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Descubriendo nuestras raíces históricas

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1989.1

Por Rubén Zavala H.

 

 

Uno de los grandes movimientos  religiosos que se ha desarrollado mundialmente en el siglo XX es el  movimiento pentecostal, el cual cuenta con más de 100 millones de  miembros, incluyendo los 11 millones  de carismáticos y 5 millones de la Iglesia Kimbangista de África.

Dentro de este gran movimiento del Espíritu Santo se encuentra la  organización de las Asambleas de  Dios, que ha alcanzado a miles de vidas para Cristo en 118 países del  mundo2 y tiene una membresía  que pasa los 22 millones, de los  cuales 20 millones son latinoamericanos,  más de un millón son estadounidenses  y el resto (más de  otro millón) son africanos (600mil),  europeos (400 mil) Y asiáticos (200  mil).3 Este crecimiento fenomenal del pentecostalismo ha captado la  atención de muchos investigadores sociorreligiosos, quienes han llegado a afirmar que el movimiento  pentecostal constituye el 75  del protestantismo latinoamericano.4

Sin embargo, es lamentable reconocer  que las Asambleas de  Dios, que en el Perú llegamos a los  225 mil miembros y adherentes  aproximadamente,5 constituimos  un pueblo que, al igual que la mayoría  de las iglesias evangélicas del  Tercer Mundo, desconocemos  nuestra propia historia, y por lo  tanto nos encontramos como ciegos,  sin tener visión, andando a tientas, viviendo un continuo presente  existencialista, cometiendo los mismos errores del pasado, tratando  de “descubrir de nuevo” los  “” métodos de la evangelización y sin lograr tener perspectivas claras  para el futuro.

De este modo, lo único que logra  hacer la Iglesia al pretender elaborar  su “plan de trabajo” y al no  tener un propósito claro ni objetivos  definidos sobre su misión, es un “plan de actividades”, tratando  de rellenar el calendario con puro  activismo. Toma sus decisiones no en base a una evaluación objetiva  o a un análisis serio y reflexivo de  lo que le ha ocurrido en el pasado de tratar de cumplir con la misión  de Dios en el mundo, sino en base a lo que le parece más o menos bien en el presente usando criterios puramente  subjetivos. Esta realidad  que es palpable en muchas de nuestras iglesias locales, también  se ve reflejada en los otros niveles de nuestra organización. Este desconocimiento de la historia ha  creado un tipo de “iglesia personalista” que sigue a sus líderes carismáticos  del tiempo presente,  considerándolos como sus patriarcas o profetas porque cree que son los únicos que hacen historia.6

Y todo esto se debe a que la Iglesia carece de materiales escritos en castellano que traten sobre su historia.  Si existen algunos documentos  que cuentan de su pasado, en su mayoría están escritos en otros  idiomas, como por ejemplo las obras de misioneros norteamericanos como Leif Erickson (Beyond  That Sunrise, escrita en inglés). Así  . entonces, al desconocer el pasado, los asambleístas no hemos tomado  en cuenta la gran riqueza de nuestra herencia pentecostal, y con el  correr del tiempo hemos sido influidos  por otras corrientes teológicas contemporáneas.

Notamos en la historia de la Iglesia que el movimiento pentecostal moderno surgió en Norteamérica  al comenzar el presente siglo con las siguientes características:

• Daban una amplia libertad a su manera de orar, adorar y alabar a Dios, aceptando y practicando  los dones espirituales y ministeriales de los tiempos  apostólicos.  .

• Se dedicaban con todo fervor a la predicación del evangelio  del Reino de Dios para la salvación del hombre en toda su  dimensión: material y espiritual.  Por eso no solamente reprendían  a los demonios,  liberando a muchos oprimidos espirituales, sino que también oraban por los enfermos para  la sanidad de su cuerpo.  .

• Vivían en comunión y oraban  juntamente los negros con los  blancos, recibiendo éstos la ordenación  ministerial de manos  de aquéllos, desapareciendo  así la segregación racial entre  ellos.  .• Hacían énfasis en la investigación  de la Biblia, enseñando  que la santidad personal que  Dios demanda está unida a  una vida de servicio a. los demás.

• Atendían a las necesidades físicas y espirituales del pueblo  sin discriminación de sexo,  raza o clase social, y asimismo mostraban un compromiso social  con las comunidades pobres y marginadas de los  Estados Unidos de Norteamérica.

De modo que los primeros pentecostales tuvieron una visión clara  de la misión integral, pues viviendo  en comunión los unos con los otros, no divorciaron la vida devocional  de la investigación doctrinal,  ni separaron la tarea evangelística de la responsabilidad social.7

Pero posteriormente el movimiento  pentecostal que se desarrolló  en América Latina empezó a reducir el concepto integral de la  misión cristiana y en la actualidad  podemos notar que hemos dado  demasiado énfasis a algunos aspectos  y hemos descuidado otros  que también son importantes.

Es así que muchos hemos enfatizado la experiencia personal con Dios y la operación de los dones  espirituales, pero no hemos enfatizado con la misma fuerza el estudio bíblico y el adoctrinamiento. Tampoco hemos profundizado en  la investigación teológica y por lo tanto nuestra predicación casi  siempre ha sido devocional, y muy pocas veces expositiva. No se ha contextualizado con la problemática  social.

No es que debamos reemplazar  el poder de Dios por nuestros conocimientos,  sino que debemos  aprender a amar a Dios también  con toda nuestra mente (Cf. Mateo  22:37) y no solamente con nuestra  alma y nuestro corazón. Debemos  entregarle a Dios todo nuestro ser  y permitirle que obre a través de  todos los componentes de nuestra  personalidad: intelecto, sentimiento  y voluntad.

Asimismo nos hemos dedicado fervientemente a la tarea evangelística, pero al enfatizar la salvación  de las “almas” no hemos considerado al hombre integral en toda su dimensión. Por lo tanto, hemos  descuidado nuestra responsabilidad social, olvidándonos que el  hombre no sólo es espíritu sino también materia, que tiene necesidades materiales y espirituales, y que como cristianos tenemos que  demostrar nuestro amor a Dios sirviendo  a nuestro prójimo en la dramática situación social en que vivimos.8

De modo que, muchas veces hemos comunicado un evangelio recortado,  predicando el evangelio  de las “ofertas” (amor, salvación,  sanidad, bendición), pero no el  evangelio del Reino de Dios que demanda un compromiso serio de  entrega y consagración a la obra de  Dios, que exige pagar el costo del discipulado. Hemos dejado de cumplir nuestra misión de ser sal  y luz en nuestra sociedad, y nos hemos callado ante las injusticias  de los hombres, anunciando a Cristo, pero no denunciando el pecado que se encuentra en el corazón  del hombre y de las estructuras  sociales.

Frente a esta realidad que hemos podido observar brevemente, surge la imperiosa necesidad de conocer nuestras raíces históricas, volver a nuestras fuentes bíblicas y rescatar la visión amplia y completa de la misión de la Iglesia tal como lo entendieron y practicaron los primeros pentecostales del siglo XX.

 

NOTAS BIBLIOGRAFICAS

1 David Barret, World Christian Enciclopedia, 1982. Citado por Carlos  Jiménez en Crisis en la teología contemporánea.  Miami: Editorial Vida,  1985, p. 159.

2 Eduardo Cañas E., “Histórico retiro  en Costa Rica”. CONOZCAMiami: Servicio de Educación  Cristiana, Enero-marzo 1985, p.10.

3 Las Asambleas de Dios del Brasil  tienen una membresía que llega a  los 10 millones de creyentes.  Véase Tomás Bamat, ¿Salvación o  dominación? Quito: Editorial “El  Conejo”, 1986, página 27, y Alfonso Mora, citando The Pentecostal  Evangel en Trasfondo histórico de  las Asambleas de Dios. Lima: Instituto  Bíblico Superior de las Asambleas de Dios del Perú,  1984, pp. 16-22.

4 Juan Kessler, La historia de la Iglesia en América Latina. Lima: Seminario  Evangélico de Lima, 1981, p.  19.

5 Rubén Zavala H., Un enfoque histórico- misiológico de las Asambleas  de Dios del Perú. Tesis de Licenciatura en Misiología. Lima: Seminario Evangélico de Lima, diciembre 1987, p. 111.

6 Estuardo McIntosh, Génesis de la  historia evangélica en el Perú. Lima:  Seminario Evangélico de Lima,  1980, pp. 3, 4.

7 Zavala, Op.cit., pp. 58, 59.

8 lbid, p. 171. Véase también: David Gómez, “El intérprete evangélico”, CONOZCA. Miami: SEC, Abril-junio 1987, p. 14. El licenciado Rubén Zavala Hidalgo es profesor  de misionología en el Instituto Bíblico Superior de  las Asambleas de Dios del Perú (ISAD). Ha preparado una historia de las Asambleas de Dios del Perú después de llevar a cabo una investigación en viajes por todo el país.

Rubén Zavala


 

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