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Editorial: ¿Tenemos prójimo?

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1983.1

Algunos emplean la frase “Él no tiene prójimo” para decir que la persona tiene un corazón duro. Cristo narró la historia de dos personas que no tenían prójimo. Una estaba encargada de la enseñanza de la Ley de Dios y de orar intensamente por el pueblo. Pero un día no se detuvo para ayudar a un viajero caído. En esa misma ocasión otro que tenía la responsabilidad del mantenimiento del lugar donde la gente se reunía para buscar a Dios también demostró por sus hechos que no tenía prójimo.

Menos mal que se trata de un cuento, de algo que no sucedió en la realidad. Sería vergonzoso que dos dirigentes del pueblo de Dios no tuvieran interés en ayudar de una manera práctica a un semejante en una necesidad urgente.

El problema es, sin embargo, que Cristo narró la parábola del Buen Samaritano con un propósito. ¿Cuál será la aplicación de esta parábola a nuestra vida? ¿Cuáles serán las implicaciones de ese propósito para la iglesia? Todos tenemos la responsabilidad de practicar un análisis minucioso para contestar estas preguntas.

Cada creyente y seguidor de Cristo tiene la obligación indiscutible de auxiliar a un desamparado. Santiago lo aclara enérgicamente en su carta.

Muchos hermanos han llegado a la conclusión de que el hecho de que cada uno por su cuenta tiene el deber de ayudar en lo que pueda a la humanidad no quiere decir, sin embargo, que la iglesia debe tener un programa de ministerio social. Asumen la postura de que la misión de la iglesia es evangelizar mientras que hacer otras obras sociales corresponde a cada creyente por separado.

Claro que Santiago no dice que el primer deber es ayudar a un necesitado en lo material. Cristo aclara que el alma vale más que lo material. No es difícil concluir, pues, que antes que nada nuestra misión es evangelizar y discipular. Pregoneros somos.

¿Pero luego? ¿Con eso, no más, cumplimos? ¿Tiene la iglesia algún deber colectivo de mitigar el sufrimiento físico de la humanidad? El no tener las respuestas no me exime del deber de hacer las preguntas.

Me horrorizo al contemplar la escena que el caricaturista nos presenta en la portada de este numero de CONOZCA. Un sobre hombre desahogándose mientras algunos están de fiesta y un creyente que está cerquita lee su Biblia sin hacerle caso. ¿Representará ese hombre la iglesia de la actualidad? Cada uno tendrá que decidir cuál es la respuesta.

Debemos hacer una nueva evaluación de lo que es la misión de la iglesia de acuerdo con la teología sana, dentro de los linderos de la Palabra de Dios. ¿Hay que hacer algo más concreto para rehabilitar a los drogadictos? ¿qué de los alcohólicos? ¿los enfermos? ¿los analfabetos? Si es que debemos hacer algo, ¿cuál sería la mejor manera de proceder?

CONOZCA tiene un deber de presentar a los que laboran en la enseñanza de la Biblia cuestiones que la iglesia confronta en la actualidad. Las funciones del maestro incluye el ayudar al alumno a ver las implicaciones de las verdades estudiadas al aplicarlas a la vida cotidiana. Se presentan en este número, por lo tanto, artículos relacionados con la responsabilidad de la iglesia en la esfera social. Se espera que esta revista sirva como un foro abierto para ventilar este problema. ¿Qué creen los lectores que debe ser la actitud bíblica de la iglesia frente a los dolores de la sociedad? Se les invita a presentar sus ideas al respecto, dirigiendo toda comunicación al Redactor.

Editor


 

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