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Extracto de “Por qué no llega el avivamiento” por Leonard Ravenhill

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2018.1

 

Nota del Editor:

No se puede hablar del tema del avivamiento sin tomar en cuenta la trascendental obra del gran evangelista inglés Leonard Ravenhill (1907-1994), Por qué no llega el avivamiento: el llamado profético de Dios.

Esta singular obra, publicada originalmente en 1959, ha servido al pueblo de Dios como un llamado de atención a la necesidad de la oración y la santidad para ver la manifestación del poder de Dios.

Un íntimo amigo de David Wilkerson, A.W. Tozer, Keith Green y otros grandes siervos de Dios, Ravenhill tenía un manera inigualable de declarar grandes verdades con frases breves y sencillas, como las a continuación:

“La única razón que no tenemos avivamiento es porque estamos conformes viviendo sin el.”

“La iglesia de hoy quiere ser arrebatada de sus responsabilidades.”

“Si somos débiles en la oración, somos débiles en todo.”

“El hombre que peca deja de orar, el hombre que ora deja de pecar.”

“Si Jesús hubiera predicado el mismo mensaje que los ministros predican hoy, jamás lo hubieran crucificado.”

A continuación CONOZCA comparte una porción del primer capítulo de Por qué no llega el avivamiento: el llamado profético de Dios, el cual se titula “Por encima de todas las cosas, consigue unción”

 

 

EXTRACTO DE POR QUE NO LLEGA EL AVIVAMIENTO

Por Leonard Ravenhill

 

La cenicienta de la iglesia es la oración. Esta criada del Señor es despreciada y desechada porque no se adorna con las joyas del intelectualismo, ni las brillantes sedas de la filosofía, ni con la impresionante tiara de la psicología. Lleva los delantales de honesta sinceridad y humildad. No teme arrodillarse. El defecto de la oración, humanamente hablando, es que no se apoya en la eficiencia mental. (Esto no quiere decir que la oración sea la aliada de mentes enfermas, sino que en éstos sólo se aprecia la eficiencia intelectual.) Pero la oración requiere una sola cosa: espiritualidad.

No se necesita indispensablemente la espiritualidad para predicar, esto es, para dar sermones con perfección homilética y exactitud de exégesis. Mediante una buena dosis de memoria, ciencia, ambición personal, desparpajo y una buena biblioteca bien cargada de libros, el pulpito puede ser conquistado por cualquiera en nuestros días. La predicación de este tipo puede influenciar a los hombres, la oración influye con Dios.

La predicación afecta al tiempo, la oración a la Eternidad. El pulpito puede ser un escaparate para exhibir nuestros talentos; la oración significa lo contrario al exhibicionismo.

La tragedia de estos últimos tiempos es que tenemos demasiados predicadores muertos en los pulpitos dando sermones al pueblo. ¡Qué horror! Una extraña cosa he visto «debajo del sol»: que aun en círculos fundamentalistas se predica sin unción. ¿Qué es unción? Apenas lo sé.

Pero sé lo que no es (o por lo menos sé cuándo no está sobre mi propia alma). Predicar sin unción mata en lugar de dar vida. El predicador falto de unción es «sabor de muerte para muerte». La palabra no se hace viva a menos que la unción divina esté sobre el predicador. Por lo tanto, predicador, sobre todas las cosas buscadas, busca unción.

Hermanos, podríamos bien apañarnos siendo solamente medio intelectuales (de la intelectualidad moderna) si fuéramos doblemente espirituales. Predicar es un negocio espiritual. Un sermón nacido  de la mente alcanza simplemente la mente; un sermón nacido en el corazón, alcanza el corazón. Con la bendición de Dios un predicador espiritual producirá gente espiritual. Pero la unción no es una paloma que bate sus alas contra los cristales para entrar en el alma del predicador, sino que tiene que ser perseguida y alcanzada. La unción no puede ser aprendida cual arte, sino que debe ser ganada y conseguida por oración. La unción es la medalla divina concedida al predicador que como soldado ha luchado en oración y obtenido la victoria. La victoria no se obtiene en el pulpito disparando descargas intelectuales, sino en el retiro de la oración. Es una batalla ganada o perdida antes de que el predicador pise el pulpito. La unción es cual dinamita. La unción no viene por las manos del obispo, ni queda disipada cuando el predicador es puesto en prisión. La unción penetra y derrite, endulza y ablanda. Cuando el martillo de la lógica y el fuego del humano celo fracasan en abrir los corazones, la unción lo consigue.

¡Cuánta fiebre de construir iglesias existe actualmente! Sin embargo, sin predicadores ungidos estas alturas no se verán nunca rodeadas de ansiosos penitentes.

Suponte que tuviésemos buques pesqueros con el mayor confort, el más moderno equipo de radar, instalación eléctrica y aparejos de pesca movidos mecánicamente, y les viéramos salir a alta mar y volver mes tras mes con bodegas vacías. ¿Qué excusa daríamos para su esterilidad? Sin embargo, millares de iglesias ven sus altares y hasta sus bancos vacíos semana tras semana y año tras año, y cubren su estéril situación mal aplicando el versículo «Mi Palabra… no volverá, a Mí vacía». (¡Digamos, de paso, que éste parece ser uno de los pocos textos que los dispensacionalistas olvidan que fue escrito para los judíos!). El triste hecho es que el fuego de los altares está ardiendo muy débilmente o se halla apagado del todo. La reunión de oración está muerta o moribunda. Por nuestra actitud con respecto a la oración parecemos estar diciendo a Dios que lo que fue empezado en el espíritu podemos terminarlo en el poder carnal. ¿Qué iglesia pide a su candidato al pastorado cuánto tiempo emplea en oración? Sin embargo, a la luz de la historia os diría que un ministro del evangelio que no dedique dos horas diarias a la oración no vale un céntimo, sean cualesquiera los títulos que posea. . .

. . . Si Dios nos llamó al ministerio, queridos hermanos, os digo que debemos empeñarnos en obtener la unción. Sobre todas las cosas buscadas, busca la unción,  a menos que nos conformemos con altares estériles adornados de intelectualismo sin unción.

 

Leonard Ravenhill


 
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Comentarios: 3

  1. Alvaro Ayala

    Excelente libro. Lo tengo, lo recomiendo.

  2. MEDARDO CHAVEZ

    Sin oración no hay avivamiento porque es el fuego que mantiene la llama encendida de la verdad y presencia divina.

  3. Carlos ortega

    Una realidad muy triste.. Caemos con el tiempo en la autosuficiencia, si la gente respondió bien al sermón es suficiente… La realidad es que sin unción no hay vidas transformadas y ese es el objetivo de la palabra… Cambios en los corazones eso solo se lleva a cabo mediante el quebrantamiento en la intimidad

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