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Editorial: Los Hemingway no le daban importancia a la profesión de escritor

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1985.2

Por Floyd Woodworth

 

El Premio Nóbel de literatura, Ernesto Hemingway, autor de El viejo y el mar, nunca alcanzó el honor que más deseaba: el reconocimiento de sus padres. Ellos, debido a que eran evangélicos muy estrictos y firmes en la fe, se habían entristecido por el alejamiento de su hijo renuente que otrora había sido presidente de los jóvenes de la iglesia. Su mamá lo reprendía fuertemente por el realismo crudo de sus cuentos y novelas. Su papá ‑el ser a quien más amaba el novelista ‑lo consideraba un pecador holgazán que escribía para evadir el trabajo.

 

Parece que los Hemingway no estaban solos en los círculos evangélicos estadounidenses de principios de siglo. A los evangelistas se les concedía gran valor. Los pastores eran considerados como parte indispensable del reino. Pero, ¿un escritor?… ¿para qué sirve?

 

¿Qué tan diferente será el concepto de los evangélicos latinoamericanos de fines del mismo siglo? En la mente popular, ¿quién es más grande en el reino, un hacedor de milagros o un escritor? Si un movimiento se levantara para acabar con todos los pastores, ¿qué actitud tomaría el pueblo de Dios de los países latinoamericanos? Y si algunos propusieran la erradicación de todos los escritores, ¿cuántos defensores podrían reunir los que esgrimen la pluma entre la gente del Libro?

 

Parece mentira que mientras que en el mundo entero los latinoamericanos se destacan por sus escritores, entre el pueblo evangélico de los mismos países se encuentren tan pocos autores destacados. Pocas iglesias cuentan con una biblioteca. Los editores de revistas evangélicas se quejan del poco respaldo que reciben. Las clases de gramática, literatura, redacción y periodismo se celebran con menos entusiasmo que las campañas en masa. Hasta en algunos países se ha dejado caer en estado comatoso el vocero oficial de la obra (que podría servir para animar a los escritores, unificarla obra, y estimular a los decaídos).

 

No es que se carezca de talentos para este ministerio. No es que tenga poca potestad la palabra escrita para conmover, para enseñar, para diseminar buenas nuevas, para doctrinar. No es que haya un silencio en la Biblia sobre la necesidad de escribir el mensaje.

 

La variedad de formas, de géneros, de maneras de utilizar la pluma para extender y fortalecer el reino me asombra. Se presta al periodismo. Dramaturgos podrían tener un ministerio tremendo. Poetas… ni hablar. Hacen falta ensayistas. Los profesores de institutos bíblicos claman por libros de texto bien escritos.

 

¿Qué hubiera sido la historia de Hemingway si sus padres le hubieran reconocido el valor de autor de renombre? Si hubieran manifestado interés en su trabajo y amor por ser su hijo, ¿habría vuelto el novelista al redil del Señor? Y si así hubiera sucedido, ¿qué influencia para el beneficio del reino eterno habría ejercido Ernesto Hemingway?

 

Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos en descubrir y animar a los que están entre nosotros que tengan talento para escribir. Hay que concientizar al pueblo evangélico acerca del valor de la palabra escrita.

 

En este número de CONOZCA se anuncia el inicio de un concurso para escritores auspiciado conjuntamente por EDITORIAL VIDA y esta revista. Ojalá que cada director de instituto bíblico, cada oficial de distrito, cada pastor, y cada profesor se considere como nombrado por Dios para animar a todos los que han manifestado habilidades o interés en el ministerio de escritor a que participen en este histórico evento. Nada mejor que una inundación de manuscritos en esta oficina. ¿Se le debe avisar al cartero para que se prepare?

Floyd Woodworth W.


 

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