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Sansón: el poeta forzudo

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 2022.3

Por Jorge Canto

 

 

Verdaderamente todos los que han crecido en una iglesia cristiana han oído hablar de la historia de Sansón. Aunque un creyente no sea experto en el tema, sabrá que Sansón es un personaje de la Biblia cuya gran característica fue su gran fuerza física. Sin embargo muy pocos han notado que este forzudo personaje tuvo su etapa de poeta. Efectivamente, cuando este héroe bíblico empezaba en su trabajo como juez parece que le gustaba jugar con las palabras, hacer canciones y poemas, así como en el futuro otro gran caudillo habría de hacer: el rey David.

Los poemas de Sansón son muy interesantes pues, siendo una etapa primitiva de la vida de la nación de Israel, el poema no tomó exactamente la tradicional imagen del quiasmo, figura favorita por excelencia de la poesía hebrea.  Sin embargo se puede ver que  en la lírica expresión de este poderoso hombre sí se utilizó el paralelismo que, por supuesto, es también un preferente en la formación literaria semita, tanto de Israel como de los pueblos circunvecinos.

Un ejemplo del paralelismo antiquísimo pero contemporáneo al del Antiguo Testamento se encuentra en las tablillas del poema caldeo llamado Enuma Elis, que en sus primeras líneas recoge la siguiente expresión:

Cuando arriba los cielos no existían

Ni la tierra abajo tenía hombre…[1]

Este primitivo poema nos muestra un paralelismo sintético muy utilizado en la Escritura, pues la segunda línea completa a la primera. Los otros paralelismo que se utilizaban en aquellos tiempos son el antitético y el sinónimo. De igual forma, los paralelismos en la poesía de los salmos son abundantísimos así como el preferente uso de los quiasmos (figura poética en la que la primera linea se contesta o repite en la última, la segunda en la penúltima y la tercera en la antepenúltima, a la manera de un espejo), un buen ejemplo de esto último es el Salmo 67:

 

1  Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; Haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah

2  Para que sea conocido en la tierra tu camino, En todas las naciones tu salvación.

3  Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben.

4  Alégrense y gócense las naciones, Porque juzgarás los pueblos con equidad, Y pastorearás las naciones en la tierra. Selah

5  Te alaben los pueblos, oh Dios; Todos los pueblos te alaben.

6  La tierra dará su fruto; Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.

7  Bendíganos Dios, Y témanlo todos los términos de la tierra.

 

Es así que, regresando al tema de Sansón, vemos que este caudillo utilizó el paralelismo en sus poemas, pero además de ello, se puede notar que en el idioma hebreo casi no existe ala rima, algo muy común el día de hoy. La rima no es nada extraña en la poesía de occidente y de nuestra era, es más, se le da una importancia capital al punto, quizá, más que a cualquier otro requisito de una composición poética. Pero se puede leer que el estilo de este juez del Antiguo Testamento sí llegó a tomar la rima como importante, pues la utilizaba para hacer su composició atractiva al oído y pegajosa a la memoria.

En cada construcción poética de este poderoso hombre se puede ver el estado de ánimo que tenía al momento de escribirla pues todas ellas fueron obras de arte espontáneas. Bueno es al creyente que le gusta crecer en los matices bíblicos estudiar las construcciones poéticas de este hijo de Manoa.

Lo interesante de los personajes de la Escritura es que ésta no modifica ni maquilla a ninguno de ellos, los presenta tal como son, con defectos y virtudes. Es así que vemos a un hombre de gran fuerza, a un guerrero experto, a un varón que no titubeó cuando se enfrentaba al peligro y a la muerte escribir versos muy pegajosos y brillantes, que siendo tan espontáneos fueron incluidos como inspirados para nuestro estudio y son un deleite al estudiar poesía hebrea. A continuación presentamos estas tres joyas de la auténtica producción de Sansón.

 

1ª FIGURA POÉTICA, EL ENIGMA DE LA FIERA Y LA MIEL (JUECES 14:14):

Sansón iba con sus padres a buscar una esposa entre las filisteas de Timnat. Los filisteos no eran semitas, era europeos que quisieron invadir Egipto pero fueron repelidos y terminaron recalando en las costas del lo que hoy llamamos Palestina, palabra derivada precisamente de los filisteos.

De acuerdo con el profeta Amós (9:7) los filisteos llegaron a Canaán exactamente de Caftor, generalmente identificada con la isla de Creta[2]. La eterna lucha del creyente con su entorno desafiante  es común en todo el texto de la Biblia. Desde Génesis 6, donde los varones de la descendencia de Set se fijaron en la mujeres de la descendencia de Caín (“los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas”…), hasta a aquel israelita que frente a la cara de Moisés tomó una madianita para pecar con ella por lo que ambos fueron muertos por un aaronita (Num. 25:6-8).

La atracción que los santos sienten por las impías es algo que, mientras el mundo dure, seguirá existiendo. Sansón miró la belleza de una filistea de Timnat y enloqueció por ella. Las israelitas eran trabajadoras y no dedicadas a la vanidad de mejorar su hermosura, en cambio, las caftoritas no hacían casi nada de labores con las manos, tenían sirvientes pues la principal ocupación de sus esposos era el comercio y la rapiña. La manera de vestir de las filisteas era mucho más sensual que las hebreas, y ante esta perspectiva Sansón no cumplió con su voto de nazareato y quiso unirse al enemigo casándose con una mujer que no conocía a Jehová.

Según la Biblia, yendo Sansón por el camino se presentó un león joven el cual, como a un cabrito, el juez despedazó. A la siguiente semana regresaba a Timnat de nuevo con sus padres, la morbosidad lo llevó a ver el cadáver en descomposición, pero además de ello encontró en el animal muerto un panal de miel. Llevado de nuevo por su sensualidad prefirió olvidar la prohibición nazarea de evitar tocar muertos e, incluso, se comió la miel. Aumentando su cinismo al colmo convidó a sus padres del manjar sin decirles su procedencia, este es un detalle importante que la Biblia registra puesto que al comer todos del animal muerto se contaminaban ceremonialmente, además de que así Sansón “calmaba” su conciencia pensando quizá “todos lo hacemos”.

En el ínterin surgió de su alegre corazón un enigma. La palabra “enigma” en hebreo es hidá, sólo aparece diez veces en total en el Antiguo Testamento, dos en Daniel, uno más en Salmos y siete veces en el libro de los jueces, todos en el capítulo 14. Un enigma es: Hablar de modo intrincado, retorcer, alterar. Es la expresión de un pensamiento en forma oscura, cuyo verdadero sentido resulta sorprendente.[3]

Esta adivinanza, en una semblanza de presunción de Sansón la dirige a los invitados a la boda, algo de mal gusto, pues el precio eran 30 vestidos de fiesta. Claramente era fanfarronería de Sansón porque consideraba menospreciables a los filisteos, pero los invitaba a su fiesta, además, también creyó que su enigma era indescifrable. El acertijo es muy, pero muy bello. En dos renglones el juez demuestra su inteligencia y encierra en un hermético giro la respuesta:

 

Del devorador salió comida,

Y del fuerte salió dulzura.

מֵהָאֹכֵל יָצָא מַאֲכָל

וּמֵעַז יָצָא מָתֹוק

Me-ha’okel yadsáh mahacal

Vú-me-az   yadsáh matoq

 

Tómese en cuenta la rima de la frase, como se mencionó arriba, era algo inusual en el lenguaje poético del oriente medio en ese entonces. Por otro lado, en las mismas palabras hay respuesta al acertijo, pues el vocablo  עַז (az) que se traduce “fuerte” también puede traducirse como fiera (el león). Por otro lado, matop, que se expresa como “dulzura” También se puede usar metafóricamente y en tales casos a menudo se refiere a relaciones sexuales ilícitas o clandestinas (por ejemplo, Prov. 9:17).

En el nivel superficial, parece ser una referencia literal a la comida y la bebida, pero en un nivel más profundo alude a un encuentro sexual oculto. Aquí la palabra מָתַק (matop) se usa en un sentido negativo y no positivo como en un contexto marital,[4] en un giro de genialidad Sansón confundía a sus oyentes haciéndoles pensar que él hablaba de su novia y de su posible relación sexual con ella antes de casarse, desconcertando a todos y alejándolos de la respuesta correcta: “león” y de la “miel” confundiendo a la mente con el “fuerte” (Sansón) y “dulzura” (la muchacha y la relación sexual con ella). Bien dijeron al final los timnateos: ¿Qué cosa más dulce que la miel? ¿Y qué cosa más fuerte que el león? (Jue. 14:18).

Lo más curioso de todo el evento es que la respuesta de los comensales también fue en forma de un poema, en una pequeña expresión lírica ellos dan la respuesta a Sansón:

¿Qué cosa más dulce que la miel?

¿Y qué cosa más fuerte que el león?

 

Es de ver qué quizá, en aquellos ayeres, los enigmas se hacían en verso y las respuestas se debian dar de igual modo. Muy curioso.

 

2ª  CONSTRUCCIÓN POÉTICA EL VERSO DE LA NOVILLA (JUECES 14:18).

Inmediatamente de haber sido sorprendido con la respuesta correcta Sansón muy enojado, y muy creativo, nos aporta su segunda construcción poética: el Verso de la Novilla, la cual no nos deja de sorprender por lo creativa y metafórica. De una hermosa belleza este pequeño poema quejumbroso nos demuestra que este juez forzudo sabía usar las palabras.

La dulzura de la miel terminó siendo para Sansón de amargura. En lugar de pagar como se debía prefirió matar a sus despreciables enemigos los filisteos para despojarlos de sus ropas. ¿A cuántos habría matado a sangre fría?, ¡a 30 desdichados ciudadanos de Ascalón!, otra ciudad de los filisteos. Se puede uno imaginar la cara de asco de los convidados al ver las ropas llenas de sangre y despedazadas. Así se las gastaba Sansón.

Si se estudia detalladamente la pequeña copla de la Novilla se ve una expresión muy clara y sin hipocresía. En ella el forzudo héroe demuestra que la chica era suya pero fue a través del trabajo que hicieron con ella que lograron sacarle al poderoso juez israelita la respuesta al enigma de la fiesta.

 

Si no araseis con mi novilla,

Nunca hubierais descubierto mi enigma.

לוּלֵא חֲרַשְׁתֶּם בְּעֶגְלָתִי

לֹא מְצָאתֶם חִידָתִי

Lule  harahstém  beeg-latí

Lo   medsahtém    hidatí

 

De nuevo se ve la rima en este poema. La queja es fuerte pues el autor les echa en cara que de no ser por haber hecho trampa nunca hubieran logrado adivinar el acertijo. La figura poética tiene una metáfora interesante, compara a la novia timnatea a una novilla, una joven cría de vaca de dos a tres años de edad. Arar era trabajoso y a los caftoritas no es gustaba hacer esos menesteres, así que el poema muestra que estuvieron trabaje y trabaje en la chica hasta que lograron cosechar la respuesta.

Hay quienes siendo siervos de Dios o creyentes prefieren a los impíos en la amistad que a los mismo hermanos de su congregación. Con la excusa de que “los del templo son hipócritas” uno se aleja de su congregación y empieza a frecuentar personas que no le van a edificar. Con el tiempo terminan siendo igual que ellos. El libro de Proverbios nos hace una advertencia, para variar, en forma poética sobre algo parecido:

 

No te entremetas con el iracundo,

Ni te acompañes con el hombre de enojos,

No sea que aprendas sus maneras,

Y tomes lazo para tu alma.

                                                      Pro. 22:24, 25.

            No faltaría que alguien diga, en el colmo de la ingenuidad, que los “inconversos son mejores amigos que los de la iglesia”. Seguramente era la expresión de Sansón hacia sus padres, así que en una complicada relación de amor-odio se juntaba con los impíos familiares de su novia y aprendió muchos de sus modos. La ira se apoderó de él y, además de matar injustamente a 30 filisteos y robarles, enojado se fue de la fiesta; con el tiempo su furia se apaciguó y al retornar por su prometida supo que el padre ya se la había dado a su amigo: Y la mujer de Sansón fue dada a su compañero, al cual él había tratado como su amigo. (Jue. 14:20). Si uno piensa que los inconversos son mejores amigos que los creyentes mejor pregúntenle a Sansón y al padrino de la fiesta, quien al final, sorpresivamente, terminó con la boda pagada y la chica entre sus brazos.

Volviendo al segundo poema Sansón estaba tan enojado con su propia novia que la ofendió, tal como el necio hace con las palabras. Delante de todos espetó: “arasteis con mi novilla”, que según algunos estudiosos llevaba una fuerte acusación a la dignidad de la ofendida, pues era una expresión vulgar que significaba: “Si no hubieseis dormido con mi esposa”[5]. Cuando uno es iracundo enseguida lo demuestra, sobre todo si no usa la cabeza: El necio al punto da a conocer su ira. (Pro 12:16a). La carnalidad de Sansón era muy evidente.

 

 

3A  CONSTRUCCIÓN POÉTICA CON LA QUIJADA DE UN ASNO.

Este tercer poema de Sansón (el cuarto de la historia de este caudillo si se considera la respuesta poética de los comensales de la fiesta) es la cumbre de su expresión lírica. Es la más larga de su autoría y muy llena de juego de palabras (retruécano) debido a que en este especial caso “asno” y “montón” son palabras homónimas y se prestaron para embellecer este poema. Si tomamos en cuenta que fue espontáneo y que el héroe estaba a punto de morir de sed se encumbra entonces su belleza y significado. De hecho, el acto heroico con la quijada (lehí) le dio nombre al lugar Ramat-Lehí (altura o colina de la Quijada, Jue. 15:17).

Hasta el momento Sansón no había realizado ninguna proeza a favor de su propio pueblo. Si se recapitula bien se puede notar que mató a un león porque iba a buscar esposa entre las filisteas, algo que estaba totalmente fuera de la voluntad de Dios. Mató a 30 hombres paganos, pero en represalia de una apuesta, es decir, sólo fue un acto de venganza. Los mil hombres que ahora aniquilaba con la quijada de un asno fue porque en un acto de justicia fueron a buscarlo ya que había quemado con 300 zorras sus campos de cebada, y todo porque su casi suegro dio en matrimonio a su casi esposa a su mejor casi amigo filisteo. Seguramente el padre de esta novia, filisteo y pagano al fin, prefería que su hija se casara con otro de la misma fe, algo que Sansón nunca comprendió ni quizo obedecer. En desquite el caudillo quemó el sostenimiento de los filisteos incinerando sus campos de cebada. No se puso a pensar que quizá esto le traería consecuencias severas a su propio pueblo Israel, el forzudo sólo pensaba en sí mismo: Entonces le dijo Sansón: Sin culpa seré esta vez respecto de los filisteos, si mal les hiciere. (Jue. 15:3). Se puede ver que este siervo de Dios era muy vengativo; vengatividad y súper fuerza es una combinación muy destructiva.

Mil filisteos combatieron con Sansón, y con una quijada de asno “fresca aún” (Jue. 15:15) arremetió contra ellos y los mató. Este tremendo acto de fuerza tampoco fue para beneficiar a su pueblo, era un acto de arrogancia y venganza del caudillo. De nuevo su carácter lo traicionaba. Pero aún allí, en medio del fragor de la batalla y sediento de agua, a punto de fenecer, Sansón compuso su última obra, el poema de Los Montones.

Con la quijada de un asno,

un montón, dos montones;

Con la quijada de un asno

maté a mil hombres.

בִּלְחִי הַחֲמֹור

חֲמֹור חֲמֹרָתָיִם

בִּלְחִי הַחֲמֹור

הִכֵּיתִי אֶלֶף אִישׁ

Bi-lehí há-hamor

Hamor hamor-ra-tayim

Bi-lehí há-hamor

Hiq-quetí helep hish

 

Con quijada el asno

Montón, montones

Con quijada el asno

Maté mil hombre (singular)

 

De nuevo Sansón se sale con la suya. Sin embargo de nuevo se contamina, pues al igual que el panal de miel en el león muerto que un nazareo no debería tocar Sansón es probado también de nuevo y también de nuevo cae en su sensualidad pues toca la quijada de un animal muerto para defenderse. El juez forzudo cae en cada ocasión en su propia arrogancia, olvidándose siempre de confiar en el Señor.

No se debe olvidar que siempre y de algún modo, de manera inescrutable, Dios se glorifica, no necesita nuestras carnalidades. Al final se iba diluyendo la fuerza filistea, pero a costa de la de Sansón. Aunque ahora había menos hombres de guerra tampoco había un juez santo en Israel. Los filisteos ya no tenían los sembrados de cereales y habían perdido el vino de que habían cultivado. Un solo hombre estaba llevando a la quiebra a la nación pagana, y ni siquiera era por las razones correctas, todo por el deseo de venganza. El costo es grande para el impío, pero más grande para Sansón.

 

Los tres poemas de Sansón son originales como ningún otro. Los hombres fuertes son sensibles también y pueden crear hermosas canciones. Sin embargo la Biblia registra que en 20 años de ser juez este caudillo sólo oró dos veces (Jue. 15:18 y 16:28), podemos conjeturar que a Sansón le gustaba más la poesía que orar. Oró dos veces e hizo tres poemas.

Para empeorar el asunto, este forzudo hombre de Dios oró solamente para pedir para él mismo, la primera vez por agua y la segunda para pedir venganza por sus ojos. Y si creemos que no podía ser peor la vida de este hombre tendremos que admitir algo más, que en ninguno de sus poemas alaba a Jehová o le da la más mínima gloria, siempre fueron poemas viscerales, nacidos del momento sensual en el que vivía. El último poema es una alabanza a la quijada de un asno y a su propia fuerza mostrando un protagonismo lastimero, pero en ningún momento le da la gloria al Dador de la Vida.

Ser bueno con la música o tener unción poderosa no es malo en sí, pero si eso nos lleva a anhelar la fama o ser nosotros los protagonistas de la historia entonces todo llevará al fracaso. Un hombre de Dios, aun lleno del Espíritu Santo y de unción debe estar sometido a la Palabra y al Espíritu, palabra que se le había dado a la madre de Sansón por el ángel de Jehová pero que Sansón jamás obedeció. Siempre será que la gloria y la alabanza son para el que la merece verdaderamente, a Dios.

 


[1] Juan Luis Ruiz de la Peña, La teología de la creación, (Editorial SAL TERRAE, 1996) 35.

[2] Charles F. Pfeiffer, Diccionario bíblico arqueológico (El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano, 2002), 284.

[3] Samuel Vila Ventura, Nuevo diccionario biblico ilustrado (TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1985), 311–312.

[4] Willem VanGemeren, ed., New international dictionary of Old Testament theology & exegesis (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1997), 1150–1151.

[5] R. Clyde Ridall, «El Libro de los Jueces», en Comentario Bíblico Beacon: Josué hasta Ester (Tomo 2), ed. W. T. Purkiser (Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones, 2010), 156.

 

Jorge Canto


 

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