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Declaración de la Biblia como libro-fuente del líder

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2016.3
Por Virginia A. de ContrerasCreo que la Biblia es inspirada por Dios, por lo tanto es autoritativa y suficiente para enseñar al ser humano todo lo concerniente a la salvación y a una recta relación con Dios y el prójimo (2 Ti 3:16, 2 P 1:20-21, Mt 5:17-18, Flp 4:9).[1] Por medio de la Biblia conocemos a Dios y a nosotros mismos. La Biblia me invita a ser honesta, ya que es honesta conmigo, describiéndome con detalle las historias de personas afectadas por un mundo caído.

El pastor que me discipuló en Argentina, cuando uno afirmaba algo relacionado a la vida espiritual, hacía siempre la misma pregunta: “¿Dónde está eso en la Biblia?”

Esa experiencia de discipulado, más mi entrenamiento como abogada (saber cómo encajar hechos en categoría legales), me condicionó a estar atenta frente a cualquier declaración espiritual y a inmediatamente cotejarla con las Escrituras. Como abogada sé que una mala interpretación o mal uso de las leyes puede llevar a un cliente a perder sus propiedades, su libertad, etc. Eso produce un temor sano y prudencia. ¡Cuánto más temor reverente me genera el uso, la interpretación y la enseñanza de la Biblia!

La Biblia también me invita al misterio, ya que por más buena teología que obtenga, hay preguntas que nunca les encontraré respuesta de este lado de la eternidad.

Santiago 3:1 nos desalienta a apurarnos a ponernos de maestros de la Palabra de Dios. ¿Por falta de preparación académica, por falta de madurez, por falta de coherencia entre la fe que se proclama y la fe que se pone por obra? En esto reflexiono en voz alta, especialmente frente a mi esposo, en el ejercicio de mi liderazgo (1 Ti 4:16).

Santiago 1:22 también nos advierte del peligro de vivir una teoría del cristianismo, pero no la práctica del mismo, lo que me lleva a no terminar un estudio personal, familiar o grupal o una predicación sin hacerme y hacerle a mis oyentes esta pregunta: “¿Y ahora qué?” Es decir, frente a este texto que hemos escuchado, estudiado, meditado, etc., ¿cómo vamos a responder en acción, en forma práctica?

Cuando fui estudiante en Regent College se me dio a leer un artículo de Richard Longenecker, donde hacía referencia a tres formas de leer las cartas del Nuevo Testamento: devocionalmente, homiléticamente y académicamente.[2] Su recomendación final apuntaba a leerlas de las tres maneras para “nuestra salud mental y vitalidad espiritual” individual y corporativa. Puedo afirmar que ésta es la forma que he estado intentando aplicar a la lectura de la Biblia a partir de allí.

Finalmente, algo que sacudió mi manera de leer, interpretar y enseñar la Biblia fue entender que detrás de las obligaciones, mandamientos y exhortaciones (imperativos) a vivir una vida santa estaban las declaraciones (indicativos) en la Biblia respecto a quién es Dios, lo que Dios ha hecho por nosotros en la obra de la cruz y lo que El promete hacer por nosotros.[3] Diría que antes tenía una lectura legalista de la Biblia, pero a partir de este paradigma comencé a vivir, depender y disfrutar la gracia de Dios como nunca antes.

 

 



[1] Estas abreviaturas de los libros de la Biblia esta tomada de la Biblia Reina Valera 1995.

[2] Richard Longenecker, “On Reading a New Testament Letter—Devotionally, Homiletically, Academically”. Revista Themelios, no. 20.1 (October 1994), 4-8.

[3] Por ejemplo, en Romanos 6 encontramos una declaración de la buena noticia del Evangelio de Jesucristo: “Ustedes no están bajo la ley sino bajo la gracia” (indicativo). De ahí surge lo que se debe hacer como respuesta a esto: “Que no reine el pecado en su cuerpo mortal” (imperativo). Autores como Sinclair Ferguson contribuyeron a este cambio de paradigma de lectura bíblica.

Virginia A. de Contreras


 

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