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¿Será que Dios se equivocó?

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2000.2

Por Walter Llanos

            CUANDO SENTÍ EL llamado a Mozambique surgió la pregunta en mi mente:  ¿Será que Dios se equivocó? Viendo televisión desde pequeño deseé conocer la tierra de Tarzán o de Daktari.  Cuando crecí pensé:  “Qué ridículo era ese pensamiento”.

Al entrar en el Instituto Bíblico pensaba:  “Nunca seré misionero”.  Deseaba servir a Dios en la enseñanza. Así fue que durante años enseñé en diferentes institutos.  Cuando hablaban de misiones, sólo pensaba en que oraría por aquellos que tuvieran el llamado y los sostendría, pero salir de Argentina y dejar lo que estaba haciendo era algo imposible.  A pesar de haber tenido una fuerte carga de oración por Mozambique cuando estudiaba, me parecía que lo que Dios quería  era que orara.  Sin embargo, con el tiempo entendí que no sólo se trataba de orar sino también de ir.

Pasaron casi once años desde el llamado hasta pisar por primera vez la tierra de Mozambique en un viaje exploratorio.  En esos años conocí a la que llegó a ser mi esposa.  Hablamos del llamado.  Lo aceptamos, pero siempre como algo lejano.  Dios nos usaba en nuestra tierra y con eso nos conformábanos. Pero el Señor nos quería tener en África.

Descubrí que en Mozambique no hacían falta evangelistas, sino maestros.  Las iglesias estaban llenas.  La gente había sufrido mucho por causa del comunismo y ahora parecía que todos corrían hacia Dios.  Pero el pueblo del Señor no se hallaba preparado para el despertamiento.  Varios hermanos fueron nombrados pastores con tan sólo un año de creyente.  Muchos de ellos no sabían ni leer ni escribir.

Vimos que era el tiempo de salir de Argentina, ya que no podíamos estar indiferentes a la situación de Mozambique mientras nos fijábamos sólo en lo que pasaba o dejaba de pasar en nuestro país.  Dios había bendecido a nuestra nación. Ahora teníamos que cumplir con el mandato De gracia recibisteis, dad de gracia, Mateo 10:18.  Como resultado presentamos el proyecto a las autoridades nacionales de nuestra organización.  Visitamos las iglesias con el fin de compartir la visión.  Luego salimos para Mozambique.

Cuando llegamos comenzó nuestra adaptación.  No fue fácil.  Habíamos salido de una ciudad bastante moderna para llegar a un lugar quedado en la historia.  Encontrar vivienda era difícil.  Casi no había.  Las pocas disponibles habían sobrevivido a la guerra de veintidos años que había flagelado al país.

Mientras andábamos por las calles, la gente nos miraba—éramos blancos y ellos de color.  Algunos manifestaban una desconfianza, producto del tiempo en que la nación había sido colonia de extranjeros.  Otros daban la impresión de que creían que éramos cualquier cosa rara.  Unos pocos se animaban a saludarnos y entablar una conversación.

Ni hablar de las comidas. No encontrábamos nada parecido a lo que estábamos acostumbrados.  A veces pasábamos horas preguntando por algún producto y siempre recibíamos la misma respuesta:  “No lo conocemos” o “No lo hay”.  No fue fácil este período, pero tampoco fue imposible de soportar.

Nos preocupaba mucho la llegada del verano.  Estando en invierno teníamos temperaturas de 30°.  ¡Y los nacionales tenían frío!  Cuando preguntamos cuál es la temperatura del verano, casi nos morimos.  La respuesta fue:  de 42° a 45° en la capital, y en algunas provincias hasta 55° con 90% de humedad.  Nos llevó entre seis y ocho meses el adaptarnos y conocer un poco de la historia y costumbres, comprender la manera de pensar y el por qué de su actuar.

El idioma fue y es otro problema.  A pesar que el idioma oficial es el portugués, hay veintidos lenguas regionales y más de dos cientos dialectos.  Cada salida a una aldea requiere la búsqueda de intérpretes del portugués al dialecto.  Por lo general hermanos de la iglesia nacional nos ayudan con este trabajo.

En la actualidad estamos en la ciudad de Chimoio, Manica, a 1.200 kilómetros de Maputo, la capital.  En lengua chona el nombre de la ciudad significa Pequeño Corazón.  Nos encontramos de veras en el corazón del país, dentro de lo qe se denomina “el corredor de Beira”, que es la salida al mar para los países de Zimbabwe y Malawi.  El 45% de la población de esta zona es HIV+. El salario mínimo de un obrero es $45 dólares por mes, cantidad que sólo alcanza para los gastos de una semana.  Mozambique es uno de los países más pobres del mundo.

En cuanto a lo espiritual, nos vemos en una batalla constante.  Muchos de los asistentes a las iglesias no pueden dejar sus raíces culturales de visitar a los curanderos, adivinos o brujos para hacer mal a un prójimo.  En algunos casos—y uno no lo puede creer—hay pastores que son los médicos brujos de la aldea.  La práctica de rituales es muy común en las iglesias del interior.  Los hermanos conocen a Jesús como su salvador, pero piensan que tienen que andar bien con Satanás debido al mucho miedo que le tienen.

Algo muy común es ver niños hasta de seis a doce meses sin nombre.  La razón es porque ningún espíritu le ha dado el nombre ni se ha manifestado para ser su espíritu guía durante el resto de su vida.  Debido a todo esto hemos dirigido nuestro trabajo a tres áreas importantes:

  • Crapacitación de obreros a través del instituto bíblico, seminarios en las aldeas, y cursos de preparación de maestros de escuela dominical.
  • Alfabetización de los hermanos en las iglesias.
  • Realización de atención primaria a la salud; enseñanza de saneamiento ambiental; alimentación  y profilaxis.  Además hay que hacer el esfuerzo de quitar el miedo al médico y crear el hábito de ir al hospital antes que al curandero.

En estos dos años y medio Dios nos ha sorprendido a cada instante.  Hemos visto su fidelidad cada día.  Nunca imaginamos que aprenderíamos tantas cosas diferentes, ni que nuestras vidas cambiarían de una manera tan radical, ni que conoceríamos una faceta nueva de Dios en nuestra vida.

He oído muchas veces de personas que están desesperadas por salir al campo misionero.  Esto no fue nuestro caso.  Cada uno de los años que pasaron desde que Dios puso la carga de orar, luego de salir, fueron años de preparación.  Sin saber nosotros, pasamos experiencias en nuestro país que nos ayudarían a soportar las luchas o situaciones que deberíamos pasar en Mozambique.  Este período de espera nos dio la respuesta a esa pregunta que tanto resonó en mi mente:  ¿Será que Dios se equivocó?  Esto también nos enseñó a movernos en el tiempo de Dios, a poder amar la tierra que él nos dio por heredad, a disfrutar de la gente de este lugar, a sentir como Dios siente cuando ve este pueblo.  Sé que Dios no se equivoca;  también sé que nosotros no nos equivocamos al decirle “Sí, Señor, estamos dispuestos a ir”.  El sometimiento a la voluntad de Dios abarca también una disposición de orar por Mozambique.

 

1.  Oremos por la situación política de Mozambique

            Que haya paz en todo el país.  En la primera elección que hubo  el proceso de campaña desató una guerra civil que duró 17 años.  Pidamos que esta vez haya una paz.

 

2.  Oremos por la situación espiritual de Mozambique.

            El enemigo trata de confundir a muchos cristianos.  Quiere hacerlos cumplir con tradiciones de su cultura que son anticristianas.

 

3.  Oremos por los misioneros en Mozambique.

            Hay que pedir por la salud de los misioneros en general.  Las enfermedades más comunes que enfrentamos son malaria, tifus, cólera y fiebre amarilla.  Que Dios guarde nuestra vida en especial en los meses de noviembre a abril, que es la época de lluvia.

Hay que orar por la seguridad.  Cuando hay inquietudes políticas las personas blancas siempre son los primeros en recibir agresiones.

Hay que rogar a Dios que guarde las familias de los misioneros.  Quedan lejos de sus seres amados y son susceptibles a ataques del enemigo.

 

4.  Oremos por el trabajo misionero.

            El trabajo en las aldeas.  Se necesita capacitar a los líderes de tal manera que ellos puedan crecer en la vida cristiana y levantar sus iglesias espiritual y numéricamente.

El trabajo en el área de salud.  Se necesita la ayuda divina para llevar a cabo este trabajo que bendice las iglesias del interior.

El trabajo en el Instituto Bíblico.  Que Dios siga abriendo puertas para cumplir de una mejor forma con este ministerio.

¿Será que Dios se equivocó?  Tenemos que aceptar lo que el Señor tiene para cada uno.  Hay que buscar el tiempo justo para el cumplimiento del ministerio.  Por sobre todas las cosas, hay que dejar que Dios vaya adelante.

 

Walter Llanos es isumista.  El y su esposa Laura trabajan como misioneros de la Unión de las Asambleas de Dios de Argentina en Mozambique.

Walter Llanos


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Rhina Deschamps

    Acepte AL senor casi DOS anos atras y pienso que necesito capacitarme para la mission, pertenezco AL liderazgo de mi iglesia, quiero recibir literature si es que hay disponible, Gracias que Dios te bendiga

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