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Editorial: Ser mariólogo

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1999.3


Por Judy Bartel de Graner

 

SER MARIÓLOGO VALE la pena – pues el estudio de María nos regala un ejemplo excepcional:  su receptividad espiritual, su sumisión a la voluntad de Dios, su percepción de quien era Jesús, su circunspección al guardar los secretos que Dios le había revelado, su entrega hasta la muerte.  Mujer virtuosa – digna de imitar.

Nos incumbe en el estudio de María explorar el trasfondo histórico en que se han señalado diosas madres para tener más luz sobre el concepto católico de María.  Milenios atrás en múltiples religiones se adoraba a una diosa madre y a su hijo.  Unos monumentos encontrados en las excavaciones de la antigua Babilonia muestran a una diosa llamada Semiramis quien carga a su hijo, Tammuz.  Cuando los babilonios se esparcieron, llevaron esta creencia a muchas otras partes del mundo antiguo.

Los chinos tuvieron una diosa llamada Singmoo (Madre Santa).  En los dibujos ella aparece con un niño de brazos y rayos de gloria que emanan de su cabeza.

Los antiguos alemanes adoraban a Hertha que también cargaba un niño.

Los escandinavos la llamaban Disa, los estrucos, Nutria y los druidos la Virgo/Patitura quien fue adorada como la “madre de dios”.

En la India el dibujo de Indrani la muestra sentada sobre un león y cargando un niño.  Devaki y su hijo Krishna fue adorada en el mismo país como también Isi, la “gran diosa” con su hijo Iswara.

La madre de dios de los griegos fue Afrodita o Ceres, de los sumerios Nana y de los romanos Venus o Fortuna con su hijo Júpiter.

En Egipto los monumentos muestran la diosa madre que llevaba por nombre Isis, diosa de la fertilidad, con su hijo Horus.

La Biblia nos narra la misma historia triste de idolatría pagana de los pueblos antiguos.  Jueces 2:13 habla de Baal y Astarot.  Jeremías 44:17 dice que le daban el título de “la reina del cielo”.  La gran “madre” de Éfeso  fue Diana, la diosa de múltiples senos, coronada con una torre que representaba la torre de Babel.  Ella fue adorada no solamente en Asia sino también en todo el mundo antiguo, Hechos 19:27.

Inscripciones comprueban que durante la época del Imperio Romano se honraba a la “gran madre” tanto en Roma como en sus provincias del África, España, Portugal, Francia, Alemania y Bulgaria.

Fue durante esta época del Imperio Romano cuando nació el Salvador, Cristo Jesús, fundador de la verdadera iglesia neotestamentaria.  Los apóstoles previeron que entrarían doctrinas erróneas y escribieron previniéndolo a la naciente iglesia.  ¡Qué triste que a pesar de las advertencias, 400 años más tarde en el siglo IV bajo Constantino algunos cristianos empezaron a adorar a María como una diosa!  En 403 d. de C. Epifanio denunció a algunos que adoraban a María como diosa y que le ofrecían ofrendas en forma de tortas de arroz.  Sin embargo, pocos años después no sólo se seguía adorando a María, sino que también la doctrina de su culto se hizo oficial en el Concilio de Éfeso en 431 d. de C.  El dibujo de Isis con la luna debajo de sus pies y doce estrellas en aureola sobre su cabeza fue oficialmente adoptada por la iglesia católica romana  para que se usase como dibujo en representación de María.

Así es que el mariólogo no sólo estudia el cuadro bíblico de María, sino el trasfondo histórico de tantos siglos en que diferentes culturas tenían la costumbre de adorar a alguna diosa.

Pero otra cosa es ser mariano.  En pleno auge de la renovación carismática de los años 70 la iglesia católica romana de Colombia decretó que los grupos carismáticos católicos se tenían que definir.  Para aquellos que decidían quedarse con la iglesia, les era imprescindible declararse marianos los cuales tienen el deber de dirigirle a María un mínimo de 50% de su culto y adoración.

Según un amigo, miembro del prestigioso Opus Dei, ser mariano es ser devoto de la virgen.  Aclaró “Por supuesto que nosotros no la adoramos sino que la veneramos”.  Sin embargo el dogma de la iglesia tradicional de Latinoamérica sí pide a sus feligreses la adoración de María a través de rosarios, rezos, penitencias y sacrificios.  En las apariciones más conocidas, como las de Lourdes, Fátima y Guadalupe se esparce la idea que María pide que se le adore y se le hagan penitencias y sacrificios.  Esta mariolatría es una contradicción directa a las palabras del mismo Jesucristo quien manda que solamente a Dios se le puede adorar.

El paganismo babilónico de la adoración de una diosa continúa.  En nuestras iglesias encontramos muchos recién convertidos que están confundidos sobre la doctrina de María.  Ignoran la verdad de su anterior idolatría, o creen que como nuevos evangélicos tienen que desechar a María por completo.  Cada vez se incrementa el número de ministros en nuestras iglesias que son de segunda o tercera generación de familias evangélicas.  Se nos olvida que los recién nacidos en el Señor salen de una tradición muy arraigada.  Necesitan mucha orientación y adoctrinamiento.  Deseamos que dejen la adoración a las múltiples vírgenes e imágenes que se propagan por toda América Latina, pero nuestra intención no es que desprecien a la más ejemplar y bendecida de todas las mujeres.  Seamos, pues, buenos mariólogos para así tener defensas contra los errores marianos y contra la mariolatría.

 

Judy Bartel de Graner


 

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