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¿A quién le importan los idiomas originales de la Biblia? Una perspectiva de la Facultad de Teología

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2017.1

Por Jorge López Escobar

 

Incluir un curso de griego en el programa de estudio para los institutos bíblicos no resulta ser muy provechoso para los estudiantes, pues se trata de una asignatura demasiado teórica, y lo que necesitamos para nuestros obreros son cursos prácticos; algo que pueda servirles de inmediato en el ministerio…”  

Más o menos, éstas fueron las palabras de un líder educativo influyente que se oponía a la inclusión de un curso introductorio de griego del Nuevo Testamento en un instituto bíblico, como parte de la formación bíblico-teológica para los obreros en su todavía formación ministerial. Con el paso del tiempo, y después de no pocas reuniones de programación curricular, nuestro líder comprendió la necesidad de una mejor formación teológica integral para el ministerio, implicando con ello por lo menos, un curso introductorio de lenguas originales de la Biblia, en ese caso, de griego koiné.

La división de la teología en sus tres áreas principales: bíblica, sistemática y práctica, es  en un concepto claramente definido en el mundo de la reflexión teológica. Por lo mismo, toda sana teología en sus diversas ramas, siempre será útil para cualquier ministerio, pues la calidad del desempeño ministerial lo determina el mismo obrero que posee un llamamiento divino; no la teología en sí, sino el buen uso de ésta por aquel. En ese sentido,  toda formación teológica que parta de una adecuada filosofía educativa de orientación ministerial, no peca al incluir es su programa curricular, algún estudio de los idiomas bíblicos. Se trate ya de un predicador de la Palabra, un maestro que enseña Biblia o teología en el aula, o un escritor que exponga lo relacionado a la teología y el ministerio, su excelencia ministerial será mejor aún si está familiarizado con los idiomas originales de la Escritura. Y ya no se diga en relación al trabajo ministerial de un traductor de la Biblia propiamente; todos ellos, en mayor o menor grado, necesitan de un conocimiento fundamental de la gramática de los idiomas en que la Biblia fue escrita originalmente.

El marcado desinterés por el aprendizaje y enseñanza de los idiomas bíblicos, que a veces se percibe en algunos líderes y ministros, puede ser en alguna medida muy justificable, si el estudio de dichos idiomas queda totalmente desvinculado de la práctica ministerial. No tiene ningún sentido andragógico, por así decirlo, el aprender griego, hebreo y hasta arameo bíblico, si tan sólo se busca la satisfacción personal, y peor aún, si el mismo conlleva fines exhibicionistas desde una plataforma ministerial como el instituto bíblico o seminario, o desde púlpito, por ejemplo. Sería impropio, por no decir absurdo, que un predicador pasara tiempo en explicar las cuestiones de la terminología original del griego y hebreo, ante una congregación que desconoce tal tecnicismo bíblico. Si dicho obrero tomara en cuenta que sólo él como erudito comprende los principios y estructuras gramaticales de esos idiomas, y nadie más de la congregación, evitaría el error de pasar por alto el principio de reservar los tecnicismos de la teología para la sala de estudio del pastor, o llevarlos cuidadosamente al aula con estudiantes de ese mismo nivel de conocimiento, y sin ánimo de presunción.

Otra razón encontrada para no darle la debida importancia a los idiomas originales del Antiguo y Nuevo Testamento, tiene que ver con el obstáculo que dicho estudio ha representado para algunos estudiantes que necesitan continuar con el aprendizaje de otras áreas del saber teológico, de cara el ministerio. Sin embargo, el bajo nivel de dominio de los diferentes casos y declinaciones del griego Koiné, o la falta de compresión más allá de los puntos vocálicos del alefbet del hebreo, por ejemplo, no debería impedir que un estudiante con vocación ministerial prosiga con el resto de sus estudios teológicos. Es bien sabido que hay una diversidad de campos ministeriales que no requiere del obrero un conocimiento a profundidad de los idiomas bíblicos, a manera de experto. Sin embargo, esto tampoco debería ser una regla o motivo para suprimir del todo la oportunidad de formar ministros que utilicen los idiomas bíblicos como herramientas para la interpretación seria de las Escrituras, con aplicaciones exegéticas en la predicación, la enseñanza y en la exposición escrita. En los pocos años que he enseñado griego en el instituto bíblico y en el ISUM, he percibido la fuerte motivación con la que muchos estudiantes finalizan el curso de griego. Una gran mayoría de cursantes resultan motivados a continuar por sí mismos con el aprendizaje del koiné, al comprobar que dicho aprendizaje no les fue tan complejo como se lo esperaban. Sin embargo, el estudiante que aún no ve en dicho estudio las aplicaciones prácticas para su ministerio, por lo menos estará familiarizándose en buena parte con la naturaleza y  características principales de los idiomas bíblicos, preciándose así como un estudiante serio de las Escrituras, y como un obrero aprobado.

Una de las exigencias académicas para los ministros interesados en continuar con estudios bíblicos de posgrado, resulta ser precisamente la posesión de competencias en un buen nivel de conocimientos de los idiomas originales de la Biblia. Toda institución de educación teológica que se valore de ser académicamente seria, normalmente requerirá como perfil de ingreso hacia un programa de posgrado, a aspirantes que por lo menos estén formalmente familiarizados con algunos de los idiomas bíblicos.

La Facultad de Teología, previendo que en el futuro habrá líderes o ministros interesados en doctorarse en un rango que les demandaría alguna formación en lenguas bíblicas, ha iniciado un programa de diplomado precisamente en estos estudios. Particularmente doy muchas gracias a Dios por ese interés y visión que ahora se muestra en el equipo de la Facultad. La actual decana académica de la Facultad de Teología, ha trabajado arduamente en este proyecto de actualización  ministerial, con miras de elevar el nivel de conocimiento en lenguas bíblicas en no pocos estudiantes, interesados todos en esta área de su formación ministerial. En otra época, por supuesto, esto sería una loca exigencia académica en América Latina, o por lo menos eso pienso acerca del pasado de mi país. No obstante los tiempos han cambiado, y los programas de formación teológica y ministerial también han de actualizarse para dar respuesta a los nuevos retos y desafíos del momento, en tanto el Señor de la mies tarda en regresar.

Aunado a lo anterior, el liderazgo de la Comisión Administrativa de la Facultad de Teología, ha procurado implementar en algún futuro cercano, un programa de Maestría en Divinidades. Como es de esperar, este nuevo programa de estudios respondería a la necesidad e interés de líderes que son desafiados en su ministerio, por el logro de un alto perfil académico que incluya el aprendizaje de idiomas bíblicos. Esta maestría en divinidades, como cualquiera otra de su mismo rango, contempla en su diseño curricular un alto nivel de exigencia en el estudio del griego y hebreo de la Biblia. El precio a pagar es muy alto por parte de los aspirantes, si tal precio se considera en términos de tiempo invertido, esfuerzo intelectual, y la adopción de un estilo de vida aún más disciplinado, a efecto de permitirles atender las demandas de sus respectivos ministerios. No obstante, es muy seguro que para dichos estudiantes el esfuerzo les valdrá la pena, sobre todo si se considera la recompensa en la expresión de un ministerio mucho más efectivo, principalmente en el área de la interpretación bíblica. Por otra lado, si acaso este  nuevo programa de estudios resulta ser para algunos un tanto rigoroso en el dominio de los idiomas bíblicos, por cierto, los  programas de las otras dos maestrías de la Facultad continuarán abiertas, y en función del mismo perfil de ingreso de antes. La única variante al respecto es la expectativa actual de fortalecer aún más las competencias en griego y hebreo que el alumno ya posee en alguna medida.

Ante tales expectativas, es grato tomar en cuenta que para los obreros que se interesan en los idiomas bíblicos, principalmente en el griego del Nuevo Testamento, el SEC (según el contexto y readecuación curricular de cada país), ofrece como primera oportunidad, el asistir a los institutos bíblicos que han implementado dicha asignatura. Sugiero que aún el obrero ya graduado del instituto bíblico, humildemente puede regresar a la misma casa de estudios que lo formó para el ministerio, y aprobar con seguridad el curso inicial de griego koiné que allí se sirve. Por otro lado, el ISUM también enseña a nivel de licenciatura, el curso introductorio de Griego del Nuevo Testamento, con la nomenclatura de Griego Ministerial, el cual brinda los principios básicos de la estructura gramatical, con aplicaciones ministeriales de interpretación bíblica. Y seguidamente como ya lo indiqué, está el ofrecimiento por parte de la Facultad de Teología, de un Diplomado en Idiomas Bíblicos de griego y hebreo, y a corto plazo una maestría en divinidades. Como ya se explicó, esta nueva maestría requerirá por supuesto, de un mayor dominio de este tipo de aprendizajes bíblicos y otros relacionados, como perfil de ingreso y egreso, seguramente. Por último, en el campo de las TICs, existe todo un mundo  de posibilidades para aprender en línea cualquier idioma, incluyendo los de la Biblia; es solo un asunto de interés personal, es decir, de valorar los idiomas bíblicos en su justo lugar como una herramienta útil para el ministerio en general.

Un hecho que sí ha quedado muy en claro en la Comisión Administrativa de la Facultad de Teología respecto a los idiomas bíblicos, desde el señor rector hasta el vocal que escribe estas líneas, es la certeza de mantener un punto de equilibrio entre academia teológica y ministerio cristiano. Estamos muy conscientes de la responsabilidad de no caer en el error de enfatizar al extremo el aspecto académico de la formación ministerial, en detrimento de perder de vista nuestra identidad teológica pentecostal, y propiamente asambleísta. Como lo he insinuado de manera muy particular: Más que procurar una teología ministerial, perfilemos aún más una teología del ministerio, entendida ésta como la reflexión bíblico-teológica acerca del ministerio: Su naturaleza, fundamentos, características, etc. En este aspecto, todos los líderes educativos somos responsables de procurar el manejo de una teología del ministerio educativo, que nos oriente en la formulación de competencias y selección de contenidos de aprendizaje pertinentes. Y si en este quehacer educativo se percibe alguna debilidad curricular en el área de los idiomas bíblicos, la respuesta inmediata deberá ser el fortalecimiento de dichos programas de estudio, con inclusión de cursos de griego o de hebreo, según sea el caso de la necesidad del momento y del contexto de cada país.

Por último, soy de la idea que para quienes enseñamos en cualquier nivel de la pirámide del SEC, e independientemente de continuar o no con el estudio de idiomas bíblicos de manera particular, procuremos sí, que los estudiantes interesados en esta área de formación ministerial, por cierto ya  muchos en todo América latina, sí logren un alto nivel de comprensión y aplicación en estos estudios. Calculo que para los maestros que ya punteamos la media en años de nuestro ministerio educativo, será muy seguro llegar con gran satisfacción al ocaso de nuestra labor ministerial, al observar de cerca la marcha de otros obreros que continúan llevando en alto la antorcha del mensaje de la Escritura rectamente interpretada. Sí, que mejor  que esto: Ver el logro de  una nueva generación de obreros pentecostales con un alto perfil teológico y ministerial en idiomas bíblicos, que sepan honrar a Dios, y su Palabra a través de un ministerio fructífero en todo el sentido del término. Desde esta perspectiva, creo estar seguro que sí ha de importarnos a  muchos  los idiomas bíblicos originales, principalmente a quienes estamos involucrados en el ministerio de formar obreros enteramente preparados para toda buena obra.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Jorge Lopez Escobar

Jorge López Escobar, (Ph. D. en la fase de investigación) Es pastor y profesor universitario en la Ciudad de Guatemala, dicta el curso de Griego en el ISUM. Es profesor en la Facultad de Teología y miembro de la Comisión Administrativa de dicha institución. Está casado con Lorena Castañeda Mirón.


 
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Comentarios: 2

  1. Consuelo Barron

    Excelente articulo, muy detallado y motivacional.

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