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La autoridad de la esposa del pastor

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1998.1

Por María Martha Félix de M.

TEN MUCHO CUIDADO, Anita.  Eso no es tuyo” .  Eran las palabras de un padre a su pequeña hija, la cual tenía en sus manos una muñeca que no le pertenecía.

¡Con cuanto esmero cuidamos lo que no nos pertenece!  ¡Cuánta responsabilidad sentimos al tener a nuestro cuidado algo ajeno!  El Buen Pastor nos ha llamado a la tarea de apacentar y cuidar su rebaño.  Junto a nuestro esposo, como ayuda idónea desempeñamos  una labor sin igual.  Tenemos a nuestro cuidado algo ajeno de lo cual el Señor nos pedirá cuenta.

En semejante situación podemos preguntarnos:  ¿Cuál debe ser mi actitud como esposa de pastor frente a este rebaño?  ¿Cómo debo actuar en relación a la congregación que Dios ha puesto a nuestro cuidado?

Muchos son los aspectos a considerar, pero un tema de vital importancia del cual se han escrito libros enteros tiene que ver con la autoridad.

 

La fuente de nuestra autoridad

En ningún momento podemos olvidar que lo que somos lo debemos a nuestro Dios.  No estamos en el lugar de esposa de un pastor por mérito propio, sino porque el Señor nos ha elegido.  No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes, Juan 15:16.  En Romanos 13:1 se revela la fuente de toda autoridad:…pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto , así que las que existen fueron establecidas por él.

El realizar un estudio e investigar en las autoridades hasta llegar a su origen, indefectiblemente terminamos en Dios.  El Señor está por encima de todas las autoridades y todas ellas están bajo él.  Nuestra posición es la siguiente:  tendremos personas bajo nuestra autoridad, y a su vez estamos sometidos a la autoridad de otros.  Como siervas del Señor debemos aprender a no sólo obedecer a la autoridad, sino también a ser la autoridad delegada de Dios.  Dicha autoridad hemos de ejercer correctamente.

 

El ejercicio de la autoridad

Por las actividades que realiza y las funciones que desempeña, la esposa de pastor es observada.  La congregación entera se interesa por su actuar.  Debemos prestar mucho cuidado al ejercicio de la autoridad que Dios nos ha delegado.  Representamos a Dios.  No lo podemos hacer a la ligera.

No podemos cometer el pecado de atribuir a Dios ideas que son nuestras, pensamientos que provienen de nuestra mente.  No podemos culparle a él por errores que se contabilizan a la cuenta nuestra.

Recordemos que nosotras también somos ovejas del rebaño del Señor.  No podemos actuar como si fuésemos dueñas de las personas.  Los miembros de la congregación no son nuestros esclavos, ni siquiera nuestros hijos— son nuestros hermanos.  Sin distinción de sexo, raza o condición social todos son hijos de un mismo Padre.

Ejercer autoridad no significa mandonear, imponerse caprichosamente, controlar absolutamente todo.  Hacer cosas a nuestro antojo sólo causa problemas.  ¡Cuánto ha sufrido el cuerpo de Cristo con situaciones que resultan de un abuso de la autoridad encomendada!  ¡Cuántas personas quedan dañadas por actitudes tiranas y prepotentes!

Tenemos que saber mantener el equilibrio.  No podemos cumplir cada uno de los requerimientos de los miembros de la congregación;  hay que establecer límites.

No somos títeres manejados al antojo de la feligresía.  Hay que ocupar con dignidad y equilibrio el lugar en que Dios nos ha colocado porque la iglesia sufre cuando no hay autoridad o cuando ésta se ejerce mal.

 

Beneficios de la autoridad bien ejercida

Sentimos satisfacción cuando un hijo se porta bien.  La obediencia del hijo provoca mucho placer al corazón de los padres.  De igual manera nuestro Padre se alegra cuando ejercemos la autoridad correctamente.  ¿Qué más podemos pretender?  Dios no sólo queda satisfecho con nuestra actitud hacia su rebaño, sino que al ver nuestro amor por sus ovejas, nos confía más ovejas.  El rebaño crece, la familia se agranda.  Nuestro Padre es generoso para con sus hijos fieles.

Ejerciendo bien la autoridad recibimos bendiciones en esta tierra y habrá un saldo grande a nuestro favor cuando estemos en su presencia.  Pidamos la sabiduría divina para no caminar por los extremos.  Mantengamos siempre el equilibrio justo.  Busquemos que la Palabra de Dios sea nuestra guía y el Espíritu Santo nuestro Ayudador.

 

María Martha Felix de Medina

María Martha Felix de Medina, egresada del ISUM, es Directora Nacional del ministerio “Ji-Alfa” de Uruguay. Está en el proceso de finalizar su carrera de doctorada en la Facultad de Derecho. Alexis Medina B. es su esposo. Son pastores Alexis y Martha de la iglesia Centro Cristiano del Cordón en Montevideo. Tienen un hijo.


 

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