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Reseña de la vida y obra de Roberto Brenes

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2022.2

Por Rodolfo Sáenz Salas

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Conocí a Roberto Brenes en el año 1981, en la ciudad de Desamparados, aquí en San José Costa Rica.  Hijo mayor de su familia, le seguía su hermano, Víctor; quien también ya está con el Señor, y su hermana Rosita quien junto a su esposo vive aquí en Costa Rica.

Su nombre fue igual al de su Padre: Roberto Brenes, quien se ausentó de la familia cuando el niño Roberto tendría unos nueve años.  La separación y ausencia de su padre fue algo muy difícil para él. De ahí en adelante sentía la responsabilidad de proteger a su familia, pues era el mayor.

En ese tiempo estaba iniciando la Iglesia Asambleas de Dios en la ciudad de Desamparados, con una gran campaña de sanidad divina. La madre de Roberto, Doña Aracely, quien trabajaba en un laboratorio, oyó de la campaña y comenzó a asistir llevando a sus tres hijos, y así la iglesia llego a ser el soporte más importante para toda la familia.

El tiempo pasaba y Roberto crecía.  Aquel adolecente lleno de energía, talentoso y servicial, se sentía feliz, estaba haciendo nuevos amigos, Siempre se ofrecía como voluntario para colaborar en lo que fuera.  Trabajaba con los niños de la Iglesia.  Participaba en las escuelas de verano para niños y después se integró a trabajar con los jóvenes.  Siempre era invitado a integrar las comisiones de trabajo donde su dinamismo era evidente. Sabía como resolver problemas y animar a todos. Tenía una actitud positiva y contagiosa; se relacionaba con personas de todas las edades en la Iglesia.

A Roberto le encanaba participar en los campamentos de verano. Todos los años durante la última semana de diciembre se realizaba el campamento nacional de jóvenes, en San Luis de Buenos Aires, Puntarenas, donde llegaban jóvenes de todo el País. Siendo líder de los jóvenes de la iglesia en Desamparados, Roberto animaba a todos los jóvenes posibles a ir al campamento. Junto a los demás directivos, planeaba diversas actividades para generar fondos con el fin de ayudar a los que no tenían el dinero para el campamento. Le gustaba participar en todas las actividades, pero principalmente organizar su equipo para competir. Nunca pensaba en perder; Roberto siempre apuntaba a ganar.

Ese jovencito extrovertido y muy amigable disfrutaba bañarse en el rio, pero lo que más lo atraía eran los cultos en las noches. En esos campamentos todas las noches se hacía el llamado al servicio en el ministerio, siempre se cantaba: “Puedo oír su voz llamando, quien ira quien ira, quien ira, oh Señor envíame a mí, úsame o moriré, tuyo soy, solo tuyo soy”; y Roberto era uno de los primeros en pasar al altar diciendo, “Señor, aquí estoy listo para servirte”. Creo que fue ahí donde el tuvo claridad de su llamado al ministerio.

Roberto era un excelente estudiante, tendría un futuro brillante, pero sobre todo en su corazón ardía un fuego, un gran deseo de servir al Señor. El colegio donde estudiaba la secundaria, estaba ubicado detrás de la propiedad de la Iglesia; por lo que durante los recreos Roberto se venía para el templo y aunque estuviera cerrado, se sentaba al lado, oraba, cantaba, lloraba, pues ahí se sentía feliz.

Concluyó sus estudios seculares y encontró un buen trabajo en el Instituto Nacional de Seguros, (INS) una institución de mucho prestigio. Su madre estaba feliz, al ver a su hijo trabajando como un buen profesional. Pero Roberto le decía: “¨Yo tengo un llamado para servir al Señor.”

Un día Roberto me pidió que lo visitara para que conociera el lugar donde trabajaba.  En el día señalado llegue a su oficina, y ahí estaba Roberto, un joven apuesto, elegante, inteligente, responsables, en una linda oficina, donde ya estaba ganando buen dinero. Pero ese día, en esa oficina me dijo: “Esto no es lo que yo deseo para mi vida, mi gran anhelo es servir a mi Señor.”  Estaba claro, él sabía lo que quería, entendía que Dios lo había llamado.

Mientras trabajaba, inicio sus estudios en el Instituto Bíblico, donde siempre fue un alumno y compañero destacado, y a la vez seguía sirviendo en la Iglesia y en otras puertas que el Señor habría. No pasaría mucho tiempo para que dejara ese trabajo y comenzara su aventura en el ministerio. Viajo a algunos Países, uno de esos fue Venezuela, le gustó mucho ese viaje, cuando regreso me trajo como regalo, el escudo de Venezuela, que aún lo conservo.

Viajó a Guatemala donde lo esperaba una familia amiga: David y Eida flores, quienes lo acogieron con mucho amor. Como joven soltero convivió con ellos por un tiempo y después se independizó.

Ya ubicado en Guatemala, Roberto continuó sus estudios teológicos, y a la vez desarrolló un trabajo secular que le permitió sostenerse para seguir preparándose y también sirviendo al Señor. Inició sus estudios en el Instituto de Superación Ministerial (ISUM), los continuó hasta graduarse.

El liderazgo de las Asambleas de Dios en Guatemala vio el potencial que había en él y le abrieron puertas para que desarrollara su ministerio, especialmente en el área misionera. Recorría las Iglesias impulsando la visión misionera hacia el mundo no alcanzado con el evangelio. Era una tarea dura, pues en ese momento se sentía poco entusiasmo misionero en los pastores. Pero Roberto se esforzaba para persuadirles.

Roberto soñaba con formar una familia, a quien él podría amar y proteger. El momento llegó cuando conoció a Verónica Paz.  Se dio cuenta que era la persona que Dios le tenía para compartir la vida.  Iniciaron una relación de noviazgo, se comprometieron, y el 14 de diciembre de 1994 formaron su hogar.  Luego el Señor le bendijo con dos preciosas hijas, Melissa y Carla Rebeca, quienes juntamente con su esposa Verónica fueron el gran amor de su vida.

La familia Brenes, aprox. 2013.

;Roberto tenía una gran capacidad adaptativa, se ajustó a la cultura guatemalteca. Supo relacionarse con los ejecutivos, líderes y pastores de ese país. Dios le abrió puertas en varias áreas de servicio, pero especialmente en las misiones y en la enseñanza.

Siempre hablaba de la Escuela de Misiones, sus alumnos, las materias, los maestros, y la visión de que Guatemala fuera una fuerza misionera al mundo.

Un día recibí la noticia de que Roberto era un colaborador de ISUM, como me alegré de esa noticia. Se destacó como un profesor que ama a sus alumnos, su empatía era evidente donde quiera que estaba. Fue invitado a ser parte de la junta administrativa de ISUM donde tuvo la oportunidad de relacionarse con muchos líderes, ejecutivos, y educadores de América Latina, y también hizo grandes aportes en la formación de los ministros llamados por Dios.

Desde su salida al campo misionero, Roberto siempre mantuvo una comunicación abierta, respetuosa, responsable, siempre rindiendo informes como se le pidiera, todo el tiempo con una buena actitud para tomar consejo y compartir las experiencias en el campo de trabajo. Cuando se le pedía el parecer en algún aspecto, con humildad aportaba ideas que servían para   alcanzar mayor efectividad. Fue un ejemplo de trasparencia y fidelidad.

Amaba su tierra natal. Cada vez que venía a Costa Rica o nos encontrábamos en alguna actividad Internacional, siempre teníamos un rato juntos, él hablaba con mucha satisfacción de su vida en familia, se deleitaba contando historias de sus hijas y de la gran esposa a quien amaba de todo corazón.  Y claro, también compartía con mucho entusiasmo de sus distintas funciones en el ministerio.

Roberto era amigo de todos, aun cuando vivía en Guatemala, cada año tenía más amigos en Costa Rica. Muchos de ellos eran sus alumnos de ISUM. Siempre al venir al país tenía un plan para salir con unos y otros a visitar lugares diferentes o a tomar café. Disfrutaba visitar a las iglesias, hablar y comer con las familias pastorales.

Un gran posibilista, nada lo detenía.  Cuando algo de Dios ardía en su corazón, luchaba con todas sus fuerzas. Sabía que Dios no lo abandonaría; se esforzaba y lograba su objetivo.

Tenía un corazón generoso; siempre daba lo mejor de sí.  Todos los que lo conocimos tenemos gratos recuerdos de los momentos que compartimos. Siempre amable y respetuoso, sabía cómo hacer agradable el rato con los que compartía.

En los últimos años sufrió un quebranto en su salud. Aun así, no detuvo su ímpetu de servir al Señor. Se notaba más delgado, un poco cansado, pero siempre optimista, sonriente, chistoso, amable, esforzado.

En mayo del presente, Roberto realizó su último viaje a su país de origen, Costa Rica. Fue para dirigir su último seminario de ISUM. El no lo sabía, pero Dios había dispuesto llevarlo a su presencia desde la tierra que lo vio nacer. En plena marcha del seminario, el agotamiento lo obligó a buscar ayuda médica. Su esposa Verónica y su hijas vinieron a acompañarlo unos días y se regresaron a Guatemala. Los exámenes continuaron y los médicos declaraban serios problemas en los órganos vitales de su cuerpo. Después de tantos exámenes se sintió muy maltratado. Deseaba regresar a Guatemala para estar con su familia, pero ya no era posible, se sentía muy enfermo. Al darse cuenta de su estado terminal dijo: “Tengo paz.  Estoy en las manos de mi Señor. Todo está bien.”

El 4 de julio del 2022 Roberto partió a la presencia del Señor a quien sirvió. Los brazos del Señor le recibieron, dejando un gran legado a todos los que lo conocimos, y un vacío en su querida esposa Verónica, en sus dos hijas Melissa y Carla Rebeca, en la Escuela de Misiones en Guatemala, y en ISUM Internacional.

Hasta pronto Roberto. Llegaste al final de la carrera. Fuiste fiel en lo que el Señor te encomendó. Será el Señor quien te dará la corona de justicia.

 

 

 

Rodolfo Sáenz Salas


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Patricia Herrera

    Gracias Pastor Rodolfo.
    Así tal cual lo describe, así recordamos a Roberto.
    Damos gracias al Señor por el privilegio que nos dio de ser parte de la historia de sus obras maravillosas en las naciones!

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