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Se solicita un oftalmólogo

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2000.2

 

Por Juan Vidal S.

            UN MILLAR DE aldeas inalcanzadas.  Ésta fue la visión que impulsó al gran David Livingstone a ir al continente africano.  Y como este veterano misionero, muchos más han dejado sus familias y posesiones para llevar la Palabra de Dios hasta otras latitudes.

Cuando se habla de misiones, parece que todos tienen algo que decir pero poco que hacer.  Cada cual saca a relucir sus mejores intentos: un libro de oración devocional, hojas de estadísticas de regiones poco evangelizadas, hasta alguna carta circular de un olvidado misionero.  Se llevan a cabo seminarios para analizar temas relativos a la evangelización transcultural.  Sin embargo, algo no funciona bien.   A fin de cuentas nuestra visión no nos impulsa como se esperaría que hiciera.  ¿Por qué será?

 

1. La promoción de las misiones es poco eficiente en muchos casos.

Uno de los problemas consiste en que se intenta involucrar en la tarea misionera únicamente a las congregaciones de las ciudades importantes, o en aquellas que tienen una asamblea numerosa.  Así se excluye de manera sistemática a un importante grupo de creyentes que también podrían hacer su parte en cumplir con la Gran Comisión.

Esta ineficacia resulta en que se posterga a las iglesias rurales del trabajo misionero.  Los hermanos provincianos no llegan a ver la preponderancia de la Gran Comisión sobre otras actividades eclesiásticas.

El concepto, la connotación de lo que es un misionero es deficiente.  Se piensa en un predicador itinerante a quien hay que “pagar” una ofrenda para que predique.  Se cuestiona su dedicación “a tiempo completo” y se pone en tela de juicio su preocupación por la satisfacción de las necesidades de su familia.

¡Y qué pérdida de fuerzas para las misiones!  A pesar de no ser tan numerosos, los creyentes de campo manifiestan una fidelidad inusitada cuando se trata de contraer compromisos con la obra de Dios.  Además estos hermanos de zonas rurales manifiestan una alta credibilidad.  Son menos escépticos en cuanto a responder afirmativamente a una empresa de fe.  Requieren menos explicaciones y cuestionamientos a la hora de responderle al Señor con sus recursos.

 

2. Una exégesis antojadiza.

¡Cómo nos gusta definir términos de acuerdo a lo que queremos alcanzar nosotros!   Pero debemos reconocer los errores cometidos y proponer soluciones concretas.  Un ejemplo de este problema es aquella defensa del excesivo localismo en las misiones. “Primero en Jerusalén” es la típica consigna de los que no están de acuerdo con traspasar las barreras nacionalistas con el mensaje redentor.  Se afirma que Cristo ordenó a sus discípulos predicar a su propia familia y ciudad (Jerusalén), luego a una región vecina (Judea), más tarde a alguna área lejana (Samaria), y recién entonces pensar en los demás países (hasta lo último de la tierra).  No obstante, tales exégetas nacionalistas pasan por alto un elemento vital:  ninguno de los discípulos era de Jerusalén, ni siquiera de Judea.  Los receptores de esta orden eran galileos.  Tal situación altera cualquier concepto localista de la evangelización ya que Jesús ni siquiera menciona a Galilea.  Cuando empecemos a derribar estos argumentos fantasiosos, nuestros ojos verán con mayor claridad la trascendencia de la proclamación transcultural.

 

3. Una escatología deficiente

La escatología nos puede empañar la visión si no tenemos cuidado.  Este ámbito del estudio bíblico posee muchos adeptos debido a las extravagancias en que caen algunos de sus expositores.  Algunos han llegado a pensar que no es necesario predicar el evangelio en todas las naciones puesto que durante la gran tribulación bastará simplemente con no aceptar la marca del “666” para ser salvo.

Otros afirman que la tarea de llevar el evangelio a los que nunca lo oyeron es de un ángel que ha de predicar a los moradores de la tierra, Apocalipsis 14:6.  ¡Con estas regalías la labor misionera se facilita significativamente!

Obviamente nuestra vista necesita de atención.  Para llegar a tener una visión misionera bíblica urge someternos a una intervención del Oftalmólogo Celestial.  Sólo así apreciaremos la orden divina de ir como una norma permanente.  El Señor tendrá que tocar nuestros ojos  para que tengamos una proyección de alcance mundial en nuestra perspectiva del evangelismo.

La nueva visión debe incluir a todo el cuerpo de Cristo.  Nuestros brazos deben extenderse para abarcar a los que casi siempre son postergados:  niños, ancianos, creyentes en iglesias rurales.  Tenemos que ver a todos aportando lo que les corresponde.

La educación será un poderoso instrumento en la divulgación del énfasis misionero producido por una óptica sana y bíblica.Las escuelas dominicales incluirán unidades específicas que no sólo van a inspirar sino también capacitarán a los pregoneros del reino.  Los institutos bíblicos y centros de enseñanza cristiana deberán proveer a sus educandos de las herramientas necesarias para administrar un plan de largo alcance.  Este proyecto tendrá que aunar los esfuerzos de iglesias, agencias misioneras y todas las instituciones involucradas.  De ser así, por fin se hará realidad el cumplimiento de la Gran Comisión.

La iglesia que pierde sus ojos espirituales es egoísta.  No obstante, su vista puede ser tocada por el Alto.  Doblemos las rodillas ante Aquél que dio vista al ciego.  Pidámosle que nos cambie la perspectiva, que en su misericordia nos haga ver más allá de lo físico, de lo nuestro.

 

 

 

 

 

 

 

Juan Vidal S.

Casado con Marcela Pérez, Juan Vidal Sandoval es miembro del equipo pastoral de una iglesia de Santiago de Chile. Es profesor de religión en escuelas públicas de su ciudad y profesor del Instituto Bíblico Pentecostal.


 

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