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Bulimia y anorexia: ¿podrían estar en la iglesia?

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2015.1

Por Antonio Roberto Suárez

 

 

Según datos de la Universidad de Buenos Aires, el 80% de los adolescentes actuales ha tenido bulimia y anorexia y el 4% las padece. Semejante porcentaje debería alertar a Iglesia del Señor a que se preparare adecuadamente en relación a estos trastornos alimentarios.

Poco se habla en las iglesias sobre la bulimia y la anorexia. Sin embargo estos trastornos, junto a la obesidad, podrían advertirse entre los jóvenes de cualquier congregación evangélica. En los siguientes párrafos trataremos de dar algunas informaciones acerca de estas patologías para ayudar a los líderes eclesiásticos en el conocimiento, la prevención, detección y tratamiento de ellas.

En definiciones sencillas y de acuerdo a las nociones que tiene la gente en general, la anorexia es una “grave y prolongada pérdida del apetito”[1] y la bulimia consiste en sentir “exageradas ganas de comer”[2]. Desde otras fuentes de información más completas podría agregarse que la anorexia nerviosa se caracteriza, entre otras cosas, por una percepción alterada sobre el peso corporal que lleva a rechazar la comida o a comer y luego tomar purgantes, aunque por edad y talla se esté por debajo del peso normal. Para la bulimia nerviosa podríamos agregar que los que la padecen sienten que han perdido el control sobre los alimentos por lo que tienen frecuentes atracones y luego, mediante conductas compensatorias inapropiadas (provocación del vómito, muchos laxantes, diuréticos, ayuno o ejercicio excesivo) intentan neutralizar los efectos de esa ingesta de comida en exceso.

La bulimia y la anorexia pueden tener su origen en diversos factores, entre los cuales señalaremos sólo algunos: a) el valor que la sociedad en general da a la delgadez, haciéndose de ella una meta a la que todos (en especial los adolescentes y jóvenes) deberían llegar de cualquier manera. b) Algunos problemas y trastornos de la personalidad como baja autoestima, excesiva ansiedad, dificultades para socializar con otras personas, percepción irreal de la imagen corporal, miedos, fobias, obsesiones (por la comida sana, por el cuerpo) o compulsión a comer. c) Traumas internos que lleven inconscientemente a una actitud de autodestrucción. Es obvio que dentro de este pequeño listado los factores pueden asociarse entre ellos o con algunos otros no mencionados, a los que cualquier consejero entrenado o profesional podría detectar al atender eventualmente al afectado.

Cabe aclarar que algunas de estas problemáticas psicológicas podrían tener un origen físico (por ejemplo: mal funcionamiento de la tiroides) o podrían generar un daño orgánico, por ejemplo: anemia, trastornos gastrointestinales, amenorrea (falta de menstruación) y otros más. Debido a eso, uno de los primeros consejos que debería recibir una persona que manifiesta tener síntomas de bulimia o anorexia es el de concurrir a un médico para que le haga un examen clínico.

Para la prevención de estos males modernos en las iglesias podríamos recomendar la realización de talleres en las reuniones de jóvenes y en los campamentos o retiros, de manera que los adolescentes estén conscientes de la existencia de estas patologías y también puedan realizar consultas si identifican en sus conductas alimentarias algunas de las características de estas enfermedades vistas anteriormente. Es importante recordar que en este tipo de problemáticas psicológicas no es recomendable pedir que los jóvenes reconozcan públicamente sus síntomas, porque normalmente los ocultan hasta de su familia. Será necesario por lo tanto, si se hacen encuestas escritas, que las mismas sean anónimas, dando la oportunidad a los asistentes para que con posterioridad se puedan contactar con líderes preparados para recibir ayuda o eventualmente derivarlos a profesionales cristianos.

Hace muchos años atendí a una joven de una iglesia de Buenos Aires a la que su líder le informó que su conducta alimentaria era propia de los que padecen bulimia. A partir de allí ella buscó ayuda profesional y en el consultorio, mediante la ayuda de Dios, encontramos las razones que hasta ese momento, inconscientemente, la llevaban a comer en exceso para luego tomar muchos laxantes.

Con respecto al trabajo pastoral, sería bueno que atendamos a los que están afectados por la bulimia o la anorexia tratando en primer lugar de identificar las causas que hayan generado esas patologías, para luego, con la ayuda de Dios y de su Palabra, desactivarlas. Los pasajes bíblicos que se usen serán los adecuados para la problemática encontrada en el diálogo con el aconsejado. A modo de guía anotamos tres líneas que se podrían seguir en este tipo de consejería:

  • En primer lugar reconocer que somos hechos, creados por Dios, y debemos aceptar nuestra apariencia física sin cuestionamientos para vivir con ella en plena paz y felicidad (Sal. 100:3; Ef. 2:10; Ro. 9:20).
  • En segundo lugar, debemos recordar siempre que Dios nos ha comprado, nos ha rescatado y nuestro cuerpo y nuestro espíritu le pertenecen, teniendo el privilegio de que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo (1Co. 6:19, 20).
  • Finalmente, debemos ocuparnos en todo tiempo del cuidado de nuestro cuerpo y de nuestra conducta como cristianos bajo la guía del Espíritu Santo (1Tim. 4:16; Ro. 8:14).

De acuerdo a lo expuesto hasta aquí, podemos señalar que es muy importante que los jóvenes de nuestras iglesias escuchen y aprendan sobre estos trastornos de la alimentación y tengan la oportunidad de ser ayudados por personas capacitadas en el caso de padecerlos. La iglesia preparada en esta área puede usar también esa capacidad para implementar tareas evangelísticas y alcanzar a otros jóvenes que, lejos de Dios, podrían padecer bulimia y anorexia.



[1] Clyde M. Narramore, Enciclopedia de problemas sicológicos, (Miami, EE.UU.: Editorial Unilit, 1990), 229.

[2] Ibíd., 230.

Roberto Antonio Suárez

Antonio Roberto Suárez Ministro Ordenado de la Unión de las Asambleas de Dios. Licenciado en Psicología (UBA). Profesor de Enseñanza Media y Superior en Psicología (UBA). Estudios de Maestría en Teología Práctica de la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios para América Latina con tesis entregada para aprobación. Anciano en la Iglesia Avance Cristiano (UAD) de Temperley. Ex Pastor de la Iglesia de Dios de Isla Maciel, Iglesia “Amor de Dios” y Centro Cristiano Familiar de Avellaneda. Profesor de escuelas secundarias y terciarias en varias materias. Profesor de Aconsejamiento en Instituto Bíblico Río de la Plata (SIM). Profesor de Psicología Evolutiva y Educación de Adultos en IBE N°23 Jerusalén y en IBE N°32 ISTE (Emanuel).


 
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Comentarios: 4

  1. Que bueno esta este articulo !! hoy los adolescentes y aquellos que les interesa lo que dicen los demas sufren estos sintomas. Sus familias tambien buscando soluciones. Solo el Señor lo puede hacer.

  2. sandra gimenez

    Me parece excelente poder tratar estos temas en la iglesia ya ke muchos jovenes y adolescente pasan por esta enfermedad y como obreros tenemos el deber de ayudarlos y atraerlos con lazos de amor hacia nuestro Señor Jesucristo.

  3. Martina boschetti

    Buenas tarde…padezco bulimia nerviosa purgativa…estaba buscando ayuda si saben de algún centro Cristiano..no quiero medicación yo naci en avance Cristino y allic lo conozco queria saber si el trabaja este tema gracias

  4. Las cifras que mencionan de la Universidad de Bs. Aires no tienen referencia. No tiene apoyo lo que dice. Por favor podría indicarlo

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