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¿El desafío del sufrimiento o el desafío a la fe?

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2015.1

Por Virginia A. de Contreras

 

 

En su libro La Biblia que leyó Jesús, en el capítulo dos, que lleva por título “Ver en la oscuridad”,  Philip Yancey reflexiona acerca del tema del sufrimiento, especialmente el sufrimiento inmerecido. Yancey describe su relación con el libro de Job: de considerarlo por mucho tiempo “el libro más exhaustivo de la Biblia sobre el problema del dolor y el sufrimiento”[1] a una óptica diferente que nos orienta al tema de la fe.

Aunque Job puede ayudarnos a plantear nuestras preguntas sobre el sufrimiento injusto, fracasa en darnos muchas respuestas por una razón muy sencilla: los capítulos 1 y 2 han dado a conocer claramente que, a pesar de todo lo que piense Job, Dios no es el acusado en este libro, Job es el acusado. El libro no proporciona respuestas al problema del dolor: ¿Dónde esta Dios cuando duele?; porque el prólogo ya ha prescindido de ese asunto. El propósito es la fe: ¿Dónde esta Job? ¿Cómo está respondiendo?[2]

La finalidad de esta contienda celestial planteada en los primeros capítulos del libro de Job es comprobar la tesis planteada por Satanás: Job ama a Dios tan solo por los favores que Dios ha dispensado a su vida. Si Dios removiera su mano de favor y protección sobre Job, la devoción de Job a Dios se desvanecería. En otras palabras: Dios no es digno de ser amado por quien es El sino tan solo por lo que se puede obtener de El. Esto lo sabe el lector por haber podido ver la situación real detrás de la cortina de la eternidad. Por esto, “en esencia Job, se enfrentaba a una crisis de fe, no de sufrimiento. Y así también nosotros. Todos nosotros a veces nos encontramos en una situación similar a la de Job.”[3]

¡Cuántos conocidos y desconocidos, amigos y enemigos vienen a nuestras vidas filosofando con sus explicaciones enlatadas y fórmulas de escape! Como dijo un sobreviviente: “las teorías sobre el dolor me confundían y ninguna me ayudó. Lo que más yo deseaba de Dios y de la gente de Dios era seguridad y consuelo. En casi todos los casos los cristianos me traían más dolor y poco consuelo.” [4]

El valor del análisis de Yancey es señalar que la mayoría de las interpretaciones del libro de Job se han dado teniendo en cuenta el capítulo tres en adelante y por eso el tema del sufrimiento ha hecho tanto ruido que no ha permitido oír la trama principal: el horno de fuego al que es sometida la fe de un hombre inocente y temeroso de Dios.

La interpretación de este drama y causa del sufrimiento para los amigos de Job es el pecado en la vida de Job. Sin embargo el lector sabe que Job no ha hecho nada malo. En Job 2:3 Dios ya se ha referido a Job con estas palabras: “recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal.” Por eso para Yancey el drama cósmico descripto en el libro de Job es en realidad “la contienda por la fe de Job. ¿Creerá Job a Dios o lo negará?”[5] Y en esta contienda surgen los peligros para el sufriente involucrado: “Como dijo C.S. Lewis en su diario de aflicción después de la muerte de su esposa: ‘No es que estoy (así pienso) en mucho peligro de dejar de creer en Dios. El verdadero peligro es llegar a creer cosas tan espantosas sobre él. La conclusión que temo no es ‘así que después de todo no hay ningún Dios’, sino ‘Así que Dios realmente es así. No te engañes más.’ ¿Es Dios un sádico cósmico?, preguntó Lewis con su franqueza característica y repitiendo las dudas de Job.”[6] ¡Cuántas preguntas nos surgen en tiempos de sufrimiento!

Job no sigue el consejo de su esposa de “¡maldice a Dios y muérete!” y aunque lo cuestiona, nunca abandona a Dios. “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (13:15). Finalmente la fe de Job triunfa. Después de 35 capítulos acerca del tema del sufrimiento Dios aparece en escena y su mensaje es algo así: “Job, mientras no conozcas mejor como se gobierna el universo físico, no me digas como gobernar el universo moral”[7], a lo que Job responde: “reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas” (42:3)

En el análisis de Yancey la fe es el mensaje principal del libro de Job y no el sufrimiento ni las recompensas por eso concluye con esta reflexión digna de consideración: “Job presenta la asombrosa verdad que nuestras decisiones de fe no solo nos importan a nosotros y a nuestro propio destino, sino, asombrosamente, a Dios mismo…La fe de Job le ganó una gran victoria a Dios sobre Satanás, que había cuestionado el experimento humano en su totalidad.”[8]

Cabe preguntarnos: ¿si alguien cercano o nosotros mismos atravesamos tormentas en la vida como las de Job, tendremos la tentación de culpar a Dios, veremos a Dios como nuestro enemigo, daremos respuestas rápidas y superficiales o bien nos aferraremos a la fe en el carácter de nuestro Dios cuando toda razón de hacerlo por interés propio se nos quite?

“Usted nunca debe ir a Dios porque El es útil. Vaya a Dios porque El es hermoso. Y sin embargo no hay nada más útil que encontrar hermoso a Dios.”, Tim Keller.

 

 


[1] Philip Yancey. La Biblia que leyó Jesús. (Grand Rapids: Zondervan, 2003), 48.

 

[2] Ibid., 56.

 

[3] Ibid., 66.

 

[4] Ibid., 47.

 

[5] Ibid., 52.

 

[6] Ibid., 60.

 

[7] Ibid., 65.

 

[8] Ibid., 70.

Virginia A. de Contreras


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Es realmente un desafio para nuestra fe hoy en dia. Pero que importante , cuando el Señor arrebate a la
    iglesia encuetre fe en ella.
    Muchos sufren y no pierden la esperanza pero otros quedan en el camino. y eso si es triste.

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