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Resolución de conflictos en la iglesia

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2024.3

Por Jorge Canto

“¿Andarán dos juntos,  si no estuvieren de acuerdo?” Amós 3:3

Desde bien temprano en la historia Adán tuvo que tomar una decisión como líder al enfrentar un conflicto, miró a su mujer, Eva, que había comido del fruto prohibido, de quien la Biblia claramente dice que fue engañada, pero no su esposo (1 Ti.2:14) y dar así un derrotero a la humanidad que aun hoy se continúa pagando. Desde entonces el manejo de crisis manifiesta el temple, el amor, la experiencia y las habilidades del líder de la iglesia en el desempeño de su toma de decisiones, es decir, nos indica en qué cree, qué tan preparado está y de qué está hecho en realidad.

El conflicto, en general, emerge cuando el carácter se confronta con los desacuerdos, las diferencias, los disgustos, la perspectiva, en una situación que no está en el rumbo o preferencia de una de las partes, en este caso entre el líder o  del seguidor. El líder alfa (como muchos les dicen hoy) se enfrenta con los líderes beta, o el pastor con su Cuerpo Ejecutivo. Para cada uno de los lados las decisiones forman un camino que no se considera como “correcto”. Aunque muchas veces todo puede deberse a una simple cuestión de comunicación ya existe entonces una situación de enfrentamiento.

En a Iglesia Primita se observa también que hubo conflictos, y eso que todavía vivían los apóstoles.  Habían muchos milagros, el crecimiento era galopante y había un amor tan grande que todo lo tenían en común; aún así, la iglesia tuvo sus primeros problemas: En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria (Hch.6:1).

Además, El apóstol Pablo tuvo que poner orden en Corintio, pues había un conflicto de divisionismo: Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? (1 Co.1:11-13)

En todos estos conflictos podemos notar que alguna de las partes parece decir “no estoy de acuerdo”

Algo que hay que notar es que un conflicto puede ser motivo de crecimeinto si se trata con sabiduría, sin embargo, si se desborda, o evoluciona, es decir, crece desmedidamente puede amenazar a cualquier congregación, sea grande o pequeña, en tal caso el conflicto:

Se personaliza: creemos o sentimos que nos afecta personalmente.

Se desborda: cuando la disputa trasciende a la comunidad, la gente toma partido o se aleja para no involucrarse.

Se politiza: al fallar todo intento de solución el conflicto se hace público, aparecen en redes sociales o a través del chisme y las autoridades mayores intervienen.

Consciente de ello, el pastor debe saber qué hacer y no temer ante la situación que está frente a él. Por lo tanto, el conflicto puede ser negativo o positivo, es decir, si el guía es sabio y tiene pericia, cualquier conflicto será aprovechado para el bien. Por lo contrario, la falta de idoneidad y de sabiduría hará que el conflicto termine en desastre o cuando menos con daños fuertes. En todo caso, el conflicto debe mirarse siempre como algo natural de un organismo vivo que crece, y que surge en cualquier conglomerado humano y el enfrentarlo será un ejercicio cotidiano que potencializará las partes, siempre y cuando se termine bien.

Para solucionar un conflicto en la iglesia se requiere sabiduría, amor y disposición a escuchar a la otra parte. Es bueno tener un árbitro, alguien como el pastor o un hermano sabio quien medie y permita el intercambio de opiniones, pero, antes de esto se debe evitar a todoa costa lo que se conoce como “contaminantes del conflicto”:

Contaminantes del conflicto

Existen varios factores que pueden ensuciar más una situación de conflicto y que se deben aprender a manejar para poder resolver con mayor prontitud las crisis que se tienen o se avecinan. Conocerlas nos permitirán evitarlas.

Negativismo: no, no se puede; no quiero; no hablaré con él; no cederé.

Expectativas irrealistas: ahora mismo, lo más pronto posible, cuando yo diga.

Comunicación deficiente: siempre es mejor hablar cara a cara, en un punto neutral con excelente acústica e iluminación, con los puntos claros sobre la mesa.

“Estresores” personales: conflictos en casa, enfermedades, problemas económicos.

Falta de apoyo y confianza: nadie parece interesarle, nadie cree en el otro.

Síndrome de “a mi manera”: “se resuelve el conflicto si yo lo digo”; “como yo lo digo”, “tengo tantos años en esto que deben simplemente hacer lo que yo diga…”.

Síndrome del “salvador” o “síndrome del mesías”: solo yo lo puedo resolver, solo él tiene la sabiduría.

Evitar las divisiones

Un enemigo declarado del crecimiento sano de las iglesias es la división. Las divisiones afectan a casi cualquier familia en el mundo. Especialmente se dan características de cismáticas en tiempos de crisis que se deben evitar. Además es importante notar que no todo tiempo de crisis redunda en la fragmentación de un pueblo,  muchas veces esta une a una iglesia.

Como líderes visionarios y amorosos, responsables de la grey de Dios debemos atender algunos factores que pudieran determinar divisiones y estar alertas a ellas:

Cuando la congregación viene de un origen cismático podría tender a repetir el ciclo tarde o temprano

Cuando el líder viene de un origen cismático, puede inclinarse a repetir el ciclo en cualquier momento.

Cuando se descuida el vínculo del líder de alto rango con los líderes de rango medio. Si usted deja el contacto con líderes de área en algún momento el líder puede sentirse olvidado y no tomado en cuenta. Tal sensación se transmite a su gente y eventualmente puede formar un malestar que pudiera concluir en una división.

Cuando un grupo o un líder deja de dar informes. Si al pedirles sus informes el grupo o el líder rechazan la petición, deben ser atendidos para solventar toda molestia. Si se les arremete o sanciona se incrementará el malestar y la actitud separatista.

Cuando se invita a líderes ajenos a la organización o iglesia para ministrar sin la autorización o consentimiento de la iglesia o pastor. La primera vez puede deberse a un error de comunicación o inexperiencia, la segunda vez después de la corrección es rebeldía.  Tome cartas en el asunto antes de que se produzca un amotinamiento.

Cuando un grupo o un líder de rango medio celebra sin autorización o en secreto actividades simultáneas y paralelas a las de la iglesia madre. Si un grupo celebra actividades paralelas a las de la iglesia madre pueden dar señales de tener planes propios. Hay que estar pendientes.

Cuando el líder a cargo de un grupo prefiere la consejería o mentoría de un ministro fuera de su propio núcleo eclesial. Esta es una actitud que demuestra un desligamiento de su casa, de su hogar.

Cuando se ataca al líder medio en público. Si constantemente un líder superior ataca a sus subalternos ante su gente, terminará haciendo parecer una víctima al ofendido y alejará de sí a gente buena y sincera. No haga mártires, sea honesto, si necesita hablar con alguien hágalo en privado.

La Biblia nos habla de un tal Diótrefes, que hablaba mal de los líderes, le gustaba imponerse a la autoridad establecida, y expulsaba a los que sí querían trabaja: He escrito algunas líneas a la iglesia, pero Diótrefes, a quien le encanta ser el primero entre ellos, no nos recibe. Por eso, si voy no dejaré de reprocharle su comportamiento, ya que, con palabras malintencionadas,    habla contra nosotros sólo por hablar. Como si fuera poco, ni siquiera recibe a los hermanos, y a quienes quieren hacerlo, no los deja y los expulsa (3 Jn. 1:9).

Diótrefes ahuyentaba a los que querían apoyar a Juan, estorbaba la obra de Juan, e incluso expulsaba a todos los que se le oponían. Además no solo expulsaba a la gente creativa, también expulsaba a las ideas, a las propuestas, a las innovaciones. ¿Qué hacer con los Diótrefes de hoy en día en la congregación? Debemos apartarlos de la influencia que tienen sobre otros, confrontarlos y ubicarlos en el lugar que verdaderamente se merecen. No lo olvide.

Negociación y acuerdo

Dijo Akiro Moorita, ex primer ministro japonés: “Los negocios son la guerra”, y en el mundo secular esto puede ser verdad. Sin embargo, en la iglesia del Señor se debe desarrollar como en ningún otro grupo, el arte de la negociación, es decir, cuando surge una crisis o conflicto el líder debe aprender a lograr pasar de un no a un sí en el nombre del Señor.

En las negociaciones a veces se pierde, a veces se gana, a veces pierden todos. Lo mejor, en el camino del Señor es que todos ganen. Es decir, que al final el beneficio sea para cada una de sus partes. Así que aprendamos a negociar con honestidad y con eficiencia. Entonces la negociación puede desarrollarse del siguiente modo:

Procure conducir hacia un acuerdo sabio y prudente.

Sea eficiente.

Mejore o, al menos, no dañe la relación existente entre las partes.

Separe, es decir, no involucre a la persona con la que negocia con el problema en sí, de lo contrarioen vez de resolver un conflicto luchará contra un individuo, con los amigos del individuo, con la familia del individuo, con la iglesia del individuo, así ad infinitum.

Sacrifique su personalidad, no se trata de que “yo” gane o pierda.

Busque un método eficiente de comunicación. El lugar, el día, la hora, los testigos ayudarán o perjudicarán en el conflicto.

Buen tono de voz. No grite, no sea sarcástico, tenga un tono de voz conciliatorio y siempre sazonado con sal (Col. 4:6).

Busque soluciones creativas. Quizá nuestra postura no sea la correcta, quizá la del otro tampoco. Si colaboramos pudiéramos encontrar que todos ganen.

Sea honesto. La honestidad habla por sí sola. Si alguna de las partes cree que se le engaña, difícilmente se llegará a un conflicto. Además, el honesto tiene más peso a la hora de negociar en un conflicto.

Cumpla su palabra. Si llega a un punto de conciliación debe cumplir su parte, independientemente si eso lo lesiona o si la otra parte, aparentemente, ganó, recuerde que el que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia (Sal 15:4).

Pida consejo a gente sabia. La opinión de gente madura y piadosa beneficia; sin dirección, la nación fracasa; el éxito depende de los muchos consejeros (Pr.11:14, Biblia al día).

Aprender a vivir frente a conflictos es mejor que esconder la cabeza como avestruz. La Biblia nos muestra que debemos tener hombres fieles que tengan la calidad necesaria, que sean capaces de instruir a otros con personalidad, con carácter (1 Ti.2:2). Los conflictos nos modelan y prueban de qué estamos hechos realmente. Desde que existen hombres siempre habrá que solventar situaciones de crisis, reducir conflictos, solucionar problemas. Todo para la gloria de Dios y de su Reino.

Jorge Canto


 

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