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¿Opción o esencia?

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1998.3

Por M. David Grams

 

VA EN AUMENTO el peso de una gran preocupación en mi alma.  Como resultado de mis viajes de los últimos años a los muchos países latinoamericanos, estoy descubriendo una alarmante condición en nuestra iglesia.  Observo y me informan que la gran mayoría de los fieles en las congregaciones no han recibido “la promesa del Padre”, o sea, el bautismo del Espíritu Santo con la señal inicial y física de hablar en nuevas lenguas.  Lo que más inquieta es el hecho de que entre este grupo de fieles se encuentra un considerable porcentaje de pastores.  Si los mismos pastores no gozan de un Pentecostés personal, ¿qué de las congregaciones?  ¿Qué de la próxima generación de los llamados pentecostales?

Gracias a Dios por un notable crecimiento en esta última década del siglo.  Se construyen nuevos templos, siempre más grandes y en mejores ubicaciones.  Buenos programas.  Linda música, buenos equipos de sonido.  Los ministros gozan de una mejor preparación.  Los hermanos de la congregación, bien vestidos y algunos con su automóvil propio.  Gozamos de brotes de avivamiento.  Hay una variedad de manifestaciones.

Pero lo esencial es descuidado.  El bautismo en el Espíritu Santo ha llegado a ser una opción.

No era así cuando comenzó la iglesia.  Frente a la tarea imposible de predicar el evangelio a todo el mundo, el Señor Jesucristo declaró a sus discípulos:  He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros;  pero quedaos en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto, Lucas 24:49.  Momentos antes de su ascensión, Cristo presentó como indispensable el bautismo en el Espíritu :

Y estando  juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.  Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días (…) pero vosotros recibiréis poder, cuandohaya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra, Hechos   1:4-5, 8.

            Años más tarde en Éfeso, al encontrar el apóstol Pablo a un grupo de hermanos convertidos bajo el ministerio de Apolos, los saluda y en seguida les pregunta si habían recibido el Espíritu Santo después de creer en Cristo.  La pregunta tenía vital importancia para Pablo.  Le responden que ni siquiera se habían enterado si hay Espíritu Santo.  El apóstol declara las buenas noticias.  Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban, Hechos 19:6.  Deficiencia solucionada.  El grupo se incorpora en la vida normativa de los creyentes neotestamentarios.

El bautismo en el Espíritu Santo también fue considerado como esencia después del importante derramamiento a principios del presente siglo.  Como en los tiempos apostólicos, el Espíritu fue derramado sobre toda carne.  Creyentes de diferentes denominaciones evangélicas se buscaron, se encontraron, formaron nuevos grupos, porque en ellos ardía el fuego sobrenatural de un nuevo Pentecostés.  Por hablar en lenguas resultaron personas no gratas en sus acostumbradas denominaciones.  El fervor personal y el nuevo poder en sus vidas resultaron en el avance asombroso de un nuevo movimiento espiritual.

En lo personal, tuve mis primeras experiencias cuando por primera vez llegó a nuestro pueblo este glorioso mover del Espíritu a mi pueblo en la década de los 30.  Mis padres y mis hermanos mayores abrazaron las nuevas con gozo.  Acepté al Señor a los 11 años, me bautizaron en las aguas de un lago a los 12 años y a la edad de 13 años recibí la Promesa.

La inolvidable experiencia en el año 1940 me impactó.  Vivíamos en el campo y era la época de la cosecha de cebada y avena.   El evangelista en sus predicaciones enfatizaba el bautismo en el Espíritu Santo en un gran retiro a 20 kilómetros de nuestra casa.  A pesar de haber trabajado más de ocho horas bajo un sol abrazante y de haber ordeñado 30 vacas lecheras, ¡teníamos que ir!

Sentados en bancas sin respaldar, sobre un piso de tierra cubierta de aserrín, todos  esperábamos el momento de la invitación al altar.  Y allí permanecíamos hasta la una de la madrugada…cada noche.  Durante aquella semana cuatro de mis hermanos y yo recibimos el bautismo en el Espíritu.  Buscábamos…hasta encontrar.  No había otra opción.  Los mismos cinco sentimos el llamado de Dios e ingresamos al ministerio.

Han pasado cincuenta y ocho años.  Cuarenta y nueve de esos años he tenido el privilegio de compartir la vida con Betty Jane, quien también en su tierna juventud recibió la Promesa.  Nuestros tres hijos antes de sus 10 años fueron bautizados en el Espíritu en campamentos.  Hoy con sus cónyuges sirven al Señor.  Nuestros ocho nietos todos han recibido la llenura del Espíritu con hablar en lenguas muy temprano en la vida en campamentos y retiros. Cinco de ellos estarán en las aulas de varios institutos bíblicos preparándose para el ministerio el año próximo.  Se trata de una herencia espiritual de incalculable valor:  el convencimiento firme que la experiencia pentecostal no es opción sino ¡esencia!

¿Por qué es tan indispensable el bautismo en el Espíritu Santo?  Un estudio de las Sagradas Escrituras nos aclara que esta experiencia nos proporciona:

1.    Poder para servir.  Recibiréis poder…y me seréis testigos.  En la vida personal

esa presencia poderosa del Espíritu nos fortalece para contrarrestar las fuerzas satánicas de una sociedad contaminada.  Podemos observar esta realidad si contrastamos la escena de un grupo de jóvenes en su vida depravada, dado al alcohol, las drogas y el sexo con una escena de un grupo de jóvenes con manos levantadas, mejillas mojadas de lágrimas, algunos postrados al suelo, todos alabando al Señor.  Y al día siguiente los mismos comparten con sus contemporáneos en el colegio, en las oficinas, con sus vecinos, el convincente testimonio personal de una vida transformada por el poder de Dios.

Para el siervo de Dios que predica y enseña la Palabra, esa llenura del Espíritu mantenida al día en su experiencia personal hace la gran diferencia entre un ministerio estéril y uno fructífero.  Uno de mis estudiantes isumistas, al expresarse sobre la importancia del bautismo del Espíritu, escribió estas líneas:

Para mí la unción del Espíritu Santo es la fórmula para que el predicador

pueda penetrar en el corazón de sus oyentes.  El leñador es el predicador y el hacha es el toque del Espíritu Santo.  Los árboles pueden ser almas.  Sin el hacha no podemos derribar árboles.  A veces damos golpes con el puro cabo y no logramos nada.         

2.     Una puerta de acceso a la vida en el Espíritu.  El apóstol Pablo en Efesios 5:18

dice:  Sed llenos del Espíritu.  Hace uso de un verbo continuativo o progresivo para exhortar a los creyentes a seguir siendo llenos del Espíritu.  En esa vida de continuo progreso están los dones y ministerios del Espíritu Santo.  Pero, para ingresar a esa vida, se tiene que pasar por la puerta:  el bautismo en el Espíritu.

En conclusión hago un llamado a mis hermanos del hemisferio:  a los directivos nacionales, regionales y distritales, a los directores y profesores de institutos bíblicos, a los pastores y evangelistas.  Es hora de enfatizar la suma importancia del bautismo en el Espíritu Santo.  En nuestro ministerio conseguimos lo que enfatizamos.  Si ponemos en relieve las almas salvadas, se salvan;  si es sanidad divina, muchos se sanan.  Si ponemos énfasis sobre el dinero, la gente responde.  Y si no destacamos la importancia del glorioso bautismo en el Espíritu, nadie lo recibe.

Es cuestión de tiempo y esfuerzo.  Se requieren campañas, campamentos y retiros celebrados mayormente para ese énfasis,  semanas de énfasis espiritual en los institutos, campamentos de los Exploradores del Rey, de las Misioneritas, de los jóvenes.  Una encuesta hecha recientemente entre 17.000 jóvenes reveló que 75% de ellos recibieron el bautismo del Espíritu en campamentos.  Vale la pena el esfuerzo, el tiempo, el dinero invertido.  En las congregaciones, hay que  invitar a un evangelista o a otro pastor que Dios usa en el ministerio de ayudar a las personas para recibir la experiencia pentecostal.  En muchos países hemos visto los hermosos resultados de estos esfuerzos especiales.

El futuro de nuestra obra dependerá de mantener un Pentecostés actualizado.

 

M. David Grams


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. faustino puente garcia

    tristemente en mi estado han cambiado los retiros por simulaciones de convenciones y hubo menos bautizadosdel espiritu santo

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