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Dándole vida a la enseñanza bíblica

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1979.3

Por Walter L. DeMoss

 

Creemos que Moisés vivió realmente. También decimos que Abraham existió y era una persona de carne y hueso. Pero, ¿cuán reales son ellos para nosotros?

Demasiado a menudo caemos en un método de enseñanza tradicional. Enseñamos los hechos normales contenidos en la Escritura, pero nos olvidamos del aspecto personal. Por ejemplo, sabemos que José fue vendido como esclavo, primero a los mercaderes y luego a Potifar en Egipto. Pero detengámonos un momento. Le voy a pedir que se ponga en el lugar de José. ¿Ha tratado alguna vez de entender la agonía que sufrió José?

José era el que le seguía al hijo menor de la familia. Su padre lo amaba más que a los demás hijos porque era el primogénito de Raquel. Año tras año, sus hermanos se sentían más resentidos por el favoritismo que el padre demostraba por José. Los hermanos tenían que ir al campo y cuidar a las ovejas mientras que José se quedaba en la casa.

Luego sucede algo inesperado. José anuncia un sueño que obviamente significaba que el resto de la familia un día le rendiría homenaje. Imagínese la conversación que habrá tenido lugar:

-¿Te has fijado lo que ha dicho el “inteligente” de nuestro hermano? ¿Quién se cree que es?

–Sí, papá lo quiere a él más que a nosotros. Siempre ha sido así. Pero este sueño es demasiado…

–Mejor es que se cuide. Si alguna vez lo encuentro sólo, lejos de la tienda, se va a arrepentir de ese sueño.

La tirantez de las relaciones llega al límite. ¿Y qué sucede? José tiene otro sueño y lo revela. Los hermanos se enfurecen. Ahora los celos se han convertido en ardiente odio. José se da cuenta del peligro que corre cuando su padre lo envía a ver cómo están sus hermanos.

Imagínese a José cuando se está acercando a Dotan, visible desde lejos. Sus hermanos lo pueden ver a la distancia y reconocen su túnica de colores. Allí está la oportunidad que ellos esperaban. Y José llega y trata de mostrarse amigable.

–¿Cómo están? –les pregunta.

SILENCIO.

–¿Cómo marcha todo?

SILENCIO.

–Papá me dijo que viniera y viera cómo les va con las ovejas.

José se da cuenta del silencio.

Y la curiosidad de José se convierte en temor cuando sus hermanos se le aproximan. Le quitan la túnica y lo arrojan dentro de un profundo pozo. El joven sabe bien por qué le hacen esto. Aun en medio de su fe, tiembla cuando oye las risas y palabras burlonas de sus hermanos. Piensa en el dolor que experimentará su padre si él muere.

Dejemos a José aquí. Él nos proporciona un ejemplo de la manera en que podemos ponernos en el lugar de algún personaje bíblico, y vivir su vida junto a él. Podemos identificarnos en su temor, en su risa y en su llanto. Nos damos cuenta que en realidad tenía problemas muy similares a los nuestros. Sin embargo, la fe fue la que lo sustentó. Y la fe puede ser también la que nos sustente a nosotros.

En mi ministerio de enseñanza he descubierto algunas cosas que creo que vale la pena compartir.

1. Primero, debemos damos cuenta que en las narraciones bíblicas no se nos dan todos los detalles. Han sucedido más cosas de las que se nos proporcionan. Y esos acontecimientos iban acompañados por gestos, expresiones, movimientos y diferentes tonos de voz.

Me parece que hay tres niveles en los cuales podemos enseñar la Biblia. En un nivel, podemos leer el relato y explicarlo palabra por palabra. De esta forma, los alumnos aprenderán y tal vez pasarán sus exámenes. Pero las clases se convertirán en aburridas después de un tiempo.

En un nivel de enseñanza un poco más alto, podemos interpretar la lección bíblica pasándola o traduciéndola al idioma local actual. Cuando usamos el idioma corriente y las ilustraciones, aumenta el nivel de comunicación y comprensión. Si decimos: “La gente estaba enfurruñada con Moisés,” no estaremos expresando la idea en las mismas palabras de la Versión Reina-Valera, pero ciertamente que comunicaremos el pensamiento en el lenguaje actual.

Pero hay otra manera de hacer que una clase sea interesante. A esto yo lo llamo “el tercer nivel de la enseñanza. “ En este nivel, el maestro usa un sentido de imaginación sensato y moderado, para incorporar detalles a la narración que no están explícitamente explicados en la Biblia. El maestro se convierte en el personaje de la historia.

Él representa o actúa lo que enseña verbalmente. ¿Está el personaje de la historia embriagado? El maestro camina como alguien que está borracho, imita su manera de hablar, y tal vez pretende caerse sobre un escritorio. ¿Es el personaje un fariseo? El maestro se pasea con mucho orgullo, evitando a sus alumnos “pecadores,” y con mucha ostentación da limosna a un mendigo.

En la región en que yo vivo del África, se le dan las gracias a una persona inclinándose y golpeando las manos mientras se dice la palabra “gracias” ¿Algún personaje en nuestra lección le está dando las gracias a alguien? El maestro expresa las gracias de la manera que se acostumbra en su localidad. ¿Está enojado el personaje? El rostro del maestro debe demostrar enojo.

De esta forma, nuestros alumnos sienten que están participando en los acontecimientos. Sacuden la cabeza cuando ven demostrado el orgullo del fariseo o la obstinación del faraón. Se enojan con Amán, y casi lloran cuando escuchan de la matanza de los niños en Belén.

2. Lo segundo que he aprendido en mi enseñanza, se deriva de lo primero.

 

Una vez que el alumno ha “experimentado” parte de la vida de los personajes bíblicos, debe aplicar lo que ha aprendido de la vida de ellos a su propia vida. Si las Escrituras se presentan en forma concreta, le será más fácil aplicar esas enseñanzas.

Recientemente, estuvimos involucrados en un programa de distribución de alimentos. En cierto sentido, nuestra multitud se parecía a las multitudes que constantemente seguían al Señor Jesús. Hemos visto que Jesús nunca se enojó con las multitudes. Pero los discípulos se molestaban y trataban de alejarlas. En nuestro caso, como la gente había aprendido por “haber vivido” con Jesús, estaba equipada para aplicar las enseñanzas del Señor a la situación.

3. Para adquirir este sentido de realidad al estudiar la Biblia, debemos emprender el estudio de las Escrituras en pequeñas secciones. Nunca engulliríamos una comida exquisita en enormes bocados. En forma similar, es preciso que tomemos pequeñas partes de las Escrituras, las saboreemos una por una, y nos detengamos en ellas en forma detallada. Hacemos lo mismo cuando “damos de comer” la Biblia a nuestros alumnos.

4. Finalmente, es posible que algunos maestros necesiten vencer el miedo de que al usar su imaginación en esta manera constructiva, de alguna forma estén “agregando” a la Biblia. Hay una gran diferencia entre el agregar deliberadamente a la Biblia ideas nuevas y extrañas, y simplemente darles vida a las narrativas para que podamos vivir con los personajes y aprender más de sus experiencias.

¿Estamos agregándole a las Escrituras si hablamos en cuanto a los sentimientos de José y María mientras estaban en el establo la noche que iba a nacer Jesús? ¿Le agregamos a la Biblia si describimos los sufrimientos de Cristo por nuestro pecado?

La enseñanza puede convertirse en algo sumamente interesante cuando lo que enseña cobra vida, cuando los personajes son seres humanos con los mismos sentimientos y debilidades nuestros. Hagamos que nuestra enseñanza sobre este sentido de realidad, y nuestros alumnos aprenderán a caminar con la confianza de David y hablar de su Señor con la intrepidez de Jeremías.

–Por Walter L. DeMoss

COMENTARIOS:

Los tres niveles de enseñanza presentados por el señor DeMoss son muy interesantes, pero se puede agregar un cuarto nivel, el nivel en el cual los alumnos mismos participan, más bien que ser siempre simples espectadores del maestro. Si el maestro les presenta alguna lección usando estos métodos, muy pronto los alumnos aprenderán a actuar las narrativas ellos mismos, en grupos o en forma individual, ya explorarlas en discusión, en representación de papeles o pantomimas, y en formas apropiadas de expresión artística. No debemos mirar a este tipo de actividad como una pérdida de tiempo, sino como una parte importante de aplicar la Biblia y su mensaje a cada alumno hoy. Sería mejor que enseñáramos menos y enseñáramos bien para que los alumnos comprendan tanto en los niveles de conocimiento como de sentimientos, y que apliquen estas enseñanzas a la vida real, más bien que simplemente “completar un plan de enseñanza” o impartir un conocimiento altamente instructivo, la mayor parte del cual será muy pronto olvidado y tal vez nunca aplicado.

 

Walter L. DeMoss


 

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