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Mentir es Pecado

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2010.1

Llama la atención la actitud que algunas personas asumen en determinadas ocasiones de la vida, al verse impulsadas a disfrazar, hiperbolizar o minimizar una respuesta que precisa de la más sincera, lacónica y veraz confesión. Pero aún es más llamativo, el sinnúmero de personas que hacen de la mentira parte de su estilo de vida, cómo la incorporan a su personalidad o status quo con tanta naturalidad, que se convierten en profesionales del engaño, de la hipocresía, de las medias verdades, de las evasivas y de las excusas e inaceptables justificaciones. Y muchas veces, ese inadmisible estilo de vida o proceder, se justifica u oculta tras el falso principio de que el «fin justifica los medios», o de la mal llamada «moral de situación». Pero no cabe la menor duda, la mentira no tiene justificación alguna.

No existe un voto a favor de los «mentirosos». Tales personas jamás son calificadas como serias e incluso pierden toda credibilidad. Mentir es una acción aborrecible, pervierte la moral, la ética, lo espiritual y peor aún, denigra la personalidad humana. Dijo F. Rockert que “El que miente una vez, ha de acostumbrarse muchas veces a la mentira; porque para ocultar una mentira hacen falta otras siete.”

Si en el mundo no evangélico mentir es inadmisible para los hombres que practican y aman la verdad y la integridad moral, cuanto más en el círculo cristiano, donde la mentira se valora como un escándalo mayúsculo, porque según la enseñanza de la biblia, mentir es un pecado mortal en el orden espiritual. No existe pasaje alguno en las sagradas escrituras que apoye la mentira bajo ningún concepto. El decálogo divino la prohíbe «No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.» (Éx 20:16) y uno de los efectos o frutos de la conversión al evangelio de Jesucristo es el dejar de mentir; por lo que Pablo aconseja a los cristianos de Éfeso «desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo» (Ef 4:25; Cf. 1 P 2:1).

La mentira directa, flagrante y deliberada, como la de los esposos Ananías y Safira en el inicio de la iglesia cristiana (Hch 5:4), no es la única forma de mentir que registra la biblia y que fue juzgada severamente por el mismo Dios. En ocasiones se trata de una media verdad, como cuando Abraham dijo de su esposa a Abimelec: «Sara es mi hermana» (Gn 20:2; cf. 20:12). Pero el propósito siempre es engañar. La mentira puede ser también una respuesta evasiva, como la que Caín dio a Dios «¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?» (Gn 4:9); un silencio, como el de Judas Iscariote cuando el Señor lo acusó indirectamente en la última cena (Jn 13:21–30), o toda una vida engañosa: «si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad» (1 Jn 1:6). Según la biblia el destino final de los mentirosos es que irán al lago de fuego «… y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. » (Ap 21:8). [1]

Con todo este caudal de advertencias y principios bíblicos muy bien establecidos, es absurdo, descabellado e impropio aceptar la realidad de que existan creyentes que mientan o que pretendan justificar sus mentiras, engaños y fraudes, con evasivas, excusas o lógicas salidas u otro modo de justificar lo que no es la verdad. Pero tristemente así ocurre.

Quizás no son notables los que directa y deliberadamente mienten, pero sí pululan los que dicen medias verdades; los que tergiversan y ocultan intencionadamente la verdad para engañar o promover a otros; los que se excusan con argumentos superfluos y pueriles, tratando de justificar sus palabras y acciones bajo la presión de las circunstancias; los que guardan silencio rotundo, cuando el llamado es a denunciar y condenar el pecado y lo mal hecho. Lastimosamente abundan los que engañan con palabras lisonjeras y pretenciosas; los que hacen del fraude su arma letal y silenciosa para resolver sus problemas; los que levantan falsos testimonios, calumniando impunemente a los demás. Es bueno recordar que alguien dijo una vez con notada certeza que “el calumniador y el asesino son distintos solo en el arma que usan. El primero (calumniador) es peor que el segundo (asesino), por que este solo mata el cuerpo, el otro asesina la reputación y la paz. Para uno el arma asesina es la daga, el puñal, para el otro es la lengua” (Léase Pr 6:16—19). Y es espeluznante pensar que personas con este estilo de vida puedan pretender ministrar desde un púlpito, enseñar en una escuela dominical, ser líder de algún departamento o ministerio local, desplegar un liderato a cualquier nivel de dirección.

El proverbista declara con acertada firmeza El labio veraz permanecerá para siempre; Mas la lengua mentirosa sólo por un momento.” (Pr 12:19) Hagamos un alto y reflexionemos:

Un cirujano nos diría: hagámosle una extirpación radical a la mentira así como se le hace a un tumor maligno.

Un contador nos diría: cerremos la mentira como se cierra una cuenta contable que debe quedar sin saldo (en cero).

Un chapista o chapistero nos diría: arranquemos la mentira como se arranca la parte podrida de un vehículo, que si queda en el, pudre todo el equipo.

Un pastor evangélico comprometido con Cristo y su Palabra, siempre condenará la mentira en todas sus formas de manifestación y enarbolará las banderas de la verdad. Su atinado mensaje persistente será No abandones nunca el amor y la verdad;llévalos ntigo como un collar. Grábatelos en la mente, y tendrás el favor y el aprecio de Dios y de los hombres.” (Pr 3:3,4 DHH)

Toda una iglesia de mujeres y hombres nacidos de nuevo por la fe en el sacrificio de Jesucristo, levantará su voz al unísono para condenar la mentira, y decir con rotunda firmeza y convicción «la mentira es pecado que lleva a la condenación eterna». ¡Oremos para que Dios nos libre de ser víctimas y victimarios de la mentira!

 

1Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, (Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza) 2000, c1982.

 

David N. Zamora Montero


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Bernardino murillo

    adios gracias porEl Lindo mensaje hermano Dios siga derramando de su Santo Espirito y el le siga inspirando

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