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La teología del niño

Por publicado originalmente en CONOZCA edición 1991.4

Por Pablo Hoff

 

¡Qué criaturita más pura e inocente! Así piensan muchos padres de su hijo recién nacido. Creen que es un verdadero ángel, un ser, libre de toda tendencia hacia el mal. A otros les parece que es un diablito potencial. Saben que probablemente tarde o temprano tendrán que soportar los arranques del mal genio del pequeño. ¿Qué habrá de cierto en esos dos conceptos opuestos sobre la naturaleza de un niño?

La controversia sobre el asunto se remonta al quinto siglo después de Cristo, cuando Agustín se oponía a la doctrina de Pelagio. Este monje británico que vivía en Roma negaba que los padres trasmitieran el pecado original a sus hijos. (Se define pecado original como la corrupción o torcedura de la naturaleza humana que hereda el niño como resultado de la caída de Adán.) Según Pelagio, cada alma es una creación inmediata de Dios y nace inocente, o sea, sin la tendencia de pecar Ese concepto optimista de la naturaleza humana fue condenado como herejía por el Concilio de Efeso en 431.

¿Qué enseña la Biblia referente a la naturaleza del niño? Ni es ángel ni diablito sino un ser creado a la imagen de Dios. Sin embargo, la semejanza divina está desfigurada por el pecado original. El apóstol Pablo afirma: “Por la desobediencia de un hombre [Adán] los muchos fueron constituidos pecadores.” Romanos 5:19. Para el apóstol, el pecado es más que transgresión de la ley; es como un poder personal y maléfico que esclaviza al hombre. Romanos 7:7-15.

El salmista David señala que ese poder malo, es decir, la naturaleza propensa a pecar, se trasmite por la reproducción. “En pecado me concibió mi madre.” Salmo 51:5. No quiere decir que su madre fuera adúltera sino que la tendencia de pecar pasa por herencia de los padres a sus hijos. Nacemos pecadores. Pablo añade: “éramos por naturaleza hijos de ira.” Efesios 2:3.

Entonces, ¿qué le sucede al niño que muere antes de alcanzar la capacidad de poner su fe en Jesucristo? ¿Irá al infierno? ¿Está condenado por el pecado de Adán? El apóstol señala claramente que por la transgresión de un hombre murieron [espiritualmente] los muchos y vino la condenación a todos los hombres. Sin embargo, “por la obediencia de uno (Jesucristo) los muchos serán constituidos justos”. Romanos 5:15,18,19.

Al examinar todos los relatos bíblicos del juicio venidero, una nota que todo hombre será juzgado por sus propias obras. Pero el niñito no tiene obras, ni buenas ni males. El Señor murió por todos los hombres y “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús”. Romanos 8:1. Ahora la condenación cae sobre los que amen más las tinieblas que la luz, Juan 3:19, sobre los que eligen el mal en vez del bien. Creemos que la expiación de Cristo es eficaz para proteger al niño hasta que llegue a la edad de poder discernir el bien y el mal. Por lo tanto, no debemos preocuparnos sobre el destino del párvulo que muere antes de llegar a la edad de responsabilidad moral.

Por otra parte, les toca a los padres refrenar el mal e inculcar el bien en el niño. La pareja que no se da cuenta de la naturaleza caída de su hijo no verá la necesidad de disciplinarlo. Creerá que todo lo que necesita el niño para desarrollarse bien es ser comprendido y educado, y que lo malo será descartado en el proceso.

¿Qué enseña la Biblia? Dios responsabiliza a los padres de la disciplina de sus hijos. Jehová castigó al sacerdote Elí por no haber restringido la conducta de sus hijos. “Sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.” 1 Samuel 3:13. EIí escritor inspirado atribuye la maldad de Adonías, un hijo rebelde de David, al hecho de que “su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿por qué haces así.”

 

1 Reyes 1:6.

El pensador francés, Dionisio Diderot, concuerda con la Palabra de Dios cuando dice que en todo niño yace un delincuente potencial; así que la obra de criarlo es convertir en carácter bueno la materia prima. Al nacer, el niño piensa únicamente en sí mismo, en sus propios deseos y en su propia comodidad.

El proceso de desarrollarse hasta la madurez es estar consciente en forma siempre creciente de las necesidades, deseos y derechos de otras personas, o sea, dejar de ser egocéntrico. Eso sucede normalmente en el diario vivir de la familia, al establecer las relaciones debidas con sus padres y sus hermanos. Un paso fundamental del proceso es la disciplina. El escritor a los hebreos indica que la disciplina es una señal de amor paternal. “Porque el Señor al que ama, disciplina… Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” Hebreos 12:6,7. El proverbista dice: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.” Proverbios 13:24. Recibir castigo por extralimitarse, por maltratar a otros y por comportarse sin consideración de los demás enseña al niño que tal conducta encierra en sí misma padecimiento. Le ayuda a no desviarse del camino de justicia y felicidad. Es un factor indispensable para desarrollar el dominio propio, para evitar que el párvulo llegue a ser una persona egocéntrica y antisocial.

¿Cuándo deben los padres comenzar a disciplinar a sus hijos? Conviene que establezcan su autoridad desde la infancia del retoño. La personalidad de un individuo se forma principalmente en sus primeros cinco años de vida. Un bebé tierno sabe si puede o no manejar a sus padres, y si puede, lo hará. Es momento de que los padres actúen decisivamente cuando el niño en su arrebato se echa al suelo gritando o da puntapiés o palmadas a su madre. Donde no hay disciplina, el niño mediante sus gritos y palmadas consigue lo que quiere. Cuando los padres llegan a darse cuenta de la naturaleza pecaminosa del niño, ya es un muchacho mal adaptado, caprichoso y egoísta. A la falta de disciplina se atribuye mucho de la delincuencia de la juventud moderna.

En cambio, muchos adolescentes superan las influencias de un mundo caracterizado por la drogadicción, el libertinaje y la delincuencia porque se han criado en hogares estables en los cuales recibieron afecto y disciplina en dosis correctas. Han tenido padres que establecieron su autoridad sobre sus hijos. Pusieron un ejemplo ante ellos y les enseñaron principios cristianos de conducta. Sobre todo, la experiencia de conversión de un párvulo puede mucho en su formación. El escritor de este artículo fue salvo cuando tenía sólo años.

¿Qué es el niño a la luz de las Escrituras? Es un ser que lleva una imagen imperfecta de Dios porque ha nacido con una naturaleza caída. Esa es la noticia dolorosa. Pero la noticia gloriosa es que puede triunfar con la ayuda de Dios y la fiel enseñanza de padres creyentes en Cristo. Puede incorporarse a la compañía que se une con el testimonio del apóstol Pablo: “La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” Romanos 8:2.

 

Pablo Hoff


 

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