Facebook Twitter Gplus RSS
magnify
Home 2020.1 Babilonia y su agenda globalista
formats

Babilonia y su agenda globalista

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2020.1

Raul Abraham

 

Cuando hablamos de “agenda globalista” nos referimos a un proyecto semi-oculto a nivel universal, y cada vez más visible y cercano a nuestros países, familias y valores cristianos. Se trata de un grupo de personas y grandes corporaciones que, subordinados a un reino perverso y superior a ellos, buscan eliminar la soberanía de cada país, y de esta manera, crear una sociedad sin fronteras, sin gobiernos, sin libertad y sin Dios.

La economía y toda la producción de recursos representan algunos de sus principales “focos” para encaminarnos hacia un nuevo orden mundial. Las creencias morales y religiosas presentan a su vez grandes desafíos en sectores como Latinoamérica o el pueblo musulmán. Aún son “fortalezas” que quedan por derribar, cosa que están llevando a cabo, y con gran éxito desde hace algunos años en el viejo continente.

Para ello se valen de proyectos sociales, a simple vista presentados como ayudas caritativas, pero que sutilmente esconden programas políticos que guían a los más necesitados a comprometer sus convicciones y adoptar lo que el estado quiere que se acepte.

La ideología de género es otro de sus “troyanos”. Un pensamiento al que de forma progresiva se le fue dando lugar, principalmente en el ámbito de la educación primaria, al punto que hoy en día ya es parte del temario escolar. Si esta propuesta logra calar también en las familias de dicho alumnado, sumado a la legitimización del aborto (en breve también la eutanasia), la reducción de la población mundial menguaría considerablemente, tal y como está marcado en su diabólico programa global. En resumidas cuentas, se trata de un conglomerado de sociedades secretas desde donde “se tejen” una diversidad de aspiraciones con un solo objetivo: controlar el mundo y establecer un reino anticristiano.

Así lo registra la profecía: “ Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” (Ap.13:3-8 RVR60).

Muchos creyentes han expresado su desacuerdo a esta corriente por distintos medios, ya sea redes sociales, programas de televisión; y aún han alzado la voz en manifestaciones públicas organizadas por plataformas de carácter moral y religioso. No obstante, otros, han optado por no posicionarse y mirar para otro lado.

¿Cuál debe ser, entonces, el criterio de la iglesia ante tales ideologías?

Hace un tiempo atrás, en el colegio al que actualmente asiste mi hijo (en España), se celebraron los carnavales, y como cada año, tomaron una consiga para que todo alumno vaya disfrazado conforme a lo asignado.

Para sorpresa de algunos padres, nos pidieron que tanto niños como niñas “se dibujen un bigote” y “se pinten los labios”. Por supuesto que con mi esposa no accedimos. Cada padre es dueño de la educación de sus hijos, pensamos. Horas más tarde, cuando fui a recogerlo, me percaté que le habían pintado los labios. En principio no le di mucha importancia. Nico (mi hijo) tenía solo tres años. Los principios morales los aprende en casa y no un colegio público.

Sin embargo, al compartir este tema con unos pastores amigos, me di cuenta donde estábamos parados como iglesia. Predicar en contra de la homosexualidad con la epístola a los Romanos, puede acarrear ciertas consecuencias judiciales. Años atrás, podías hacerlo siempre y cuando aclares que “la Biblia lo dice”. Hoy ni siquiera eso.

Por negarse a casar a dos lesbianas, un pastor puede llegar a ser penalizado con una considerable multa y en el peor de los casos, ir preso.

Finalmente, el consejo legal que representa a las iglesias evangélicas en España (FEREDE) logró que se aprueben ciertas leyes que amparen a todo ministro frente a este tipo de situaciones.

Pero la gran pregunta es: ¿Y cuando el gobierno no apruebe este tipo de leyes? ¿Qué sucederá con aquellos ciudadanos que no se arrodillen ante tales ideologías?

Creo que hallamos la respuesta en el libro de Daniel, capítulo tres. Y para ser más precisos, en la réplica que Sadrac, Mesac y Abed-nego dieron al rey Nabucodonosor, lejos de su nación y cautivos en aquel gran imperio.

Tras la amenaza de un severo castigo por desobedecer aquel edicto, los amigos de Daniel hicieron frente a tal asunto confiando que Dios podría librarlos de aquel juicio; pero también dejaron en claro su innegociable convicción: “Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dn.3:18 RVR60).

El relato nos muestra que para ellos hubo un final feliz. Fueron preservados milagrosamente en aquel horno de fuego y pudieron dar testimonio del Único y Verdadero Dios al que servían. Pero en otros vemos que no fue así, sino que terminaron aserrados, apedreados… sin leyes que los amparen y sin ver el favor de Dios, como sucedió aquel día en Babilonia.

Por supuesto que no estamos ante las mismas amenazas, al menos aquellos que vivimos en países occidentales. Todavía disfrutamos de libertad para seguir expresando abiertamente nuestros valores cristianos. Tampoco sabemos durante cuanto tiempo más. ¡Aprovechémoslo!

Seremos etiquetados como homófobos (paradójicamente por aquellos que piden respeto para sus ideas y que no lo tienen para con las de los demás), retrógrados, anti-sistemas y quén sabe cuantas cosas más.

A pesar ello, mientras la sal siga conservando sus propiedades, deberá seguir salando. Confiemos en Dios, Él puede librarnos… “Y si no…” ante un tribunal mayor, el celestial, veremos recompensada nuestra fidelidad y valor que por la gracia de Dios también hemos recibido para momentos como estos.

 

 

 

 

Raul Abraham

RAÚL ABRAHAM es profesor del Seminario Bíblico de Fe en España y autor de los libros ERASE UNA VEZ y LO QUE VIENE. Obtuvo el Bachiller en el Instituto Bíblico Río de la Plata con una especialización en misionología; y la Licenciatura en Teología del Instituto de Superación Ministerial de las Asambleas de Dios. Vive en Madrid junto a su esposa Ruth y su hijo Nico.


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*


seis × = 36

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>