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La sexualidad humana según el libro de Proverbios

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2020.2

Por Jorge Canto

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Como bien se puede notar, uno de los problemas más antiguos del hombre es la actividad sexual equivocada. Siempre parece que la mujer pagana o la mujer ajena tienen algo especial que llama la atención de los hombres solteros, casados, y de los bien casados. Lo mismo puede decirse de una dama, esposa excelente, que puede ser atraída por un extraño que la busque. Aparentemente, en este bache, los hombres parecen ser bastante más torpes pues tienden a caer con mayor frecuencia que su contraparte femenina.

Muy temprano en la historia se ve a Lamec (Génesis 4:19) convertirse en el primer bígamo; en el capítulo seis del mismo libro se ve a la descendencia de Set, siervos de Dios, tomar a las mujeres descendientes de Caín y tener consecuencias severas. Y desde allí, hasta ahora, la cuestión de la equivocada sexualidad humana parece permear cada libro del Texto Sagrado.

Es en el libro de Proverbios donde encontramos excelentes consejos respecto a cuidar el matrimonio original, monógamo y puro. No se sabe a ciencia cierta quién es el padre de los capítulos 1-9, hay quien afirma son post-exílicos,1 pero pueden encajar bien en la pluma de Salomón. Quien fuera que fuese el padre de estos “mashalim” como se dice en hebreo, aconseja tanto a amar fielmente a la esposa legítima como a huir de la mujer ajena, la cual, si no obedecemos este buen consejo, terminará por abatir hasta la miseria (Proverbios 6:26), a cualquier esposo infiel.

El capítulo cinco es un excelente “mashal” (proverbio) que instruye sobre la sana y correcta sexualidad humana. Con un candor armonioso, el proverbista esconde, con eufemismos bien escogidos, cómo tener un matrimonio sin mancilla y la tranquilidad que da ser un esposo fiel. Esta es, con toda certeza, una necesidad cada vez más grande en un período de la humanidad como el que actualmente vivimos, pues la actividad y oferta sexual no tiene precedentes en la historia humana. El matrimonio está completamente desdibujado y no parecen importarle a nadie temas tales como la virginidad o la castidad en la alcoba. Pero para Dios, siempre perfecto y amoroso, esos son asuntos que deben tratarse con seriedad absoluta.

Necesitamos leer todo el libro de Proverbios con regularidad, sin embargo, por ahora y antes de seguir, sería muy bueno que leyéramos el capítulo cinco, obra cumbre sobre profilaxis matrimonial, y de preferencia en voz audible para empaparnos de su mensaje profundo, notar el consejo medular y percibir las sutilezas que abundan en cada línea de este hermoso y sapiensal texto.

Las repeticiones son importantes en cualquier exégesis pues denotan un tema relevante en un estudio. Llama la atención que las palabras que más se repiten en este capítulo cinco son, a saber: “extraña-ajena”, dos vocablos sinónimos que reflejan el carácter de “esa mujer” que, por atractiva que parezca, va a terminar por destruir la paz de un hogar y llevar a un hombre hasta los huesos (5:11). Son pues, estos adjetivos que se repiten en siete ocasiones, que nos permiten vislumbrar el tema central de esta porción bíblica, que sería: “cuidado con esa mujer extraña”.

Los términos originales que se traducen como “extraña-ajena” que a continuación se enlistan en hebreo son demasiado importantes como para no estudiarlos un poco más a profundidad y así tener mejor contexto sobre lo que el proverbista quería reflejar en su advertencia:

Zar: Se repite cuatro veces (v.v.: 3, 10, 17, 20), persona de otra región, de otro país, alguien que no era israelita.2 Se puede decir que esta es una mujer que no es de la familia nuclear a la cual no le importa los lazos filiales y promesas nupciales que el hombre seducido haya hecho con anterioridad.

Nakri: aparece dos veces (v.v.: 10, 20), además de “extranjera” se puede traducir como salvaje, indomable, o sea, se refiere a lo que no es doméstico ni culto (Jer 2:21)3, por extensión, una ramera.

A-her: aparece una vez (v. 9). Significa: otro,uno más, diferente, o sea, perteneciente a uno de la misma clase o tipo de objeto, pero distinto dentro de esa clase (Gén 4:25; Neh 7:34);4 otra mujer.

El hagiógrafo, lleno del Espíritu Santo, busca defender la santidad del matrimonio, así que hace hincapié sobre el peligro que representa coquetear con una mujer que no es la nuestra, a la cual, prometimos amar en todo tiempo y bajo toda circunstancia. Si se hace caso omiso a esta llamada de atención entonces las consecuencias son muy fuertes, pues no sólo se daña a la familia nuclear propia, sino que el adúltero terminará enfermo, quizá con un mal venéreo que consuma su carne hasta los huesos (5:11) y, por si esto fuera poco, exhibido como una vergüenza pública por haberse él mismo mostrado sin pudor frente a la sociedad que lo rodeaba (5:14), y por ende, frente a su propia esposa e hijos; la derrota será demasiado humillante.

Lo primero que advierte el proverbista es útil para evitar todo lo que viene después por jugar con el fuego: “No te fijes en la belleza de una mujer ajena” parece decirnos el hagiógrafo (5:3). La foto que la “mujer extraña” ha puesto en sus redes sociales la hacen ver codiciable a más no poder, tal como el fruto del Huerto ante los ojos de Eva (Génesis 3:6). “Sus labios destilan miel, su lengua es blanda” (5:3), la promesa del adulterio es mentirosa, pues presenta la oferta sexual como lujuriosa y deseable, pero en realidad es amarga como el veneno y termina por matar al que cae en el engaño (5:4). Nunca el adulterio y la mujer ajena cumplirán lo prometido. Nunca. Todo es falso pero presentado en envoltorios de pasión.

Los caminos de la mujer extraña son inestables (5:6) afirma el escritor sagrado, dando a entender que la mujer ajena es astuta, y ya tiene meditado cómo enredar al hombre casado. Éste, incapaz de notarlo, cree ingenuamente que puede “conocer” estos caminos, cuando la realidad nuevamente es otra. Es decir, el hombre casado cree tener “todo bajo control”, el jugueteo con la “otra” (la compañera de la oficina, la vecina, la amiga de redes sociales), “esta lejos”, “me detendré cuando vaya todo en serio”, “no pasa nada” son los pensamientos del hombre tonto, pero ella ya lleva más camino recorrido y nadie podrá adivinar su siguiente paso.

Segundo consejo: “No te acerques a la puerta de su casa” (5:8). Esta expresión tiene como idea evitar completamente entrar en contacto con ella en cualquier momento. Quizá el hombre tonto de esta historia habrá pensado, “voy a saludarla, no pasará nada pues estaré yo en la puerta de su casa, no adentro”, este pensamiento es todo lo que necesita un depredador en la jungla o en el mar para devorar a su presa. La boa constrictor no necesita más que su víctima esté confiada, sólo “a la puerta”, de lo demás se encarga la serpiente misma.

El hombre casado, aconseja el sabio escritor, debe evitar el contacto con la mujer extraña, abstenerse de enviar o aceptar solicitudes de amistad en las redes sociales de ese tipo de damiselas seductoras, intercambiar mensajes del celular, enviar correos electrónicos, e ir a la oficina de esa engañosa compañera de trabajo. Así mismo deberá evitar concurrir a las fiestas solo, donde al fin se encontrará con las artimañas aparentemente inofensivas de esas féminas, pues supuestamente estarán rodeados de vecinos o compañeros de trabajo. Pero en este punto, casi todo ya está perdido, pues las fauces de la mujer extraña están por cerrarse. Se entiende, en este sentido, que no estamos hablando de ostracismo en el que un hombre, en su normal ejercicio cotidiano, evite todo contacto con damas y señoritas con quienes por la naturaleza de su trabajo o grupo social se deba interactuar. Se habla de simplemente escaparse de aquellas mujeres que pretenden llamar la atención a la fatalidad sexual.

Cuando un hombre cae en manos de una mujer ajena, comienza un sufrimiento que sin igual. Además de engañar a la esposa, el adúltero comienza a invertir recursos propios, su propia hacienda, en regalos y en los avíos para consumar su pecado. Ese dinero originalmente era para la escuela de los hijos, para el regalo de aniversario o quizá para las vacaciones tanto tiempo planeadas. En lugar de ello, la mujer ajena empieza a acabar con la riqueza de la familia, incluso, puede invitar a otros conocidos para festejar el pecado en bacanales vergonzosos. El texto sentencia: No sea que extraños se sacien de tu fuerza y tus trabajos están casa del extraño (5:10). Es horrorosamente triste ver cómo hombres que no invertían en festejar a su esposa ahora financian los banquetes del adulterio con personas que se sacian del trabajo del pobre tonto que no se da cuenta de su desvarío. El pecado, como lo enseña el Hijo Pródigo, siempre termina por quitar los bienes logrados en toda una vida.

El tercer consejo del proverbista: “Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo” (5:15). ¿Por qué ir con una ramera a “derramar nuestras fuentes” en la calle? El hagiógrafo usa eufemismos (figuras de dicción para suavizar las expresiones que pueden oírse ofensivas o muy crudas) para decir: “Ten relaciones sexuales con tu esposa, ella es tuya y tu eres de ella”. “¿Por qué tendrías que verter tu sexualidad con una ramera en la calle o en un hotel?” Lo que tu eres hoy, rico o pobre, joven o viejo, tu esposa lo valora. Ella, la esposa fiel, conoce a su esposo con sus sinsabores y virtudes. La juventud cede a la madurez pero ella entregó su lozanía al hombre con el que se casó.

Muchos matrimonios empezaron pobres pero juntos labraron un buen porvenir; incluso algunos lograron prosperar bastante. Años y años juntos, luchando por la vida, y después que se ha escalado exitosamente, el casquivano esposo mira a su mujer, un poco desteñida quizá por la maternidad y el esfuerzo de los inicios, y, absurdamente, la compara con la compañera del trabajo veinte años más joven que lo admira (o al menos eso aparenta) y halaga. Es entonces cuando la siseante voz del diablo susurra al oído la mentira más eficaz de su diabólico arsenal: “no pasa nada”.

El hagiógrafo enfatiza: “alégrate con la mujer de tu juventud” (5:18), como si el Espíritu Santo le hiciera ordenar un consejo que le salvará la vida al adúltero. Esa digna dama que hoy nos acompaña en la vida, quizá con una figura que no es igual a la de la luna de miel… Que probablemente tenga líneas en el rostro que son el premio de su paciencia y amor a su esposo… Que muestre estrías que son el orgullo de su maternidad entregada… Debe verse siempre ante los ojos del hombre sabio como una juvenil cierva, como una gacela que, en un hermoso símil, el escritor del proverbio compara a la mujer casada. La cierva y la gacela eran animales admirados por los reyes. Su posesión era algo único, sofisticado, que mostraba buen trato y buen gusto. Ella, la esposa, le dio al esposo su juvenil belleza, y él debe ver en ella la exótica gacela codiciable por la realeza más noble.

Hay que hacer un curioso movimiento exegético en el versículo 5:19. Miremos como traduce la expresión la Biblia al Día:  Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora.¡Que sus pechos te satisfagan siempre!¡Que su amor te cautive todo el tiempo!La expresión traducida como “sus caricias te satisfagan en todo tiempo” literalmente debería de traducirse como “sus pechos te satisfagan en todo tiempo”.

El amor de los esposos, al estar juntos en la intimidad, no debe tratarse como algo tan sagrado que no deba haber caricias propias de consortes enamorados. Ya en Génesis 26:8 el rey Abimelec notó que Rebeca era la esposa de Isaac por el tipo de caricias que le brindaba éste a su esposa y que eran propios del tálamo matrimonial. Los dos, el esposo y la esposa, deben cultivar una vida sexual satisfactoria y constructiva que es el premio de la fidelidad y de los votos nupciales. Ella debe participar tanto como él, lo cual no está prohibido por Dios.

El espantoso final del esposo infiel horroriza, pues es el natural resultado de su torpeza. La mujer extraña, luego de consumir toda la hacienda de un hombre, sólo se cambiará de piel y buscará al siguiente insensato que se ponga en su camino: El proceder de la mujer adúltera es así: Come, y limpia su boca Y dice: No he hecho maldad (Proverbios 30:20). Ya el adúltero sin dinero para seguir adelante, quizá con una enfermedad venérea que le come los huesos y sin familia (pues a estas alturas la habrá ya destruído), sólo le quedará un final muy solitario y tenebroso: “…morirá…” (5:23a).

Contrariamente al hombre necio, el esposo sabio habrá de tomar consejo (5:1), cuidará lo que hoy tiene. Ella, la mujer de su juventud, será como la valiosa dama del capítulo 31 de Proverbios, será efectiva y satisfecha. Sin embargo, para aquél que cayó en los tortuosos engaños de la impía extranjera, siempre queda el remedio del perdón. Si bien el fin que ofrece la mujer ajena es “amargo como el veneno ajenjo” (5:4), el amoroso perdón de una amorosa y sabia esposa será bálsamo sanador para su esposo y su matrimonio, pues es Dios quien enseña a tener misericordia y ejercerla en la vida de sus amados hijos. El matrimonio debe triunfar pues “El que halla esposa halla el bien, Y alcanza la benevolencia de Jehová” Pro 18:22 .

 

 

1 Raymond C. Van Leeuwen, «Proverbs, Book Of», ed. Chad Brand et al., Holman Illustrated Bible Dictionary (Nashville, TN: Holman Bible Publishers, 2003), 1338.

2 Willem VanGemeren, ed., New international dictionary of Old Testament theology & exegesis (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1997), 1142.

3 James Swanson, Diccionario de idiomas bíblicos: Hebreo (Bellingham, WA: Lexham Press, 2014).

4 Ibíd.

Jorge Canto


 
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1 Comentario  comments 

Una respuesta

  1. Saul rojas

    Exelente bendiciones maestro y pastor Jorge canto

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