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Home Archive for category "1984.1 - Descargar en PDF"
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Tierras lejanas en relieve: Japón, una nación rica pero muerta

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1984.1

Por Tatsuo Akamine   El Japón, dinámico país oriental en ebullición, tiene una población creciente que pasa de 116 millones. Su religión principal, el budismo, cuenta con 40 millones de adherentes, que se consideran entre los más devotos del mundo. Se supone también que cada japonés leal sigue el sintoísmo, que en un sentido estricto

 
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Vislumbres: un rollo de plata

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1984.1

Por Floyd Woodworth W.   Recientemente, los arqueólogos descubrieron en Jerusalén un amuleto (talisman) con el nombre divino. Aunque el nombre de Yahweh aparece más de 6.800 veces en el Antiguo Testamento, ésta es la primera vez que se encuentra escrito en algún objeto en Jerusalén. Las cuatro letras del tetagrámaton, (palabra compuesta de cuatro

 
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Capacitados para expresar la gloria de Dios

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1984.1

Por Daniel G. Grasso   Cuando era yo adolescente, importaba poco la letra en la Iglesia pentecostal. Todo era el Espíritu. Claro, el desconocimiento de la Palabra hacía cometer errores atroces. A veces, por cada kilo de Espíritu se mezclaban 314 de kilo de carne. Es de imaginarse lo que pasaba. Para las demás denominaciones

 
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Cómo interpretar la Biblia

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1984.1

Por Dr. George Wood   Mucha gente cae en herejías, o pone un énfasis equivocado sobre un pasaje bíblico, debido a su falta de capacidad para interpretar correctamente las Escrituras. Dice Pablo claramente en 2 Timoteo 3:16 que toda la Escritura es inspirada por Dios. La voz “inspiración” en el griego da la idea de

 
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Perspectiva: No os hagáis maestros

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1984.1

Por M. David Grams     Siempre he tenido problemas con el comienzo del capítulo tres de la epístola de Santiago, que dice: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros…” ¿Acaso no se necesitan maestros? ¿No es ese el ministerio que más falta hace entre la multitud de almas que aceptan al Señor?