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En su camino

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1991.4

Por Pablo Kazim G.

 

Nos instan a menudo a confiar en Dios sermones, himnos y coros. No fracasará nadie cuando confía en las promesas de Dios, ya que Él es fiel y hará todo lo que ha prometido hacer. Si el reto para el creyente es aceptar esa verdad, para el pastor-maestro es enseñar de acuerdo con la sana doctrina el significado y propósito de las promesas de Dios.

No siempre es fácil hacerlo. Se presenta a veces una resistencia en contra de una enseñanza contraria a la tradicional. A los pentecostales nos gusta acusar a los católicos de seguir tradiciones de hombres. Con presunción insinuamos que somos nosotros los que creemos lo que dicen las Sagradas Escrituras.

Nuestras declaraciones doctrinales afirman que la Biblia es nuestra regla de fe y conducta, pero tenemos que recordar que nuestras tradiciones no lo son. Una de las tradiciones nuestras que puede tener consecuencias dolorosas es aceptar ciertas interpretaciones que no reflejan el verdadero sentido de un texto. Un ejemplo de las tales se basa en Proverbios 22:6. “Instruye al niño en su camino y cuando fuere viejo no se apartará de él.”

Ese texto se ha citado para dar esperanza a padres que tienen hijos que todavía no sirven al Señor. Se oyen en nuestras iglesias testimonios como el siguiente: “Presenté a mi hijo cuando recién nacido. Lo crié en la escuela dominical. Asistió a las Escuelas Bíblicas de Vacaciones. Sé que son verdaderas las promesas de Dios y por lo tanto mi hijo regresará al camino en que fue instruido.”

Es loable lo que hicieron esos padres. La fiel asistencia a la iglesia es buena para el desarrollo espiritual de los hijos. Pero si se emplea ese versículo como una garantía de la salvación de un hijo, se interpreta mal el proverbio.

La redacción de ese texto en el hebreo no está enredada; más bien está bastante clara. La primera parte del versículo se podría leer así: “Instruye al niño en su propio camino…” El vocablo hebreo que se traduce “camino” es representado con las tres consonantes “DRK”. En este caso aparece en la forma “DRKO” El sufijo es un ejemplo claro de la tercera persona singular y por lo tanto se refiere al niño: “su camino (del niño)”.

Si esa palabra traducida “camino” se refiriera a un fiel servicio a Dios, haría falta en el hebreo otro verbo. Probablemente tal vocablo sería “HLK” y tendría que estar en modo subjuntivo.

La segunda parte del versículo sólo tiene una dificultad: el lugar donde se debe colocar la negación. Hay dos posibilidades:

1. “Aunque se ponga más viejo, no se apartará de él.”

2. “Ni aunque se ponga más viejo se apartará de él.”

La traducción de la versión Reina-Valera que emplea el vocablo “cuando” pasa por alto la palabra hebrea “GM” y por lo tanto no debe aparecer “cuando” en la traducción. Aunque son similares esas dos traducciones sugeridas, la segunda es mejor porque expresa más sarcasmo. La idea de que Dios hiciera una promesa con sarcasmo incomoda a algunos temerosos de Dios, pero hay que entender el sarcasmo.

¿Qué significa, pues, “instruye al niño en su [propio] camino y ni aunque se ponga más viejo se apartará de él”? El vocablo hebreo traducido “instruye” es “HNK”. Tiene la misma raíz que “Hanuca”, el nombre de la fiesta judía que se celebra en diciembre para recordar la victoria de los macabeos sobre los sirios. Se le puede traducir “La fiesta de Dedicación”.

Ese proverbio no dice “enseña” a tu niño, sino más bien “entrena”, es decir, dedica tu niño. Llevar al hijo a la Escuela Dominical para que se le enseñe es importante pero no es el propósito de ese versículo promover la escuela dominical.

“Su camino” se refiere al camino del propio niño. Es el camino en que se hallaría el niño si se le permitiera hacer lo que le venga en gana. “Ponerse más viejo” lleva la connotación de ganar sabiduría.

Al sondear ese trasfondo, llegamos a entender con claridad el significado del texto. Si uno dedica su hijo al propio camino de él, es decir, a lo que quiere hacer el niño, aunque llegue a la edad de un anciano sabio, seguirá con el comportamiento de un niño.

El versículo es una promesa de Dios, pero no de las que nos encanta citar. Aquí no promete Dios salvar a nuestros hijos descarriados debido a nuestra manera de haberlos criado. Nos promete más bien que si permitimos a nuestros hijos seguir en sus caminos de cosas pueriles sin encauzarlos en el temor de Dios, jamás se apartarán ellos de su camino de egoísmo y rebeldía por muchos años que vivan.

 

 

Pablo Kazim Gury


 

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