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Drogadicción y delincuencia juvenil

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2016.1

Por Pablo Hoff


 

Estábamos horrorizados al ver en las noticias televisadas a un joven de quince años amenazando con una enorme arma blanca al conductor de un microbús, para robarle.  Es probable que él y su compañero de fechorías recurran a la violencia para sufragar los gastos del vicio de consumir drogas.  La drogadicción y la delincuencia casi siempre son inseparables; la segunda es el resultado de la primera.  Uno de los peores aspectos de este flagelo es que ha invadido a las filas de la escuela básica y secundaria.

El sistema moderno de justicia no es capaz para controlar la situación.  Inspiradas por un humanismo irrealista, las leyes protegen a los delincuentes menores de un castigo adecuado.  Por otra parte, hemos leído noticias que hablan del poder judicial aceptando sobornos de los narcotráficos, y, por lo tanto, éstos realizan su comercio nefasto sin impedimentos mayores.

¿Qué debemos hacer para proteger a los escolares menores de la tentación de ingerir drogas?  ¿Cuáles son los pasos remediales que debemos tomar?  ¿Cómo podemos ayudar al joven drogadicto?  Ofrecemos algunas sugerencias

 

Fortalecer la familia

Según un profesor de la escuela secundaria, la mayoría de los adolescentes involucrados en las drogas son de hogares mal constituidos.  El tener ambos padres y un clima de amor y seguridad, son imprescindibles para el desarrollo íntegro del niño. Gonzalo González, director del centro de rehabilitación de drogadictos, Jah Nissi, cuenta su experiencia.  La madre de él, al ser abandonada por su marido, le internó en un hogar de menores.  Este niño de cinco años sufría intensamente la falta de tener un padre; sentía una soledad angustiante. Cuando tenía trece años, comenzó a fumar marihuana. Al principio sentía paz, y la droga llegó a reemplazar a su padre. Pero con el transcurso de los años, el vicio produjo la sensación contraria; la soledad se multiplicó cien veces. Sólo Dios podía llenar el vacío en su corazón.

 

Cumplir el rol paterno

Es preciso también cerrar la brecha entre las generaciones.  Los adolescentes que experimentan vacuidad y confusión necesitan desesperadamente tener padres inteligentes y comprensivos a quienes poder recurrir en momentos de crisis personales; precisan que gocen de la confianza de sus hijos y los aconsejen bien.  Tales personas prepararán a sus hijos para enfrentar las tentaciones en el mundo.  Proporcionarán oportunidades para que los jóvenes asistan a los cultos, participen en las actividades de la iglesia, tengan parte en el altar familiar y conozcan personalmente a Cristo como su Salvador personal.

 

La Iglesia debe desempeñar su papel

No todo el cargo de conservar a la juventud cae sobre los hombres de los padres sino que la iglesia tiene que asumir su responsabilidad.  Debe preguntarse: ¿La enseñanza en la escuela dominical “rasca donde pica”, es decir, prepara al niño y adolescente a vivir la vida cristiana en un ambiente corrupto?  ¿Da a la juventud la oportunidad de participar en la adoración de la congregación?  ¿Permite que, por lo menos, parte de la música sagrada sea contemporánea? ¿Tiene un programa de actividades recreativas para mantener juntos a los jóvenes y ocupar su tiempo en cosas sanas?  ¿Les enseña en clases especiales acerca de los asuntos de su vida tales como citas con el sexo opuesto, noviazgo, matrimonio, sexo y castidad?

Puesto que “las malas compañías corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33), conviene que los adolescentes evangélicos formen su propio grupo en las escuelas y mantengan normas cristianas.  Los pastores y líderes de los jóvenes deben dejar a un lado su sectarismo (excesiva y exclusiva lealtad a su corporación) y enseñar que el Cuerpo de Cristo es uno y nosotros los cristianos debemos tener comunión con todos sus miembros, es decir, los jóvenes deben quitar la camiseta denominacional y considerarse evagélicos en vez de identificarse como bautistas, presbisterianos o pentecostales.  “La Unión Hace la Fuerza”.

Sugerimos seriamente que fundemos más escuelas básicas y secundarias que sean verdaderamente evangélicas.  Así podremos controlar el ambiente y eliminar la posibilidad de los niños y adolescentes sean corrompidos moral y referente al uso de drogas.  Nos costará caro edificar y equipar escuelas pero una vez que lo hagamos, podemos contar con la municipalidad para subvencionarlas.  Al comparar el costo de perder espiritual y moralmente la juventud con el de construir edificios, vemos la ventaja abrumadora de la última.

 

Abrir y Sostener Centros de Rehabilitación    

Finalmente aconsejamos a los pastores y directores de las congregaciones apoyar a los centros de rehabilitación de drogadictos.

Recién estuve presente en la graduación de algunos jóvenes, ex drogadictos, los cuales eran “tizones arrebatados del fuego”.  Su testimonio me conmovió, pero fui impactado también por el amor y sacrificio del director del centro.  Casi toda la responsabilidad del centro cae sobre él.  La alcaldesa de la comuna estuvo presente pero, ¿dónde estuvieron los pastores del área?   ¿Acaso no tiene la iglesia la responsabilidad de sostener esta obra tan importante?  ¿Somos como el sacerdote y levita en la parábola del buen samaritano?  ¿En el día final oiremos las palabras de Cristo: “Estuve en las llamas de la drogadicción y no hiciste nada para sacarme.  De cierto te digo que en cuanto no lo hiciste a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hiciste”.

En las palabras de Nehemías, “¡Levantémonos y edifiquemos!”  Ya es tiempo de actuar decisivamente para conservar para Cristo nuestra juventud preciosa y también extender una mano para poner en libertad a los cautivos.

Pablo Hoff


 
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Comentarios: 2

  1. Ricardo Quiroz

    Mi buen artículo de mi maestro del IBAD. Ojalá que aquellos pastores que lean el tema, puedan aplicarlo en sus congregantes para lograr a fortaleces las familias, ya que muchas familias de cristianos el dia de hoy, tiene a sus hijos involucrados es estos vicios y hábitos insanos.

  2. Dailyn Barona

    Soy miembro de la Iglesia Cristiana “Centro Cristiano Nueva Vida” de las Asambleas de Dios; y lidero el ministerio “En Las Manos del Alfarero” donde hacemos un voluntariado de ayuda espiritual en clínicas de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos, tenemos un programa de ayuda social y evangelización a las familias de los internos y de quienes reciban nuestra ayuda y el evangelio.

    Es un trabajo muy complejo y me agradaría encontrar mas información sobre el trabajo que realizan o recomiendan; en este campo es necesario conocer experiencias y resultados que puedan ser de ayuda.

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