Facebook Twitter Gplus RSS
magnify
Home 1982.4 Editorial: Maestros esquizoides
formats

Editorial: Maestros esquizoides

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1982.4

Por Floyd Woodworth

 

“De loco tenemos todos un poco.” Leyendo la sintomatología de algunas enfermedades mentales, me doy cuenta de que no soy una persona normal. Me puedo identificar con algunos problemas de la esquizofrenia, por ejemplo. Uno de los síntomas de esta dolencia es una tendencia de no ver la realidad. El enfermo fantasea, creando así una cápsula de irrealidad en que se encierra.

En un caso declarado de esquizofrenia se presentan más de un solo indicio de que no funciona bien la personalidad. Pero algunas personas manifiestan rasgos de la enfermedad sin revelar el síndrome completo. Algunos sicólogos catalogan a los tales de esquizoides. De loco tienen un poco.

El esquizoide, pues, puede reaccionar ante sus problemas con un poco de fantasía. Lo que dice no está totalmente congruente con lo que hace. Inconscientemente ofrece explicaciones fuera de lógica, o de la realidad, para no enfrentar su dificultad. Se le pueden notar inconsecuencias en su vida.

Aunque no creo padecer de una esquizofrenia desarrollada (tal vez mi esposa opinará de otra manera), temo haber caído en un poco de fantasía al repetir a mis alumnos expresiones que dan idea de que los considero como lo más importante de la escuela. Pero cuando vienen con un problema, demuestro impaciencia. O tal vez les digo que no puedo hacer nada, ya que el asunto no corresponde dentro de las reglas de la institución.

Digo que el estudiante es lo más importante, pero no me muevo para ver cómo ayudarlo. No tengo tiempo para ofrecerle más orientación después de terminada la clase. No quiero decir con esto que el maestro siempre debe indicarle cada detalle de lo que debe hacer, porque pudiera ser que lo que más le hace falta al alumno, es aprender a analizar su situación y buscar su propia solución. Pero de todos modos, tengo que manifestar un gran interés en ese estudiante como persona, y como amigo.

¿Cuántas veces habré dado más importancia a la memorización mecánica de un bosquejo que a la capacidad del alumno de pensar, razonar y aplicar la verdad a sus propias circunstancias? ¿Cuántas veces habré revelado inconscientemente que la calificación tiene más importancia que lo que quiere ser el estudiante? ¿Cuándo fue la última vez que mostré complacencia con el hecho de llenar muchas cuartillas con palabrería, en vez de insistir que el alumno de evidencia de comprender la materia y de haber tomado decisiones de aplicarla a su vida?

Es como dice el conocido historiador mexicano, Víctor Alba. Hablamos en un plano pero vivimos en otro, lo que equivale a decir que nuestras declaraciones no se basan en la realidad, sino en la fantasía.

Que urgente necesidad tenemos de sinceramente aceptar que muchas veces no vivimos lo que decimos o enseñamos a nuestros discípulos. Tengamos la madurez de reconocer nuestras inconsecuencias. No somos maestros por desear un título ni buen sueldo. El que lo hiciera sería doblemente loco. Enseñamos porque el alumno es importante. Dejemos de ser esquizoides.

Floyd Woodworth W.


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


uno × = 2

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>