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La osadía de la mujer en el desértico norte de Chile

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2019.1

Por Carmen Hidalgo

 

Cuando hablamos de la mujer, generalmente a muchos se le erizan los pelos porque es un tema que está en el ojo del huracán y más que nada por las diferencias que existen en todas las áreas del ser humano.  Sin embargo, Dios ha tenido consideración hacia la mujer y la ha puesto en lugares que tal vez muchos jamás se imaginarían que lo lograrían.

Al remontarnos al siglo xviii, un tiempo cuando, después de una larga y dura lucha por el emancipamiento de la mujer y sus derechos civiles, vemos que muchas féminas en muchos países sacaron su coraje e intrepidez que llevaban guardada muy en su interior para demostrar su valía. En la Biblia vemos en el primer siglo como Jesús emancipa la mujer en medio de un legalismo y tradiciones donde esta carecía de derechos y en muchos aspectos no era reconocida como persona.

Ahora, considerando todo lo que se puede decir sobre la mujer en el ministerio al cual Dios le ha llamado; debemos reconocer su osadía, su temple, coraje y perseverancia y que ha persistido pese a todos los inconvenientes que las barreras de la sociedad han levantado contra ella, y porque no decirlo, aun en la iglesia evangélica.

Cuando enlazamos el rol de la mujer con el ministerio pastoral es un laberinto que se ha de recorrer y hay barreras invisibles que derribar. Hoy por hoy, la situación está cambiando, los sistemas y la forma de pensar son diferentes, ciertamente con algunos resquemores.

En el extremo norte de Chile se encuentra el Desierto del Atacama. De más de 100.000 kilómetros cuadrados en extensión, es el lugar más arido de la Tierra. Es una tierra seca y caliente, pero lleno de riquezas minerales que ha levantado una economía minera importante. A esos poblados de trabajadores de la minería, Dios ha enviado a unas siervas extraordinarias. Quisiera nombrar entre ellos, algunos ejemplos de mujeres del árido norte del país de Chile y que fueron pioneras y que son ejemplo para los que les preceden.

 

I.        Los inicios: dos mujeres valientes y sacrificadas

Corría el año 1955 y se comenzaba a ver una gran hambre espiritual en los corazones del norte del país de Chile. Había que hacer algo. Sólo una persona apasionada podría surcar y cruzar el árido norte para levantar un ministerio. No iba a ser fácil. No había nada, sólo desierto, tanto en la parte geográfica como en los habitantes de esos parajes. El primer lugar fue Copiapó, una ciudad que prometía, pero faltaba lo más importante, alguien que se hiciera cargo.

Entonces entró en escena la pastora Margarita Toro. Se trataba de una joven señorita que tenía una gran inquietud de trabajar en la obra del Señor. Sabía que no sería fácil. Primero, porque era mujer y por esos años no era muy bien visto que una mujer desarrollara un ministerio pastoral. Segundo, en el lugar sólo había un terreno vacío. Era un gran desafío.

Pasaron días, meses y años de lucha incansable y junto a otra señorita llamada Nilse Perez, también muy animosa que con su acordeón lograba sacar una sonrisa a quienes le escuchaban, comenzaron a construir un pequeño local. Con pala en mano y algunas herramientas levantaron un lugar para reunirse con un grupo de personas. Luego se trasladaron a la ciudad de Antofagasta y Margarita Toro siguió en una pequeña e incipiente obra con muchos contratiempos, pero siguió adelante. Luego se casó y tuvo una pequeña, su hija Roxana, pero lamentablemente su esposo murió a los tres años de matrimonio. Sin embargo, esto no la detuvo, viuda y con una pequeña hija, demostró que sí podía seguir en el ministerio pastoral

 

II.        La continuación: en la sequedad del desierto, siempre hay un manantial

Quisiera nombrar a otras mujeres en el ministerio del norte de Chile que, a pesar de la sequedad geográfica, se asemejan a un manantial que da vida a quienes desean ser vivificados.

A. Gene Brown

Esta misionera señorita, soltera, de las Asambleas de Dios de los EEUU, llegó a Chile en el año 1945. Después de algunos viajes al norte y pasando por la ciudad de Tocopilla, se enamoró de esa ciudad y solicitó ser enviada a trabajar en este inhóspito desierto del norte de Chile.

Después de algunos años como misionera soltera pasó a ser parte del grupo de los casados, al contraer matrimonio con un hermano chileno, miembro de las fuerzas policiales (Carabineros de Chile). Lamentablemente, después de algunos años su esposo falleció. Por muchos años siguió pastoreando la iglesia en Tocopilla, hasta que se trasladó a la ciudad de Antofagasta, siempre ayudando en la obra.

En el año 1977 sintió la necesidad de que el norte pudiera gozar de un lugar donde se preparara a los futuros ministros que irían a trabajar en la viña del Señor de estas áridas tierras, fue en ese entonces que la visión de la hermana Gene Brown, se extendiera mucho más allá. Por lo tanto, junto a la Directiva del Distrito de aquella época y a los pastores de Antofagasta, se dió inicio, en forma muy precaria, al primer Instituto del Norte Grande, que en ese entonces se le llamaba IBAD (Instituto Bíblico Asambleas de Dios). Hoy la hermana Gene descansa en el Señor.

B. Dominga Carvajal

Otra de las recordadas mujeres emprendedoras y osadas del norte grande fue nuestra amada pastora Dominga Carvajal. Hoy en la presencia del Señor, fue una del primer grupo de graduantes del IBAD, junto a cinco alumnos más. No era de las Asambleas de Dios; sin embargo, decidió quedarse y ser parte de las mujeres que decían sí a la obra nortina. Por un tiempo fue una pastora en la iglesia de Tocopilla, pero luego fue trasladada a la ciudad de Calama, un lugar donde un grupo de hermanos se debatía entre el intenso frio en las noches, tratando de abrigarse en las gélidas y delgadas paredes de esa pequeña iglesia de madera, hasta el tórrido y sofocante calor del mediodía.

Dominga fue una luchadora, que hasta el final de sus días sacó adelante una iglesia pujante y próspera, que hoy cuenta con un hermoso templo construido en su período, junto a una casa pastoral.

C.  Carmen Mendieta

Entre las mujeres que también comenzaron solteras en estos difíciles parajes, está la pastora Carmen Mendieta. Recién salida del Instituto Bíblico de Santiago, y con una gran expectativa de lo que sería su pastorado, fue enviada a Mejillones, un pequeño pueblo a 45 km al sur de Antofagasta, en el año 1973. Con una cesta de ilusiones y un aguerrido deseo de servir al Señor, logró dar vida a esa iglesia hasta. Eventualmente se casó con el pastor Carlos Soto y se trasladaron a Arica donde siguieron juntos en este ministerio, intrincado pero creciente en experiencias y rico en lo que Dios le ponía para su desarrollo ministerial. Hoy Carlos descansa de su actividad ministerial, y Carmen sigue pastoreando la iglesia Central de Arica.

D.  Lucía Briceño

Era el año 1980 y una señorita recién graduada de Ibad del Distrito Norte y con el único deseo de servir al Señor, dijo sí, cuando fue solicitada para pastorear en una iglesia de Mejillones, su nombre Lucía Briceño. Ella comenta, “Lo más hermoso que me ha sucedido es que he visto la mano de Dios en mi vida y que ha sido gratificante para mi en el ministerio, ya sea en el área pastoral como en la educación”. Hoy sigue en el ministerio junto a su esposo y se ha destacado grandemente en el ministerio de intercesión.

Y suma y sigue. Ya que han surgido muchas otras mujeres que se han destacado en el ministerio pastoral en la zona desértica de Chile, tales como: Carmen Hidalgo, pastora de la iglesia Central en Antofagasta desde el año 1987 a la fecha y que ha salido adelante gracias al respaldo de Dios y su familia. Juana Cariaga que después del fallecimiento de su esposo Lorenzo Pérez, toma la responsabilidad de la iglesia en Iquique como pastora, dando mucho fruto. En el año 1993, una alumna recién egresada de CET, toma el desafío e inicia una nueva obra en Arica, su nombre Edith Rubilar, sumando así una iglesia más en el norte.  Marcela Muñoz, quien inició una obra nueva en Mejillones, el año 1995, y que hoy junto a su esposo pastorea.  Rosa Muñoz, que en 1995 tomó una obra nueva que ya se había iniciado en Tocopilla, pero que solamente poseía un terreno.  Gracias a su esfuerzo y el apoyo de los hermanos hoy hay una linda congregación y un templo construido.

 

Definir el ministerio que desarrolla una mujer en el ministerio pastoral puede ser muy complejo, pero lo que si podemos decir, y con mucho orgullo, es que la obra evangelizadora de las Asambleas de Dios de Chile en el Desierto Atacama ha sido gracias a la sensibilidad y osadía de estas mujeres pioneras.

El desierto del Norte de Chile se caracteriza, por ser un terreno árido, en todos los aspectos: sólo Dios se las arregla para que en esta seca geografía broten algunos arbolitos llegando a ser un oasis muy placentero. De la misma forma, Dios es quien se encarga de hacer brotar en los corazones vida que refleja fertilidad y ansias de seguir avanzando.  Aunque no es fácil llegar a la dureza del terreno interior del hombre, Dios siempre ha movido a la mujer nortina sin desconocer; por supuesto, la labor del hombre. Porque donde hay un llamado, hay disposición para servir al Señor

 

 

Carmen Hidalgo González

Pastora Iglesia Central Antofagasta

Licenciada en Teología

Profesora de Isum

Alumna de Facultad Teológica

Carmen Hidalgo


 

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