Por Rubén Zavala H.
Uno de los grandes movimientos religiosos que se ha desarrollado mundialmente en el siglo XX es el movimiento pentecostal, el cual cuenta con más de 100 millones de miembros, incluyendo los 11 millones de carismáticos y 5 millones de la Iglesia Kimbangista de África.1
Dentro de este gran movimiento del Espíritu Santo se encuentra la organización de las Asambleas de Dios, que ha alcanzado a miles de vidas para Cristo en 118 países del mundo2 y tiene una membresía que pasa los 22 millones, de los cuales 20 millones son latinoamericanos, más de un millón son estadounidenses y el resto (más de otro millón) son africanos (600mil), europeos (400 mil) Y asiáticos (200 mil).3 Este crecimiento fenomenal del pentecostalismo ha captado la atención de muchos investigadores sociorreligiosos, quienes han llegado a afirmar que el movimiento pentecostal constituye el 75 del protestantismo latinoamericano.4
Sin embargo, es lamentable reconocer que las Asambleas de Dios, que en el Perú llegamos a los 225 mil miembros y adherentes aproximadamente,5 constituimos un pueblo que, al igual que la mayoría de las iglesias evangélicas del Tercer Mundo, desconocemos nuestra propia historia, y por lo tanto nos encontramos como ciegos, sin tener visión, andando a tientas, viviendo un continuo presente existencialista, cometiendo los mismos errores del pasado, tratando de “descubrir de nuevo” los “” métodos de la evangelización y sin lograr tener perspectivas claras para el futuro.
De este modo, lo único que logra hacer la Iglesia al pretender elaborar su “plan de trabajo” y al no tener un propósito claro ni objetivos definidos sobre su misión, es un “plan de actividades”, tratando de rellenar el calendario con puro activismo. Toma sus decisiones no en base a una evaluación objetiva o a un análisis serio y reflexivo de lo que le ha ocurrido en el pasado de tratar de cumplir con la misión de Dios en el mundo, sino en base a lo que le parece más o menos bien en el presente usando criterios puramente subjetivos. Esta realidad que es palpable en muchas de nuestras iglesias locales, también se ve reflejada en los otros niveles de nuestra organización. Este desconocimiento de la historia ha creado un tipo de “iglesia personalista” que sigue a sus líderes carismáticos del tiempo presente, considerándolos como sus patriarcas o profetas porque cree que son los únicos que hacen historia.6
Y todo esto se debe a que la Iglesia carece de materiales escritos en castellano que traten sobre su historia. Si existen algunos documentos que cuentan de su pasado, en su mayoría están escritos en otros idiomas, como por ejemplo las obras de misioneros norteamericanos como Leif Erickson (Beyond That Sunrise, escrita en inglés). Así . entonces, al desconocer el pasado, los asambleístas no hemos tomado en cuenta la gran riqueza de nuestra herencia pentecostal, y con el correr del tiempo hemos sido influidos por otras corrientes teológicas contemporáneas.
Notamos en la historia de la Iglesia que el movimiento pentecostal moderno surgió en Norteamérica al comenzar el presente siglo con las siguientes características:
• Daban una amplia libertad a su manera de orar, adorar y alabar a Dios, aceptando y practicando los dones espirituales y ministeriales de los tiempos apostólicos. .
• Se dedicaban con todo fervor a la predicación del evangelio del Reino de Dios para la salvación del hombre en toda su dimensión: material y espiritual. Por eso no solamente reprendían a los demonios, liberando a muchos oprimidos espirituales, sino que también oraban por los enfermos para la sanidad de su cuerpo. .
• Vivían en comunión y oraban juntamente los negros con los blancos, recibiendo éstos la ordenación ministerial de manos de aquéllos, desapareciendo así la segregación racial entre ellos. .• Hacían énfasis en la investigación de la Biblia, enseñando que la santidad personal que Dios demanda está unida a una vida de servicio a. los demás.
• Atendían a las necesidades físicas y espirituales del pueblo sin discriminación de sexo, raza o clase social, y asimismo mostraban un compromiso social con las comunidades pobres y marginadas de los Estados Unidos de Norteamérica.
De modo que los primeros pentecostales tuvieron una visión clara de la misión integral, pues viviendo en comunión los unos con los otros, no divorciaron la vida devocional de la investigación doctrinal, ni separaron la tarea evangelística de la responsabilidad social.7
Pero posteriormente el movimiento pentecostal que se desarrolló en América Latina empezó a reducir el concepto integral de la misión cristiana y en la actualidad podemos notar que hemos dado demasiado énfasis a algunos aspectos y hemos descuidado otros que también son importantes.
Es así que muchos hemos enfatizado la experiencia personal con Dios y la operación de los dones espirituales, pero no hemos enfatizado con la misma fuerza el estudio bíblico y el adoctrinamiento. Tampoco hemos profundizado en la investigación teológica y por lo tanto nuestra predicación casi siempre ha sido devocional, y muy pocas veces expositiva. No se ha contextualizado con la problemática social.
No es que debamos reemplazar el poder de Dios por nuestros conocimientos, sino que debemos aprender a amar a Dios también con toda nuestra mente (Cf. Mateo 22:37) y no solamente con nuestra alma y nuestro corazón. Debemos entregarle a Dios todo nuestro ser y permitirle que obre a través de todos los componentes de nuestra personalidad: intelecto, sentimiento y voluntad.
Asimismo nos hemos dedicado fervientemente a la tarea evangelística, pero al enfatizar la salvación de las “almas” no hemos considerado al hombre integral en toda su dimensión. Por lo tanto, hemos descuidado nuestra responsabilidad social, olvidándonos que el hombre no sólo es espíritu sino también materia, que tiene necesidades materiales y espirituales, y que como cristianos tenemos que demostrar nuestro amor a Dios sirviendo a nuestro prójimo en la dramática situación social en que vivimos.8
De modo que, muchas veces hemos comunicado un evangelio recortado, predicando el evangelio de las “ofertas” (amor, salvación, sanidad, bendición), pero no el evangelio del Reino de Dios que demanda un compromiso serio de entrega y consagración a la obra de Dios, que exige pagar el costo del discipulado. Hemos dejado de cumplir nuestra misión de ser sal y luz en nuestra sociedad, y nos hemos callado ante las injusticias de los hombres, anunciando a Cristo, pero no denunciando el pecado que se encuentra en el corazón del hombre y de las estructuras sociales.
Frente a esta realidad que hemos podido observar brevemente, surge la imperiosa necesidad de conocer nuestras raíces históricas, volver a nuestras fuentes bíblicas y rescatar la visión amplia y completa de la misión de la Iglesia tal como lo entendieron y practicaron los primeros pentecostales del siglo XX.
NOTAS BIBLIOGRAFICAS
1 David Barret, World Christian Enciclopedia, 1982. Citado por Carlos Jiménez en Crisis en la teología contemporánea. Miami: Editorial Vida, 1985, p. 159.
2 Eduardo Cañas E., “Histórico retiro en Costa Rica”. CONOZCA. Miami: Servicio de Educación Cristiana, Enero-marzo 1985, p.10.
3 Las Asambleas de Dios del Brasil tienen una membresía que llega a los 10 millones de creyentes. Véase Tomás Bamat, ¿Salvación o dominación? Quito: Editorial “El Conejo”, 1986, página 27, y Alfonso Mora, citando The Pentecostal Evangel en Trasfondo histórico de las Asambleas de Dios. Lima: Instituto Bíblico Superior de las Asambleas de Dios del Perú, 1984, pp. 16-22.
4 Juan Kessler, La historia de la Iglesia en América Latina. Lima: Seminario Evangélico de Lima, 1981, p. 19.
5 Rubén Zavala H., Un enfoque histórico- misiológico de las Asambleas de Dios del Perú. Tesis de Licenciatura en Misiología. Lima: Seminario Evangélico de Lima, diciembre 1987, p. 111.
6 Estuardo McIntosh, Génesis de la historia evangélica en el Perú. Lima: Seminario Evangélico de Lima, 1980, pp. 3, 4.
7 Zavala, Op.cit., pp. 58, 59.
8 lbid, p. 171. Véase también: David Gómez, “El intérprete evangélico”, CONOZCA. Miami: SEC, Abril-junio 1987, p. 14. El licenciado Rubén Zavala Hidalgo es profesor de misionología en el Instituto Bíblico Superior de las Asambleas de Dios del Perú (ISAD). Ha preparado una historia de las Asambleas de Dios del Perú después de llevar a cabo una investigación en viajes por todo el país.





