Facebook Twitter Gplus RSS
magnify
Home 1998.3 El Espíritu y la carnalidad
formats

El Espíritu y la carnalidad

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1998.3

Por Rafael Mendoza V.

 

  • “EL ESPÍRITU SANTO no puede vivir en un creyente así”.
  • “En esa iglesia no está el Espíritu Santo”.
  • “Aquellos hermanos no creen en el Espíritu Santo”.

Frases como éstas se escuchan cuando algunos hermanos estigmatizan iglesias y creyentes que difieren de ellos.  Pero ¿qué iglesia local no ha llegado a ser tal sin la obra del Espíritu?  ¿Qué cristiano no lo es sin el Espíritu Santo en su vida?  El motor que da vida a un creyente y sostiene una comunidad de fe local siempre ha sido el Espíritu Santo.

La Palabra establece como error el medir la madurez o el estado espiritual de otros en base a manifestaciones espirituales o experiencias personales en el Señor.  San Pablo ofrece testimonio de una iglesia con un alto accionar en manifestaciones espirituales y de una atmósfera cargada con gran actividad espiritual en sus reuniones.  La iglesia se ubicaba en la antigua ciudad griega de Corinto.

Pablo expresa en 1ª Corintios que era una comunidad de fe enriquecida en toda palabra y ciencia, 1:5.  El testimonio de Pablo acerca de Cristo fue autenticado en ellos, 1:6 (NVI).  El resultado les había llenado de abundantes dones sin carencia de ninguno, 1:7.  Ellos eran labranza y edificio de Dios, eran el templo de Dios y del Espíritu Santo, 3:9,16 y 17.  A todos se les dio a beber de un mismo Espíritu, 12:13.

Estos creyentes poseían la mente de Cristo, 2:16.  Cual gente santa, 1:2; 6:11, pertenecían al cuerpo místico de Cristo .  Por tal motivo su tarea básica como testigos fieles del Maestro era preservar el evangelio y perseverar en él, 15:58.  Las funciones de servicio como dones, ministerios y variadas operaciones espirituales eran de uso común entre ellos para su edificación.

Participaban activamente en el partimiento del pan.  La promesa de la resurrección era suya, 15:49.  Su atinado carácter misionero se reflejaba en las ofrendas enviadas para los pobres en Jerusalén.  La reputación alcanzada por esta iglesia local era notoria, 16:19, 20.

¿Por qué una iglesia tan esplendorosa y con una gama de expresiones espirituales es tratada con ironía y dureza por su fundador, maestro y padre espiritual?  A esos hermanos Pablo acusa de más de treinta pecados que se cometían en medio de ellos.  Tal situación repercute su testimonio al mundo, 10:31,32 y deteriora su desarrollo integral.  La denuncia es:  Todos ustedes son carnales y se les debe tratar como a niños.  Su incapacidad de entender los asuntos espirituales era evidente, 3:1,3.  Se les indica que tenían:

  • orgullo intelectual, 3:18
  • orgullo espiritual, 4:18;  10:12; 14:36-38
  •  falta de unidad, 1:10-16

La división se notaba en los cuatro grupos de los cuales uno se cobijó en la figura de Pablo como su padre espiritual y eminente misionero.  El segundo se cobijó en la persona de Pedro, posiblemente como la principal figura apostólica de los doce.  El tercer grupo se inclinó hacia el joven Apolos, ya fuera por su elocuencia e inquisitiva predicación o porque era alejandrino.  El último grupo era de los “espirituales”, pues desechan a todo hombre y se inclinan por Cristo.  A lo menos tres de estos cuatro despreciaron y dudaron del apostolado de Pablo.

Su ignorancia de las Escrituras y la falta de ética cristiana los llevó a cometer un sinnúmero de aberraciones.  Ante los jueces paganos ventilaban sus problemas sin tapujos aunque en el seno de la iglesia el personal capacitado existía para juzgar, 6:1-8.  Algunos creyentes  seguían en prácticas idólatras, 8:7-13.  En materia sexual eran fatales.  Dentro del seno de la iglesia el incesto se aceptó con disimulo, 5:1,9-13.  El partimiento del pan era un caos.  En ese tiempo se realizaba una cena en forma y al terminar se procedía a realizar el sacramento.  Al llegar a este punto algunos se encontraban en absoluto estado de ebriedad, 11:21;  otros aun no comían y tenían hambre mientras que los más “listos” ya estaban más que hartos, 11:21,22,33.  El apóstol ordena que todos coman en su casa o que se esperen.

En el culto mismo ciertos hermanos maldecían a Jesús en supuesto éxtasis espiritual, 12:3.  Otros se mostraban orgullosos de tener dones y se creían más espirituales, 12:13-27.  Algunos mantenían un énfasis desmedido en el uso del don de lenguas y su frenesí por este don era escandaloso, 14:20-23. A las predicaciones (profecías) no les otorgaron mayor importancia, se les relevó a un segundo plano, 14:2-19, y el fruto del Espíritu de amor se escaseaba entre ellos, 13:1-8¸14:1.

Al observar el panorama de esta iglesia neotestamentaria y compararlo con la iglesia latinoamericana actual, podemos ver que la situación que ahora impera es parecida a la de Corinto.  El Espíritu de Dios sigue hoy manifestando su presencia en la iglesia latina más allá de que algunos de sus miembros y líderes sostengan prácticas carnales.  Pero no se puede soslayar la gran responsabilidad de depurar la iglesia y seguir avanzando en poder y autoridad del Espíritu Santo.  El mismo apóstol Pablo presenta la fórmula para continuar con dicha tarea y contrarrestar la carnalidad en la comunidad de fe.

1.    Valerse de hombres y mujeres aptos para fortalecer la iglesia.  Pablo menciona a Pedro, a Apolos, a Timoteo, a Estéfanas, a Priscila y Aquila.  Todos ellos eran colaboradores y parte del equipo necesario para un fin común:  la edificación de la Iglesia, fortalecer el Cuerpo y unificar en un mismo Espíritu a los creyentes.

2.    Confrontar el error y la herejía.  Los ministros somos responsables inmediatos de la decadencia o el progreso de la fe en los creyentes.  La iglesia actual latinoamericana necesita apologistas y teólogos en su contexto para defender y cumplir su cometido pentecostal.  El Instituto de Superación Ministerial y la Facultad de Teología son el resultado de esfuerzos de suplir dicha necesidad que nos dirige hacia la excelencia ministerial para producir creyentes, líderes e iglesias locales de alta calidad.

3.     Estimular personalmente a los que trabajan codo a codo con nosotros.  Todos tenemos “nuestro corazoncito”.  Estas personas necesitan recibir estímulo, reconocimiento público de vez en cuando, 16:15,17.  Necesitan alguna visita para alentar el ministerio y el crecimiento de la iglesia que dirigen.  Hay que agradecer las ofrendas y diezmos, 16:2, enviar una carta  personal, 16:21.  Un fax o telefonema es gratificador;  ayudará en las relaciones ministeriales y a la armonía de la comunidad.  La presencia de uno en la casa pastoral del compañero de milicia con su familia y en la iglesia local con los hermanos es de valor inestimable.

4.     Fomentar en los creyentes la consagración.  Hay que promover la vida en el Espíritu y aplicar los dones para la madurez y el desarrollo del Cuerpo.  Sobre todo hay que dar mayor énfasis en la importancia de transitar por el camino de la vida del Espíritu con el fruto del Espíritu.  Tenemos que inculcar paciencia para crecer en el Señor.

5.     Amor incondicional.  Muy a pesar del comportamiento infantil de algunos creyentes y líderes, el creyente espiritual los amará sin restricción.  No mostremos temor de su actitud hacia nuestra persona ni cuidemos nuestra espalda.  Nuestro ejemplo es el Maestro quien amaba a sus infantiles y carnales discípulos.  El tiempo nos recompensará con creyentes y líderes efectivos y capaces.  Bajo la dirección del Espíritu Santo ellos serán capacitados para la obra del ministerio y sabrán enseñar a otros con denuedo la Palabra.

Claro que deseamos ver que la iglesia esté llena del Espíritu, pero no sin madurez.

 

Editor


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


nueve × = 45

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>