios, así también Cristo envía a sus discípulos al mundo para cumplir la misión. La misión del Hijo fue manifestar y revelar el amor del Padre y salvar al mundo. En Jesús no solo somos consagrados sino también enviados por él a la misión a la que fuimos llamados.

¿Cuáles son las expresiones de santidad que actualmente la iglesia debe manifestar al mundo? De los muchas expresiones, en este artículo, solo se mencionan tres:

Pertenencia: tiene que ver con quien se tiene una filiación, identidad y unidad. La iglesia debe estar consciente que pertenecemos a un orden superior, a una esfera divina, nos desprendemos del mundo para que Cristo obtenga el dominio total. Romanos 12:1 dice” No conforméis a este siglo…”. Es decir, que no nos amoldemos a las normas y modas de este mundo. Richard S. Taylor dice: “Un cristiano moldeado por el mundo es esclavo del mundo y, por ende, no ha experimentado el poder emancipador del Espíritu Santo” (Taylor, 1974). Por lo tanto, nuestras costumbres son modificadas, nuestra individualidad es enriquecida, nuestro carácter afirmado, nuestra mente renovada, y todo por el Espíritu Santo. Nos convertimos en personas genuinas interiormente porque estamos identificados con Cristo.

Propósito: es saber por qué estamos aquí y hacia dónde vamos. La eternidad es la meta, pero mientras llegamos al destino final la Iglesia debe estar ejercitada en servir. La misión que Jesús les dio a sus discípulos en Juan 17:17 es la misma que demanda hoy a Su iglesia. Servir a Dios es la forma en la que expresamos la razón para lo cual fuimos creados. La santidad nos da propósito. La iglesia deberá buscar constante y fervientemente al Espíritu Santo pues es él quien estimula a una consagración firme, al servicio a Dios. El cristiano tiene un propósito que es servir y la meta es estar con Cristo en la eternidad. La manera de expresar santidad en estos tiempos es superándose en la tarea asignada; una vida ocupada en servir manifiesta nuestra vocación y devoción.

Pureza: la expresión más importante de la Santidad es ser íntegros. En medio de una cultura corrupta los creyentes deben expresar la pureza de sus corazones. Apartarse del mal y buscar la limpieza que da el poder del Espíritu Santo. Cuando la iglesia se siente cómoda dentro de una cultura maligna ha dejado de ser relevante pura. No somos super humanos, pero si somos humanos restaurados porque hemos sido santificados por la Palabra de Verdad.

Jesús nos insta a vivir de manera integra porque es la forma de decirle al mundo que él es la Verdad. Fuimos llamados para manifestar pureza desde nuestro corazón y extérnala en acciones de piedad y justicia a la humanidad. Primera de Tesalonicenses 4:7 dice: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación”, la encomienda para nosotros, su iglesia. Ser santos porque Dios es santo, ser íntegros porque el es integro, ser puros porque él es la manifestación y fuente de toda pureza. La Palabra, que es la verdad, es la revelación divina interiorizada mediante la acción de Espíritu Santo.

Conclusión

¿Dónde debemos expresar la santidad? En todo lugar, en todo tiempo y en toda circunstancia, es decir la vida diaria. El mundo es donde se prueba nuestra fe y sometimiento a Dios. Por medio de Cristo somos transformados y se nos otorga una vida de santidad. Esa santidad se convierte en el parámetro para evaluar que tanto la cultura beneficia o fortalece mi fe o en su caso que tanto afecta mi pertenencia, propósito y pureza en él. No solo fuimos consagrados para el a sus propósitos eternos, sino que también fuimos enviados por él al mundo y que éste le conozca. La iglesia tiene un gran desafió en el siglo XXI, consiste en que mediante vida y testimonio anunciemos (mostrar, revelar, expresar, encarnar) a Cristo e un mundo esclavizado por Satanás. Lo maravilloso en todo esto es que en su perfecto amor nos asigna como iglesia a ser referentes y portadora de su gracia.

Si la iglesia no ha entendido su misión muy difícilmente manifestará a Cristo en la vida diaria. La santidad es tener conciencia de quien nos llamó y lo que espera de nosotros. Hacer la voluntad de Dios siempre será benéfico para nuestra vida y salvará a muchos. El Espíritu Santo se encarga de habitar en nosotros para darnos la fuerza indispensable para transformar la cultura a través de la santidad. Los que están llenos del Espíritu Santo tendrán la capacidad de expresar, conforme a la verdad, la santidad de Cristo a la cual fuimos llamados. Somos creíbles al mundo cuando vivimos lo que predicamos.

Bibliografía

Laje, A. (2024). Globalismo, Ingienria social y control total en el siglo XXI. Nashville, Tennessee, EUA: Harper Enfoque.

Taylor, R. S. (1974). Cultura y Cristianismo. Mana Ministerial, 30-35.

Blank, R. H. (1999). El Evangelio según San Juan. St. Louis, MO: Editorial Concordia.

Alday, S. C. (1982). Evangelio de Juan. Mexico D.F: Editorial Neyma.

Hendriksen, G. (1981). El Evangelio Según San Juan, Comentario del Nuevo Testamento. Grand Rapids, Michigan: Iglesia Cristiana Reformada.

 

Judith Janet Pérez Domínguez


 

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