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El temor de Dios como principio de la sabiduría

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2020.2

Por Coco Canto

 

Parece que, en esta etapa histórica de la humanidad, los ideales de una vida recta se encuentran estampados en toda clase de filosofía y pensamientos desarrollados para la comodidad cotidiana del consumidor humano.

La era moderna llega a su fin y la importancia del hedonismo y la percepción personal moral son unos de los muchos vagones a la deconstrucción de conceptos, ideas y de la misma religión. La comunidad cristiana, como a lo largo de la historia se ha podido ver, se acostumbró a impregnar ciertas semejanzas con la idea general de vida de su alrededor y sus congéneres paganos. Es menester saber colar lo indigno ante la religión verdadera, sin rechazar lo bueno de cada postulación. La piedad dedicada a la santidad y al impacto social, no puede desprender su lado de aprendizaje y entendimiento del mundo para la eficacia del Camino, por lo que haremos bien al estar atentos a las palabras del Señor Jesucristo: “Esto es lo que deben hacer sin dejar de hacer lo otro”. (Mt 23:23)

La mala hermenéutica subyugada a un subjetivismo excesivo, nos vuelve capaces de poner en el santo apóstol un móvil totalmente diferente a lo que él quería decir al aclarar que a lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios (1 Cor 1:27a). Por tal razón, se objeta en nuestra actualidad la búsqueda de sabiduría.

Líderes carismáticos desalientan sus rebaños a indagar en escritos, hojas de papel, biografías y, lastimosamente, imponen un paradigma egoísta capaz de gobernar una interpretación bíblica viciada.

¿No sería inverosímil buscar la sabiduría? ¿No hacemos bien al confiar en el Espíritu de profecía? Hacemos bien, eso es claro pero, ¿Acaso ese Espíritu de amor no es el que nos enseña al Cristo, poder de Dios, y sabiduría de Dios? (1 Cor 1;24)¿Cómo entonces podremos llegar a los paganos que buscan a Dios por la sabiduría de su entendimiento y filósofos ancestrales?

Pablo es claro. Esta sabiduría de Dios es una locura e insensatez para los paganos, ¿Pero acaso dejó de ser valiosa y la más sublime sabiduría del Altísimo? Es decir, si los paganos, siendo confrontados por el tropiezo de la Cruz, se someten a la autoridad de la sabiduría del Omnipotente Creador ¿Acaso nosotros dejaremos de indagar en ella? ¿No servimos al Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento? (Col 2:3).

Y sí, lastimosamente, los judíos que corrían tras una ley de justica, no la alcanzaron (Rom 9:31) y los gentiles que buscan sabiduría (1 Cor 1:22) tampoco la obtuvieron, nosotros en la búsqueda de un paradigma pietista pero lejos del conocimiento, como si se tratase de una justificación por obras de la ley, tampoco seremos dotados de la única sabiduría del sabio Dios a través de su Hijo Jesucristo. Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quien fue su consejero? (Ro 11:34) ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y ciencia de Dios! (Ro 11:33). Es claro entonces, que el principio de la sabiduría, tanto en su anchura y longitud abstracta, como su comienzo temporal en nuestras vidas es el temor de Jehová (Proverbios 1:7)

En la literatura sapiencial hebrea existe una vinculación intrínseca con la sabiduría. Estaría de más decirlo, excepto porque es un concepto clave para el desarrollo teológico judío palestino, judío helenista y cristiano posterior: La sabiduría es equiparada a una extensión de la divinidad.

En el libro de Proverbios se enfatiza la sabiduría de tal manera que la hace indispensable para vivir y para adorar, para el trato cotidiano con nuestros semejantes como para entender la mente del Altísimo. La sabiduría, si bien posee la virtud de hacer que el conglomerado humano logre mayor armonía entre sí, tiene como fin que el propio corazón el creyente se sienta al fin satisfecho en plenitud. Aquí radica la razón de dirigir al lector a respetar las leyes de Jehová encapsulando el énfasis en una frase redundante: “el principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Proverbios 1:7).

No sólo los Proverbios detallan a Yahvé como el Señor de la creación, una especie de “arquitecto divino” que construye el cosmos como un edificio bien dispuesto1 (Pr 3:19,20). También la sabiduría es personificada, ella clama en las calles, alza su voz en las plazas; Clama en los principales lugares de reunión… dice sus razones (Pr 1:20-21). Es verdad algunos declaran que dichos versículos de Proverbios, que enseñan la cosmogonía judía, agregan una dimensión adicional al personificar a Dios como “la sabiduría”.2

No obstante, parece ser que Dios la usa para su diseño, y es más consistente pensar que se trata de una extensión de él. El Dios de amor que crea de la nada horizontes impresionantes e infinitamente bellos, usa su sabiduría. Con ella fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia (Pr 3:19,20) y a pesar de su tan distinguible y honorable personificación, el Creador sigue siendo el que la da. (Pr 2:6).

Así la sabiduría como extensión de Dios, juega un papel sumamente importante en la concepción teológica judía. Tras el exilio de Israel, cuatro siglos antes de Cristo, los hebreos tenían un conflicto antitético de la naturaleza de Dios, ¿Seguía siendo el Dios personal de Abraham, Isaac y Jacob? ¿O no había quien se parase delante de Él y mirándolo no termine fulminado?

La trascendencia de Dios trataba de entrelazarse con su divina inmanencia. Era difícil para ellos explicar la actividad de Dios en el mundo, pues aun lo miraban como el Dios de sus padres y fiel al pacto. La doctrina de la divina sabiduría aparece para equilibrar la balanza de la compresión de la Deidad.

Al mismo tiempo, Aristóteles sostenía que un Dios perfecto no está interesado por un mundo imperfecto. Los judíos tuvieron que afrontar esta dificultad. Intentaron resolverlo suponiendo que un poder intermediario había tomado parte en la creación y seguía ocupado en la conversación del universo. La sabiduría era precisamente ese poder.3

Pruebas de lo anteriormente mencionado podemos encontrarlas en la literatura judía sapiencial deuterocanónica, como en el documento de la “Sabiduría de Jesús Ben Sirá” al que la tradición latina ha nombrado “Eclesiástico”. El capítulo 24 habla de la sabiduría, de tal modo, que hace posible la realidad de un Dios personal diferente a las deidades paganas.Ella hace su propio elogio, en medio de su pueblo se gloría (Eclesiástico 24:1) y dice de sí misma; Yo salí de boca del Altísimo, y cubrí como niebla la tierra (Eclesiástico 24:3).

Pero las declaraciones más importantes para el presente estudio son las del versículo 8: Entonces me dio orden el Creador del universo, el que me creó dio reposo a mi tienda, y me dijo: “Pon tu mirada en Jacob, entra en la heredad de Israel”. Es notable el acercamiento que tiene esta extensión divina con el papel que juega la Toráh para el judaísmo y algunos autores. La ley no sólo es el conjunto de normas éticas y ceremoniales de Israel, sino el mismo aliento de Dios. Este aliento es la Sabiduría que estaba con el Creador, actuando como su agente desde el comienzo del mundo.4

Para Pablo y los escritores apostólicos existe un deseo de vinculación para la cosmovisión cristiana con el judaísmo en sus escritos. No por nada en Romanos 8:3, vemos como Cristo y el Espíritu juntos consiguieron hacer lo que para la Torá era imposible, es decir, Dios envió a su Hijo y a su Espíritu (Como en la sabiduría en Ben-Sira) para hacer lo que para la Toráh era inalcanzable.5

El lenguaje de “tienda”, “habitar” y “entrar” a la heredad de Jacob, en Ben-Sira, tiene una estrecha relación con lo que Jesús hizo: “habitó en medio de nosotros, y vimos su gloria” (Jn 1:14). El lenguaje de habitación divina ahora entre el creyente y Dios es un concepto de la doctrina temprana cristiana importante para explicar cómo el Espíritu Santo mora en el creyente y en el templo de Dios viviente que es la iglesia. La gloria poderosa de Dios que habitaba el templo, la shekinah es equiparable a la Torá y la sabiduría, con lo que Cristo, ha hecho posible este acercamiento, siendo Él quien contiene esta relación con el Creador y Dios personal de su pueblo.

Cabe prestar cuidadosa atención a que este concepto es importante para la patrología temprana en el desarrollo de la Cristología. Originalmente la sabiduría no estaba relacionada con el título de Mesías en el Antiguo Testamento y tampoco en el judaísmo del segundo templo. Sin embargo, el germen para la doctrina cristiana y la semilla para la defensa de la divinidad de Cristo se utilizan con frecuencia por dichos padres para relacionar la encarnación, el Logos divino, su mesianismo y naturaleza divina. de igual manera, el apóstol Pablo, como anteriormente mencionamos, se apropia del paradigma para aplicárselo al Cristo (1 Cor 1:24.30) y también el escritor de la carta a los Hebreos (Heb 1:1-3)

Ahora bien, como evangélicos piadosos que tratamos de encontrar cada palabra en su contexto en las Sagradas Escrituras, y tras la fuerte influencia del método gramático/histórico que la Reforma ha impregnado en nuestra lectura académica, es totalmente entendible que nos dobleguemos en reverencia ante el escritor de los Proverbios. Pero he ahí que debemos aprender de nuestros hermanos Luteranos, quienes en su cristocentrismo tratan de apreciar al Logos Divino en los textos sapienciales.

De este modo, lo infinito irrumpe en la realidad, lo Divino camina en la cotidianidad junto con nosotros. Si tanto el pueblo judío se diferenciaba de Aristóteles y su concepción deísta, lo hace por medio de la sabiduría, la cual para ellos aun está velada por el velo que no quieren quitarse para ver al Cristo (2 Cor 3:14).

El velo se nos ha quitado, tanto así, que aún un judío alejandrino neoplatonista llamado Filón, podía casi tocar al Logos de vida por medio de su sabiduría. Filón de Alejandría afirmaba que el ancla del mundo, el intermediario entre Dios y los hombres, para nosotros es totalmente real y no sólo es un intermediario, es nuestro Dios y sabiduría nuestra.

Que podamos comprender, que el principio de la sabiduría es el temor de Jehová. Busquémosla, vivamos con ella y atesoremos cada momento que es puesta en nuestra boca y sentidos.

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1 John H. Walton, Victor H. Matthews y Mark W. Chavalas, Comentario del contexto cultural de la Biblia, Antiguo Testamento (El paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 2004), 629

2 Ibíd.

3 Arthur W. Wainwright, La Trinidad en el Nuevo Testamento (Barcelona, España: Editorial Clie, 2015), 49

4 N.T. Wright, El verdadero pensamiento de Pablo (Terrassa, España: Editorial Clie, 2002), 80

5 Ibíd.

Coco Canto


 

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