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David Grams en el camino de mi vida

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2021.3

Por Cleto Perez M.

 

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¡Señor Dios Todopoderoso, 
bendito seas por poner a tu siervo M. David Grams en el camino de mi vida! 
¡Bendice a la familia Grams!

A inicios del año 1986, recibí una carta del ISUM Internacional. Cuando abrí el sobre, la misiva era una invitación para enseñar en el ISUM y estaba firmada por el misionero David Grams.
Jamás anhelé ni esperé participar en el ministerio del ISUM como profesor. La sorpresa fue tal que me dejó aturdido. No sabía cómo desenvolverme como profesor a ese nivel. Yo, un joven aymara, aún la desventaja y el perjuicio socio-cultural me arrullaban.

Primero, porque mis antepasados y mis padres estuvieron sometidos a dura servidumbre de los patrones de la hacienda Taypillanga por cerca de 200 años. De modo que todos ellos fueron analfabetos y monolingües aymaras. En ese ambiente socio-cultural nací y crecí en el altiplano paceño de Bolivia. A pesar de la Revolución de 1952, los comunarios seguían trabajando para el patrón.

Segundo, porque cuando acompañaba a mi padre al trabajo de la hacienda, en el camino, él me repetía: “Hijo, sólo la educación nos ha de liberar de esta servidumbre”. Pero no había escuela en las comunidades para los indígenas. Fue así que, en 1962, mi progenitor me envió a la escuela del pueblo de Sica Sica, provincia Aroma de La Paz. Allí escuché el evangelio y me convertí a Cristo por el ministerio del pastor Andrés Condori y este pastor, fue fruto de la labor misionera de David Grams.

Hasta ese momento, no tuve la oportunidad de conocer en persona al misionero Grams. Sin embargo, al regresar a mi aldea, corría la voz de que el misionero David Grams había llegado para visitar a los creyentes de Bolivia.

Tercero, porque no pude continuar con mi educación humanística. Quedó truncada por el hándicap lingüístico, económico, social, cultural. El anhelo de mi progenitor, que su prole alcanzara la formación esperada, parecía esfumarse para siempre. ¡Qué difícil es entender el plan de Dios!

A pesar de las dificultades y motivaciones frustradas, en 1968 inicié el ministerio. Fui estudiante en el Instituto Bíblico de General Pando, en la gélida provincia altiplánica de Pacajes. Me gradué en el Instituto Bíblico Nocturno de la ciudad de La Paz. Ambos centros de Educación cristiana fueron establecidos por el misionero Grams.

Conocí personalmente al misionero David Grams en Lima, Perú, en el año 1973 al participar en el Seminario del ISUM. En la misma ciudad, me gradué del ISUM en 1977.

El misionero Grams fue mi profesor en los tres Seminarios del ISUM. Me impactó la didáctica que manejaba, el dominio de la clase, la empatía con los estudiantes, el orden y la disciplina. El ISUM revolucionó mi vida y ministerio.

El profesor Grams se amanecía preparando las clases, revisando y corrigiendo exámenes y tareas. En uno de los Seminarios, había cerca de ochenta ISUMistas en la clase. Además, dictó dos asignaturas al mismo tiempo. ¡Un hombre dedicado al ministerio de la enseñanza!
El misionero Grams, me orientó, guio y me dio confianza para servir al Señor y a sus siervos, los ISUMistas como profesor. Fuimos compañeros de cuarto en algunos Seminarios. A la llegada a un Seminario, en un folder, siempre había un mapa de la ciudad marcado con un resaltador los lugares de importancia.

 

Con el misionero Grams todo el tiempo fueron momentos de enseñanza-aprendizaje. Cuando salíamos a caminar, visitar museos, ir a una ópera, comer en un restaurante, tomar helado, recorrer mercados, tomar un transporte público para conocer la ciudad y su gente. Su amistad y compañerismo enriquecieron mi vida. Me decía “jilata”, en aymara significa “hermano”. En más de una ocasión me dijo: “Jilata, necesito tu consejo”.

Gracias por ser parte del ministerio del ISUM por la invitación del misionero Grams, conocí ministros (misioneros y latinos) e iglesias en mi recorrido con el ISUM. Los viajes de México hasta Chile y viceversa. Los aeropuertos y las esperas en los aeropuertos, fueron y son experiencias magistrales de un gran siervo de Dios. Toda esa vivencia ha ensanchado y enriquecido mi vida, visión y ministerio.

Una vez ISUMista, ¡siempre ISUMista!

Cleto Pérez M.


 

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